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La mañana en el pueblo transcurría con una calma tensa. La gente hablaba en voz baja en las cafeterías y en las esquinas, como si el simple hecho de elevar el tono pudiera traer de vuelta la imagen del cuerpo que había sido encontrado la noche anterior. El nombre de Karen Page aparecía una y otra vez en las conversaciones. Algunos recordaban artículos suyos, otros la mencionaban como si siempre hubiera sido una figura distante, conocida solo por los periódicos. En la comisaría, el ambiente era distinto. No había rumores allí, solo papeles, informes y el peso de un caso que empezaba a complicarse. El jefe de policía Frank Castle estaba inclinado sobre su escritorio, revisando el informe preliminar que habían terminado de redactar esa misma mañana. No era un hombre paciente cuando algo no encajaba, y ese caso tenía demasiados espacios vacíos. Pasó la página lentamente. El informe forense inicial era breve. La hora aproximada de la muerte coincidía con la noche en que había llegado al pueblo. No había señales claras de que Karen hubiese permanecido allí durante horas. Todo indicaba que había llegado y, poco tiempo después, algo había ocurrido. Frank dejó el papel sobre la mesa. — ¿Algo nuevo? —preguntó uno de los agentes desde el otro lado de la oficina. Frank negó con la cabeza. —Nada que explique qué hacía aquí. Esa era la pregunta central. Nadie en el pueblo había tenido contacto con Karen antes. Ningún comercio recordaba haberle vendido algo, ningún hotel tenía su nombre en los registros, ningún conductor decía haberla traído desde la estación. Sin embargo, había llegado. Frank tomó otro documento del expediente. Era el reporte de la escena donde habían encontrado el cuerpo. Lo leyó una segunda vez, más despacio. No había signos de robo. No faltaban objetos. Eso eliminaba la explicación más simple. — ¿Qué sabemos del auto? —preguntó Frank. Uno de los agentes levantó la vista desde su escritorio. —Lo revisamos esta mañana. Frank esperó. —Era alquilado. Lo retiró en la ciudad vecina ayer por la tarde. Frank frunció el ceño. —¿Viajó sola? —Eso parece. El agente deslizó una hoja hacia él. Era la copia del contrato de alquiler. Frank la observó unos segundos. Si Karen había conducido hasta el pueblo por su cuenta, entonces había decidido venir allí deliberadamente. No era un error de ruta ni una parada casual. Volvió a apoyar el documento sobre el escritorio. —¿Encontraron algo dentro del vehículo? —Solo lo básico. Un bolso, un teléfono, una libreta pequeña. Frank levantó la vista. —¿Una libreta? El agente asintió. —Pero no tenía mucha información. Solo algunas direcciones y números. Frank extendió la mano. —Tráela. Un par de minutos después, el cuaderno quedó frente a él. Era pequeño y sencillo, de tapas oscuras. Frank lo abrió. Las primeras páginas estaban casi vacías. Luego aparecieron algunos números telefónicos, escritos con la letra rápida de alguien que no esperaba tener mucho tiempo. En una página más adelante había dos direcciones. Frank reconoció una inmediatamente. Era un lugar del mismo pueblo. La segunda estaba tachada. Cerró la libreta y apoyó los codos sobre la mesa. Si Karen había venido hasta allí siguiendo una dirección específica, entonces su viaje tenía un objetivo claro. Pero todavía había algo que no encajaba. Frank levantó la vista hacia el tablero donde estaban fijando las primeras piezas del caso. La fotografía de Karen estaba en el centro. Debajo había tres datos seguros: Había llegado sola. No se había hospedado en ningún lugar. Y nadie recordaba haber hablado con ella. Frank volvió a mirar la libreta. La dirección escrita allí significaba que Karen planeaba ver a alguien. Pero ese alguien todavía no aparecía en ninguna parte del caso. Frank cerró el cuaderno con calma. La investigación apenas comenzaba, y ya había demasiadas preguntas sin respuesta. Y si Karen había viajado hasta el pueblo para encontrarse con alguien en secreto, entonces la muerte de una periodista reconocida dejaba de parecer un incidente aislado, y empezaba a parecer el final de algo que alguien no quería que saliera a la luz. La oficina de la fiscalía ocupaba una parte tranquila del edificio municipal. A esa hora de la mañana el movimiento todavía era moderado. El sonido de algunas máquinas de escribir y el paso ocasional de empleados en el pasillo rompían el silencio del lugar. Matt estaba sentado detrás de su escritorio con el expediente abierto frente a él. La carpeta contenía los primeros informes enviados por la comisaría durante la madrugada. No era mucha información todavía, pero bastaba para empezar a notar los huecos que tenía la historia. Karen Page había llegado al pueblo la tarde anterior. Nadie del pueblo la conocía personalmente. Solo sabían quién era porque algunos habían leído su columna en el periódico o habían visto su fotografía acompañando sus artículos. Para la mayoría seguía siendo una figura lejana, una periodista cuyo nombre aparecía impreso en las páginas del diario. Matt pasó lentamente a la siguiente hoja. El informe de Frank resumía lo que habían recuperado en el vehículo: un bolso, su teléfono y una pequeña libreta con algunos números y direcciones. Matt apoyó los dedos sobre el borde de la mesa mientras pensaba. La pregunta seguía siendo la misma. ¿Con quién iba a reunirse Karen esa noche? Un golpe leve en la puerta interrumpió sus pensamientos. —Pase —dijo Matt. Uno de los asistentes de la fiscalía entró con otra carpeta. —Esto llegó hace unos minutos desde la comisaría. Matt levantó la cabeza. —¿De qué se trata? —El testimonio de Jossie. Matt tomó la carpeta y la abrió con calma. Jossie había sido una de las pocas personas que reconocieron haber visto a Karen la noche anterior. Según su declaración, la había visto brevemente cerca de la calle principal mientras caminaba hacia el estacionamiento donde más tarde apareció el cuerpo. Matt leyó la declaración completa en silencio. Las palabras parecían correctas en la superficie. No había contradicciones evidentes ni detalles imposibles. Pero algo no encajaba. Matt volvió al principio del documento y leyó otra vez la parte donde Jossie describía el momento en que vio a Karen. Demasiado breve. Demasiado cuidadoso. Como si hubiera elegido cada palabra con la intención de no decir más de lo necesario. Entre los documentos había también un informe antiguo que Matt reconoció vagamente. Hablaba de un accidente