TRES

Slash
PG-13
Finalizada
0
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644 páginas, 120.711 palabras, 10 capítulos
Descripción:
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Un día largo

Ajustes
La mañana era clara cuando Frank salió de la casa con los niños. El aire todavía se sentía fresco y el barrio estaba tranquilo. Cerró la puerta con una mano mientras con la otra llevaba las llaves del automóvil. Frankie y Lisa caminaban delante de él con sus mochilas a la espalda, discutiendo por algo que había comenzado unos minutos antes dentro de la cocina. Subieron al automóvil. Frank arrancó el motor mientras los niños se acomodaban en el asiento trasero. Durante un momento solo se escuchó el ruido suave del vehículo avanzando por la calle. —Papá —dijo Lisa de pronto. Frank miró el espejo retrovisor. —¿Qué? La niña lo observaba con expresión seria, como si estuviera a punto de decir algo importante. —Necesitas una nueva esposa. Frank parpadeó una vez. —¿Perdón? Frankie se inclinó hacia delante entre los asientos. —Sí —confirmó con total naturalidad—. Para que tengamos otra mamá. Frank mantuvo la vista en la carretera unos segundos, como si estuviera procesando la frase. —Eso no funciona así. Pero los niños ya estaban metidos de lleno en el tema. —Sí funciona —insistió Lisa—. Solo tienes que elegir a alguien. —No es tan simple. —Sí lo es —dijo Frankie—. Ya lo pensamos. Frank frunció ligeramente el ceño. —¿Lo pensaron? Los dos asintieron con entusiasmo. —Tenemos candidatos —explicó el niño. Frank soltó una respiración corta. —Esto debería preocuparme. —El mejor es Matt —declaró Frankie con absoluta seguridad. Lisa reaccionó de inmediato. —¡No! —Sí. —No, el mejor es Foggy. —Matt. —Foggy. Frank levantó una ceja mientras escuchaba la discusión desde el asiento delantero. —¿Quieren explicarme por qué mis amigos están en esta conversación? Pero los niños ignoraron la pregunta. —Matt vive solo —argumentó Frankie—. Y siempre viene a cenar. —Foggy también —replicó Lisa. —Matt sabe cocinar. —Foggy trae pizza. —Matt nos ayuda con la tarea. —Foggy también. —Pero Matt es más serio. Lisa cruzó los brazos. —Foggy es más divertido. La discusión continuó durante varias cuadras. —Matt sería mejor esposo —insistió Frankie. —Foggy sería mejor papá —contraatacó Lisa. Frank mantuvo el volante con ambas manos mientras escuchaba aquello con una expresión cada vez más incrédula. Finalmente habló. —Escuchen… ninguno de los dos va a ser mi esposa. Los niños guardaron silencio un segundo. Luego Frankie preguntó con genuina curiosidad: —¿Por qué no? Frank exhaló lentamente. —Porque así no funciona la vida. Lisa lo miró desde atrás. —Pero tienes que elegir a alguien. Frank estacionó frente a la escuela. El motor se apagó. Giró apenas la cabeza hacia el asiento trasero. —No tengo que elegir nada. Los niños intercambiaron una mirada. Frankie se encogió de hombros. —Bueno… cuando lo hagas, yo sigo votando por Matt. Lisa sacudió la cabeza con decisión. —Yo por Foggy. Frank abrió la puerta del automóvil. —Bájense antes de que me arrepienta de traerlos. Frank cerró la puerta del automóvil cuando los niños ya estaban en la acera. La escuela comenzaba a llenarse de padres y estudiantes. Había ruido de conversaciones, mochilas moviéndose y puertas de autos que se cerraban. Frankie se colgó la mochila en un hombro. Lisa se acomodó la suya. Frank estaba a punto de decirles que entraran cuando una voz conocida se escuchó cerca. —Buenos días. Frank levantó la vista. Matt caminaba por la acera con su bastón blanco. Se detuvo frente a ellos. —Frank —saludó Matt con una sonrisa tranquila—. Niños. —Hola Matt –dijo Frankie— ¿Cuándo vamos a volver a practicar boxeo? —Tu papá decide eso – dijo Matt sonriendo —En cincuenta años –respondió Frank —¡Papá! – protesto el niño —Yo quiero que cocines pasta – dijo Lisa sonriendo —será un placer princesa —no molesten a Matt –dijo su padre —Ahí viene Foggy – dijo Lisa levantando una mano en un gesto alegre y corrió a abrazarlo— ¡Foggy! —¿Cómo está la chica más linda del pueblo – dijo el rubio acercándose y levantándola en brazos —Bien – dijo Lisa —Buenos días chicos – dijo Foggy y choco la manos con Frank en un saludo especial —Llegas tarde otra vez —le dijo ella. Foggy fingió indignación. —Oye, vengo muy puntual. —No es verdad – dijo Frankie sonriendo. —Lo es. Frank observaba la escena con expresión neutra. Entre los tres adultos existía una costumbre silenciosa: comportarse con absoluta normalidad cuando estaban en público. Ninguno hacía nada que pudiera llamar demasiado la atención. Matt soltó al niño con suavidad. —¿Listos para la escuela? —Sí —respondió Frankie. Luego miró a Matt con interés. —¿Matt, vas a trabajar con papá hoy? Frank apoyó una mano sobre el techo del automóvil. —Trabajo con el fiscal, no con el abogado. Matt sonrió apenas. —Eso suena muy oficial. Foggy tomó un sorbo de café. —Yo sigo diciendo que debería cobrar por soportarlos a los dos. Lisa lo miró con complicidad. —Yo creo que deberías venir más a casa, Foggy. Foggy arqueó una ceja. —¿Yo? —Sí —dijo la niña con absoluta naturalidad—. Así cocinamos juntos. Como una familia. Tiene el carácter de una mamá —Matt también lo tiene –protesto Frankie— así que también puede venir Frank resopló suavemente. Matt inclinó la cabeza hacia donde estaba el grupo. Aunque sus ojos no veían, su atención estaba fija en todos ellos. —Eso sería una noche muy ruidosa. Frankie volvió a acercarse a Matt. —Pero sería buena. Lisa se cruzó de brazos mirando al niño. —Solo si Foggy es el chef jefe. —No. —Sí. —No. Foggy levantó una mano. —Me gusta este plan. Frank negó con la cabeza. —Ni lo sueñes. La campana de la escuela sonó a lo lejos. Lisa suspiró. —¿Tenemos que entrar? Frank hizo un gesto hacia la puerta del colegio. —Adentro. Los niños comenzaron a caminar hacia la entrada, pero antes de cruzar la reja ambos se giraron. Frankie miró primero a Matt. —Nos vemos después Matt. Matt asintió. —Que tengan buen día. Lisa miró a Foggy. —No te olvides de venir a cenar. Foggy sonrió. —Nunca me olvido de la comida. —papá, no olvides lo que te dije sobre mamá –grito Frankie y guiño el ojo —ni lo que yo te dije –grito Lisa —¡Adentro! – grito Frank antes que los niños dijeran mas Los niños entraron finalmente al edificio. La acera quedó más tranquila. Durante un momento los tres adultos permanecieron en silencio. Frank miró hacia la puerta de la escuela por donde habían desaparecido los niños. Luego dijo con tono seco: —Creo que estamos influyendo demasiado en ellos. Foggy suspiró. —¿Crees? Matt giró levemente el rostro hacia Frank. —Podría ser peor. Frank cruzó los brazos. —No veo cómo. Foggy miró en dirección a la escuela. —Podrían haber empezado a pedirnos que nos cacemos los tres. Frank lo observó un segundo. —No les des ideas. Matt sonrió apenas. Frank miró el reloj de su muñeca mientras la puerta del colegio se cerraba detrás de los niños. Luego volvió la vista hacia los otros dos. —¿Van caminando? Foggy levantó el vaso de café. —Ese era el plan. Frank señaló el automóvil con un leve movimiento de cabeza. —Suban. Voy hacia el centro. Foggy no lo pensó demasiado. —Eso suena mucho mejor que caminar. Matt inclinó apenas la cabeza. —Gracias. Los tres se acomodaron en el automóvil. Frank condujo. Matt se sentó en el asiento del copiloto. Foggy ocupó el asiento trasero. El motor arrancó y el vehículo se incorporó al tráfico de la mañana. Durante los primeros minutos nadie dijo nada. El silencio no era extraño entre ellos, pero esa vez tenía una tensión ligera, como si los tres recordaran al mismo tiempo la conversación de los niños. Foggy miró por la ventana. Frank mantuvo la vista en la carretera. Matt permaneció tranquilo en su asiento. Entonces se escuchó una vibración corta. El teléfono de Frank, apoyado cerca del tablero, iluminó la pantalla. Mensaje nuevo. Frank lo miró un segundo en un semáforo. Foggy: Esto es culpa tuya. Frank levantó apenas una ceja. No respondió de inmediato. Un segundo después, el teléfono de Foggy vibró en el asiento trasero. Frank: ¿Mía? Foggy leyó el mensaje y alzó la vista hacia el espejo retrovisor. Frank mantenía una expresión completamente neutra. El teléfono vibró otra vez. Foggy: Los niños creen que somos candidatos a esposa. Frank escribió con una mano mientras el automóvil seguía detenido. Frank: No dije nada. Matt permanecía en silencio en el asiento delantero. El semáforo cambió y Frank volvió a conducir. El teléfono vibró otra vez. Foggy miró la pantalla. Frank: Además, tu cara de mamá no ayuda. Foggy levantó la vista con expresión ofendida. —¿Qué? Frank no reaccionó. —Nada —dijo Foggy un segundo después. Matt giró ligeramente el rostro. —¿Todo bien? —Perfecto —respondió Foggy demasiado rápido. El teléfono de Matt vibró dentro del bolsillo de su chaqueta. Lo sacó con calma. Se colocó el pequeño auricular en la oreja y deslizó el dedo por la pantalla. La voz sintética del lector de pantalla murmuró el mensaje solo para él. Frank: Di algo. Matt mantuvo la expresión tranquila. Deslizó los dedos sobre la pantalla mientras el lector de pantalla murmuraba cada letra en el auricular que llevaba en la oreja. Un segundo después envió la respuesta. El teléfono de Frank vibró. Matt: No. Frank soltó una respiración corta por la nariz. Foggy observaba la escena desde atrás, sospechando claramente que algo ocurría. —¿Están mandándose mensajes? —No —dijo Frank. —No —dijo Matt al mismo tiempo. Foggy entrecerró los ojos. —Eso fue sospechoso. El teléfono de Foggy vibró en ese momento. Miró la pantalla. Matt: No lo hagas peor. Foggy levantó las cejas. Escribió rápidamente. El teléfono de Frank vibró otra vez. Foggy: Lisa dijo que soy la mejor mamá. Frank apretó la mandíbula para no reír. Respondió sin mirar atrás. Frank: Frankie