El baile de la tiniebla eterna

Slash
NC-17
Finalizada
0
Tamaño:
91 páginas, 30.498 palabras, 16 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Capítulo 6

Ajustes
Han sido unos mes largos y tediosos. Incontables conversaciones con Kuja y Yitán se han llevado a cabo, así como incontables actos de celebración por mi hallazgo del héroe y el villano redimido. Actos a los que ni Kuja ni yo hemos asistido. Yo porque no me interesa. Kuja porque prefiere que no se conozca que es él en realidad. Porque no todo el mundo se cree que Kuja era solo una marioneta. Hemos dado con un movimiento, disperso y sin razón alguna, que odia a Kuja e intenta que lo ejecuten por sus crímenes. Este movimiento es especialmente fuerte en Alexandría, que quedó prácticamente en cimientos por culpa de Kuj… de Tiniebla Eterna en verdad. ¿Yo? Confío en Yitán. Y Yitán confía en él. Me vale. La decisión de que se mudara conmigo ha gustado a todos. Creo que piensan que al menos nos haremos compañía. Así como existe este movimiento, que me preocupa, existe otro que me hace gracia. Porque resulta que Kuja tiene fans también. Que creen que él es la víctima primigenia del verdadero villano. Estos me parecen mas razonables. Menos los pirados que han empezado a llamar a sus hijos, o peor, a cambiarse el nombre por el de Kuja. Así como muchos genómidos se han puesto su nombre en homenaje. En cuanto al afectado, no le importa. -Si hay tantos locos que se ponen mi nombre, puedo seguir usándolo sin miedo. Fingiré ser otro genómido loco más. Me gusta que se lo tome tan bien. La verdad, me agrada Kuja. Pasamos el primer mes después de su vuelta hablando cuando las obligaciones nos lo permitían. Apenas araño la superficie de la persona que es, pero me gusta lo que veo en él. Creo que genuinamente es buena persona. Con lengua viperina y humor mordaz, pero de buen fondo. Luego yo me volví a la Guarida y el a Treno. A cerrar su antigua vida del todo y a mandar traer lo que quería conservar. Ahora mismo estoy nervioso y no sé por qué. Bueno, sí sé por qué. Las cosas de Kuja han ido llegando estos días. He preparado la antigua habitación de Ruby, la más grande y acogedora, para él y todas las prendas de ropa que ha mandado traer. Creo que el guardarropa que construyó Ruby anexionando un cuarto auxiliar a la habitación le gustará y será suficiente para albergar su colección. De momento está todo amontonado escaleras abajo, en la antigua habitación de Marcus para que no ande todo por el medio y pueda ordenarlas con calma. Estoy nervioso, no porque me esté arrepintiendo y me molesten sus cosas. Estoy nervioso porque llega hoy. Aún queda una hora para que llegue su barco volador y el camino al muelle me lleva apenas media hora, pero no puedo contenerme más y salgo hacia allá. No se por qué estoy así, pero me siento emocionado. Me siento en un banco en la dársena donde atracará su nave. Y espero, mirando el reloj. Cuando llego, no hay nadie. Pero ahora el lugar se va llenando poco a poco de personas que esperan a sus seres queridos. Por fin, después de una eternidad, el barco llega. A su hora. Pero yo llevo aquí esperando como un imbécil mucho tiempo. Me levanto y espero de pie, mirando entre los pasajeros que desembarcan. Finalmente lo veo salir, está riéndose y hablando animadamente con una chica muy guapa. Se ha cortado el pelo. Me gusta como le queda. Aunque me gustaba más con él largo. No tengo idea de por qué acabo de pensar eso. Y me ruborizo en el peor momento, justo cuando su mirada me encuentra. Lo veo que se despide apresuradamente de la joven, que parece decepcionada y viene directo hacia mí. Con sus ojos prendidos en los míos, esquivando a pasajeros y equipajes sin verlos siquiera. Cuando llega a mi altura, veo en su expresión los mismos nervios que me atenazaban a mí. Y eso hace que me relaje un poco. -Hola Kuja. Tenía ganas de verte de nuevo- ¿por qué he dicho eso?- ¿Ha sido un buen viaje?- joder Blank, te falta preguntar cómo estaba el tiempo en Treno. -Lo ha sido. Un gran recibimiento también. -Siento no haber traído una pancarta o una orquesta- bromeo, pensando que es sarcasmo. O broma. Pero veo en su sonrisa que lo dice de verdad. -Un hombre apuesto espera mi llegada para guiarme a un nuevo comienzo. Creo que es un recibimiento grandioso. -¿Apuesto yo?