Capítulo 5
24 de mayo de 2026, 14:58
Esa reunión ha sido terapia. Me siento una persona nueva. Como si todo lo que me convertía en un amargado se haya evaporado en el aire.
Pero, mientras camino de vuelta a mi habitación me asalta una urgencia. Desando mis pasos y me dirijo a la puerta que crucé anoche medio en trance.
Esta vez encuentro a alguien en la puerta. Es una enfermera.
Pienso en que estaba de demasiado buen humor como para que ahora no me dejen pasar a ver a Kuja y tener que volver a ponerme gilipollas. Pero para mi sorpresa la mujer me habla con calma antes de hacerse a un lado.
-Me advirtieron que volvería. Y que la reunión había terminado, así que esperé un poco para decirle una cosa. Por favor, no lo estrese mucho. Ha forzado su organismo a límites que apenas empezamos a vislumbrar al crear esa barrera y está débil. Sé que es un buen hombre y no ocurrirá nada que lamentar, pero simplemente… sea consciente de que está cansado.
Y se fue.
Llamé a la puerta y nadie me pide que entre o que me vaya. Quizás la enfermera esperó demasiado y se ha dormido.
Me revuelvo inquieto. ¿Qué hago? Voy a abrir un poco la puerta. Si veo que está dormido me voy con cuidadito de no despertarlo.
Con delicadeza acciono el pomo y abro nada más que una rendija.
Dentro veo que las ventanas están abiertas, pero como se está haciendo tarde las luces están ya encendidas. Veo también dos ojos burlones, que pertenecen a la persona sentada en la cama que preside la sala.
-Puedes entrar. Sólo quería ver si te podía la curiosidad como para abrir la puerta- me responde en tono jovial.
Algo cortado entro y cierro a mi espalda.
-Hola, caballero de brillante armadura. ¿Has venido a ver si tu damisela en apuros necesitaba un beso para despertar?
No entiendo nada. Está… ¿intentando bromear conmigo?
-¿Me he pasado?- dice Kuja, rompiéndome aún más-. Pensé que la mejor forma de abordarte era el humor, pero ahora veo en tu cara, escrito en letras bien gordas; “¿Quién se cree este tío, que no me conoce de nada?”.
Eso me hace reír. Genuinamente.
-Pues mira tú, funciona. A ver, sí estaba pensando eso, pero lo has arreglado con gracia.
Busco una silla y me siento al lado de la cama. Kuja está sentado contra el cabecero, muy tranquilo.
-Ahora en serio, gracias por encontrarnos a Yitán y a mí- continúa-. Fui yo quien te sintió. Estuve un tiempo que no puedo definir sintiéndote, pero no era capaz de contactar contigo. Y entonces, de repente, tu mente se abrió. Te hice escuchar la canción que siempre estaba sonando en la cabeza de Yitán, fue lo único que conseguí. Pero me oíste. Tienes mi eterna gratitud por habernos rescatado.
-Tu tienes mi gratitud por haber protegido a mi mejor amigo… al final.
-Ya. Seguro que estáis cabreados conmigo.
-Lo estaba. Pensaba que me habías arrebatado a alguien muy querido. Y nada es como creía, y tú no eres el malo, y resulta que existen los espers espaciales parásitos.
-Ah, ¿Sabéis eso? ¿Yitán os lo contó?
-No. Mikoto lo sabía. Yo no lo sabía porque he pasado bastante del mundo estos años, pero parece ser que ya todo el mundo sabía la veradera historia.
-¿Mikoto sobrevivió? ¿Y los demás genómidos?
-La mayoría viven en una aldea que comparten con los magos negros que quedan, pero otros se dedican a compartir el conocimiento que poseen con los demás para avanzar en conjunto. Muy idílico todo.
-Ya veo.
-¿No ha venido Miko a hablar contigo?
-Nadie ha venido a hablar conmigo todavía. Piensan que soy de cristal, que me voy a romper por mantener un campo estático temporal tres años en estado de consciencia suspendida. Eso lo hago todos los jueves.
Me río a mi pesar.
-Entonces estás aburrido de tantos algodones.
-Terriblemente. Pero sabía que tú vendrías.
-¿Y cómo lo sabes?
-Por los recueros de Yitán. No te conozco, pero sé muchas cosas sobre ti. Me siento un poco voyeur.
-Sí, yo me siento un poco espiado.
-Lo siento. Nuestras mentes se sincronizaron y soñamos con los recuerdos del otro. No quería violar tu intimidad.