votó por Matt. El teléfono de Matt vibró otra vez. Escuchó el mensaje. Guardó el teléfono con tranquilidad. Foggy se inclinó un poco hacia delante. —¿Puedo saber qué está pasando? Frank giró en una esquina. —Nada. Matt permaneció en silencio. Foggy suspiró. —Están conspirando. Frank estacionó frente al edificio de la fiscalía unos minutos después. Apagó el motor. Matt abrió la puerta. Antes de bajar dijo con calma: —Para que conste… yo no tengo cara de mamá. Frank lo miró con una expresión completamente seria. —Discutible. Foggy levanto una ceja mirando a Frank, quien miro hacia otro lado. Matt cerró la puerta del vehículo y se alejó hacia el edificio de la fiscalía. Frank esperó a que cruzara la acera antes de volver a poner el motor en marcha. Durante unos segundos el asiento del copiloto quedó vacío. Luego se escuchó el ruido de una puerta trasera abriéndose. Foggy salió del asiento de atrás, rodeó el vehículo y se acomodó en el asiento delantero. —Mucho mejor —dijo mientras se abrochaba el cinturón. Frank arrancó. El vehículo volvió a incorporarse al tráfico de la mañana. Foggy miró por la ventana unos segundos y luego suspiró de forma bastante evidente. Frank lo miró de reojo. —¿Qué? Foggy cruzó los brazos. —Desapareciste. Frank mantuvo la vista en la calle. —Lisa tuvo una pesadilla. —Lo sé —respondió Foggy—. Pero igual desapareciste. Frank giró en una esquina. —La emergencia era real. —¿Logró dormir después? —Sí —dijo Frank, sonriendo apenas. Foggy apoyó el codo en la ventana y lo miró. —Pero me dejaste solo a las dos de la mañana. Frank tardó un segundo en responder. —Escuché voces abajo. Foggy giró un poco la cabeza. —¿Voces? —Sí. Reconocí la de Matt. Foggy levantó una ceja. —¿Matt estaba en la calle? —Sí. El vehículo avanzó unos metros en silencio. —Y justo en ese momento Lisa te llamó —dijo Foggy con cierta sospecha. Frank se encogió apenas de hombros. —Fue una mala coincidencia. Foggy lo miró unos segundos más. —Podrías haber bajado. Frank negó con la cabeza. —No tenía tiempo. Foggy apoyó el codo en la puerta. —Ajá. El silencio duró un momento. Luego Foggy frunció la boca en un gesto exagerado. —Igual desapareciste. Frank lo miró un segundo. El gesto era bastante infantil. Y bastante adorable. El vehículo avanzó unas cuadras más. Frank volvió la vista a la calle. —La próxima vez dejo una nota. Foggy lo miró con escepticismo. —Ojalá no haya próxima. No me hagas caso, los niños son primero. Frank dejó escapar una pequeña risa por la nariz. —Dejaré una nota. Lo prometo. Foggy cruzó los brazos otra vez. —Además ahora los niños creen que somos candidatos a esposa. Frank soltó otra pequeña risa. —Eso fue idea tuya. —¡No fue idea mía! —Lisa dijo que tienes carácter de mamá. Foggy se hundió un poco en el asiento. —Eso fue terrible. —Frankie votó por Matt. —Eso también fue terrible. Frank miró el semáforo que cambiaba a verde. —Podría ser peor. Foggy lo miró con desconfianza. —No quiero saber cómo podría ser peor. Frank giró el volante para incorporarse a otra calle. —Podrías haber sido tú el que recibió el voto de Frankie. Foggy soltó un resoplido. —No digas eso. Frank sonrió apenas. Luego el silencio volvió Frank giró el volante para incorporarse a otra calle. —Confía en mí. Foggy lo observó unos segundos más, como si estuviera decidiendo si seguir presionando. —Hablando de cosas peores… Frank levantó apenas una ceja. —¿El caso? —Sí. El vehículo avanzó entre el tráfico de la mañana. Foggy apoyó el codo en la puerta. —Todavía no me entra en la cabeza lo de Jossie. Frank no respondió de inmediato. —A mí tampoco. Foggy frunció el ceño. —Quiero decir… crecimos viendo ese bar. Todo el pueblo pasó por ahí alguna vez. Hizo una pequeña pausa. —Y ahora resulta que aparece muerta igual que esa periodista de Nueva York. Frank cambió de carril. —Karen Page. Foggy asintió. —Exacto. Miró un momento el tablero del auto. —Lo que no entiendo es qué hacía ella aquí. Frank mantuvo la vista en la carretera. —Una periodista no viaja a un pueblo perdido porque sí. Foggy asintió lentamente. —Eso pensé. Luego añadió: —Tuvo que haber venido por algo. Frank tamborileó una vez los dedos contra el volante. —O por alguien. Foggy lo miró. —¿Crees que estaba investigando algo del pueblo? —Es posible. El auto avanzó otra cuadra. Foggy volvió a mirar por la ventana. —Entonces alguien decidió que dejara de investigar. Frank no respondió durante unos segundos. —Y ahora Jossie está muerta también. El silencio volvió a instalarse en el vehículo. Foggy exhaló despacio. —No me gusta. Frank giró en otra esquina. —A mí tampoco. Foggy volvió a mirarlo. —Tenemos que revisar todo lo que Page publicó antes de venir. —Y averiguar con quién habló cuando llegó al pueblo. Foggy asintió. —Si alguien sabe algo, es gente de aquí. Frank hizo un pequeño gesto afirmativo. —El problema es que la mitad del pueblo conocía a Jossie. Foggy suspiró. —Y la otra mitad probablemente ya decidió no recordar nada. El vehículo continuó avanzando entre el tráfico de la mañana. Durante unos segundos ninguno habló. Foggy seguía mirando por la ventana, pensativo. Luego volvió a girarse hacia Frank. —Ayer estuve revisando lo que encontré de Karen en Nueva York. Frank mantuvo la vista en la calle. —¿Encontraste algo útil? Foggy dudó un momento. —No exactamente útil… pero sí interesante. Frank esperó. —Estaba investigando varias cosas a la vez. Frank cambió de carril. —¿Qué tipo de cosas? —Corrupción, sobre todo. Foggy hizo un pequeño gesto con la mano. —Empresas, políticos, ese tipo de cosas. El vehículo avanzó otra cuadra. —Lo curioso —continuó Foggy— es que en las últimas semanas antes de viajar. Adivina donde Frank lo miró de reojo. —¿Aquí? —No. Otro periodista. Foggy frunció un poco el ceño mientras intentaba recordar los detalles. —Al parecer su investigación se centraba aquí. Frank mantuvo el tono neutral. —¿Sobre qué? Foggy negó lentamente. —No dejo pista sobre qué. Hizo una pausa. —Pero dejaron caer que el tema tenía que ver algo ocurrido aquí hace años. Frank apoyó una mano con más firmeza en el volante. —No recuerdo nada lo suficientemente interesante como para atraer la atención de una periodista —Ni yo. El tráfico los obligó a reducir la velocidad. Foggy apoyó el brazo en la puerta. —Si Page vino aquí siguiendo ese hilo… entonces pudo haber descubierto algo que alguien no quería que descubriera. Frank asintió. —Y Jossie estaba en el lugar equivocado. Foggy dudó. —O en el lugar correcto. Frank lo miró brevemente. —¿Qué quieres decir? —Jossie conocía a todo el mundo. Foggy señaló hacia adelante con el mentón. —Si Page estaba haciendo preguntas en el pueblo… —Y si hizo las preguntas correctas a las personas correctas… Frank guardó silencio unos segundos. —… O incorrectas… Eso conectaría las dos muertes. Foggy asintió lentamente. —Page investiga algo. —Llega al pueblo. —Empieza a hablar con la gente. Frank completó la idea. —Y alguien decide que ninguna de las dos vuelva a hablar. El vehículo avanzó unas cuadras más. El edificio donde estaba el despacho de Foggy apareció al final de la calle. Foggy lo señaló con la cabeza. —Ahí me bajo. Frank estacionó junto a la acera. El motor quedó encendido. Foggy se desabrochó el cinturón. —Voy a intentar conseguir más información sobre ese periodista de Nueva York. Abrió la puerta. —Tal vez él si sepa exactamente qué estaba siguiendo Karen Frank asintió. —Yo hablaré con la gente del pueblo otra vez. Foggy salió del vehículo. Antes de cerrar la puerta se inclinó un poco hacia adentro. —Y Frank… Frank levantó la vista. Foggy sonrió apenas. —La próxima vez deja la nota. Frank soltó una pequeña risa por la nariz. —Lo prometí. Foggy cerró la puerta y caminó hacia la entrada de su despacho. Frank esperó a que llegara a la acera. Luego volvió a poner el vehículo en marcha. Giró en la esquina siguiente y tomó la calle que conducía hacia la comisaría. Condujo un par de cuadras más antes de doblar hacia la calle donde se encontraba la comisaría. El edificio no era grande. Ladrillo viejo, ventanas rectangulares y una bandera que se movía con lentitud en el mástil del frente. A esa hora de la mañana el estacionamiento ya estaba medio lleno. Frank estacionó en su lugar habitual. Apagó el motor. Durante un momento se quedó sentado dentro del vehículo, observando la fachada del edificio. Luego abrió la puerta y bajó. El aire de la mañana era fresco. Cerró el auto, subió los tres escalones de la entrada y empujó la puerta de vidrio. Dentro, la comisaría ya estaba despierta. Se escuchaba el ruido de teléfonos, el tecleo irregular de un teclado y el murmullo de dos agentes conversando cerca del mostrador. Uno de ellos levantó la vista cuando Frank entró. —Jefe. Frank hizo un gesto breve con la cabeza mientras avanzaba. —¿Algo nuevo? El agente negó. —Nada desde anoche. Frank continuó caminando hacia su oficina. Mientras pasaba por el área central varios policías levantaron la vista y lo saludaron con pequeños gestos de cabeza. Él respondió de la misma forma, sin detenerse. El caso de Jossie había puesto a todo el departamento en alerta. En un pueblo como ese, dos muertes en circunstancias similares no eran algo que pudiera ignorarse. Frank abrió la puerta de su oficina. El escritorio seguía exactamente como lo había dejado la noche anterior: una pila de informes, una taza de café vacía y el expediente del caso abierto sobre la superficie. Entró, cerró la puerta detrás de sí y dejó las llaves sobre el escritorio. Luego tomó el expediente. Las fotografías de la escena volvieron a aparecer frente a él. Karen Page. Jossie. Frank apoyó una mano en el respaldo de la silla y observó las imágenes unos segundos más. Dos mujeres. Dos muertes iguales. En un pueblo donde todos conocían a todos. Y alguien estaba seguro de que nadie hablaría.