- bromeo aún ruborizado mientras hago un ademán para que me siga. -Venga ya, querido. Sabes lo que es un espejo y no actúes como si fuera la primera vez que te lo dicen. La falsa modestia no va bien con alguien como tú. -Sé que soy guapo, pero no sabía que te resultaba guapo a ti. Blank, por favor, cállate ya. Que pareces un adolescente. -A mí y a todo aquel o aquella con buen gusto. Aunque ganarías más sin esa ropa puesta. Me volteo a verlo y reconoce el pavor en mi mirada. Seguro que se me han puesto rojas las puntas de las orejas. Noto como me arden. -Pervertido, estoy cuestionando tu gusto en ropa- ríe haciendo como que no acabo de pasar un momento muy vergonzoso. Que se ría me hace destensarme y dejar de pensar tonterías. -¿Qué tiene de malo mi ropa? -Nada grave. Pero es demasiado funcional y muy poco estética. Ese porte pide seda y bordados. No un vaquero ceñido y una camisola sin mangas. Aunque esto último no es malo, esos brazos son para lucirlos. -Para ya por favor. -Si te vienes conmigo de compras. -No he ido de compras en mi vida. -¿Y cómo consigues ropa? -Me la compro sin más. He vivido con Ruby, sé lo que ir de compras significa y no es lo mismo. Significa que me llevarás como bestia de carga y para decirte que todo te queda bien so pena de que pruebes quince modelos más. -No cielo- dice riendo-. Yo ya tengo toda la ropa que necesito. Venga, yo me he cambiado el look- dice apartándose el flequillo que le cae por la cara-. Dame el gusto. Te prometo que lo haré divertido. Está,,, ¿Está coqueteando? A ver, hemos pasado un tiempo juntos, sé que coquetear es su estado natural. Pero nunca lo había hecho conmigo, a pesar de lo cercanos que nos habíamos vuelto. Veo su sonrisa radiante flaquear un segundo. Pienso que quizás ahora se siente cómodo conmigo de verdad para ser como realmente le gusta ser. Que quizá se estaba conteniendo porque pensaba que me iba a molestar. Me sorprendió que lo hiciera de pronto y me descolocó un poco, pero no me ha molestado en realidad. Casi me ha gustado un poco. Así que decido ceder a todo. Le ofrezco mi brazo en un gesto estúpido de obra de teatro y él no duda en tomar el ofrecimiento y comenzamos a andar entrelazados. -Los sastres buenos de verdad están en Treno. Pero sospecho que la ropa hecha a medida es empezar demasiado fuerte y no va contigo. Pero conozco una tienda que tendrá justo lo que estamos buscando. -¿Y qué estamos buscando exactamente? -Un par de modelitos para que puedas lucir palmito cuando tengas una cita con alguien. Venga, no me mires así. Algún día querrás ir guapo y no confío en tu fondo de armario por lo que he visto. Paramos ante el taxi neumático y me hace un ademán para que entre primero. -¿Adónde vamos?- pregunta el conductor. -Al barrio alto- responde Kuja sin dudar. -¿Qué dices? Allí las tiendas solo venden cosas carísimas. No pienso gastarme 80.000 guiles en un pantalón. -Pero como me los voy a gastar yo, no te queda otra que buscarte otra excusa. -Me siento incómodo. -No te sientas así. Venga ya, sabes que me dediqué a hacer fortuna en mi tiempo en Gaia. Era de lo poco que me permitía quién tu sabes, jugar a ser un lord. ¿Pensabas que iba a instalarme como un gorrón a vivir a costa de tu trabajo? -No pensaba eso. Pero la verdad no había pensado en absoluto en gastos compartidos y esas cosas. -Ya te dije que no habías pensado bien el trato. -Y yo te dije que lo iríamos viendo sobre la marcha. No es para tanto, llegaremos fácilmente a un consenso. -Ay, cómo me gustan los hombres con gestión emocional efectiva. Vamos, que hemos llegado y el conductor estará deseando seguir con su día. Tenga por el viaje buen hombre, quédese el cambio. Le da unos guiles y el hombre solo acierta a desearnos un buen día antes de irse. -Sé que odiarías que te llevara de una tienda a otra, así que de centrarnos en una, vamos a Victor’s. Y allí vas a ser bueno y vas a ser considerado con mis deseos, así como yo estoy siendo considerado contigo. ¿Ves? Los dos ganamos. Me río a mi pesar. -¿Cómo refutar ese razonamiento? Vamos a ver qué tienes para mí. ***** Por un instante me arrepentí de mi decisión de seguir a Kuja. Sobre todo cuando el tal Victor me midió todo el cuerpo. Casi me sentí violentado. Luego se fueron a cuchichear los dos mientras a mí me metieron en un cubículo grande y corrían una cortina dos ayudantes del modisto. Dos ayudantes. Que pretendían vestirme cuando llegaron las prendas elegidas, después de lo que me pareció una incómoda eternidad con aquellos desconocidos estáticos. -No tíos, si no me lo puedo poner solo no me interesa- digo al ver sus intenciones. -Deja trabajar a los ayudantes anda- me llega la voz de Kuja desde el otro lado de la cortina. -Yo no me desnudo delante de nadie sin una copa primero. O salen ellos de este cubículo o salgo yo. -Vale, don digno. Chicos, dejadlo hacer. Entonces, los dos hombres salen sin aspavientos del cubículo y yo me cambio. Una camisa de seda blanca, con los puños bordados en un tono muy similar a mi pelo. Una prenda negra que no se nombrar a caballo entre un chaleco y un corset se ajusta a mi cuerpo como una