automovilístico ocurrido años atrás, el mismo caso en el que había muerto María. Al revisar la hoja notó algo que no recordaba haber visto antes: ese no era el único accidente similar. Había otros informes de años distintos, todos relacionados con mujeres influyentes. Matt frunció ligeramente el ceño, pero dejó el documento a un lado sin profundizar Matt cerró la carpeta lentamente. En su experiencia, las mentiras directas eran fáciles de detectar. Lo difícil eran las medias verdades, cuando alguien decía lo suficiente para parecer sincero pero ocultaba lo realmente importante. Matt tomó el teléfono del escritorio y marcó un número interno. —Necesito que llamen a Jossie —dijo con calma cuando atendieron—. Quiero que venga a la fiscalía esta tarde. Colgó el auricular y volvió a mirar el expediente. Si Jossie realmente había sido una de las últimas personas en ver a Karen con vida, entonces había una posibilidad clara. Que no estuviera mintiendo. Pero que tampoco estuviera diciendo toda la verdad. La actividad dentro del edificio municipal aumentaba conforme avanzaba la mañana. Los pasillos de la fiscalía ya no estaban tan silenciosos como a primera hora. Funcionarios entraban y salían con carpetas en las manos, las máquinas de escribir trabajaban sin pausa y las conversaciones se mezclaban con el sonido de teléfonos que sonaban a intervalos. Matt permanecía en su despacho revisando el expediente del caso. Las hojas estaban abiertas sobre el escritorio en el mismo orden en que las había recibido desde la comisaría. Informes preliminares, registros del vehículo de Karen Page y algunas declaraciones tomadas durante la madrugada. Entre todos esos documentos, uno seguía llamando su atención. El testimonio de Jossie. Matt volvió a leerlo con calma. Según la declaración, Jossie había visto a Karen la noche anterior cerca de la calle principal mientras ella caminaba hacia el estacionamiento donde más tarde apareció el cuerpo. Afirmaba que no había hablado con ella ni se había detenido. Solo la había visto pasar. Nada más. Matt apoyó una mano sobre el papel y permaneció un momento en silencio. La declaración era breve. Demasiado breve. Un golpe suave en la puerta interrumpió sus pensamientos. —Pase —dijo Matt. Un asistente de la fiscalía entró con otra hoja en la mano. —Acaban de confirmar algo desde la comisaría. Matt levantó la mirada. —¿Qué cosa? El asistente dejó el documento sobre el escritorio. —Jossie ya no está en el pueblo. Matt sintió el peso de la hoja entre sus manos. El informe era simple. Un agente había confirmado que Jossie había salido del pueblo por la carretera principal después de haber dado su declaración. Matt volvió a mirar el testimonio que tenía frente a él. Jossie había sido una de las pocas personas que reconocieron haber visto a Karen con vida esa noche. Y ahora ya no estaba allí. Matt se recostó ligeramente en la silla. No era ilegal marcharse después de dar una declaración. La policía no había presentado cargos ni existía una orden para retenerla en el pueblo. Aun así, la coincidencia no dejaba de ser incómoda. Matt cerró la carpeta con calma. El día seguía avanzando y la investigación apenas comenzaba. Pero una de las pocas personas que había estado cerca de Karen la noche anterior ya había abandonado el pueblo después de decir muy poco sobre lo que había visto. La luz del día ya caía con fuerza sobre el pueblo. Las calles estaban más activas que en la mañana temprana: algunas camionetas pasaban por la avenida principal, un par de comerciantes abrían completamente sus locales y la cafetería de la esquina comenzaba a llenarse con la gente que hacía una pausa antes de seguir trabajando. En la fiscalía, Matt seguía en su despacho. La carpeta con las declaraciones estaba abierta frente a él. No había muchas. El pueblo era pequeño y la mayoría de las personas solo había visto lo que ya figuraba en el informe inicial de la policía. Fotos en el periódico. La columna que Karen escribía. Nada más. Matt pasó lentamente a la última página del testimonio que estaba revisando. El de Jossie. La declaración era breve. Había afirmado que vio a Karen por un momento la noche anterior, cerca de la calle principal, antes de que ella caminara hacia el estacionamiento. No había conversación, no había intercambio de nada. Solo una observación rápida. Matt deslizó los dedos por la hoja mientras pensaba en lo que faltaba. No lo que estaba escrito. Lo que no estaba. Había una anotación agregada en el margen inferior del informe: Jossie había abandonado el pueblo esa misma mañana. El registro indicaba que salió temprano, antes de que el movimiento habitual del día comenzara. Matt cerró la carpeta lentamente. Se levantó de la silla y caminó hacia la ventana. Desde allí se escuchaba el ruido lejano de la calle: motores, voces, puertas que se abrían y se cerraban. El pueblo seguía su ritmo normal. Pero una de las pocas personas que había visto a Karen la noche anterior ya no estaba allí. Matt regresó al escritorio y volvió a abrir el informe. Revisó otra vez la línea final del registro. Salida del pueblo confirmada. Sin destino declarado. No era ilegal marcharse. Pero era conveniente. Matt tomó un lápiz y marcó suavemente el nombre de Jossie en el margen del expediente. Luego anotó debajo una sola palabra. Localizar. El reloj del despacho avanzaba silenciosamente mientras el resto del edificio continuaba con su rutina de trabajo. Afuera, el día seguía acercándose lentamente al mediodía. Y una de las pocas pistas directas que tenían sobre Karen Page ya estaba fuera del pueblo. Matt cerró la carpeta y la apartó a un lado del escritorio. Era momento de averiguar adónde había ido. Matt dejó la carpeta abierta sobre el escritorio. Sus dedos permanecían apoyados sobre el nombre que había marcado hacía un momento. Jossie. El papel aún conservaba el leve relieve del lápiz. Matt inclinó ligeramente la cabeza, escuchando el movimiento del edificio. Pasos en el pasillo. Una máquina de café encendiéndose en la sala contigua. Un teléfono que sonaba y era atendido rápidamente por una secretaria. El día seguía avanzando. Tomó la carpeta y se levantó. Caminó con seguridad por el pasillo de la fiscalía hasta el área administrativa. Varias personas trabajaban allí revisando documentos y organizando archivos. Matt se detuvo frente al mostrador. —Necesito confirmar un registro de salida —dijo con tono calmado. Una de las asistentes levantó la vista. —Claro, fiscal