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La camioneta se detuvo junto a la acera de la calle principal. Ben Urich apagó el motor y permaneció unos segundos mirando a través del parabrisas. El pueblo era pequeño. Eso se notaba de inmediato. Las mismas caras aparecían en cada esquina, en cada escaparate, en cada conversación que se detenía apenas alguien nuevo caminaba por la calle. Y desde que habían aparecido los cuerpos, todo el lugar parecía vivir en una tensión silenciosa. Karen Page había sido la primera. Una periodista de Nueva York encontrada muerta en un pueblo donde nadie la conocía. Eso ya había causado suficiente conmoción. Pero la muerte de Jossie había golpeado al pueblo de una forma distinta. Porque a Jossie la conocían todos. Ben bajó de la camioneta y cerró la puerta. Mientras caminaba hacia el café de la esquina notó cómo dos hombres que conversaban cerca de la entrada bajaban la voz apenas lo vieron acercarse. Empujó la puerta del local. Una campanilla sonó sobre su cabeza. Dentro el lugar estaba medio lleno. Varias mesas ocupadas por gente que hablaba en voz baja. Ben se acercó al mostrador. La mujer que atendía levantó la vista. —¿Qué le sirvo? Ben sacó una fotografía del bolsillo interior de su chaqueta y la apoyó suavemente sobre el mostrador. —Estoy buscando información sobre ella. La mujer miró la fotografía. —Karen Page —dijo Ben—. Era periodista. La mujer observó la imagen unos segundos. Luego levantó la mirada hacia él. —Sí… escuché lo que pasó. Su tono era cauteloso. —Todo el pueblo escuchó —respondió Ben. La mujer asintió lentamente. —Primero la periodista… Miró hacia una de las mesas donde dos hombres conversaban. —Y después Jossie. El silencio que siguió fue pesado. Ben inclinó apenas la cabeza. —¿Usted la conocía? —A Jossie sí. La mujer apoyó ambas manos en el mostrador. —Todos la conocíamos. Hizo una pausa breve. —Ese bar llevaba años abierto. Ben guardó silencio. —¿Y Karen? —preguntó finalmente. La mujer dudó. —La vi una vez. Ben levantó apenas la mirada. —¿Aquí? —No. Negó con la cabeza. —En el bar. Ben sintió que la conversación avanzaba por primera vez. —¿Hablaba con alguien? La mujer tardó un momento en responder. —Hacía preguntas. —¿Sobre qué? La mujer negó lentamente. —No lo sé. Miró hacia la ventana como si buscara algo en la calle. —Pero en un pueblo así… cuando alguien hace muchas preguntas… la gente empieza a darse cuenta. Ben recogió la fotografía. —¿Y alguien parecía molesto por esas preguntas? La mujer no respondió. El silencio volvió a instalarse entre los dos. Ben entendió la respuesta sin necesidad de escucharla. Guardó la foto en el bolsillo. Karen había llegado al pueblo buscando algo. Había hecho preguntas. Y alguien había decidido que esas preguntas debían terminar. Primero con ella. Y ahora, aparentemente, también con Jossie. La puerta del despacho se cerró detrás de Foggy Nelson cuando salió a la calle con una libreta bajo el brazo. La mañana ya había avanzado lo suficiente para que el movimiento del pueblo fuera constante. Algunos comercios estaban abiertos, la gente caminaba de un lado a otro y las conversaciones se formaban en las esquinas como siempre había ocurrido en lugares así. Foggy caminó primero hacia la oficina de correos. Empujó la puerta y se acercó al mostrador. —Buenos días. La mujer que atendía levantó la vista. —Buenos días, señor Nelson. Foggy apoyó la libreta sobre el mostrador. —Estoy revisando algo sobre la periodista que apareció muerta. La mujer hizo un pequeño gesto con la cabeza. Todos en el pueblo sabían a qué periodista se refería. —Karen Page —añadió Foggy. La mujer pensó unos segundos. —Recuerdo haberla visto por aquí. Foggy levantó la mirada. —¿En serio? —Sí. Preguntó por direcciones. —¿Direcciones hacia dónde? La mujer dudó. —No recuerdo exactamente… pero creo que buscaba el bar. Foggy anotó algo en la libreta. —¿El de Jossie? —Sí. El nombre cayó entre los dos con un peso evidente. —¿Habló con alguien más aquí? —No que yo recuerde. Foggy agradeció la información y salió nuevamente a la calle. El sol ya estaba más alto cuando caminó hasta la ferretería de la esquina. Dentro el dueño levantó la cabeza desde detrás del mostrador. —Foggy. —Hola, Bill. Foggy apoyó un codo en el mostrador. —Estoy tratando de reconstruir los últimos días de Karen Page en el pueblo. El hombre frunció el ceño. —Esa periodista. —Esa misma. Foggy abrió la libreta. —¿La viste por aquí? Bill pensó un momento. —La vi caminando por la calle principal un par de veces. —¿Hablaba con alguien? —Con varias personas. El hombre hizo un gesto vago con la mano. —Hacía preguntas. Foggy levantó la vista. —¿Qué tipo de preguntas? Bill negó lentamente. —No escuché todo… pero preguntaba por negocios antiguos del pueblo. Foggy anotó otra línea. —¿Negocios antiguos? —Sí. El hombre se encogió de hombros. —Lugares que llevan aquí mucho tiempo. Foggy cerró la libreta unos segundos después. Salió nuevamente a la calle. Para cuando el reloj del ayuntamiento marcó el mediodía ya había recorrido media docena de lugares. El café. La farmacia. La tienda de comestibles. En todos había escuchado versiones parecidas. La periodista de Nueva York había llegado al pueblo. Había caminado por la calle principal. Había hecho preguntas. Y tarde o temprano esas preguntas la habían llevado al mismo lugar. El bar de Jossie. Foggy se detuvo un momento en la acera. Miró hacia el extremo de la calle donde estaba el edificio cerrado. Dos muertes. Una periodista que había venido desde Nueva York. Y una mujer que todo el pueblo conocía. Algo en ese pueblo había llamado la atención de Karen Page. Y lo había hecho lo suficiente como para costarle la vida. El pasillo de la comisaría estaba tranquilo cuando la puerta principal se abrió. Ben Urich entró con paso calmado, observando el lugar con la atención de alguien acostumbrado a registrar cada detalle. El murmullo de un teléfono sonaba desde una de las oficinas y un agente levantó la vista desde el escritorio del área central. —¿Puedo ayudarlo? Ben se acercó al mostrador. —Busco al jefe. El agente frunció apenas el ceño. —¿Tiene cita? Ben sacó una credencial del bolsillo de la chaqueta y la apoyó sobre el mostrador. —Prensa. El agente la miró. —¿Nueva York? —Sí. El hombre asintió lentamente. —Espere aquí. Se levantó y caminó por el pasillo hasta una puerta al fondo. Golpeó dos veces antes de abrirla. Un momento después regresó. —Puede pasar. Ben recogió la credencial y avanzó por el pasillo. La puerta de la oficina estaba entreabierta. Dentro, Frank Castle estaba detrás del escritorio revisando un expediente. Levantó la vista cuando Ben apareció en el marco de la puerta. —¿Sí? Ben dio un paso hacia adentro. —Jefe Castle. Frank cerró el expediente con calma. —¿En qué puedo ayudarlo? Ben sacó una pequeña libreta. —Ben Urich. Periodista. Frank lo observó un segundo. —Lo supuse. Ben apoyó la libreta sobre el escritorio. —Estoy intentando entender qué ocurrió con Karen Page. Frank mantuvo la mirada fija en él. —El caso sigue abierto. —Lo sé. Ben asintió. —Pero Karen trabajaba para un periódico de Nueva York. Y ahora está muerta en un pueblo que probablemente ni siquiera aparecía en su agenda hace un mes. Frank se recostó ligeramente en la silla. —¿Cuál es su pregunta, señor Urich? Ben habló con calma. —Quiero saber qué estaba investigando aquí. Frank no respondió de inmediato. Ben continuó. —He hablado con varias personas esta mañana. Todos coinciden en algo. Frank lo observó. —¿En qué? —Karen hacía muchas preguntas. El silencio se instaló en la oficina durante un momento. Ben añadió: —Y ahora Jossie está muerta también. Frank apoyó los antebrazos sobre el escritorio. —¿Tiene alguna información que quiera compartir? Ben lo miró con interés. —¿Tiene usted alguna? Durante unos segundos ninguno habló. Finalmente Ben cerró la libreta. —Solo intento entender qué historia trajo a Karen hasta aquí. Frank sostuvo su mirada. —Cuando lo sepamos, señor Urich, probablemente también sepamos quién la mató. Foggy Nelson salió del despacho poco después del mediodía con la libreta todavía en la mano. El sol ya estaba alto y la calle principal del pueblo tenía más movimiento que por la mañana. Dos camionetas pasaban lentamente frente a la plaza y varias personas conversaban cerca de la farmacia. Foggy cruzó la calle hacia la panadería. Empujó la puerta y una campanilla sonó suavemente. El olor a pan recién horneado llenaba el lugar. La mujer detrás del mostrador levantó la vista. —Hola, Foggy. —Hola, Martha. Foggy apoyó la libreta sobre el mostrador. —Estoy tratando de reconstruir los últimos días de la periodista que apareció muerta. La mujer asintió lentamente. —La de Nueva York. —Karen Page —confirmó Foggy. Martha pensó unos segundos. —La vi una vez por aquí. Foggy levantó la mirada. —¿En la panadería? —No, en la calle. Señaló hacia la ventana. —Estaba hablando con alguien frente al bar. Foggy anotó algo. —¿Con quién? La mujer negó con la cabeza. —No lo reconocí bien. Estaban de espaldas. Foggy cerró la libreta unos segundos después. —Gracias. Salió nuevamente a la calle. Mientras caminaba hacia la plaza escuchó el murmullo de varias personas conversando cerca de la fuente. El tema era el mismo que en todo el pueblo. Las muertes. Primero la periodista. Luego Jossie. Foggy se detuvo un momento frente a la farmacia, revisando las notas que había tomado durante la mañana. La mayoría de las personas coincidía en algo. Karen había estado haciendo preguntas. Muchas preguntas. Y casi todas esas preguntas parecían haber terminado en el mismo lugar. El bar de Jossie. Foggy levantó la vista justo cuando una figura conocida cruzaba la plaza. Hermana Maggie caminaba con una bolsa de papel en las manos, saludando a dos vecinos que pasaban junto a ella. Cuando lo vio, se detuvo. —Señor Nelson. Foggy sonrió con educación. —Hermana Maggie. Ella se acercó unos pasos. —Escuché que están investigando lo que