segunda piel cuando abrocho los cierres. Tiene los mismos bordados que los puños de la camisa en ciertos puntos. Los pantalones son ajustados, con raya, de un gris oscuro y muy sencillos. Me descubro sonriendo cuando veo que en una de las botas altas de piel hay un espacio para esconder un puñal. Cojo la daga que oculto siempre en mi propia bota y lo meto ahí. Porque me hace gracia completar de verdad el conjunto. No suelo llevar la espada si no pretendo usarla, pero también descubro que el pantalón y el cinturón tienen unas presillas especiales para fijarla ahí si la tuviera conmigo. No se cual de los dos es el que ha pensado hasta el último puñetero detalle, pero es que hasta yo me miro dos veces en el espejo por todos lados. Me sienta bien. Parece funcional. Joder, me gusta esta ropa. El tipo me midió bien no cabe duda. Ni un centímetro de tela sobra ni falta, me envuelve como hecho de verdad a medida. Me siento atractivo y poderoso. Y desde luego que Kuja no va a saber que he pensado esto jamás. -¿Todo bien?- pregunta la voz del modisto al otro lado de la cortina. -Sí, ya estoy. Y descorro la pesada tela de terciopelo. Cuatro pares de ojos me escrutan con ojo clínico. Me doy cuenta para mi sorpresa que estoy posando un poco. -Perfecto trabajo como siempre, Victor. Está arrebatador, has sabido realzar su belleza natural. -El material para trabajar que me has traído es demasiado bueno. ¿No has pensado en iniciar una carrera como modelo?- me dice dedicándome otra mirada, con cero lascivia, pero que me hace sentir desnudo-. Tienes material de triunfador en pasarela. -Si ya. Ya vale con las bromas. Admito que no me queda mal, pero no hace falta que me dores la píldora a mí, el que paga es él- digo señalando a Kuja. -Oh, Victor no habla por hablar. No me ha ofrecido a modelar ni a mí. -Tú eres bello, pero sería muy difícil trabajar contigo. Sabes que me cuestionarías demasiado si trabajaras para mí y no soporto que me cuestionen. -Sí, tienes razón. Cuando se trata de mi imagen soy muy quisquilloso. Pero cuando no te puedo cuestionar una sola cosa- dice haciendo un ademán que abarca todo mi ser-, me inclino ante tu ojo experto. Creo que la camisa que yo elegí no resaltaría tan bien esa piel bronceada. -Pero tenías razón, esa cintura pide ser ajustada con corpiño y odio darte la razón. Kuja se ríe. -Lo sé, amigo mío. Se lo lleva puesto, empaquetanos su ropa para llevárnosla. Por cierto, tenemos que tomarnos un té un día de estos ahora que estoy en la ciudad de forma indefinida. Pero te pediría que no airearas que soy… bueno, quien soy. Quiero un nuevo comienzo. Lejos de todo aquello. Pero me gustaría seguir contando con tu genialidad… y tu amistad. -Eso dalo por supuesto, cielo. Alein se pondrá muy contento cuando sepa que estás aquí, exigirá ese té. -Gracias Victor. Cuando me haya asentado, vendré a concretar la cita. Nos vamos por hoy. Uno de los ayudantes se acerca a mí con una chaqueta larga negra. No tiene adorno alguno y la verdad me gusta bastante. Se nota que quiere ayudarme a ponérmela y lo dejo hacer. Esto si lo permito. Pero noto como sus manos se detienen un instante más de lo necesario en mis hombros cuando me ajusta la chaqueta. Y no me pasa desapercibido que me roza el cuello de forma casual pero innecesaria. El chico no me mira, pero… me llevo disimuladamente una mano al bolsillo interior de la chaqueta y noto un papel. Kuja me agarra el brazo con delicadeza. -¿Ves como no ha sido tan terrible?- dice llevándome a la salida mientras carga una bolsa con mi ropa. -Pues no, no lo ha sido- digo cuando salimos por la puerta de la tienda. -Victor es un viejo amigo. No lo veía desde que se mudó aquí con su marido. Cuando tenía su tienda en Treno iba cada dos por tres. Pero nunca vine a verlo aquí. No venía mucho a Lindblum. Por eso, cuando me ofreciste venir contigo me alegré tanto. Aquí nadie conoce mi cara, salvo gente de mi confianza. El sitio ideal para un nuevo comienzo. -Y yo me alegro que aceptaras el ofrecimiento. Ahora que estoy vestido como se merece para recibirte, ¿qué te parece si compruebas que tu nuevo hogar también merece la pena? Me sonríe y me desarma. -Nada me gustaría más. Pero es una pena que con ese modelito no hayas conseguido una cita. -Eso no es cierto- saco el papel de mi bolsillo interior y corroboro mi sospecha-. El ayudante número uno me ha dado una nota donde vienen su dirección y a qué hora sale del trabajo. -¿Ves? Ya estás triunfando gracias a mí. -Lo siento, no me interesa el ayudante número uno- digo tirando el papel en un contenedor. -¿Y el número dos? -Tampoco. Kuja no insiste y lo agradezco mientras caminamos hacia casa.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección