El baile de la tiniebla eterna

Slash
NC-17
Finalizada
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91 páginas, 30.498 palabras, 16 capítulos
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Capítulo 7

Ajustes
A Kuja le gusta la guarida. Pensé que sería demasiado basta para su refinado gusto. De hecho es algo que me preocupaba estos últimos días. -¿De verdad te gusta? -Es muy graciosa. Todo parece elegido por varios gustos distintos. Y supongo que así fue. -Sí, así fue. Los demás se llevaron sus cosas, pero dejaron los muebles. Por eso está tan vacío todo. -Sí que se ve un poco falto de decoración. -Bueno, puedes decorarlo a tu gusto también. No me lo cambies todo de golpe, y quiero que todo sea funcional. Quiero poner los pies en la mesita del centro de los sofás y cosas así, pero siéntete libre. -Tranquilo, no soy un obseso que tenga que ver lujo y terciopelo y suelos de madera noble. Pero si pondré algunas cosas mías por ahí, ya que tengo permiso. -Bueno, es tu casa también. No necesitas permiso. -¿Hay algún sitio prohibido? -Bueno, no me gusta que entren en mi habitación sin permiso, pero confío en tus modales. Pero sí que hay una cosa, mi taller no se toca. Ahí solo mando yo y todo tiene su sitio y su sistema. -¿Me dejas ver tu taller? Me haría ilusión. Le hago una seña y me sigue hasta unas escaleras. Estas desembocan en un desván totalmente abarrotado de hierbas, matraces, pociones ya listas y muchos otros trastos. Aunque lo he limpiado y puesto a punto estos días. Y como andaba nervioso también aproveché para actualizar mi equipo con tecnología y conocimientos genómidos, pero aun me falta mucho para ponerme al día de lo que está saliendo. -Qué metódico eres guardando tus cosas. -Es que son importantes. Si agarro lo que no es puede transformar un tónico en un veneno mortal. Así que tengo cuidado. -Ya veo. Como la magia apenas te afecta, te especializaste en alquimia. -Alguien tenía que hacerlo. No sabes en cuantas grescas nos metíamos, necesitábamos tirar de mi maestría cada dos por tres. Y yo sobre todo, claro. Lo malo de que la magia no te afecte es que la buena tampoco lo hace. Un hechizo curativo dirigido a mi es gastar maná a lo tonto. -¿Y ahora no te metes en grescas? -Sí que lo hago. Pero cobro un buen precio por ello. -¿Has dejado la actuación y el latrocinio? -La actuación, sí. El latrocinio me lo pienso antes de hacerlo, pero si pagan bien y el robado es un gilipollas… -Ya, eso lo vi también. La alegre troupe compuesta por Robin Hoods. Que roban a los ricos para quedárselo ellos o para recibir una recompensa mayor. Supongo que sigue siendo el caso. -De vez en cuando. Pero normalmente mis ingresos provienen de eliminar plagas molestas. Y a veces también monstruos. -Un caza recompensas. -Eso soy. Nos sonreímos y Kuja curiosea un poco con las manos a la espalda, como diciendo “tranquilo que no toco nada”. -Tal vez puedas ayudarme a actualizar mi conocimiento. He oído que la alquimia de los genómidos es mucho más eficiente. Kuja se ríe. -No tengo ni idea de alquimia. Yo soy mago. Ya no soy tan poderoso como antes. Ya sabes quién me daba poder. Mucho poder. Era una forma de tenerme bajo su control. -¿Echas de menos ese poder? -Cielos, no. Solo trajo cosas horribles. Sigo siendo más poderoso que el mago medio, y me basta. De hecho, ¿no necesitas un socio? Ser caza recompensas suena de lo más emocionante. Necesito emoción en mi vida. -¿Sabes pelear? -Aún puedo tumbar a cualquiera. -¿A mí también? -A casi cualquiera. A