ocurrió. Foggy asintió. —Estamos intentando entender por qué esa periodista vino al pueblo. Maggie sostuvo la bolsa contra el pecho. —La vi una vez en el bar de Jossie. Foggy levantó ligeramente las cejas. —¿En serio? —Sí. Su tono era tranquilo. —Estaba hablando con varias personas. Hacía preguntas. Foggy abrió otra vez la libreta. —¿Recuerda sobre qué? Maggie pensó unos segundos. —Sobre negocios del pueblo. Hizo una pequeña pausa. —Lugares que llevaban muchos años aquí. Foggy anotó la información. —Eso coincide con lo que otros dijeron. Maggie inclinó un poco la cabeza. —La gente de aquí no está acostumbrada a que extraños hagan tantas preguntas. Foggy cerró la libreta. —Eso parece. Ella asintió suavemente. —Espero que encuentren respuestas. Foggy guardó la libreta en el bolsillo de la chaqueta. —Nosotros también. La hermana Maggie le dedicó una pequeña sonrisa antes de continuar su camino por la plaza. Foggy la observó unos segundos. Luego volvió a mirar sus notas. Karen Page había estado investigando algo relacionado con negocios antiguos del pueblo. Y de alguna manera esas preguntas habían terminado con dos personas muertas. La oficina permanecía en calma. La luz del mediodía entraba por la ventana y se extendía sobre el escritorio donde Matt Murdock tenía varios expedientes abiertos. Los documentos estaban ordenados en pequeñas pilas: informes policiales, declaraciones preliminares y algunas notas que él mismo había escrito durante la mañana. En una hoja aparte había tres nombres. Karen Page Jossie Bar Matt pasó los dedos por el borde del papel mientras pensaba. Karen había llegado desde Nueva York pocas semanas antes de morir. No tenía vínculos conocidos con el pueblo, no tenía familiares allí y, según todos los testimonios, había pasado buena parte de su tiempo haciendo preguntas. Preguntas que parecían dirigirse siempre al mismo lugar. El bar de Jossie. Matt tomó el bolígrafo y añadió otra palabra debajo. Antiguo. Varias personas habían mencionado lo mismo. Karen preguntaba por negocios que existieron hace años, por propietarios que ya no vivían en el pueblo, por cosas que habían sucedido mucho tiempo atrás. Matt se recostó ligeramente en la silla. Si Karen había viajado desde Nueva York siguiendo una pista, entonces el origen de todo probablemente no estaba en el pueblo. Pero por alguna razón las respuestas parecían encontrarse allí. En ese momento alguien golpeó la puerta. —Adelante —dijo Matt. La puerta se abrió y apareció Foggy Nelson. Entró sin prisa, con un pequeño cuaderno en la mano. —Espero no interrumpir —dijo. Matt negó con la cabeza. —No. Foggy cerró la puerta detrás de sí y se acercó al escritorio. Miró los documentos sin tocarlos. —Estuve hablando con algunas personas esta mañana. Matt levantó la vista. —¿Sobre Karen? Foggy asintió. —Sí. El pueblo sigue hablando de lo que pasó. La muerte de una periodista de Nueva York y la de alguien tan conocido como Jossie… eso no es algo que se olvide rápido aquí. Matt permaneció en silencio. Foggy abrió su cuaderno. —La mayoría recuerda que Page hacía muchas preguntas. Preguntaba por negocios antiguos, por propietarios de hace años, por gente que había tenido dinero en el pasado. Matt apoyó los codos sobre el escritorio. —Escuché algo parecido. Foggy levantó la mirada. —También mencionaron un almacén viejo cerca de la carretera antigua. Parece que desapareció hace tiempo. Matt tomó el bolígrafo y señaló una palabra que ya estaba escrita en su hoja. —Alguien vino a decirme lo mismo hace un rato. Foggy observó la anotación. —Entonces Page no estaba investigando algo reciente. Matt negó con suavidad. —No lo parece. Foggy guardó silencio unos segundos. —Sabes que yo no estoy dentro de esta investigación —dijo finalmente—, pero todo el pueblo está hablando de esto. Era inevitable escuchar cosas. Matt asintió. —Lo sé. Foggy cerró su cuaderno. —Solo pensé que tal vez te serviría saberlo. Matt apoyó el bolígrafo sobre la mesa. —Sirve. Foggy hizo un pequeño gesto afirmativo y dio un paso hacia la puerta. —Tengo una reunión en el tribunal dentro de una hora. Matt levantó apenas la cabeza. —Nos vemos luego. Foggy abrió la puerta. —Cuídate, fiscal. Matt dejó escapar una leve sonrisa mientras la puerta se cerraba. La oficina volvió a quedar en silencio. Matt miró otra vez la hoja sobre el escritorio. Karen Page. Jossie. Bar. Y debajo de todo, la palabra que parecía repetirse en cada conversación. Antiguo. El pequeño hotel del pueblo estaba tranquilo a esa hora de la tarde. En una de las habitaciones del segundo piso, Ben Urich estaba sentado frente a un escritorio estrecho junto a la ventana. Sobre la mesa había varios papeles, un cuaderno abierto y una grabadora pequeña que había usado durante las entrevistas del día. Había pasado la mañana caminando por el pueblo. Había hablado con vecinos, con empleados del bar de Jossie y con algunas personas que recordaban haber visto a Karen Page en las semanas anteriores a su muerte. Las respuestas siempre terminaban en el mismo punto. Karen hacía preguntas. Muchas preguntas. Pero no sobre cosas recientes. Ben apoyó el codo en el escritorio y revisó sus notas. Negocios antiguos. Propiedades que cambiaron de dueño hace años. Personas que habían tenido dinero en el pasado. Todo parecía apuntar hacia hechos que habían ocurrido mucho tiempo atrás. Ben suspiró suavemente. Karen no había viajado desde Nueva York para investigar un rumor cualquiera. Si estaba haciendo ese tipo de preguntas, significaba que ya tenía una pista antes de llegar al pueblo. Giró la silla hacia el teléfono que estaba sobre la mesa. Tomó el auricular y marcó un número que conocía de memoria. La llamada tardó unos segundos en conectar. Finalmente alguien respondió al otro lado. —Redacción. Ben acomodó el auricular contra su oído. —Soy Ben. Hubo una breve pausa y luego la voz cambió de tono. —¿Ben? Pensé que seguías en ese pueblo perdido. —Sigo aquí —respondió con calma—. Necesito que me hagas un favor. Del otro lado se escuchó el sonido de papeles moviéndose. —Dime. Ben miró su cuaderno abierto. —Necesito revisar los archivos de trabajo de Karen. Silencio breve. —¿Karen Page? —Sí. —¿Para qué? Ben se reclinó un poco en la silla. —Porque no vino aquí por casualidad. Del otro lado de la línea se escuchó un suspiro. —Déjame ver qué hay. Pasaron algunos segundos mientras el otro periodista buscaba entre documentos. Ben miró por la ventana del hotel. El pueblo parecía tranquilo desde allí arriba. Autos estacionados, gente caminando sin prisa por la calle principal. Nada en ese lugar sugería que dos personas habían muerto en circunstancias extrañas en tan poco tiempo. La voz regresó al teléfono. —Encontré algo. Ben volvió a concentrarse en la llamada. —¿Qué? —Karen estaba trabajando en una investigación antes de irse. Ben tomó un bolígrafo. —¿Sobre qué? Hubo una pequeña pausa antes de la respuesta. —Un caso viejo. Ben empezó a escribir. —¿Qué tipo de caso? La voz del otro periodista sonó más baja. —Una agresión sexual que ocurrió hace años. Ben detuvo el bolígrafo por un instante. —¿Dónde? —En Nueva York. Ben guardó silencio. El periodista continuó hablando. —Nunca llegó a juicio. Las víctimas desaparecieron del radar y algunos de los nombres involucrados tenían bastante poder. Ben volvió a escribir. —¿Karen tenía nombres? —Sí. —¿De quién? —Empresarios, abogados, gente con dinero. Ben miró lentamente sus notas del día. Negocios antiguos. Propietarios ricos. Personas influyentes. —Te voy a enviar las notas que encontré —dijo la voz del otro lado—. Pero te advierto algo, Ben. —¿Qué? —Karen estaba convencida de que algunos de esos hombres habían salido de Nueva York durante un tiempo. Ben apoyó el bolígrafo sobre el papel. —¿A dónde? Hubo otra pausa. —A varios lugares. Ben esperó. Entonces llegó la última frase. —Uno de esos lugares es el pueblo donde estás ahora. Ben colgó el teléfono lentamente. La habitación volvió a quedar en silencio. Miró las notas sobre el escritorio. Por primera vez desde que había llegado al pueblo, la investigación de Karen empezaba a tener una forma clara. Y esa forma no era pequeña. La tarde avanzaba con calma en la calle principal del pueblo. Algunas personas conversaban frente a las tiendas y otras caminaban con tranquilidad por la acera. Foggy Nelson caminaba despacio, saludando a varios vecinos con pequeños gestos de cabeza. Había crecido en ese lugar; conocía las calles, las casas y a la mayoría de las personas que encontraba. —Foggy —lo llamó un hombre desde la puerta de una ferretería—. Pensé que estabas trabajando en la ciudad. Foggy sonrió. —Todavía lo hago, George. —Tu madre estaría orgullosa —respondió el hombre con una risa leve. Foggy siguió caminando hasta la pequeña tienda de comestibles cerca de la plaza. Cuando abrió la puerta, la campana sonó suavemente. La mujer detrás del mostrador levantó la vista. —Foggy. —Hola, Martha. Foggy Nelson se apoyó con familiaridad sobre el mostrador. Martha Collins lo había visto crecer en ese mismo lugar. —¿Cómo está todo por aquí? —preguntó. —Tranquilo… dentro de lo posible —respondió ella—. Aunque ya sabes que el pueblo sigue hablando de lo que pasó. Foggy asintió con seriedad. —Justamente por eso estoy preguntando algunas cosas. Martha frunció levemente el ceño. —¿Sobre la periodista? —Sí. Karen Page. La mujer suspiró. —La vi varias veces en el bar de Jossie antes de que todo ocurriera. Foggy sacó su pequeño cuaderno del bolsillo de la chaqueta. —¿Recuerdas con quién hablaba? —Con varias personas. Sobre todo con los mayores del pueblo. Foggy anotó eso. —¿Qué preguntaba exactamente? Martha pensó unos segundos. —Sobre negocios antiguos. Sobre quién tenía propiedades hace años… sobre gente que había tenido dinero aquí. Foggy levantó la vista. —¿Mencionó algún nombre? —No que yo recuerde. Pero preguntó por un almacén viejo cerca de la carretera antigua. Foggy escribió esa información. —Matt escuchó algo parecido —murmuró. Martha lo miró con curiosidad. —¿El fiscal está investigando también? Foggy cerró el cuaderno. —Es su trabajo. La mujer asintió lentamente. —Esa chica parecía decidida a encontrar algo. Foggy guardó el cuaderno en el bolsillo. —Eso parece. Se despidió de Martha con una sonrisa breve y salió nuevamente a la calle. El aire de la tarde era más fresco ahora. Mientras caminaba por la acera, Foggy pensaba en lo que todos repetían. Karen preguntaba siempre por el pasado del pueblo. Y por alguna razón ese pasado parecía haberle costado la vida. ——— A varias calles de allí, en la comisaría, Frank Castle estaba sentado en su oficina revisando archivos policiales. El despacho estaba en silencio, salvo por el sonido de las hojas al pasar. Había ordenado que le llevaran registros antiguos: denuncias, incidentes menores, reportes de disturbios y expedientes cerrados que tenían más de veinte años. No buscaba un crimen específico. Buscaba nombres. Pasó varias páginas hasta detenerse en un informe viejo. Un altercado en un bar ocurrido años atrás. Leyó los nombres de las personas involucradas. Luego tomó un bolígrafo y subrayó uno. Ese apellido había aparecido en otra parte del archivo. Frank cerró el expediente lentamente. Algo empezaba a repetirse. Tomó otro archivo de la pila. ——— Mientras tanto, en la iglesia del pueblo, la tarde transcurría con tranquilidad. Varias personas estaban sentadas en los bancos mientras organizaban cajas con alimentos para repartir entre algunas familias necesitadas. Entre ellas se movía con calma Sister Maggie. Ayudaba a ordenar las bolsas y hablaba con los vecinos con la serenidad habitual. —¿Podrías llevar estas cajas a la mesa del fondo? —le pidió a un joven. —Claro, hermana. Una mujer mayor se acercó a Maggie mientras acomodaba unas latas. —Hermana, ¿supiste que el periodista sigue haciendo preguntas por todo el pueblo? Maggie levantó la vista con suavidad. —Sí, escuché algo. La mujer negó con la cabeza. —Todo esto ha sido muy triste. Primero la muchacha de Nueva York… y luego Jossie. Maggie juntó las manos frente a ella. —Esperemos que encuentren respuestas. La mujer asintió y siguió acomodando las cajas. La iglesia volvió a llenarse del sonido tranquilo de las personas trabajando juntas. Afuera, el pueblo continuaba con su rutina de siempre, aunque la sombra de las dos muertes todavía permanecía en el aire. La tarde avanzaba lentamente en el pueblo. El movimiento en las calles disminuía a medida que el sol descendía. Las tiendas empezaban a cerrar y las conversaciones en las aceras se acortaban. El lugar volvía poco a poco a la calma habitual de las comunidades pequeñas. Foggy pasó las últimas horas caminando por distintas calles, deteniéndose a hablar con vecinos que conocía desde hacía años. Algunos recordaban haber visto a Karen en el bar de Jossie. Otros repetían lo mismo que ya había escuchado durante el día: la periodista hacía preguntas sobre negocios antiguos, sobre gente que había tenido dinero en el pasado, sobre propiedades que habían cambiado de dueño hacía mucho tiempo. Nada parecía concreto todavía. Solo pequeñas piezas sueltas. Cuando el cielo comenzó a oscurecer, Foggy regresó finalmente a su casa. El lugar estaba tranquilo. Dejó su chaqueta sobre una silla, revisó brevemente las notas que había tomado durante el día y después las guardó. La jornada había sido larga y el cansancio empezaba a notarse. Mientras tanto, en la comisaría, Frank seguía revisando expedientes. Varias carpetas abiertas estaban extendidas sobre su escritorio. Los archivos eran antiguos: incidentes menores, denuncias olvidadas, informes que nadie había vuelto a revisar en años. Frank buscaba patrones. Nombres que se repitieran. Conexiones entre personas. Cuando el reloj de la pared marcó el final del turno nocturno, cerró el último expediente y apagó la luz de su oficina. La comisaría estaba casi vacía a esa hora. Salió del edificio y condujo hasta su casa en silencio. En otra parte del pueblo, Matt también terminaba su jornada. Había pasado buena parte de la tarde revisando documentos y preparando algunos informes relacionados con el caso. Cuando finalmente salió del despacho, la calle estaba mucho más tranquila que por la mañana. Caminó hasta su casa con paso calmado. El pueblo parecía distinto por la noche. Las luces de las ventanas se encendían una a una y el ruido de la calle desaparecía casi por completo. La noche transcurrió sin sobresaltos. El pueblo durmió con la misma tranquilidad aparente de siempre. A la mañana siguiente, el sol volvió a iluminar las calles. Las cafeterías abrieron temprano. Algunas personas salían a trabajar y otras caminaban por la plaza como cada día. La rutina regresaba. Foggy salió de su casa con su cuaderno en el bolsillo. Sabía que todavía quedaban muchas personas con las que hablar. En la comisaría, Frank llegó temprano y volvió a su oficina. Los expedientes que había revisado la noche anterior seguían sobre el escritorio, esperando que continuara buscando entre ellos. En el despacho del fiscal, Matt también comenzaba una nueva jornada. Sobre su mesa todavía estaban las notas del día anterior. Los mismos nombres. Las mismas preguntas. La investigación seguía avanzando, aunque todavía nadie tenía una imagen completa de lo que estaba ocurriendo realmente. El sol empezaba a inclinarse cuando Matt terminó de organizar los últimos expedientes en su oficina. Había revisado declaraciones, cotejado nombres y anotado posibles vínculos entre los dos casos, pero aún quedaba un vacío. El silencio del despacho lo ayudaba a concentrarse, aunque sentía el cansancio acumulado de toda la mañana. En otra parte del pueblo, Foggy caminaba por la calle principal con su cuaderno abierto. Cada conversación con los vecinos era un hilo más que podía tirar para descubrir conexiones ocultas. Habló con el dueño de la tienda de abarrotes, con la maestra de la escuela primaria y hasta con un par de ancianos que recordaban acontecimientos pasados. Cada uno mencionaba nombres que Karen había preguntado antes de morir, y todos coincidían en que sus preguntas habían sido insistentes y precisas. Frank revisaba antiguos informes en la comisaría, tomando nota de fechas, direcciones y antecedentes. Llamaba a testigos de casos cerrados, preguntando de manera sutil si recordaban algo relacionado con ciertas personas que ahora aparecían en los registros de Karen. Su mirada se mantenía fija en las hojas, y de vez en cuando sus dedos tamborileaban sobre la mesa, como si pensara en voz alta. A media tarde, Foggy se detuvo en un café para organizar la información que había reunido. Comparó sus notas con lo que sabía Matt y con los nombres que Frank había señalado como relevantes. Encontró coincidencias: un par de propietarios antiguos, movimientos de dinero que desaparecían en el tiempo, preguntas de Karen que parecían haber incomodado a más de uno. Matt, por su parte, decidió hacer una visita a un testigo que había mostrado nerviosismo en la mañana. La conversación fue breve y directa. El hombre se tensó apenas escuchó ciertos nombres, y Matt anotó cada reacción, cada pausa. Nada podía dejarse al azar. Al caer la tarde, los tres se dirigieron a sus respectivos hogares. La rutina diaria del pueblo seguía su curso: niños jugando, luces que se encendían en los negocios, y el murmullo de conversaciones que nadie escuchaba del todo. Cada uno llevaba consigo los hilos que había ido recopilando, consciente de que las piezas del rompecabezas empezaban a tomar forma, pero que aún quedaba mucho por descubrir. Al día siguiente, todo retomó su ritmo. Matt regresó a su oficina, listo para revisar las nuevas declaraciones y llamadas que había dejado pendientes. Foggy volvió a recorrer el pueblo, tocando puertas, tomando notas y preguntando con discreción. Frank, en la comisaría, organizaba entrevistas y cotejaba antecedentes mientras llamaba a contactos que pudieran aportar más datos. Cada uno avanzaba por su camino, con la sensación de que las respuestas estaban más cerca, aunque todavía rodeadas de sombras. Frank comenzó la mañana revisó los informes de la noche anterior y confirmó los detalles que sus oficiales le entregaron sobre Jossie y la periodista de Nueva York. Mientras repasó nombres y fechas, su teléfono sonó: Lisa le pidió ayuda para preparar el desayuno. Por un momento, sonrió y se levantó del escritorio, recordó que la vida siguió, aunque fuera en pequeños gestos. Entre una llamada a un testigo y otra, Frank revisó también la tarea de los niños, se aseguró de que Frankie y Lisa estuvieran listos para la escuela. Los ayudó a atarse los zapatos, comprobó que no olvidaran nada en sus mochilas y bromeó para que los niños empezaran el día con una sonrisa. Cada momento familiar lo reconectó con un ritmo distinto al de la comisaría y le dio la calma necesaria para retomar sus responsabilidades. Al mediodía, ya de vuelta en la comisaría, coordinó las investigaciones activas. Revisó antecedentes, llamó a testigos y cotejó declaraciones. Entre un informe y otro, mandó mensajes a Foggy y Matt para intercambiar pistas y cada tanto se perdió unos segundos pensando en Lisa, en cómo crecerían los niños y en cómo equilibrar todo sin descuidar nada. Mientras avanzó la tarde, Frank hizo un receso breve para almorzar con los niños antes de que regresaran de la escuela. Compartieron risas, contaron anécdotas de la mañana y vivieron unos minutos de tranquilidad que parecían imposibles en medio del caos. Luego los dejó con la nana y volvió a la comisaría, donde la investigación lo absorbió de nuevo. Ya caída la tarde, cuando organizó nuevas entrevistas y revisó los informes más recientes, un oficial se acercó con un gesto grave. Frank frunció el ceño. —Jefe, tenemos algo… —dijo el oficial, contuvo la tensión—. Han encontrado el cadáver de Ben Urich. Frank sintió cómo el corazón se le encogió. El día había estado lleno de rutina, de momentos familiares y de