Murdock. ¿De quién? Matt apoyó la carpeta sobre el mostrador. —Jossie. Se escuchó el sonido del teclado mientras la mujer buscaba en el sistema. —Sí… aquí está —murmuró—. Dio su declaración y se marchó esta mañana. Matt mantuvo la cabeza ligeramente inclinada hacia ella. —¿Registró un destino? Hubo un pequeño silencio. El teclado volvió a sonar. —No… —respondió la mujer—. No aparece nada. Matt apoyó los dedos en el borde del mostrador. —¿Vehículo? —Tampoco. —¿Persona de contacto? La mujer volvió a revisar. —Nada. Matt permaneció quieto un instante. Demasiado limpio. En un pueblo pequeño, las salidas siempre dejaban algún rastro. Alguien anotaba una dirección, un vehículo, una ciudad de destino. Algo. Aquí no había nada. La asistente cerró el archivo digital. —Solo figura que abandonó el pueblo después de declarar. Matt asintió levemente. —Gracias. Tomó la carpeta otra vez y regresó por el pasillo hacia su despacho. Mientras caminaba, su mente organizaba las piezas. Jossie había visto a Karen. Había dado una declaración breve. Y había salido del pueblo sin dejar rastro alguno sobre hacia dónde iba. Matt cerró la puerta de su oficina al entrar. Volvió al escritorio, abrió la carpeta y deslizó los dedos hasta encontrar otra vez el nombre. Jossie. Permaneció en silencio unos segundos. Luego tomó el lápiz nuevamente y agregó una segunda anotación debajo de la primera. Verificar ruta de salida. El ruido del tráfico aumentaba ligeramente en la calle. El pueblo estaba completamente despierto ahora. Pero una de las pocas personas que podía explicar qué hacía Karen allí la noche anterior ya no estaba. Y eso convertía a Jossie en algo más que un simple testigo. Tomó el teléfono. Marcó un número que conocía de memoria. La línea sonó dos veces antes de que alguien respondiera. —Castle. —Frank —dijo Matt con calma—. Soy yo. Del otro lado se escuchó el leve ruido de papeles moviéndose. —¿Qué pasó? Matt apoyó el hombro contra el respaldo de la silla. —Necesito que revises algo. —Dime. —Jossie salió del pueblo esta mañana. Hubo un pequeño silencio. —Eso ya lo sabía. —No dejó destino, vehículo ni contacto registrado. Frank no respondió de inmediato. —Eso sí es raro. —Quiero saber cómo salió —continuó Matt—. Carretera, autobús, vehículo particular. Lo que sea. Frank suspiró suavemente. —Estoy en la comisaría. Puedo revisar los registros de tránsito. —Hazlo. —¿Algo más? Matt inclinó apenas la cabeza. —Si encuentras algo extraño… llámame. —Siempre encuentro algo extraño. La línea se cortó. Matt dejó el teléfono en su lugar y volvió a apoyar la mano sobre la carpeta. Ahora necesitaban saber cómo había salido Jossie. Y si alguien lo había ayudado. En la comisaría, Frank dejó el teléfono sobre el escritorio. La oficina estaba tranquila a esa hora. Algunos agentes caminaban por el pasillo, otros revisaban informes acumulados de la mañana. Frank se levantó y tomó una carpeta de registros de tránsito. El pueblo tenía pocas salidas reales: la carretera principal y dos caminos secundarios que casi nadie usaba. Abrió el registro de las primeras horas del día. Vehículos de reparto. Un camión de suministros. Dos autos particulares. Frank comenzó a revisar uno por uno. Al llegar a una de las líneas se detuvo. Un vehículo había salido del pueblo en una franja de tiempo que coincidía con la salida de Jossie. Pero el nombre del conductor no le resultaba familiar. Frank frunció ligeramente el ceño. Tomó nota del número de placa y cerró el registro. —Veamos quién eres —murmuró. La puerta de la comisaría se abrió unos minutos después. Foggy entró con paso rápido, todavía sosteniendo la carpeta que había estado revisando durante el viaje. Vio a Frank en su oficina y caminó directamente hacia allí. —Dime que no estoy llegando en mal momento. Frank levantó la vista. —Depende de lo que traigas. Foggy dejó la carpeta sobre el escritorio. —Esto. Frank la abrió. Dentro había varias hojas con nombres subrayados y conectados con líneas dibujadas a mano. —Karen estaba investigando a esta gente —dijo Foggy. Frank observó la lista con calma. —Son muchos. —Y faltan más —añadió Foggy—. La lista está incompleta. Frank pasó a la siguiente página. —¿De dónde salió esto? —Archivos del periódico. Frank señaló uno de los nombres. —Este me suena. Foggy se inclinó un poco más cerca del escritorio. —¿De verdad? Frank giró la hoja hacia él. —Aparece en un registro de tránsito de esta mañana. Foggy levantó las cejas. —¿Estás bromeando? —No. Frank tocó el número de placa que acababa de anotar. —Ese vehículo salió del pueblo a la misma hora que Jossie. Foggy apoyó ambas manos sobre el escritorio. —¿Jossie desapareció? —Después de dar su declaración —Espera. Pausa. —¿Estás diciendo que uno de los nombres de la lista de Karen podría haber sacado a Jossie del pueblo? Frank lo miró directamente. —Eso parece. Foggy dejó escapar una pequeña risa incrédula mientras seguía inclinado sobre el escritorio. —Sabes que esto es exactamente el tipo de problema en el que terminamos siempre. Frank cerró la carpeta con calma. —Sí. Foggy lo observó un momento más, con una ligera sonrisa que no parecía del todo profesional. —Pero admito algo. Frank levantó apenas la vista. —¿Qué? —Que los problemas contigo suelen ser más interesantes. Frank sostuvo su mirada unos segundos. —Eso sonó bastante deliberado. Foggy se encogió de hombros con falsa inocencia. —Tal vez lo fue. Frank apoyó los codos en el escritorio, acercándose un poco más. —Nelson… —¿Sí? —Estás coqueteando en medio de una investigación. Foggy sonrió con más descaro. —No veo que te estés quejando. Frank lo observó en silencio un segundo. —No dije que me molestara. Foggy levantó una ceja. —Interesante respuesta. Frank tomó la carpeta otra vez, aunque la esquina de su boca se movió apenas. —Concéntrate. Pausamientras Foggy se muerde el labio inferior. —Tenemos que encontrar a ese conductor. Foggy no se apartó del escritorio. —Sí. Miró la carpeta, luego volvió a mirar a Frank. —Pero también tenemos que terminar la lista de Karen. Frank golpeó suavemente la carpeta con los dedos. —Entonces hagamos ambas cosas. Foggy inclinó la cabeza, todavía con esa sonrisa tranquila. —Trabajar contigo empieza a gustarme demasiado. Frank cerró la carpeta de nuevo. —Eso suena peligroso. Foggy respondió sin moverse. —Probablemente lo sea. El silencio que siguió fue breve, pero cargado de entendimiento. Ambos sabían lo mismo. Karen no había estado investigando nombres al azar. Y