Capítulo 8
1 de junio de 2026, 14:13
Alguien me llama. Oigo de nuevo ese susurro en mis oídos y la piel de mi nuca hormiguea.
“ven”
Pienso en Kuja. En cómo esos susurros me llevaron a él. Debe estar en problemas. Por eso me llama así.
Todo es blanco y negro. Creo que me encuentro mal, pero aun así me levanto. Salgo por la puerta de la guarida y la luz me deslumbra.
Busco sombras bajo la luz del sol, en un mundo despojado de todo color.
“encuéntrame, sigue”
-¿Kuja?
Mi voz suena en eco por toda la calle, desierta. Oigo un murmullo al otro lado de la Baranda que separa de la caída a varios pisos de calles más abajo. Me asomo con cuidado.
Abajo, a una larga caída de distancia, veo un cúmulo de oscuridad. Me quedo atónito mientas noto, aún en la distancia, dos ojos rojos como ascuas mirándome.
Un tentáculo de negrura sale disparado hacia mi y se enrolla a mi garganta, pujándome hacia el borde. Clavo los pies, pero resbalo. Me asfixio. Me acerco inexorable al borde de la barandilla.
“ven conmigo”
-¡Blank! ¿Qué diablos haces?
Parpadeo y no hay nada agarrándome la garganta. No estoy tan cerca de la barandilla como lo estaba hace un momento, pero sí estoy cerca. Me mareo y noto una arcada. Me caigo de rodillas y noto que alguien que me sostiene baja conmigo.
Vomito bilis mientras Kuja me ampara. Cuando las arcadas cesan, me dejo caer sentado. Entonces reparo en que hay un montón de gente a nuestro alrededor, mirándonos. Hace un instante no había nadie.
Me levanto un poco tambaleante y entramos en casa, porque no soporto que me miren así.
-¿Adónde ibas, Blank?
-No lo se. Creo que estaba soñando. Algo- me llevo la mano a la garganta, pero no la noto ni sensible, ni dañada-, alguien me llamaba. Pensaba que eras tú. Como cuando me guiaste en el castillo hasta tu habitación.
Kuja me mira extrañado.
-Yo no te llamé en el castillo.
-¿Cómo no? Me guiaste a tu habitación. Entré, te despertaste y me diste las gracias por haberte encontrado.
-Por haberme encontrado en el árbol Lifa. No en ese momento.
Kuja me mira preocupado. Yo me estoy preocupando también. Y si no me llega a despertar…
Sacudo la cabeza. No me habría tirado por la cornisa. No tengo esos deseos, ni consciente ni en mi subconsciente, estoy seguro. Soy un adicto a la adrenalina de una buena pelea, sí. Pero no un suicida.
-Comamos algo y vayamos al gremio. Nos deben explicaciones.
-¿Y vamos a ignorar esto?
-No. Pero no se que hacer con “esto” ahora mismo, porque no sé lo que es. Tal vez no sea nada, una reacción al estrés. Quizá salí sonámbulo porque pensé que había peligro- miento, pero es que no quiero preocuparlo más-. Los problemas de uno en uno. De momento vayamos a buscar una respuesta a quien nos la debe.
Kuja me mira nada convencido con mi resolución, pero no discute más. Me pone un café ya frío delante y unas galletas y el hace lo mismo.
*****
Cuando llegamos al gremio, apenas hay gente. Voy directo al despacho de Kean y entro sin llamar. No hay nadie.
Voy al despacho del tesorero y repito la jugada.
-¿Dónde está Kean?
-Hola, Blank. Claro pasa sin llamar, siempre es un placer- dice el hombre estirado que está dejando una pluma en un tintero.
-Déjate de hostias. Kean me la ha jugado. Me ha dado un trato envenenado.
-Es una acusación muy grave para el dirigente del gremio.
Medio le grito lo sucedido y ese capullo cuyo nombre no recuerdo me mira muy serio.
-Kean no ha venido hoy- sentencia-. Me ha dejado tirado con una reunión muy importante con el comité de la rama de protección al civil del ejército. No es nada propio de él…
Me tenso. Puede que esté huyendo, pero también puede ser que tenga problemas. Veo que el tesorero de cuyo nombre no me acuerdo tiene el mismo conflicto interno.
Se da la vuelta y descuelga el teléfono. Marca con premura el numero en el dial y espera.
-Hola Shana. Sí, soy Spence. ¿Está Kean?... ah. ¿Te dijo donde iba a estar?... Claro que no está aquí, por eso os llamo… No, tranquila. Pero, ¿actuaba raro, o lo preocupaba algo?...
Me estoy impacientando. Y cuando me impaciento me vuelvo un imbécil. Le arrebato el auricular a… ¿Spence? Y digo con voz calmada y algo melosa.
-Hola, Shana. No me conoce pero soy amigo de Kean. No estamos diciendo que le pase nada, pero no sabemos dónde está y tenemos un asunto urgente que tratar. ¿Sabe algo que pueda ayudarnos?
-Yo… no. Salió de casa a su hora de siempre para ir hasta ahí. Hoy tenía una reunión importante, quizá aún esté…
-¿Puede darme su número? Quizá tenga que llamar después y Spence está ocupado. Es para asegurarme que puedo comunicarle que Kean ha aparecido y está bien.
Ella pica. Me dice el número y me despido con cordialidad. Le doy el auricular al tesorero, que aún sigue flipando.
-Monta una búsqueda. No era un trato envenenado, era una trampa. Y Kean es el cabo suelto. Vamos.
Le hago una seña a Kuja y salimos medio corriendo del edificio.
-¿Adónde vamos?
-A casa de Kean.
-¿Y sabes donde es?
-No muy bien, pero por el prefijo de su número de teléfono vive en la zona este del barrio residencial. Mientras los del gremio montan su búsqueda nosotros montamos la nuestra. Es un buen sitio por donde empezar.
El barrio residencial está muy cerca, llegaremos antes a pie que esperando el taxi neumático.
Ahora estoy corriendo y mi compañero me sigue. Llego a un cruce de calles y paro un momento, con duda de por donde ir. Kuja se estampa contra mi espalda y no nos caemos de milagro.
-Perdona, qué tonto. No cuadra con la épica del momento.
-Espera, ¿estás disfrutando esto?- digo olvidándome de todo por un instante.
-Un poco. Estoy preocupado por ese hombre. Pero esto sigue siendo de novela.
Sacudo la cabeza y miro los carteles con los nombres de las calles.
Ruiseñor, por ahí.
-Vamos, ya discutiremos sobre tu psicopatía luego.
Corremos de nuevo, esta vez va casi a la par conmigo. Llegamos a un barrio bonito y de jardines cuidados.
-¿Te sabes todos los prefijos de la ciudad?
-Entre otras cosas- murmuro mirando hacia todos lados.
Si no he errado, esta o la siguiente deberían ser la calle donde está la casa de Kean. Busco entre los buzones y encuentro el suyo. Es una casa bonita, de dos plantas, pintada de azul. Me paro en la puerta de la cerca y miro alrededor. No veo rastros de nada. Pero no creo que le pasara nada aquí, en la puerta de un barrio bien. Un guarda urbano pasa por delante de nosotros y nos dedica una mirada inquisitiva.
No, aquí no pasó nada raro seguro.
Empiezo a desandar lo andado, pero esta vez más despacio. Fijándome en todo lo que pueda ser relevante. El suelo de grava, las paredes, las cercas, todo.
Kuja va a mi lado, observándolo todo con el mismo cuidado que yo. Me encanta que no haga falta verbalizar ciertas cosas con él.
Veo que el camino por el que vinimos tiene una ramificación, es solo una corazonada, pero cojo el desvío.
Si mi corazonada está bien, esto debe ser un atajo entre la casa de Kean y el gremio. El camino que nos trajo aquí era lo bastante corto para hacerse diariamente a pie, pero ¿quién va a tomar el camino más largo en un trecho que hace todos los días?
Seguimos peinando la zona con la mirada, pero no encuentro nada. Me rindo. Hay corazonadas que no salen. Quizá esto ni lleve al edificio del gremio. Joder, he perdido el tiempo.
-Blank, allí hay sangre.
O a lo mejor soy el puto amo de las corazonadas.
Kuja me toma de la mano y me guía con él. Estamos en una especie de zona verde, donde el suelo de tierra se ve manchado en un punto. Y sí, es sangre.
No mucha. Podría no ser de Kean. Pero hay que agarrarse a clavos ardiendo en situaciones así. Miro a los lados y no veo nada. Ni casas, ni gente paseando a estas horas de la mañana.
Tal vez…
Salgo del camino y me meto entre los arbustos, que han sido pisoteados. Encuentro un rastro y le hago una seña a Kuja para que me siga. Nos internamos entre los árboles y veo más sangre. Me apresuro a llegar, y veo una X dibujada entre el charco de sangre.
Mierda, esto es raro.
Siento un pinchazo en el cuello y me llevo la mano allí. Arranco una aguja con un penacho y la sostengo entre mis dedos. Estamos jodidos. Intento girarme, pero me mareo en el giro brusco y todo da vueltas.
-Kuja, corre- digo muy débilmente.
Entonces oigo un cuerpo cayendo. Entre la bruma que llena mi visión y mi mente veo el bulto que reconozco como Kuja inmóvil en el suelo. Quiero ir hacia el, pero…
… caigo…
…