investigación cotidiana, pero en ese instante la tranquilidad se quebró de golpe. Todo el trabajo de la mañana y la tarde se volvió urgente Fue el primero en llegar al callejón donde los oficiales colocaron la cinta de seguridad. Mostró su placa, cruzó el perímetro y observó el cuerpo de Ben Urich tendido junto al contenedor metálico. Se agachó, examinó la posición de las manos y revisó las marcas del suelo. Luego pidió a un oficial que detuviera a los curiosos y mantuviera libre el acceso al callejón. Escuchó pasos conocidos unos minutos después. Foggy apareció al otro lado de la cinta, levantó la mano a modo de saludo y caminó hasta él con un gesto serio que no logró ocultar del todo su nerviosismo. —Dime que no es quien creo —dijo. Frank señaló el cuerpo con un movimiento corto de la cabeza. —Es él. Foggy soltó el aire por la nariz y se llevó una mano a la cintura. —Genial. Justo lo que necesitaba para empezar el día. Frank anotó algo en su libreta. —Tu día empezó hace horas. Foggy frunció el ceño. —¿Perdón? Frank siguió escribiendo sin mirarlo. —Solo digo que alguien llegó a trabajar muy… despejado esta mañana. Foggy entrecerró los ojos un segundo, entendió la indirecta y respondió con tono neutro: —Dormí perfectamente. Gracias por preguntar. Luego se inclinó un poco para observar el cuerpo, aunque evitó mirar demasiado tiempo. —¿Hora estimada? —Aún no la confirmaron —respondió Frank—. Pero no fue hace mucho. En ese momento otro oficial abrió paso. —Detective Murdock. Matt Murdock avanzó por el callejón con su bastón blanco. Tocó el suelo con la punta mientras se orientó por las voces y por el eco del espacio. —¿Frank? —Aquí —respondió Frank. Matt se detuvo a un metro de ellos. Inclinó levemente la cabeza, escuchó el movimiento de los oficiales, el murmullo de las radios y el roce del plástico de las bolsas de evidencia. —También llegó Foggy —añadió. Foggy cruzó los brazos. —Qué bonito que siempre lo sepas. Matt esbozó una leve sonrisa. —Tu respiración es inconfundible. Frank carraspeó para volver al trabajo. —El cuerpo está a dos pasos delante de ti. Lado derecho. Matt avanzó con cuidado. El bastón tocó primero el borde del contenedor, luego el pavimento y finalmente se detuvo cerca del cuerpo. Matt se agachó sin tocar nada y escuchó el entorno durante unos segundos. —¿Alguien movió algo? —preguntó. —No —respondió Frank—. Lo encontraron así. Matt giró un poco el rostro hacia Frank. —Bien hecho. El comentario sonó profesional, pero Frank entendió el tono y alzó apenas una ceja. Foggy no notó nada. Sacó su libreta. —Entonces otro periodista muerto en un callejón —dijo—. Ahora si vamos a estar en el radar nacional de la prensa. Matt asintió despacio. —Ben seguramente dio con algo del caso de Page. —Es lo mas probable —respondió Foggy. Frank miró el suelo otra vez. —Hay marcas aquí. Foggy se acercó. —¿Arrastre? —No —dijo Frank—. Zapatos distintos. Matt giró un poco la cabeza hacia la voz de Frank. —Más de una persona. Frank respondió sin mirarlo. —Eso parece. Matt permaneció en silencio unos segundos más. Su cabeza se inclinó apenas, como si escuchara algo que los otros no podían oír. Las marcas en el suelo, la distancia entre ellas, la forma en que se distribuían alrededor del cuerpo… todo eso dibujaba un patrón sencillo. Demasiado sencillo. Y entonces un recuerdo apareció. No era una imagen. Era una frase de un informe viejo que él había escuchado años atrás cuando revisaron el accidente de María Castle. Un detalle pequeño. Casi irrelevante. El reporte mencionaba algo que nunca había terminado de encajar: **más de un sonido de motor en la escena del choque**. En ese momento nadie le había dado importancia. Lo habían atribuido al tráfico, a la confusión del momento. Matt no dijo nada. Simplemente enderezó un poco la cabeza y dejó que el recuerdo se disipara. No era el momento de hablar de eso. Permaneció en silencio unos segundos más. Su cabeza se inclinó apenas, como si escuchara algo que los otros no podían oír. Las marcas en el suelo, la distancia entre ellas, la forma en que se distribuían alrededor del cuerpo… todo eso dibujaba un patrón sencillo. Demasiado sencillo. Y entonces un recuerdo apareció. No era una imagen. Era una frase de un informe viejo que él había escuchado años atrás cuando revisaron el accidente de María Castle. Un detalle pequeño. Casi irrelevante. El reporte mencionaba algo que nunca había terminado de encajar: más de un sonido de motor en la escena del choque. En ese momento nadie le había dado importancia. Lo habían atribuido al tráfico, a la confusión del momento. Matt no dijo nada. Simplemente enderezó un poco la cabeza y dejó que el recuerdo se disipara. No era el momento de hablar de eso. No todavía. Foggy anotó el dato. —Perfecto. Un asesinato complicado antes del mediodía. Uno de los forenses se inclinó junto al cuerpo y abrió una bolsa de evidencia con cuidado. Empezó a colocar dentro los objetos personales de Ben: una libreta pequeña, un bolígrafo, la grabadora que había usado para sus entrevistas. —También esto —dijo el técnico. Levantó una pequeña bolsa de papel arrugada de galletas —respondió—. Parece que no las tocó. Matt enderezó la espalda. —Hemos tenido mañanas peores. Foggy lo miró con escepticismo. —Claro. Algunas incluyeron café. Frank cerró la libreta. —Podemos discutir tu necesidad de café después. Matt inclinó apenas la cabeza hacia Frank. —Podríamos. El tono fue tan leve que Foggy no lo registró. Foggy volvió a mirar el cuerpo y suspiró. —Bien. Entonces trabajemos. Los tres se movieron alrededor de la escena con la calma de quien ya había hecho aquello muchas veces. Revisaron el suelo, escucharon a los forenses y tomaron notas. Entre instrucciones, preguntas y observaciones, cada uno lanzó miradas o comentarios breves que solo uno de los otros dos entendió. Para los oficiales que rodearon el callejón, solo parecieron tres investigadores concentrados en un caso difícil. Nada más. Frank observó nuevamente el cuerpo de Ben Urich y se levantó despacio. —Esto no me gusta —dijo. Foggy guardó su libreta por un momento. —¿Qué parte exactamente? Frank señaló el callejón con un gesto corto. —Toda. Matt Murdock inclinó levemente la cabeza, escuchó el movimiento de los oficiales y el eco de las voces entre los edificios. —Ben llegó ayer —dijo con calma—. Desde la ciudad. Foggy asintió. —Sí. Prácticamente no lo conocimos. Frank frunció el ceño. —Solo lo vimos una vez. —Y apenas habló —añadió Foggy—. Dijo que estaba investigando algo. Matt giró un poco el rostro hacia el cuerpo. —El asesinato de su colega. Frank cruzó los brazos. —Page. Foggy suspiró. —Karen Page. —También periodista —dijo Frank. Matt asintió despacio. —Trabajaban juntos. Foggy miró el suelo unos segundos. —Entonces esto no es un robo ni un problema local. Frank negó. —No. Matt habló con tono bajo. —Esto vino con él. Un oficial pasó cerca con otra bolsa de evidencia. Frank lo dejó pasar y volvió a concentrarse en la conversación. Foggy volvió a sacar su libreta. —Entonces Ben llega a la ciudad para investigar la muerte de Karen Page… y menos de veinticuatro horas después aparece muerto en un callejón. Frank respondió sin rodeos. —Eso suena a alguien que no quería que siguiera investigando. Matt permaneció inmóvil un momento, escuchando el entorno. —O alguien que ya sabía que estaba investigando. Foggy levantó la vista. —¿Tan rápido? Matt giró levemente la cabeza hacia los edificios. —Demasiado rápido. Frank siguió su gesto y miró alrededor del callejón. —Si Ben apenas llegó… Foggy terminó la idea. —Entonces alguien lo estaba esperando. Matt asintió. —O lo estaba vigilando. El silencio duró un segundo. Una radio policial crepitó a unos metros. Un fotógrafo tomó otra imagen del cuerpo. Frank habló otra vez. —Eso significa que sabían dónde estaba. Foggy frunció el ceño. —Y qué estaba haciendo. Matt añadió con calma: —Y ahora saben qué estamos haciendo nosotros. Frank miró otra vez las ventanas del edificio frente al callejón. —Entonces supongo que no somos los únicos interesados en esta investigación. Foggy cerró la libreta lentamente. —Perfecto. Matt apoyó el bastón contra el suelo. —Si alguien nos observa… Frank terminó la frase. —Que observe bien. Foggy los miró a los dos. —Espero que sepan lo que hacen. Frank respondió con tono tranquilo. —Siempre. Matt esbozó una leve sonrisa. —Casi siempre. Foggy negó con la cabeza, aunque una pequeña sonrisa apareció también. Luego los tres volvieron a concentrarse en la escena del crimen, conscientes de que la muerte de Ben no era un hecho aislado y de que, desde algún lugar cercano, alguien podía estar siguiendo cada uno de sus movimientos. Frank revisó otra vez el borde del contenedor donde encontraron el cuerpo de Ben Urich. Señaló una marca en el pavimento mientras continuó la discusión técnica. —La posición no coincide con una caída —dijo—. Alguien lo dejó aquí. Foggy Nelson anotó algo en su libreta. —Entonces el ataque ocurrió en otro lugar. Matt Murdock inclinó levemente la cabeza mientras escuchó el movimiento alrededor del callejón. —O lo obligaron a caminar hasta aquí. Frank negó. —No hay señales de lucha suficientes para eso. En ese momento una voz masculina resonó desde la entrada del callejón. —¡Frank! El tono fue demasiado familiar para pertenecer a un policía. Frank levantó la vista. Un hombre alto y rubio caminó hacia la cinta policial con una sonrisa amplia. A su lado avanzó otro hombre de cabello oscuro y lentes, y un niño pequeño se soltó de sus manos y corrió hacia el interior del callejón. —¡Tío Frank! El niño se lanzó directo contra Frank y lo abrazó por la cintura. Frank tardó medio segundo en reaccionar. —Peter… —dijo sorprendido. Peter Parker levantó la cabeza y sonrió. —¡Te encontramos! Detrás de él llegaron los dos hombres. Steve Rogers levantó una mano en saludo. —Hola, Castle. Frank soltó una pequeña risa incrédula. —Rogers. Se inclinó un poco para despeinar a Peter. —Olvidé