ahora uno de esos nombres estaba conectado directamente con la salida de Jossie del pueblo. Frank se aclaró la garganta, y se volvieron a concentrar en la libreeta. La letra de Karen era firme. Segura. Cada nombre estaba conectado con otro mediante flechas, círculos o pequeños comentarios en los márgenes. Foggy recorrió la página con el dedo. —Ella estaba armando algo grande. Frank no respondió de inmediato. Pasaba las páginas con calma, deteniéndose en cada grupo de nombres. —O alguien muy meticuloso —añadió Foggy—. Mira cómo conecta todo. Frank señaló una de las líneas. —Esto no es casualidad. Foggy se inclinó un poco más cerca, lo suficiente como para que sus hombros casi se tocaran. —¿Encontraste algo? Frank apoyó un dedo sobre un nombre. —Este. Foggy leyó en voz baja. —Samuel Darden. —Fue investigado hace años —dijo Frank—. Contrabando y fraude. Foggy levantó la vista. —¿En serio? Frank asintió. —Nunca pudieron probar nada importante. Foggy sonrió ligeramente. —Karen sí parecía pensar que había algo. Frank pasó a la página siguiente. —Si. Foggy observó los nombres otra vez. —Es curioso. Frank no levantó la vista. —¿Qué? —Que nunca la conocimos. Frank cerró un momento la libreta. —Solo veiamos su foto en el periódico. Foggy apoyó la barbilla sobre la mano. —Y aun así estamos aquí revisando su trabajo como si la conociéramos desde hace años. Frank volvió a abrir la libreta. —Su trabajo habla bastante por ella. Foggy lo miró de reojo. —Eso fue sorprendentemente sentimental para ti. Frank no levantó la vista de la página. —No te acostumbres. Foggy dejó escapar una pequeña risa. —Demasiado tarde. Frank volvió a señalar el nombre. —Darden estaba conectado con varios comerciantes del condado hace tiempo. Foggy se inclinó más, acercándose tanto que su brazo rozó el de Frank. —¿Los mismos que están aquí? —Algunos. Foggy lo miró. —Entonces Karen estaba siguiendo una red vieja. Frank levantó la vista por primera vez. —Posiblemente. Foggy sostuvo la mirada un instante. —¿Sabes qué me preocupa? —¿Qué? —Que cada vez que encontramos algo… tú te pones más interesante. Frank frunció ligeramente el ceño. —Eso no tiene sentido. —Para mí sí. Frank volvió a mirar la libreta. —Concéntrate, Foggy. Foggy sonrió. —Lo estoy intentando, pero es difícil contigo así… tan cerca. El teléfono de la oficina sonó. Frank estiró el brazo y contestó. —Castle. Hubo una pausa breve. La voz del otro lado habló con rapidez. Frank no dijo nada durante unos segundos. Su expresión cambió apenas. —¿Dónde? Otra pausa. —Voy para allá. Colgó. Foggy lo miraba con atención. —¿Qué pasó? Frank cerró la libreta. —Encontraron un cuerpo en las afueras del pueblo. Foggy frunció el ceño. —¿Quién? Frank tomó su chaqueta. —Jossie. El silencio que siguió fue inmediato. Foggy dejó de sonreír. —Pero ella se fue esta mañana. —Eso decía el registro. Foggy miró la libreta sobre el escritorio. —Entonces alguien la alcanzó. Frank ya caminaba hacia la puerta. —O nunca salió realmente del todo. Foggy tomó la libreta rápidamente y lo siguió. Mientras salían de la oficina, una idea se hacía cada vez más clara para ambos. Karen había estado investigando a esa gente. Jossie había aparecido en la historia solo una vez. Y ahora estaba muerta El camino de tierra terminaba en un claro irregular junto a una zanja poco profunda. Dos patrullas estaban estacionadas a un lado y la cinta amarilla delimitaba el área. Algunos agentes hablaban en voz baja mientras el forense trabajaba cerca del cuerpo. Cuando el vehículo de Frank se detuvo, el motor quedó en silencio unos segundos. Foggy salió primero. Miró alrededor con gesto tenso. El lugar estaba lo bastante apartado como para que nadie hubiera pasado por allí por casualidad. Frank rodeó el auto y caminó hacia la cinta policial. Un agente la levantó para dejarlos pasar. El cuerpo estaba unos metros más allá. Jossie yacía sobre la tierra húmeda, el rostro girado hacia un lado. El forense tomaba fotografías mientras otro oficial anotaba observaciones. Cerca de una de las manos de Jossie, parcialmente cubierta por la tierra húmeda, había una pequeña bolsa de papel arrugada. Frank se inclinó lo suficiente para verla mejor sin cruzar la línea del forense. No tenía marca visible en el frente, pero el tipo de envoltorio le resultaba conocido. Eran de las galletas que vendían en el convento del pueblo. Foggy tragó saliva. —Así que sí salió del pueblo… o al menos eso parecía. Frank no respondió. A unos pasos de distancia, Matt ya estaba allí. Permanecía junto a uno de los detectives, escuchando con atención el informe preliminar. Su bastón descansaba apoyado contra su pierna. Cuando Foggy y Frank se acercaron, Matt inclinó apenas la cabeza en su dirección. —Castle. Nelson. Su tono era tranquilo. —Fiscal —respondió Frank. —Matt —dijo Foggy. El detective terminó su explicación y se alejó unos pasos para hablar con el forense. Matt permaneció en su lugar. Aunque no podía verlos, sabía exactamente dónde estaban. El sonido de sus pasos al llegar. La forma en que ambos se habían detenido casi al mismo tiempo. El silencio breve que compartieron antes de hablar. Matt giró ligeramente el rostro hacia ellos. —Curioso —dijo con naturalidad—. No esperaba encontrarlos a los dos aquí. Foggy respondió demasiado rápido. —Bueno… yo estaba en la comisaría. Frank cruzó los brazos. —Y yo trabajo allí. Matt asintió lentamente. —Entiendo. Hubo un pequeño silencio. —Pero aun así llegaron juntos. Foggy acomodó la carpeta que llevaba bajo el brazo. —Coincidencia. Frank miró hacia el área donde trabajaba el forense. —El pueblo es pequeño. Matt permaneció quieto unos segundos más. Sus sentidos captaban pequeños detalles: el cambio en la respiración de Foggy, el leve movimiento incómodo de Frank al cambiar el peso de un pie al otro. Nervios. Matt decidió no insistir. —Bien —dijo finalmente—. Entonces tal vez puedan ayudar. Foggy aprovechó la oportunidad para cambiar el tema. —¿Qué sabemos? Matt inclinó ligeramente la cabeza hacia el cuerpo. —Jossie fue encontrada aquí hace menos de una hora. Frank frunció el ceño. —¿Hora de muerte? —El forense cree que ocurrió no mucho después de salir del pueblo. Foggy miró el cuerpo otra vez. —Entonces alguien la estaba esperando. Matt asintió. —Es posible. Frank observó el terreno alrededor. —O alguien la siguió. El viento movió ligeramente la cinta policial. Matt apoyó una mano en el bastón. —Sea como sea, una cosa está clara. Foggy levantó la