ti probablemente no. Ya que la magia apenas te afecta, eres el perfecto ariete contra alguien como yo. Pero eso ya lo sabes bien. -Sí que lo se bien. Yo era la primera línea de infantería cada vez que peleábamos a lo grande. Me colaba en las filas enemigas y eliminaba a los magos para que pudieran entrar de verdad los demás. -Lo he visto. -No has visto nada. Viste al Blank de diecisiete hacerlo. Espera a ver al de casi veintiuno en acción. En nuestra próxima misión. Sus ojos relucen. -Sí que ha sido fácil convencerte. -Es que tienes razón, a veces es emocionante. Otras es solo trabajo de meto cuchillo, elimino monstruo pesado. Pero qué diablos, busquemos emoción. Creo que podemos ser un buen equipo. ***** Pasamos el resto del día charlando mientras le enseño toda la guarida. Le gusta su habitación y sobre todo su guarda ropa. Le gusta que sepa cocinar. No tengo un gran repertorio, pero le gustaron mis albóndigas. No sé qué me pasa. Me noto como un niño que quiere impresionar a un adulto al que admira. Me pone histérico, pero no lo puedo evitar. Quiero que Kuja me vea con buenos ojos. No quiero que se arrepienta y se vaya. Esos pensamientos me dan la murga todo el día. Sobre todo ahora, que estoy metido en cama y no puedo dormir. Está dos puertas mas allá de la mía y aún me siento nervioso. No quiero pensar, quiero dormir. Poco a poco se me cierran lo ojos, y cuando los abro todo se ha vuelto blanco y negro. No estoy en mi habitación. No sé donde estoy. Solo veo rocas y naturaleza muerta a mi alrededor. El sol se alza demasiado rápido en el horizonte y me giro para darle la espalda. Veo mi sombra crecer sin parar. Y entonces, esa oscuridad plana cobra volumen. Primero veo sus brazos emerger del abismo que parece abrir mi figura en contraste con la luz. Esos brazos se sostienen en el suelo y aúpan una figura completamente negra. Levanta la cabeza y me veo a mi. Hecho de sombras, de pesadillas. Mis propios ojos, dos ascuas entre ceniza, me miran amenazantes. Entonces, mi clon se mueve a una velocidad imposible, con una hoja negra como la obsidiana en su mano. Despierto cubierto en sudor. Me siento como si hubiera recibido de verdad esa puñalada en el corazón de lo rápido que aporrea en mi pecho. Miro por la ventana. Está amaneciendo. El sonido de alguien llamando a la puerta hace que mi agitación crezca. -Blank, déjame entrar, por favor- escucho la voz de Kuja con tono urgente desde fuera. -Pasa, pasa- abre la puerta y me mira desde el umbral-. ¿Qué ocurre? -Qué ocurre pregunto yo. Te he oído gritar desde mi habitación. -¿He gritado? -Sí. -Solo era una pesadilla. Estoy bien. Se acerca y se sienta a la vera de mi cama. En ese momento me doy cuenta de que solo llevo puestos unos calzoncillos. Pero me da vergüenza que Kuja vea que me da vergüenza. Si es que eso tiene sentido alguno. Porque el no parece darse cuenta. Lo veo preocupado de verdad. -¿Estás seguro que estás bien? Estás pálido. Pareces hasta febril- acerca el dorso de su mano a mi frente y disfruto de su tacto frío. No me doy cuenta de que estoy caliente hasta que su piel fresca contacta con la mía. -Es que no suelo soñar. Me ha pillado desprevenido. Aparto con suavidad su mano y la dejo descansar entre las mías. Entonces, parece que me mira de verdad por primera vez, dándose cuenta de que estoy casi desnudo. Se levanta con brusquedad. Es la primera vez que me parece verlo ruborizado. Entonces sí que me tapo con premura con las sábanas. -Será mejor que me vaya para que te pongas