que llegaban hoy. Tony Stark miró alrededor del callejón con evidente incomodidad. —Sí, bueno… nosotros también esperábamos una recepción menos… homicida. Foggy levantó la vista de su libreta. Observó la escena: el niño abrazando a Frank, los dos hombres hablando con él con total naturalidad. Matt giró la cabeza hacia las nuevas voces. —Frank —dijo con calma—, ¿tenemos visitantes? Frank señaló hacia ellos. —Un viejo amigo de la academia. Steve extendió la mano hacia Foggy primero. —Steve Rogers. Foggy la estrechó. —Foggy Nelson. Tony levantó dos dedos a modo de saludo. —Tony Stark. Foggy asintió. —Encantado. Peter seguía abrazado a Frank como si no pensara soltarlo. Matt escuchó el sonido y preguntó: —¿Un niño? Peter levantó la cabeza. —¡Hola! Frank suspiró. —Este es Peter. Matt sonrió levemente hacia la voz del niño. —Hola, Peter. Peter respondió con entusiasmo. —Frank dice que eres abogado. Foggy parpadeó. —¿Frank habla de nosotros? Frank carraspeó. —A veces. Steve cruzó los brazos. —Castle habla más de lo que parece. Tony miró a Frank con media sonrisa. —Especialmente cuando se trata de ciertas… compañías. Matt inclinó la cabeza ligeramente hacia Frank al escuchar eso. —¿De verdad? El tono fue neutral. Foggy levantó una ceja. —Eso es interesante. Frank notó el cambio inmediato en el ambiente. Matt permaneció inmóvil, pero su atención se centró por completo en la conversación. Foggy cerró su libreta con más fuerza de la necesaria. Steve señaló el cuerpo al fondo del callejón. —¿Interrumpimos algo serio? Frank respondió con tono profesional. —Un asesinato. Tony miró el lugar otra vez. —Sí, eso ya lo noté. Peter finalmente soltó a Frank y miró alrededor con curiosidad. —¿Es tu trabajo? Frank asintió. —Sí. Matt intervino con calma. —Frank es muy bueno en lo que hace. El comentario fue técnico. Pero Frank percibió el matiz. Foggy añadió inmediatamente: —Extremadamente dedicado. Frank miró a los dos durante un segundo. Reconoció el patrón. Tony apoyó una mano en el hombro de Steve con total naturalidad. —Dijimos que pasaríamos a saludar antes del hotel. Foggy observó el gesto. Matt escuchó el leve roce de la tela y la proximidad entre las dos voces. Ninguno de los dos entendió todavía la relación entre ellos. Pero ambos reaccionaron de forma casi imperceptible. Foggy preguntó a Frank: —¿Van a quedarse mucho tiempo? El tono fue casual. Matt añadió: —Sí, ¿cuánto tiempo estarán en la ciudad? Steve respondió con tranquilidad. —Unos días. Tony sonrió. —Dependiendo de cuánto Castle nos tolere. Frank cruzó los brazos. —Sobreviviré. Matt inclinó apenas la cabeza hacia Frank. —Eso espero. Foggy añadió: —Sería una pena perder a nuestro mejor detective. Frank casi sonrió. Nadie más notó nada. Pero para él fue evidente. Matt y Foggy continuaron hablando con perfecta normalidad profesional. Sin embargo cada comentario, cada pequeña intervención, cada cambio en el tono dejó claro lo que realmente ocurría. Ambos estaban celosos. Y estaban haciendo un esfuerzo extraordinario para que absolutamente nadie más lo notara. Los tres continuaron trabajando unos minutos más después de que Steve, Tony y Peter llegaron al callejón. Peter habló sin parar durante un rato, preguntó por el trabajo de Frank, por el automóvil patrulla y por qué había tantos policías. Steve respondió algunas preguntas sobre el viaje y Tony comentó con ironía que claramente habían elegido el peor momento posible para visitar la ciudad. Frank explicó brevemente que estaba en medio de una investigación y señaló el cuerpo de Ben Urich con un gesto discreto. Tony miró la escena y negó con la cabeza. —Definitivamente no es un buen día para turismo. Steve dio una palmada amistosa en el hombro de Frank. —Solo queríamos pasar a saludar. Luego te vemos. Peter abrazó a Frank otra vez antes de irse. —¡Nos vemos luego, tío Frank! —Sí, en la noche —respondió Frank. Los tres salieron del callejón. La cinta policial volvió a cerrarse detrás de ellos y el ruido del lugar recuperó su ritmo normal. Frank regresó al trabajo. Revisó el suelo cerca del contenedor, habló con uno de los forenses y anotó varios datos sobre la posición del cuerpo. A unos metros, Foggy interrogó al repartidor que encontró el cadáver. Más allá, Matt escuchó la declaración de un oficial mientras recorría lentamente el perímetro con su bastón. La investigación siguió como si nada hubiera ocurrido. Unos minutos después el teléfono de Frank vibró en su bolsillo. Sacó el aparato y miró la pantalla. Mensaje de Matt. Interesante visita. Frank frunció ligeramente el ceño. Otro mensaje llegó enseguida. No sabía que tenías familia en la ciudad. Frank tecleó una respuesta corta. Viejos amigos. Pasaron apenas diez segundos. Parecían bastante cercanos. Frank miró hacia el otro lado del callejón. Matt estaba de pie cerca de un policía, escuchando con expresión tranquila, como si no hubiera enviado nada. Frank resopló por la nariz. Guardó el teléfono. Treinta segundos después volvió a vibrar. Esta vez el mensaje fue de Foggy. Así que tienes un club de fans infantil. Frank levantó una ceja. Escribió: Se llama Peter. La respuesta llegó casi inmediata. Sí, escuché cuando te llamó tío. Frank alzó la vista. Foggy hablaba con el repartidor y tomaba notas con total profesionalismo. Nadie habría sospechado nada. El teléfono vibró otra vez. También parecías bastante cómodo con sus padres. Frank apoyó una mano en la cintura. Son amigos. El siguiente mensaje tardó un poco más. Claro. Frank suspiró. El teléfono vibró de nuevo. Esta vez Matt. ¿Los verás otra vez hoy? Frank escribió sin pensar demasiado. Probablemente. La respuesta llegó. Entiendo. Frank levantó la vista hacia Matt. Matt estaba concentrado escuchando la radio policial de un oficial como si el caso fuera lo único que ocupaba su atención. El teléfono volvió a vibrar. Foggy otra vez. ¿Se quedarán en tu casa? Frank miró el mensaje un segundo. No. Foggy respondió. Bien. Frank soltó una pequeña risa silenciosa. Guardó el teléfono. Diez segundos después volvió a vibrar. Matt. Ese niño te quiere mucho. Frank escribió: Lo conozco desde que nació. La respuesta llegó enseguida. Eso explica el abrazo. Frank miró la pantalla unos segundos más. Luego levantó la vista hacia los dos. Matt continuaba escuchando declaraciones con una expresión serena. Foggy escribía en su libreta mientras interrogaba al repartidor. Ambos trabajaban con absoluta normalidad. Nadie en el callejón parecía notar nada extraño. Frank volvió a mirar su teléfono. Otro mensaje de Foggy apareció. Solo por curiosidad… ¿Tony siempre te toca el hombro cuando habla contigo? Frank cerró los ojos un segundo. No supo si reírse o molestarse. Guardó el teléfono otra vez, respiró hondo y regresó al análisis de la escena del crimen, intentando concentrarse en el asesinato de Ben mientras dos conversaciones paralelas de celos seguían vibrando en su bolsillo. La actividad en el callejón disminuyó cuando los forenses terminaron su trabajo. El cuerpo de Ben Urich ya no estaba allí y solo quedaron marcas de tiza, fotografías y oficiales recogiendo equipo. Frank revisó las últimas notas del informe preliminar mientras habló con uno de los técnicos. A unos metros, Matt escuchó la declaración de un vecino que afirmó haber oído pasos durante la madrugada. Foggy anotó horarios y nombres en su libreta mientras comparó versiones. La investigación continuó con normalidad durante casi una hora. El teléfono de Frank vibró. Miró la pantalla. Steve. Contestó mientras caminó unos pasos hacia la salida del callejón. —Dime. La voz de Steve Rogers sonó relajada. —Nos instalamos en el hotel de la plaza. —Bien. —Peter quiere salir a caminar. Frank miró hacia atrás. Matt seguía escuchando al vecino. Foggy discutía algo con un oficial. —Dame un rato —dijo—. Paso por allá. —Perfecto. La llamada terminó. Frank regresó. Matt giró ligeramente la cabeza hacia él. —¿Algo nuevo? —No. Foggy levantó la vista. —Entonces esa llamada no fue del trabajo. Frank guardó el teléfono. —Los amigos de esta mañana. Foggy cerró la libreta. —Los turistas. Matt habló con calma. —¿Necesitan algo? —Solo que les muestre el pueblo. Foggy asintió. —Es lo mínimo que puede hacer un anfitrión. Matt añadió con tono neutro: —Claro. Frank reconoció inmediatamente el matiz extraño en ambas voces. —Regreso en un rato —dijo. Matt respondió: —Seguiremos revisando declaraciones. Foggy añadió: —Si encontramos algo te avisamos. Frank salió del callejón. ——— El hotel de la plaza estaba a pocas calles. Frank entró al vestíbulo y enseguida escuchó una voz conocida. —¡Tío Frank! Peter Parker corrió hacia él y lo abrazó. —Tranquilo —dijo Frank mientras lo sostuvo por los hombros. Tony Stark levantó la vista desde una silla. —Ahí está el héroe local. Steve Rogers sonrió. —Sabía que vendrías. Peter miró alrededor con curiosidad. —¿Dónde están Frankie y Lisa? Frank respondió con naturalidad. —En casa. Con la niñera. —¿Podemos verlos? —Más tarde. Peter asintió satisfecho. —Bien. Tony dejó su taza de café. —Entonces, Castle… ¿qué plan tenemos para entretenernos en este tranquilo paraíso? Frank señaló la puerta. —Hay un lugar decente para comer. Steve levantó una ceja. —Eso suena prometedor. Salieron a la calle. Caminaron por la plaza, Peter miró escaparates y preguntó por varios edificios. Frank señaló la comisaría, el parque y algunas calles principales. Tony observó el lugar con interés moderado. —Es increíblemente silencioso. —Esa es la ventaja —respondió Steve. Peter tiró suavemente de la manga de Frank. —¿Tus hijos vienen después? —Sí. —Genial. Después de recorrer un par de calles llegaron a un pequeño restaurante. Entraron y se sentaron cerca de una ventana. Mientras esperaban la comida, el teléfono de Frank vibró. Mensaje de Matt. El vecino recordó algo más. Frank escribió: ¿Importante? La respuesta llegó. Todavía no. Pausa. ¿Sigues con tus amigos? Frank levantó la vista hacia Steve y Tony conversando. Sí. Tres segundos después apareció otro mensaje. Entiendo. Frank suspiró suavemente. El teléfono volvió a vibrar. Foggy. Descubrí algo interesante. Frank respondió. ¿Qué? Foggy escribió: Que tienes un horario social bastante activo hoy. Frank miró la pantalla unos segundos. Estoy almorzando. La respuesta llegó de inmediato. Claro. Otro mensaje apareció antes de que Frank guardara el teléfono. Con tus nuevos amigos. Frank levantó la vista. Steve hablaba con Peter sobre el viaje. Tony revisaba algo en su teléfono. Todo parecía perfectamente normal. El teléfono vibró otra vez. Matt. Avísanos cuando vuelvas. Frank escribió: Volveré más tarde. Pausa. ¿Todo bien por allá? La respuesta tardó un poco. Sí. Un segundo mensaje llegó enseguida. Todo perfectamente bien. Frank soltó una pequeña risa por la nariz. Guardó el teléfono. Tony lo miró. —¿Problemas? —Trabajo. Steve asintió. —Lo imaginé. Peter levantó su vaso. —Cuando terminemos podemos ir a tu casa. Frank asintió. —Sí. Steve sonrió. —Entonces el plan es simple. Tony añadió: —Comer ahora. Familia después. Frank apoyó los brazos en la mesa. Pensó en el caso. Pensó en Matt y Foggy todavía trabajando. Y también en los dos mensajes llenos de celos que acababa de recibir. No supo si aquello le resultó divertido o ligeramente irritante. Pero sabía que, cuando terminara el día, los tres probablemente acabarían en el bar del pueblo como siempre. El almuerzo terminó cerca de las dos de la tarde. Frank pagó la cuenta mientras Steve, Tony y Peter seguían hablando del viaje desde Nueva York. Peter terminó su refresco y miró a Frank con curiosidad. —¿Ahora iremos por Frankie y Lisa? Frank negó suavemente. —Todavía no. Están en casa con la niñera. Los veremos más tarde. Peter aceptó la respuesta sin discutir. Tony se levantó de la mesa. —Entonces nosotros volveremos al hotel un rato. Steve asintió. —Seguro tienes que volver al trabajo. Frank lo confirmó. —Sí. Peter suspiró con dramatismo infantil. —Los adultos siempre trabajan. Frank le revolvió el cabello. —Nos veremos en la tarde. Se despidieron en la puerta del restaurante. Steve y Tony caminaron con Peter hacia el hotel mientras Frank regresó hacia la comisaría. Cuando volvió al edificio, el ambiente ya era distinto. La calma del mediodía se había transformado en la actividad típica de la tarde. Matt estaba en una oficina revisando declaraciones grabadas. Foggy hablaba con un agente sobre el teléfono que encontraron entre las pertenencias de Ben Urich. Frank se acercó. —¿Algo nuevo? Foggy levantó la vista. —Tal vez. Le entregó una hoja. —Ben habló con alguien poco antes de morir. Matt añadió desde el escritorio: —Una llamada corta. Frank leyó el número. —¿Identificado? Foggy negó. —Todavía no. Matt giró ligeramente la cabeza hacia Frank. —¿Terminaste tu almuerzo? —Sí. Foggy escribió algo en su libreta. —Espero que haya sido agradable. El tono fue completamente profesional. Frank lo reconoció de inmediato. —Fue comida —respondió. Matt habló sin levantar la voz. —Siempre es bueno hacer tiempo para los amigos. Frank apoyó las manos en la mesa. —Era una visita corta. Foggy respondió mientras revisaba otra hoja. —Claro. Matt permaneció en silencio unos segundos. Luego añadió: —¿Los verás otra vez hoy? —Probablemente mañana. La respuesta pareció suficiente para Matt. Foggy no reaccionó de inmediato. Continuó revisando el informe unos segundos más antes de cerrar la carpeta con un golpe seco. Frank lo miró. —¿Qué pasa? Foggy respiró hondo. —Nada. —Nelson. Foggy levantó la vista. —Estamos investigando un asesinato, Frank. Un periodista que vino a este pueblo para averiguar quién mató a Karen Page. Frank cruzó los brazos. —Lo sé. Foggy continuó: —Y tú desapareciste dos horas para almorzar con tus amigos. El comentario sonó tranquilo, pero la irritación fue evidente. Matt permaneció en silencio. Frank suspiró. —Ellos viajaron desde Nueva York. Foggy respondió inmediatamente. —Eso no cambia el hecho de que estamos trabajando. El silencio llenó la oficina durante un segundo. Matt habló entonces con un tono mucho más calmado. —Foggy. Foggy cerró los ojos un momento. —Lo sé. Miró otra vez a Frank. —Solo… avisa cuando te vayas tanto tiempo. Frank asintió. —Bien. La tensión disminuyó lentamente. Matt retomó el informe. —La llamada de Ben duró cuarenta segundos. Frank se inclinó sobre la mesa. —¿Hora? —Una hora antes de su muerte. Foggy añadió: —Quienquiera que fuera esa persona… fue probablemente el último contacto de Ben. Frank volvió a tomar su libreta. —Entonces empecemos por ahí. La tarde pasó entre entrevistas, llamadas y revisiones de archivos. Descubrieron que el número del teléfono pertenecía a un celular desechable comprado en otra ciudad. No era una pista clara, pero confirmó que Ben había hablado con alguien que no quería ser identificado. Cuando el sol comenzó a bajar, la investigación se detuvo por ese día. Los tres salieron de la comisaría juntos. El aire de la tarde era fresco y el pueblo estaba tranquilo. Foggy se aflojó la corbata. —Necesito un trago. Matt sonrió ligeramente. —Estoy de acuerdo. Frank guardó su libreta en el bolsillo. —El bar de siempre. Foggy asintió. —Exactamente. La tarde se acercaba a su final cuando Frank salió de la comisaría. El cielo del pueblo ya comenzaba a tornarse anaranjado y la actividad en la calle disminuía lentamente. Guardó su libreta en el bolsillo de la chaqueta y caminó hacia su camioneta. Habían pasado varias horas desde el almuerzo y la investigación no había avanzado mucho más. El número del teléfono seguía sin dueño y las respuestas parecían ocultarse detrás de demasiadas casualidades. Frank condujo hasta su casa. Cuando abrió la puerta, escuchó inmediatamente las voces infantiles desde la sala. Frankie estaba sentado en el suelo con una colección de autos de juguete. Lisa estaba a su lado con un cuaderno de dibujos. Ambos levantaron la cabeza al mismo tiempo cuando lo vieron entrar. —¡Papá! —dijo Lisa. Frankie se levantó de un salto. —¿Ya terminaste de trabajar? Frank dejó las llaves sobre la mesa. —Por ahora. La niñera apareció desde la cocina. —Estuvieron muy tranquilos. Frank asintió. —Gracias. Lisa se acercó primero. —¿Vamos a ver a Peter? Frank no pudo evitar una leve sonrisa. —Sí. Frankie levantó los brazos con entusiasmo. —¡Sabía que lo ibas a traer! —No lo traigo —corrigió Frank—. Nosotros vamos a verlo. ——— El sol ya estaba bajo cuando llegaron al pequeño restaurante donde Steve, Tony y Peter se habían quedado esa tarde. Peter los vio desde la ventana antes de que entraran y prácticamente salió corriendo hacia la puerta. —¡Frankie! Frankie corrió también. Los dos chocaron en un abrazo desordenado que casi los hizo caer. Lisa llegó detrás de ellos. —Hola, Peter. Peter la saludó con una sonrisa. —Pensé que no vendrían. Tony estaba sentado en una mesa cercana con una taza de café. Steve conversaba con él en voz baja hasta que levantó la vista. —Llegaron. Frank se acercó con calma. —Solo un momento. Tony miró a los niños que ya hablaban entre ellos. —Creo que no nos necesitan. Steve observó la escena con tranquilidad. —No parece. Los tres niños hablaban animadamente sobre un videojuego que Peter llevaba en una consola portátil. Frankie se inclinaba sobre la pantalla mientras Lisa hacía comentarios críticos. Tony bebió un sorbo de café. —Esto confirma mi teoría. Frank lo miró. —¿Cuál? —Que los niños siempre se entienden más rápido que los adultos. Steve sonrió apenas. Después de unos minutos, Frank se acercó a los tres. —Tenemos que irnos. Peter levantó la vista. —¿Ya? Frankie protestó de inmediato. —¡Pero recién llegamos! Frank cruzó los brazos. —Es tarde. Lisa suspiró con resignación. Peter se encogió de hombros. —Mañana podemos jugar otra vez. Frankie lo pensó unos segundos. —Está bien. Se despidieron con la naturalidad de quienes sabían que volverían a verse pronto. ——— La noche ya había caído cuando Frank dejó a los niños nuevamente en casa. La niñera todavía estaba allí y Lisa ya parecía medio dormida mientras subía las escaleras. Frankie se detuvo antes de irse. —¿Vas a volver tarde? —No mucho. Frankie asintió. —Buenas noches, papá. —Buenas noches. Frank esperó hasta que ambos desaparecieron en el pasillo. Luego tomó su chaqueta otra vez y salió. ——— El bar estaba a unas pocas cuadras de la comisaría. Las luces cálidas del interior contrastaban con la oscuridad tranquila de la calle. Era un lugar pequeño, frecuentado casi siempre por la misma gente del pueblo. Matt y Foggy ya estaban sentados en una mesa al fondo cuando Frank entró. Foggy levantó la mano. —Aquí. Frank se acercó y tomó la silla frente a ellos. Matt giró ligeramente la cabeza hacia él. —Pensé que tardarías más. —Fui a casa primero. Foggy empujó un vaso hacia él. —Pedimos por ti. Frank tomó el vaso. —Gracias. Durante un momento ninguno habló. El bar estaba lleno de murmullos suaves, el sonido de los vasos y una vieja canción sonando en la radio. Foggy rompió el silencio. —Entonces… ¿cómo estuvieron los niños? Frank bebió un pequeño trago antes de responder. —Bien. Matt apoyó los codos en la mesa. —¿Viste a tus amigos? —Sí. Foggy levantó una ceja. —¿Y sobrevivieron a Peter? Frank dejó el vaso sobre la mesa. —Con dificultad. Foggy soltó una risa breve. Matt también sonrió. El ambiente era tranquilo. No había tensión en sus voces, solo la familiaridad de muchos años compartidos. Foggy miró el vaso de Frank. —¿Sabes qué es lo raro? —¿Qué? —Que hoy fue un día horrible… y aun así terminamos aquí. Matt inclinó ligeramente la cabeza. —Supongo que es costumbre. Frank observó a los dos. —No es una mala costumbre. Foggy levantó su vaso. —Por las malas costumbres, entonces. Matt levantó el suyo también. Frank hizo lo mismo. Los tres chocaron los vasos con un sonido suave. Desde afuera, cualquiera que los mirara habría visto exactamente lo que el pueblo siempre veía. Tres amigos compartiendo un trago al final del día.
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