vista. —¿Cuál? Matt habló con calma. —Jossie era una de las pocas personas que vio a Karen la noche anterior. Pausa. —Y ahora está muerta. Frank y Foggy intercambiaron una mirada breve. Matt percibió el silencio que compartieron. —Eso convierte su declaración en algo mucho más importante —continuó Matt—. Especialmente si alguien quiso asegurarse de que no volviera a hablar. El forense se levantó del suelo y se acercó al detective con algunas notas. El trabajo en la escena continuaba. Pero los tres sabían lo mismo. Karen había estado investigando algo. Jossie había aparecido en la historia solo una vez. Y alguien había decidido que eso era suficiente para matarla. El camino de tierra terminaba en un claro irregular junto a una zanja poco profunda. Dos patrullas estaban estacionadas a un lado y la cinta amarilla delimitaba el área. Algunos agentes hablaban en voz baja mientras el forense trabajaba cerca del cuerpo. Cuando el vehículo de Frank se detuvo, el motor quedó en silencio unos segundos. Foggy salió primero. Miró alrededor con gesto tenso. El lugar estaba lo bastante apartado como para que nadie hubiera pasado por allí por casualidad. Frank rodeó el auto y caminó hacia la cinta policial. Un agente la levantó para dejarlos pasar. El cuerpo estaba unos metros más allá. Jossie yacía sobre la tierra húmeda, el rostro girado hacia un lado. El forense tomaba fotografías mientras otro oficial anotaba observaciones. Foggy tragó saliva. —Así que sí salió del pueblo… o al menos eso parecía. Frank no respondió. A unos pasos de distancia, Matt ya estaba allí. Permanecía junto a uno de los detectives, escuchando con atención el informe preliminar. Su bastón descansaba apoyado contra su pierna. Cuando Foggy y Frank se acercaron, Matt inclinó apenas la cabeza en su dirección. —Castle. Nelson. Su tono era tranquilo. —Fiscal —respondió Frank. —Matt —dijo Foggy. El detective terminó su explicación y se alejó unos pasos para hablar con el forense. Matt permaneció en su lugar. Aunque no podía verlos, sabía exactamente dónde estaban. El sonido de sus pasos al llegar. La forma en que ambos se habían detenido casi al mismo tiempo. El silencio breve que compartieron antes de hablar. Matt giró ligeramente el rostro hacia ellos. —Curioso —dijo con naturalidad—. No esperaba encontrarlos a los dos aquí. Foggy respondió demasiado rápido. —Bueno… yo estaba en la comisaría. Frank cruzó los brazos. —Y yo trabajo allí. Matt asintió lentamente. —Entiendo. Hubo un pequeño silencio. —Pero aun así llegaron juntos. Foggy acomodó la carpeta que llevaba bajo el brazo. —Coincidencia. Frank miró hacia el área donde trabajaba el forense. —El pueblo es pequeño. Matt permaneció quieto unos segundos más. Sus sentidos captaban pequeños detalles: el cambio en la respiración de Foggy, el leve movimiento incómodo de Frank al cambiar el peso de un pie al otro. Nervios. Matt decidió no insistir. —Bien —dijo finalmente—. Entonces tal vez puedan ayudar. Foggy aprovechó la oportunidad para cambiar el tema. —¿Qué sabemos? Matt inclinó ligeramente la cabeza hacia el cuerpo. —Jossie fue encontrada aquí hace menos de una hora. Frank frunció el ceño. —¿Hora de muerte? —El forense cree que ocurrió no mucho después de salir del pueblo. Foggy miró el cuerpo otra vez. —Entonces alguien la estaba esperando. Matt asintió. —Es posible. Frank observó el terreno alrededor. —O alguien la siguió. El viento movió ligeramente la cinta policial. Matt apoyó una mano en el bastón. —Sea como sea, una cosa está clara. Foggy levantó la vista. —¿Cuál? Matt habló con calma. —Jossie era una de las pocas personas que vio a Karen la noche anterior. Pausa. —Y ahora está muerta. Frank y Foggy intercambiaron una mirada breve. Matt percibió el silencio que compartieron. —Eso convierte su declaración en algo mucho más importante —continuó Matt—. Especialmente si alguien quiso asegurarse de que no volviera a hablar. El forense se levantó del suelo y se acercó al detective con algunas notas. El silencio duró solo unos segundos. Frank seguía mirando a Foggy con la mandíbula tensa. Foggy, por su parte, mantenía los brazos cruzados, como si todavía estuviera defendiendo su punto. Matt permanecía entre los dos, sosteniendo el bastón frente a él. —Esto no nos está ayudando —dijo finalmente. Frank soltó aire por la nariz. —Díselo a él. Foggy levantó una ceja. —¿A mí? —Sí, a ti. —Yo no soy el que está tratando esto como si fuera solo otro informe policial. Frank dio un paso leve hacia adelante. —Porque lo es. —No —respondió Foggy—. No lo es. Matt inclinó ligeramente la cabeza, escuchando la forma en que ambos elevaban la voz apenas lo suficiente para que los agentes cercanos empezaran a notar la tensión. Foggy señaló hacia el lugar donde estaba el cuerpo. —Dos personas murieron. Frank respondió sin titubear. —Y estoy tratando de encontrar a quien lo hizo. —Entonces empieza por escuchar —dijo Foggy. Frank lo miró con una mezcla de cansancio e irritación. —Foggy… —No, en serio —continuó Foggy—. Porque a veces parece que estás decidido a hacerlo todo solo. —Trabajo solo. —Ese es exactamente el problema. Matt movió ligeramente el bastón otra vez entre los dos. —Los dos están trabajando en el mismo objetivo. Frank no apartó la mirada de Foggy. —Si tiene algo útil que decir, puede decirlo. Foggy sostuvo la mirada unos segundos más. Luego exhaló. La tensión en sus hombros bajó un poco. —Está bien. Silencio breve. —Tal vez me excedí. Frank no respondió de inmediato. Foggy bajó la vista un instante, como si reconsiderara lo que acababa de decir. —Solo… —continuó—. Esto me preocupa, ¿sí? Señaló de nuevo la escena. —La periodista murió, ahora Jossie también. Y lo único que tenemos es una libreta con nombres y un montón de preguntas. Frank lo observó un momento más largo. La tensión en su postura se relajó apenas. —Lo sé. Foggy asintió despacio. —Entonces… sí. Perdón. El silencio que siguió fue distinto. Menos tenso. Frank soltó una pequeña exhalación que casi parecía una risa contenida. —No te acostumbres. Foggy levantó una ceja. —¿A disculparme o a discutir contigo? —Ambas. Matt, que seguía entre ellos, dejó escapar una breve risa seca. —Es reconfortante saber que puedo presenciar su reconciliación en medio de una escena del crimen. Foggy se frotó la nuca. —Sí… bueno. Frank negó con la cabeza. —Esto es incómodo. Foggy soltó una risa corta. —Un poco. Matt apoyó nuevamente el bastón en el suelo. —Definitivamente. Durante un instante los tres