algo de ropa. O bueno, para que sigas durmiendo, lo que gustes. Yo voy a preparar un café. -Prepara dos por favor. No te preocupes por el mío, soy un poco especial con el café y ya hago yo mi mezcla. -Yo… vale. Y se va. Me dejo caer derrotado en la cama. ¿Qué acaba de pasar? ***** Para cuando me visto y subo a la cocina desde el piso de las habitaciones, Kuja me está esperando con una taza en las manos y otra puesta delante del sitio en el que siempre me siento en esta mesa. -Sé que te gusta con leche, dos cucharadas de azúcar y una pizca de canela. No es tan “especialito” como decías. Me siento y doy un sorbo. Está perfecto y se lo hago saber. Él me paga con una gran sonrisa. A veces esto de que me conozca a través de los ojos de Yitán es algo raro. Solo de pensar las cosas que habrá visto… -¿Qué vas a hacer hoy?- me pregunta, y eso aligera el ambiente raro que hay. -¿Qué te parece si vamos hasta el gremio de caza recompensas? Podemos inscribirte y buscar algo de emoción. Me mira sonriendo como un niño emocionado y mi corazón tiembla un poquito. -Lo que se me ocurre ahora e que no podrás inscribirte. No tienes documentos personales. -Antes de irme del castillo me dieron documentación. Ahora tengo apellido y todo. -¿Y cual es? -Riptide. -Kuja Riptide. ¿De dónde lo sacaste? -De un libro que leí hace tiempo. ¿No te gusta? -Yo no he dicho eso. -Te encanta. -Tampoco tanto. Nos terminamos el café sonriendo como idiotas y nos vamos al gremio. Allí dirijo a Kuja a la mesa de reclutamiento. -Hola Harold. Mi socio viene a inscribirse. -¿Socio? ¿Tú? Dime chico, ¿Te está extorsionando este canalla? -No seas gilipollas anda. -Vale, vale. Es que te tiras sin venir desde que se disolvió Tantalus. Reapareces y te pones a cazar como un perro de presa. Y ahora te buscas un socio que parece salido del barrio pijo. Tus caminos son inescrutables para mí, chico. A ver, tú, socio. Nombre y carnet identificativo si quieres cometer esta locura. Harold me ha cabreado un poco, pero me obligo a dejarlo estar. No somos tan amigos para que me hable así. Kuja recibe su licencia y vamos al tablón, a ver qué se cuece. Solo hay misioncillas de eliminación de alimañas. Como nada capta mi atención le digo a Kuja; -Vámonos, hoy no hay nada. Probaremos suerte mañana. -Venga hombre. Aunque sea eliminar esas cocatrices que se comen el maíz. -¿Por qué ese interés? -Quiero verte lucirte. Antes peleabas que daba gusto verte, quiero comprobar cómo lo haces ahora. Quiero ver todos esos músculos en acción. -De verdad, tenéis que dejar de hablar de mi cuerpo. Eres igual que Yitán. ¿Sabes de las primeras cosas que me dijo cuando volvió? “¡Estás enorme!”. De verdad que me hace sentir incómodo. -Lo siento. Pues nada, probaremos otro día. -¡Eh, Vrecoc!- oigo que me llaman. Es Kean, el dirigente del gremio. Me hace un gesto que conozco bien. Quiere verme en su despacho. Llevaba tiempo sin ver ese gesto, pero obedezco y me llevo a Kuja conmigo. Entramos en la estancia y Kean cierra la puerta tras nosotros. -¿Quién es este? -Mi socio. Puedes confiar en él. -Vale. Si tú lo dices, para mi es suficiente. Tengo un rango S para ti. Silbo. -¿Qué es un rango S?