-… ¿Cuánto sabes?
-Lo que sabe Yitán.
Una pregunta me bulle por dentro. Antes de poder controlarme, sale por mi boca.
-¿Cuánto sabe Yitán?
-¿Sobre qué?
-Oh, eh… olvídalo.
-Sabe muchas cosas. Sabe que te tiraste a ese actor con el que tenía una rivalidad. ¿Gilbert se llama? Le jodía porque era demasiado mayor para ti, no porque te tirases a su rival. Se alegró mucho cuando le diste la patada.
-¿Y Yitán como sabía eso?- pregunto con la voz demasiado aguda.
-Él se tiró a la coprotagonista y ella era la mejor amiga de Gilbert.
Nos quedamos en silencio.
-¿Ahora sí que me he pasado?
-Un poco.
-Lo siento.
-Bueno, no es tu culpa saber esas cosas. Ahora que lo pienso, seguro que Yitán sabe cosas vergonzosas sobre ti…
-Te las puedo contar yo mismo. Algunas son difíciles de explicar. Ya sabes, un inquilino indeseado en mi cabeza que tomó el control.
-Me imagino que debe ser una sensación muy extraña.
-Sí que lo es. Siento que la mayor parte de mi vida ha sido un mal sueño del que acabo de despertar.
-Bueno, esa sensación es parecida a la que me dan los últimos años. Al menos despertamos. Y estamos aquí. Yo hoy he tenido una epifanía y voy a empezar de nuevo donde dejé aparcada mi vida.
-Me alegra oír eso. Tener un propósito suena genial. Yo ni siquiera sé que quiero hacer. Ni siquiera- una sombra apagó el brillo de sus ojos azules- sé muy bien quién soy, o cómo soy en realidad.
-A mi me pareces un tipo simpático.
-Eso lo dices para animarme. No hace falta.
Entonces siento una pulsión. Una idea, un deseo casi. No sé de donde me viene, pero antes de que pueda pensarlo apenas se lo propongo.
-Puedes venirte conmigo. Donde empieza de nuevo uno, empiezan dos.
-Me siento honrado y tentado. Pero creo que no deberías hacer una proposición así a un hombre desesperado. Acabas de ofrecer a un completo extraño que se vaya a vivir contigo en busca de un sueño que ni sabemos cuál es. ¿No es un poco precipitado? ¿No crees que cuando te arrepientas me destrozarás las ilusiones?
-¿Me vas a dar motivos para que me arrepienta?
-Espero que no.
-¿Te hago sentir incómodo ofreciéndote esto?
-No. Me hace sentir que es demasiado bueno para ser cierto y que estás tomando una decisión muy precipitada.
-¿Suena bien entonces?- digo extendiéndole una mano.
El la mira con escepticismo y luego me mira a los ojos.
-¿Estás seguro?
-Mi llegada a Tantalus fue algo muy similar a esto. No veo por qué contigo va a ser diferente. Hasta donde yo conozco el lugar, siempre se ha aceptado entre sus paredes a quienes no tienen rumbo fijo. Y estar perdido uno solo es aburrido.
El brazo empieza a cansárseme, pero no lo retiro.
Ni siquiera yo me creo lo que estoy haciendo. Pero siento una pulsión, una decisión férrea. Esta persona… está dañada. Como yo. No sabe qué hacer con su vida. Como yo. Pero noto en él unas ganas voraces de vivir, de empezar algo, de cerrar heridas. Al igual que yo.
Entonces estrecha mi mano con lentitud, con suavidad. Amoldando sus dedos a los míos y dando un tironcito a modo de saludo que me saca de mi embobamiento y sellamos el trato.
-¿Te das cuenta de que acabamos de sellar un trato que no sabemos bien en que consiste?
-Bueno, ya iremos definiendo los términos. Yitán está de tu parte y eso es un gran sello de calidad para mí. Y yo también me beneficio. Creo que no me convienen estar solo. Y creo que a ti tampoco te apetece, por lo rápido que has aceptado.
Kuja se ríe ante mis últimas palabras y me sonríe de una forma muy bonita que me hace temblar un poquito. Dulce y socarrón. Dándome las gracias de corazón y riéndose a la vez.
-Será maravilloso conocerte de verdad, Blank Vrecoc.
-Creo que será divertido vivir contigo, Kuja… ¿tienes apellido?
-No, no tengo.
-Bueno, pues Kuja a secas. No queda tan solemne como lo has dicho tú, pero nos vale.