permanecieron allí, compartiendo una risa incómoda que contrastaba con la escena detrás de ellos. La noche se instalaba con lentitud sobre el pueblo. Después del caos de la tarde, las calles estaban casi vacías y el silencio parecía más denso de lo habitual. El gimnasio Fogwell seguía lleno a pesar de la hora. El sonido de los guantes golpeando sacos, las conversaciones cruzadas y la música vieja que salía de una radio cercana llenaban el lugar con un ruido constante. Algunos entrenaban sobre el ring, otros hacían ejercicios contra las paredes o descansaban en las bancas junto a los casilleros. Matt permanecía apartado de todos. En uno de los extremos del gimnasio, frente a un saco pesado que se balanceaba bajo cada impacto. Golpeó otra vez. Seco. Preciso. El cuero crujió frente a él mientras el saco regresaba violentamente. Su respiración era estable, pero había demasiada fuerza detrás de cada movimiento. La discusión en la escena del crimen seguía regresando a su cabeza. Frank cerrándose otra vez. Foggy empujándolo demasiado. Y él en medio de ambos, tratando de mantener algo unido mientras alrededor todo empezaba a desordenarse. Matt lanzó otra combinación rápida. Izquierda. Derecha. Gancho. El saco se sacudió con fuerza. El sudor ya humedecía su camiseta oscura mientras el resto del gimnasio continuaba moviéndose alrededor como si nada hubiera cambiado. Pero para él el día seguía pegado a la piel. Karen muerta. Jossie muerta horas después. Nombres conectados en una libreta. Accidentes antiguos que no dejaban de regresar a su cabeza. Golpeó otra vez. Más fuerte. El impacto llamó brevemente la atención de dos jóvenes que entrenaban cerca, pero Matt ni siquiera lo notó. Seguía concentrado únicamente en el ritmo. Golpe. Respirar. Moverse. Otra vez. El saco volvía hacia él una y otra vez mientras descargaba toda la tensión acumulada desde la tarde. No era rabia exactamente. Era presión. La sensación constante de que algo importante seguía escondido debajo de todo el caso. Matt retrocedió apenas cuando terminó otra combinación. El saco continuó balanceándose frente a él. Respiró profundo una vez. Luego volvió a golpear. En el departamento de Foggy la luz de la sala seguía encendida. Los papeles del caso estaban esparcidos sobre la mesa, pero ninguno de los dos los estaba revisando realmente. Frank estaba sentado en una de las sillas, con el cuerpo ligeramente inclinado hacia atrás. Foggy ocupaba el sofá, con un brazo apoyado en el respaldo y la mirada fija en una de las hojas que había dejado a un lado hacía rato. —Nunca imaginé que este lugar viviría algo así —murmuró Foggy. Frank levantó apenas la vista. —Los casos no preguntan dónde empezar. Foggy soltó una pequeña risa cansada. —Eso suena como algo que Matt diría. Frank no respondió. El teléfono vibró sobre la mesa. Ambos miraron el aparato._________________
Un hombre que no era del pueblo se detuvo frente al bar de Josie. El local estaba cerrado; la cinta policial todavía cruzaba la puerta. Observó el lugar unos segundos antes de anotar algo en una pequeña libreta. —Así que aquí fue —murmuró para sí. Un hombre que pasaba por la acera se detuvo al verlo. —¿Busca algo? El desconocido levantó la mirada. —Información. Sacó una credencial y la mostró brevemente. —Ben Urich. New York Bulletin. Vine desde Nueva York por lo que pasó aquí. El hombre frunció el ceño. —¿Por Josie? Ben asintió mientras abría la libreta. —Y por mi compañera Karen Page. Tengo la impresión de que alguien en este pueblo sabe más de lo que ha dicho._______________
Frank lo tomó. La pantalla mostraba el nombre de Matt. Foggy se recostó un poco más en el sofá mientras Frank contestaba. —¿Sí? La voz de Matt llegó tranquila. —¿Te desperté? Frank miró el reloj de la pared. —No. —Quería hablar un poco del caso —dijo Matt—. Me quedé pensando en lo que vimos en el bar. Frank apoyó el hombro contra el respaldo de la silla. —La policía se llevó todo. —Aun así —respondió Matt—, siento que algo se nos escapa. Y al parecer no soy el único. Un periodista de Nueva York está haciendo preguntas en el pueblo. Ben Urich. Frank frunció apenas el ceño. —¿Un periodista? —Sí. Dice que vino por lo de Page… y por Josie. Frank dejó escapar una exhalación corta. —Genial. —Pensé que debías saberlo —añadió Matt. —No me gusta que gente de fuera meta la nariz en una investigación abierta —respondió Frank con sequedad—. Menos un periodista. En el sofá, Foggy estiró una pierna y tomó una de las hojas de la mesa sin demasiado interés. No parecía prestar mucha atención a la llamada. Matt guardó silencio un segundo. —¿Dónde estás? Frank miró brevemente hacia Foggy. —Con un amigo. Matt aceptó la respuesta sin insistir. —Pensaba salir a caminar un rato —dijo después—. Tal vez podríamos vernos. Frank entendió inmediatamente lo que significaba. Su mirada volvió al sofá. Foggy estaba observándolo ahora, con curiosidad tranquila. —Hoy fue un día largo —respondió Frank con cuidado—. Tal vez mañana podamos hablar con más calma. Del otro lado de la línea Matt tardó un segundo en responder. —Claro. La respuesta fue neutral, pero Frank conocía lo suficiente el tono para saber que Matt entendía la evasiva. —Entonces mañana —añadió Matt. —Mañana. Hubo una pausa breve. —Descansa —dijo Matt finalmente. —Tú también. La llamada terminó. Frank dejó el teléfono sobre la mesa. Durante un momento ninguno habló. Foggy lo observaba desde el sofá. —¿Matt? Frank asintió. —Sigue pensando en el caso. Foggy hizo un gesto leve con la cabeza. —Él siempre hace eso. Frank apoyó los antebrazos en la mesa. —Quiere revisar todo otra vez mañana. Foggy dejó la hoja sobre la mesa y se levantó lentamente del sofá. —Perfecto —dijo con una media sonrisa cansada—. Entonces todavía tenemos unas horas antes de que vuelva a arrastrarnos a trabajar. Se acercó a la mesa. Frank lo miró en silencio. —Supongo que podemos sobrevivir sin pensar en el caso por un rato. Frank sostuvo su mirada. —Supongo. La luz del departamento seguía encendida, pero el caso ya no ocupaba realmente el espacio entre ellos. Y Frank sabía que no iba a salir de ese departamento esa noche. Foggy se quedó de pie frente a la mesa unos segundos más, observándolo. El cansancio del día seguía en su rostro, pero había algo distinto en la forma en que lo miraba ahora. Algo más tranquilo. Apoyó una mano en el borde de la mesa. —Hoy fue un día horrible —dijo en voz baja. Frank no discutió eso. Foggy soltó una exhalación lenta. —Supongo que merecemos un descanso. Frank se levantó de la silla con calma. La distancia entre ellos era pequeña ahora. Demasiada pequeña para seguir fingiendo que seguían hablando del caso. —Un rato —respondió. Foggy sonrió apenas. —Un rato está bien. El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero esta vez era distinto. Más cálido. Foggy se movió un poco más cerca y lo besó. La mano de Frank subió mas. Foggy cerró los ojos un segundo, como si ese gesto simple bastara para borrar el resto del día. Afuera, la noche estaba tranquila. Las calles del pueblo estaban casi vacías cuando Matt salió de su edificio. Había intentado quedarse en casa después de la llamada, pero el silencio del departamento resultaba demasiado pesado. Su mente seguía dando vueltas al mismo punto: el bar de Josie, la policía, la sensación persistente de que algo no encajaba. Cerró la puerta detrás de sí y empezó a caminar. No tenía un destino claro. El aire de la noche era fresco y el pueblo estaba casi dormido. Las calles silenciosas que permitían distinguir de lejos un automóvil pasando, el sonido distante de un televisor en alguna casa. Matt avanzaba despacio por la acera, con las manos en los bolsillos. Intentaba ordenar las piezas del caso, pero su mente regresaba una y otra vez a la llamada con Frank. Había querido verlo. Frank había dicho que no. Matt frunció ligeramente el ceño mientras caminaba. No era exactamente rechazo. Frank no era así. Pero algo en la conversación había sido… evasivo. Sacudió la cabeza. Quizá solo estaban todos demasiado cansados. Avanzaba por la acera casi desierta cuando escuchó el sonido de una libreta cerrándose cerca. Un hombre estaba apoyado contra la baranda frente al motel del pueblo, revisando unas notas bajo la luz amarillenta de un farol. Cuando Matt pasó junto a él, el hombre levantó la mirada con atención. —Usted debe ser Matt Murdock. Matt se detuvo. —Depende de quién pregunte. El hombre guardó la libreta en el bolsillo interno del saco. —Ben Urich. New York Bulletin. Hubo un breve silencio. —El fiscal del pueblo saliendo a caminar de noche —continuó Ben con tono tranquilo—. Supongo que el caso de Page y Josie tampoco lo deja dormir. Matt mantuvo el rostro sereno. —Los periodistas de Nueva York tampoco suelen venir a pueblos pequeños por insomnio. Ben esbozó una leve sonrisa. —Digamos que dos muertes relacionadas con en un pueblo tan pequeño llaman la atención. Matt inclinó ligeramente la cabeza. —Si tiene preguntas, debería hablar con la policía. —Ya lo haré —respondió Ben—. Pero a veces los fiscales ven cosas que los policías pasan por alto. Matt no contestó de inmediato. —Buenas noches, señor Urich. Siguió caminando por la calle mientras el periodista lo observaba alejarse. Mientras tanto, en el departamento de Foggy, el silencio seguía creciendo entre los dos hombres. Foggy abrió los ojos de nuevo. Frank seguía muy cerca. —Si mañana vamos a estar todo el día escuchando a Matt hablar del caso —dijo con una sonrisa cansada—, creo que puedo permitirme ignorarlo por unas horas. Frank sostuvo su mirada. —Nadie te está obligando a escucharlo. Foggy dejó escapar una pequeña risa. —Eso díselo a él. Frank inclinó ligeramente la cabeza. —Lo intentaré. Foggy negó suavemente con la cabeza, divertido. Luego la distancia entre ellos desapareció del todo. Afuera, Matt seguía caminando. Las calles le resultaban familiares incluso en la oscuridad. Giró una esquina sin pensarlo demasiado. Otra más. El pueblo era pequeño. Después de unos minutos ya estaba en una zona que conocía bien. Se detuvo un momento al reconocer la calle. Foggy vivía por allí. En silencio continuaba avanzando lentamente por la acera. No estaba seguro de por qué había terminado en ese lugar. Tal vez solo estaba caminando sin rumbo. Tal vez no. Foggy apenas había terminado de reír cuando la cercanía entre ellos desapareció completamente. La luz del departamento era suave y el silencio de la noche parecía envolver el lugar. Frank lo tenía contra el borde de la mesa, demasiado cerca para fingir indiferencia. Foggy apoyaba una mano en el pecho de Frank mientras hablaba en voz baja, como si todavía estuvieran discutiendo algo sin importancia. —Mañana Matt va a arrastrarnos otra vez al caso —murmuraba—. Lo sabes. Frank lo miraba con calma. —Sí. Foggy negaba suavemente con la cabeza. —No vine aquí a hablar de él. Frank apenas sonrió. La conversación se iba diluyendo poco a poco. Las palabras se volvían más lentas, más cercanas. Foggy se inclinaba hacia él mientras hablaba y Frank respondía con pequeños gestos, con la mano apoyada en su cintura, con el silencio que se instalaba entre frase y frase. Era el tipo de momento que se iba transformando sin que ninguno lo dijera en voz alta. Foggy iba a decir algo más cuando se detuvo de repente. Frunció el ceño. —Un segundo. Frank lo miró. —¿Qué? Foggy se apartó un poco, pensando. —Dejé algo en el auto. Frank arqueó ligeramente una ceja. —¿Ahora? Foggy se encogió de hombros mientras tomaba su teléfono del sofá. —Sí. Es rápido —y le robó un beso sonriendo—. Dos minutos. Frank no dijo nada y también sonrio. Foggy caminó hacia la puerta mientras agregaba con una sonrisa cansada: —No te vayas —volvió sobre sus pasos, le robo otro beso y se fue nuevamente. Frank lo observó salir del departamento. La puerta se cerró. El edificio quedó en silencio otra vez. La noche era fresca cuando Foggy salió a la acera. Un poco más adelante, cerca del bar de Josie, una figura salía del local hablando con un hombre del pueblo que parecía incómodo. —Le repito que no sé nada más —decía el hombre con cierta prisa—. La policía ya preguntó todo eso. El otro sostuvo una pequeña libreta mientras asentía. —Solo confirmo detalles —respondió con calma—. A veces los detalles cambian la historia. El hombre del pueblo se alejó murmurando algo antes de doblar la esquina. Foggy, junto a su auto, observó la escena con curiosidad. El desconocido levantó la vista al sentir la mirada. —¿También viene del bar? —preguntó Foggy con tono ligero. El hombre cerró la libreta. —Algo así. Sacó una credencial y la mostró brevemente. —Ben Urich. New York Bulletin. Foggy alzó ligeramente las cejas. —Otro periodista de Nueva York en este pueblo… ¿adivino? Jossie y la señorita Page. Ben guardó la credencial. —Digamos que ciertas historias viajan lejos. Foggy soltó una pequeña risa. —Sí. Últimamente parece que este lugar está lleno de ellas. En ese momento escuchó pasos