- me susurra Kuja. -Una misión de las emocionantes y potencialmente peligrosas- respondo bajito. Sus ojos relucen y veo de nuevo la emoción. -Hemos tenido suerte. -No se por qué susurráis, si os oigo todo. Está un poco verde. ¿Seguro que puede con esto? -No está acostumbrado a la jerga, pero podría tumbar a la mayoría de los de aquí antes de que se den cuenta de qué está pasando. Ahora desembucha. -Vale, es tu funeral. -No encargues la corona de flores aún. Venga, que me aburro. -Tiene que ver con un objeto que está en manos equivocadas, Y a su legítimo dueño le gustaría recuperar dicho objeto. -Sigue hablando. -El interesado quiere hablar del servicio en persona. Yo solo soy el intermediario que pone en conocimiento de los profesionales adecuados un trabajo existente en estos casos. -Vale, tienes mi atención. Dile al sujeto que ya tiene a sus hombres. -Mira, te lo voy a decir sin rodeos. Este cliente me pidió que te buscara a ti en específico. No sé si le hará gracia que lleves a tu socio. -También necesito backup. Si no le hace gracia es lo que hay. Dile que aceptamos. En plural. -Se lo diré. Pásate por aquí mañana después del mediodía, te daré los detalles del encuentro. ***** Kuja no dice nada hasta que llegamos a casa. Pero tan pronto se cierra la puerta a mi espalda deja escapar un gritito de victoria y se da la vuelta corriendo para ponerse quizás demasiado cerca de mi cuerpo. -Ha sido de lo más emocionante. Como en una novela negra. La conversación en privado, tú haciéndote el duro… “No encargues la corona de flores aún”, ¡sublime! ¡Vaya guion! -Me alegra que lo estés disfrutando. Pero hay que ser precavidos con esto. -Ya lo sé, es un rango S. -Ni siquiera sabes bien qué es un rango S. -Sé que es algo emocionante y potencialmente peligroso. Y me encanta. Y a ti también, no lo niegues. -La verdad, tu emoción es contagiosa. Sienta bien tenerte por aquí. -Gracias, sienta bien sentirse bienvenido. Creo que pasaré el resto del día poniendo mis cosas un poco en orden, si no te importa. Tengo que reservar energías para la emocionante misión de mañana. -Mañana solo sabremos más detalles. Pero bueno, sí, ordena tus cosas. ¿Quieres ayuda? Se pone muy serio y me mira de medio lado. -Ay Blank, pensaba que eras un caballero. -¿Qué? ¿Qué he hecho? -No creía que fueses a querer colocar mi ropa interior. -Yo no… he dicho eso. No quería insinuar… Solo pensé que igual necesitabas una mano, no para tu ropa interior, para lo demás… Me estoy poniendo rojo y él se está descojonando. -Eres demasiado dulce, me siento un poco mal tomándote el pelo. Solo un poco. Por otro lado es tan divertido… Me pongo mas rojo todavía. Me pregunto si habré alcanzado el color de mi pelo. -Bah, idiota. Pues haz como quieras, yo me voy a hacer unos recados en lo que tu ordenas. -¿Vienes a cenar? ¡Yo preparo la cena! -Claro. ¿Sobre qué hora? -A las nueve estará la cena en la mesa. -Vale, hasta luego -¡Pásatelo bien! Y se encamina a las escaleras que bajan a las habitaciones. Y yo salgo por la puerta sin saber bien dónde ir. No hay recados que hacer, solo quería dejarle espacio. Y salir de ahí porque que me hiciera pensar en su ropa interior… me pregunto si será finolis con encaje… Por lo que mas quieras, Blank. Camina, no te quedes aquí parado o Kuja te verá el plumero. Al final acabo en una taberna. Puede que una copa no me siente mal después de todo. El lugar está bastante lleno, y consigo la última mesa libre del local. -¿Qué te sirvo cielo? -Ginebra. -¿Con qué? -En un vaso, un buen montón. Ahorrate el hielo, rebaja el sabor. -Uh, juegas fuerte. -Es la forma más divertida de jugar. La camarera me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa. Cando me trae la copa le doy las gracias y le doy una buena propina. -Gracias ricura. Hazme una seña si necesitas algo más. Estoy bebiendo y pensando en