acercándose por la acera. Levantó la vista. —Matt. Matt se detuvo sonriendo. —Hola. Durante un momento los dos se quedaron en silencio, mientras Foggy miraba hacia la ventana de su apartamento y Bent se alejaba. Guardó el objeto en el bolsillo. —¿Y esta linda visita? Matt se encogió ligeramente de hombros. —Caminaba. Foggy lo conocía demasiado bien. —Estás pensando en el caso. Matt suspiró. —No puedo quitarme esa sensación de que esto es inmenso. Foggy, dos muertes de en dos días en un pueblo donde nunca pasa nada Foggy apoyó un brazo en el techo del auto. —Mañana lo revisamos otra vez. Matt inclinó la cabeza. —Supongo que sí. Matt se acercó lentamente. Arriba, en el departamento, Frank estaba de pie cerca de la ventana. La voz de Matt llegaba desde la calle, apagada pero reconocible. Frank no necesitó escuchar mucho para entender. Tomó el teléfono. Escribió rápido. El mensaje llegó al celular de Foggy. Foggy lo leyó. “Me llamó la niñera. Lisa tuvo una pesadilla. Tengo que irme. Hablamos mañana.” Foggy levantó la mirada hacia el edificio, sorprendido. Luego volvió a mirar la pantalla. Matt lo observaba. —¿Todo bien? Foggy guardó el teléfono. —Sí. Si. Todo bien Matt asintió con comprensión. Mientras tanto, Frank ya se movía por el departamento. No hizo ruido. Tomó su chaqueta, apagó la luz y salió por el pasillo. En lugar de usar el ascensor caminó hacia la escalera trasera del edificio. Un minuto después la puerta de servicio se cerraba suavemente detrás de él. En la acera, Foggy volvió a apoyar el brazo en el auto. La tensión que no había notado hasta ese momento se disolvió lentamente. Matt observó el edificio. —Si molesto… solo… Foggy miró hacia la puerta del edificio. Luego volvió a mirar a Matt. —No… para nada. Oye… Matt levantó la cabeza. —¿Sí? Foggy se encogió ligeramente de hombros. —Si ya estás aquí… puedes subir. Matt dudó apenas. —¿No es tarde? Foggy negó con la cabeza. —Es mejor a que sigas caminando por el pueblo pensando en el caso. Matt dejó escapar una risa cansada. Luego asintió. —De acuerdo. Los dos caminaron hacia la entrada del edificio. La puerta se cerró detrás de ellos. Unos minutos después estaban en el departamento. La luz volvió a encenderse. Frank abrió la puerta de la casa. El único sonido que llenaba el lugar era el televisor encendido en la sala. Unos segundos después la niñera salió de la cocina secándose las manos con un paño. —Jefe Castle —dijo la chica—. Los niños ya cenaron. Están en sus habitaciones. Frank asintió. —Gracias, Kamala. Sacó unos billetes del bolsillo y se los entregó. —Creo que desde aquí puedo encargarme yo. Ve a descansar. Kamala sonrió con educación. —Gracias, jefe. Usted también debería descansar. Tomó su bolso y salió. Frank cerró la puerta detrás de ella. Luego apagó el televisor y dejó el control sobre la mesa de la sala. La casa quedó en silencio. Subió las escaleras con paso tranquilo. La puerta de la primera habitación estaba entreabierta. Dentro, Frank Jr. estaba acostado sobre la cama, lanzando una pelota de béisbol contra el guante. En la habitación de enfrente, Lisa estaba sentada entre las sábanas jugando con una muñeca. Frank se apoyó en el marco de la puerta. —¿No deberían estar durmiendo? Los dos levantaron la cabeza al mismo tiempo. —¡Papá! —dijeron emocionados. Frank Jr. se sentó de golpe. —Cuéntanos un cuento. Lisa bajó de su cama y corrió a abrazarlo. —El de cuando conociste a mamá. Frank suspiró con una leve sonrisa cansada. —Los cuentos se escuchan en la cama. Los tres entraron en la habitación de Frank Jr. Los niños se acomodaron bajo las mantas mientras Frank se sentaba en el borde de la cama. Durante un momento guardó silencio, mirando a los dos. —Bien —dijo finalmente—. Fue hace muchos años. Mientras comenzaba a hablar, la casa volvía a quedarse tranquila. La voz de Frank era baja y pausada. Los niños escuchaban atentos desde las almohadas, con los ojos cada vez más pesados mientras la historia avanzaba lentamente. Afuera, la noche seguía cubriendo el pueblo con el mismo silencio. Muy lejos de esa casa, en el departamento de Foggy, la habitación también estaba a oscuras. Matt y Foggy permanecían acostados bajo las sábanas, abrazados, con el cansancio del día todavía presente en el cuerpo. La respiración de ambos era lenta, tranquila, como si los dos estuvieran dormidos. Pero ninguno lo estaba. Foggy tenía los ojos cerrados, con el brazo todavía alrededor de Matt. Intentaba no moverse, manteniendo el mismo ritmo de respiración. Matt permanecía inmóvil a su lado. El silencio entre los dos era cómodo, pero también estaba lleno de pensamientos. Matt pensaba en la llamada de esa noche, en la forma en que Frank había evitado verlo. Foggy, en cambio, recordaba el mensaje que había llegado al teléfono unos minutos antes de que subiera con Matt. Ninguno dijo nada. Los dos fingían dormir. Y, sin embargo, los dos pensaban en la misma persona. La voz de Frank se fue apagando poco a poco mientras el cuento avanzaba. Lisa había sido la primera en quedarse dormida, acurrucada contra la almohada. Frank Jr. resistió unos minutos más, escuchando en silencio hasta que sus ojos también se cerraron. Frank permaneció sentado un momento en el borde de la cama, observándolos. Luego se inclinó y acomodó con cuidado a su hijo bajo las mantas. Se aseguró de que estuviera bien tapado y apartó suavemente la pelota y el guante que habían quedado a un lado de la almohada. Después miró a Lisa. La niña estaba profundamente dormida. Frank la levantó con cuidado entre los brazos para no despertarla. Cruzó el pasillo en silencio y entró en la habitación de ella. La acostó despacio en su propia cama y acomodó la muñeca junto a su brazo antes de cubrirla con las mantas. Durante un momento se quedó allí, mirándola dormir. Luego apagó la luz y salió. El pasillo estaba completamente en silencio. Frank cerró con suavidad la puerta de la habitación de Lisa y caminó hasta la suya. La casa entera estaba tranquila. Dejó la chaqueta sobre una silla y se sentó en el borde de la cama. Durante unos segundos simplemente escuchó el silencio del lugar. Luego sacó el teléfono del bolsillo. La pantalla iluminó débilmente la habitación. Su dedo se detuvo sobre los contactos. Matt. Dudó un momento. Deslizó el dedo un poco más abajo. Foggy. Frank permaneció mirando los dos nombres unos segundos más. Finalmente bloqueó la pantalla. Dejó el teléfono sobre la mesa de noche, se recostó en la cama y cerró los ojos.