tonterías, disfrutando de como quema mi garganta el líquido al bajar. Alguien se sienta al otro lado de la mesa. Nos medimos con la mirada. Va bien vestido y peinado, pero con mucha sencillez. Su ropa, aunque cara, es oscura, funcional. Me da mala espina. No aparto la mirada de él. Tampoco digo palabra. Me llevo el vaso de nuevo a los labios y doy otro trago. -Es un gusto conocerte al fin. -Diría lo mismo, pero no te conozco. -Cierto. Mi nombre Darius. Me envía un cliente especial para el que acabas de aceptar un trabajo. Lo miro de arriba a bajo y él no se inmuta. Yo tampoco, a pesar de notar las dos dagas ocultas en su abrigo. Me termino lo que queda del vaso de un trago y me levanto, posando el vaso vacío con un golpe seco. -Dile a la persona para la que trabajas que ya no hay trato. Voy a pasar por el para dirigirme a la salida, pero veo que hace ademán de detenerme y me paro antes de que me roce. -¿Por qué declinas el trabajo? Está bien pagado, es una garantía. Mi jefa tiene urgencia, disculpa que venga a buscarte tan abruptamente y sin tu socio, sé que es irregular, pero… -No es el hecho de que esto sea una forma irregular de proceder- lo corto en seco-. Es el hecho de que me estáis siguiendo. Ni yo mismo sabía que iba a venir aquí hasta que llegué. No. Hay. Trato. Y me voy. Y se que me va a seguir. Huelo problemas y el olfato no me suele fallar. Me pongo a calcular. ¿Tendrá refuerzos? ¿Desde cuando me siguen? Y si es desde que salimos del gremio nos siguieron a casa… Kuja. Joder. La camarera se despide de mi al salir y yo no le devuelvo la cortesía. Me mira extrañada y luego se asusta cuando el hombre misterioso pasa por su lado, detrás de mí. Camino unos metros y lo capto por el rabillo del ojo. Una sombra entre los edificios se mueve. Un sonido sospechoso a mi otro costado. Aprieto el paso y cruzo un arco de piedra que conecta dos edificios un piso por encima de esta calle. Tres hombres cruzan por donde yo lo hice, pero no me ven al otro lado. Miran arriba, pero no estoy ahí. Localizan una ventana abierta en el piso al que da el puente y tratan de escalar hasta ella. Pero no estoy ahí. Los observo a través del reflejo que un espejo me devuelve de la ventana de la vivienda donde me he colado. Mientras están entretenidos saldré por otro lado de la casa. Me muevo sigiloso para salir de esa cocina ajena, pero de pronto un golpe fuerte en la parte de atrás de la cabeza me hace caer. Gimo en el suelo y no me muevo. Pero fijo. El atacante me cree noqueado, porque agarra sin miramientos, supongo que para arrastrarme a algún sitio. Cuando sus dos manos están sujetando mi camisola se las agarro, terminando mi actuación. Encojo la pierna y descargo una patada a sus pelotas con fuerza. Hago diana a la primera. El atacante suelta un quejido y se encoje. Me pongo en pie y le descargo dos puñetazos seguidos antes de que pueda reaccionar. Él me pilló desprevenido, pero yo pegué más fuerte. Aún así me duele la cabeza, y cuando llevo mi mano allí la encuentro cubierta de sangre. Hora de irse cagando leches. Recorro la casa con más cuidado y salgo por la puerta opuesta. Voy con mil ojos, pero no detecto nada raro. Ahora estoy corriendo tengo que llegar a casa. Estoy llegando a la guarida. Ya casi estoy. La puerta está abierta de par en par. Estoy mortalmente preocupado por Kuja cuando noto un impacto en mi costado izquierdo. Arde. Me levo la mano a la zona donde la camisola se ha chamuscado. Mi piel está irritada pero intacta. No saben que soy un disipador, la magia apenas me hace nada. Me repongo y me giro hacia donde debió venir el ataque. Dos hombres se reponen de la sorpresa y corren hacia mí. Me llevo la mano a la cintura y agarro la nada. La espada, mierda. Saco mi daga de la bota derecha y encaro a los asaltantes. Algo rompe una ventana y pasa volando a mi espalda. Cae con estrépito a unos pasos a mi derecha y me doy el lujo de mirar. Es otro tipo vestido parecido a los demás. Pero mis enemigos no se paran ante la sorpresa. Esquivo dos ataques de espada y bloqueo un tercero como puedo con la daga. El corazón me truena en los oídos y noto la inyección de adrenalina que mi cuerpo me proporciona en una nueva súplica de que me sobreponga y no me muera. Me siguen atacando y bloqueo y esquivo como puedo. Quieren rodearme. Y no me da la gana. Con habilidad y un poco de suerte, consigo desarmar a uno de mis oponentes rajándole la mano con la que sujeta la espada. Agarro su arma con la otra mano antes de que toque el suelo. En un mal ángulo. Pero de una forma un tanto ridícula consigo desviar con ella otro ataque. Me alejo y cojo la nueva espada con propiedad. Esto ya me gusta más. Pero de pronto pasa a gustarme menos. Mas gente está llegando de varios ángulos y no distingo si también son enemigos. Varios hombres salen en tromba de la puerta de mi casa. Me preparo para lo peor. Pero veo que no cargan contra mi, huyen de la puerta. La silueta de Kuja aparece en la puerta. Está levitando unos palmos sobre el suelo y su ropa y pelo flotan inmunes a la ley de la gravedad. Me mira y viene hacia mí. Extiende una mano hacia delante, que dispara un proyectil a lo que yo creo que es mi cara. Pero que pasa de largo e impacta en alguien que lanza un quejido. Aliviado al ver a Kuja aparentemente sano y salvo, me vuelvo a centrar en el peligro. Lanzo un tajo preciso a mi próximo atacante, que cae al suelo, pero ya hay otro ocupando su sitio. No tiene espacio para blandir el arma, así que me da un culatazo en la cara. Joder, cómo duele. Pero hago como que ni me inmuto. Y le devuelvo un golpe ascendente con el puño que lo hace salir volando de espaldas. Otro atacante viene y cae ante mi espada. Me enzarzó con otro y cruzamos espadas. Tiene mucha fuerza y el filo de mi espada esta peligrosamente cerca de mí. Reuno energías y con un grito mando a volar ambas espadas. Mi enemigo, pillado por sorpresa no reacciona a tiempo. Ya lo he agarrado por la pechera de la camisa y le estoy dando un puñetazo tras otro. Una mano me frena el codo con suavidad y paro. Dejo que el hombre inconsciente caiga al suelo. Noto a alguien pegado a mi espalda. Es Kuja, esta apoyado contra mí, respirando con dificultad. Yo también lo hago, mirando a todos lados. Solo veo caídos. Me permito un momento y dejo caer la daga de mi mano para llevármela a la cara. Duele. Ahora que la adrenalina está bajando en mi sangre, siento e dolor agudo y veo chiribitas con los ojos. Entonces oigo silbatos. Guardias. Tarade, pero llegan. Me olvido de todo y me giro hacia Kuja. -¿Estás bien?- pregunto cogiéndolo de un codo y examinándolo por donde alcanzo. -Magullado pero entero. Tú no puedes decir lo mismo. Aparta la mano de mi cara, llena ya de sangre. Pone mal gesto. -Esto tiene mala pinta. Los guardias nos interrumpen con su griterío y yo dejo caer el arma. Levanto las manos y le digo a Kuja que haga lo mismo. Al ver que no somos una amenaza, se relajan y se ponen a esposar a los caídos y a atender a los heridos. -Blank, otra vez metiéndote en líos- me dice una soldado que pone los brazos en jaras. -Lune, dichosos los ojos. Veo que ahora eres capitana, enhorabuena. -Gracias. Ahora dime que ha pasado aquí. -Ojala lo supiera. Pero gustoso te cuento lo que sé. Y lo hago. Omitiendo que mi intermediario con el cliente misterioso es el gremio. Códigos de honor y todo eso. Pero Kean me debe una explicación. -Entonces, ¿no sabes que quieren de ti? -Ni idea. Interrogalos con un poquito de dureza por ser yo. -Bueno, pues por ser tú lo haré. -¡Capitana!- exclaman varios soldados a la vez. Están en shock, contemplando los cuerpos de los hombres a los que Kuja y yo derrotamos. Todos echan espuma por la boca y tienen la mirada desencajada. Me acerco corriendo a uno de ellos, cogiéndolo por la pechera de la camisa y acercándolo a mí. Pero no necesito acercarme mucho para identificar el olor acido de la Cúrcurida. -Es un amnésico. Estos pirados llevaban cápsulas de amnésico en la boca por si eran capturados. Ya es tarde, olvidarán hasta sus putos nombres. Cabreado dejo caer al tipo en el suelo y el soldado que lo atendía me reprocha mi comportamiento. Lo mando a la mierda. -Blank, esto tiene mala pinta. Estaban en la puerta de tu casa- me dice Lune. -Lo sé. Estaban dentro de mi puta casa. Kuja, ¿Qué ha pasado? -Pues estaba tomándome un te y entraron en tromba. Mandé a uno volando por la ventana y al resto me enfrenté como pude. Salieron corriendo afuera y cuando los seguí ya te vi peleando. Algunos consiguieron huir. Los soldados cargaron a los atacantes en un carro para llevarlos a las mazmorras, pero poco iban a poder hacer. Aquellos hombres deberían empezar una nueva vida, pues no recordarían mas que cómo hablar, comer y pocas cosas más. ¿Tanto temían las consecuencias de irse de la lengua? ¿Qué coño está pasando? Un paramédico me cura la herida de la cara y de la parte de atrás de la cabeza. Las dos necesitan puntos y vendaje, pero no hay que lamentar mucho más por nuestra parte. Cuando todos se van y Kuja y yo entramos en casa, este coge en silencio una escoba y empieza barrer cristales. No hay muchos daños. Pongo un par de sillones en pie de nuevo y voy a buscar una plancha de madera para tapar la ventana. Kuja me ayuda a clavarla y cenamos algo de pan y queso que hay en la despensa. -Yo me quedaré vigilando esta noche. Mañana iremos a darle dos hostias a Kean y a ver qué está pasando. -Hagamos turnos para vigilar. Yo no creo que pueda dormir ahora mismo. -Yo tampoco. Voy hacia mi sillón favorito y me siento. Kuja se tumba en el sofá a mi lado. -Peleas bien- me dice, rompiendo el silencio. -Tú también. Estaba preocupado por ti, pero veo que te puedes cuidar solito. -Por favor- dice con un bufido. Los dos nos reímos. -Ha sido emocionante- continua. -Y potencialmente peligroso. -Tal como prometiste. Me hace sonreír y seguimos hablando hasta que se queda dormido. Lo tapo con una manta y hago guardia hasta que me entra el sueño. Si quiero apretar tuercas por la mañana tengo que dormir algo. Voy a despertar a Kuja y lo veo acurrucadito con la manta y un cojín. Está adorable. Ya ni me cuestiono haber pensado esa cursilada. Me agacho a su altura y lo despierto con suavidad. Abre los ojos despacio y me mira quizá un pelín demasiado intensamente. -Esto… voy a dormir un poco. Te toca tu turno de guardia. Se despereza como un gato y me dice; -Vale, descansa. Confía en mí. -Confío en ti. Y me arrellano en el sofá para quedarme dormido casi en el acto.
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