El baile de la tiniebla eterna

Slash
NC-17
Finalizada
0
Tamaño:
91 páginas, 30.498 palabras, 16 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Capítulo 11

Ajustes
Me he levantado temprano para moverme del sofá a mi habitación y ya no consigo conciliar el sueño. Después de una hora de vueltas en cama, oigo como el objeto de mi desvelo sale de su habitación y sube las escaleras. Me quedo dudando un momento, pero me decido a salir un tiempo prudencial después que él, para que no se note que lo hago para hacerme el encontradizo. Llego a la cocina y me recibe el olor a café recién hecho. -Buenos días. ¿Has dormido bien? -Sí, pero no me ha llegado a nada. Necesito aún mas horas de sueño para ser persona. Me pone delante una taza con el café como me gusta, y se sienta a mi lado. -Sé que no te va a gustar un pelo, pero la escolta que nos puso Cid sigue fuera. -Pues no, no me gusta. Llama la atención. -Piensa otra vez. Después de lo que hemos pasado, yo me siento más seguro durmiendo cuando sé que alguien de confianza vigila mi puerta. No se si esto tiene doble sentido. Por lo de estar ayer a punto de entrar con él y… bueno, no sé muy bien qué hubiera hecho de haber entrado. -He intentado salir, pero me han dicho que es mejor que nos quedemos aquí. -Eso significa estar bajo el radar y no dejarse ver mucho. No sabemos si hay más científicos locos buscando diseccionarnos. No me gusta, pero lo veo lógico. -Vaya, que razonable por tu parte. Pensé que te pondrías hecho una furia y echarías a los soldados de tu puerta por dañar tu imagen, o lo que sea. -El Blank del pasado lo habría hecho- doy un sorbo deliberadamente largo, pensando bien lo que voy a decir a continuación-. El Blank que vio su muerte en el brillo de un bisturí se alegra de que estén ahí. -Ahí está el rufián con alma de poeta. -¿Te molesta? -Qué va, me encanta. Veo muchas cosas que me encantan en ti, cielo. Me atraganto un poquito, pero creo que consigo que no se me note. Quiero irme de aquí y al mismo tiempo tensar la cuerda. ¿Qué hago? -Bueno… ¿y qué te gustaría hacer durante nuestro arresto domiciliario? Opto por la opción cobarde y saco otro tema del que hablar. Pero me arrepiento cuando veo una sonrisa pícara en sus labios. -Tengo alguna idea, pero… me gustaría que tú tomaras la iniciativa. El flirteo tonto ha subido mucho de nivel, y no sé si estoy preparado. Reculo como un cobarde y suelto un desabrido; -Tú dirás. Me mira decepcionado y yo también me he decepcionado a mi mismo. Pero es que me bloquea. Ni siquiera sé qué es lo que quiero que ocurra. Ni si hay una opción correcta o equivocada en esto. Parece cabizbajo y eso me hace sentir mal. Busco en mi mente temas de conversación más seguros. -¿Te apetece ver unas cuantas fotos vergonzosas de Yitán? El brillo vuelve a sus ojos. -¿Por qué este ofrecimiento? -No sé. Seguro que viste montones de cosas vergonzosas sobre mi en los recuerdos de Yitán y quiero devolvérsela. Muy bien Blank, si para ti un tema más seguro del que hablar son las cosas vergonzosas de tu pasado, carga con las consecuencias. -Ya he visto las cosas vergonzosas de Yitán también. Contrapropuesta: Enséñame alguna foto vergonzosa tuya. -¿Y por qué iba a hacer eso? Seguro que no tienes fotos vergonzosas con las que pagarme de vuelta. -Puedo pagarte de otra forma- hace una pausa larga y temo lo que vaya a decir a continuación-. ¿No hay nada vergonzoso de Yitán que quieras saber? Una foto por una historia. -Quizá me compense. Espera un momento, que voy a buscar en el baúl de los recuerdos. Voy a mi habitación y saco una cajita con fotografías que guardo bien. No es la caja usual de recuerdos felices, esa es más grande y está más a la vista. Estas sí que me dan vergüenza. Subo de nuevo y veo a Kuja tranquilo en un sofá, bebiendo lo que le queda de café. -Si que era un baúl pequeño, has tardado bien poco. -Es que sabía a por lo que iba. Él me tiende una mano y yo niego. -No, no. Yo te hago una pregunta sobre Yitán y tú la respondes. En función de lo que me guste la respuesta elijo que foto enseñarte. -Me está empezando a parecer mal airear los secretos de mi hermano de planeta, así como así. -No te parecía mal hace un momento. -Pues ahora fíjate que sí- dice en tono burlón. -Vale, la primera es gratis- Me siento en mi sillón favorito y abro la cajita. Rebusco en las fotografías colocándolas como naipes, ocultando mi mano para esta partida tan poco usual. Escojo una y la pongo sobre la mesa, deslizándola boca abajo hacia él. -Cuanto dramatismo. Me encanta. La coge aún boca abajo y la descubre ante sus ojos. Se ríe mucho y muy alto, y yo me río con él, porque se lo que está viendo. -¡Recuerdo este pelo! Perdiste una apuesta con YItán y te obligó a hacerte esto… -Lo que me lleva a mi pregunta. Hizo trampa esa vez, ¿Verdad? -Ay cielo, todos hicieron trampa. Era un complot con Marcus y Ruby, magistralmente orquestado. -¡Lo sabía! -No sabes de la misa la mitad. Espera a saber cómo te engañaron… Y pasamos varias horas hablando y riendo. Enseñarle la parte más estúpida y vergonzosa de mi no me parece tan mal. Quiero que se quite al Blank del pasado de la mente por saturación. Y, la verdad, no se me ocurría una forma mejor de hacerlo reír. Y de reírme yo también. La mayoría de las cosas que pregunto son inofensivas. Pero llegamos a la última foto. La más vergonzosa de todas para mí. Me viene una pregunta a la cabeza que no me puedo sacudir. -Esta foto vale una respuesta difícil. De nuevo, parece que me lee el pensamiento. Se pone algo serio. Creo que sabe lo que le voy a preguntar. -¿Yitán lo sabía? ¿Lo que yo sentía por él? -¿Sentías en pasado? Lo miro a los ojos, pero ha puesto una cara de póker demasiado buena para que pueda descifrar su expresión. -En pasado. Necesito saberlo para cerrar el capitulo y enterrar el libro en una estantería cualquiera. Lo voy diciendo y me doy cuenta de que es la verdad. No tengo idea de por qué me emperré tanto en buscarlo en el árbol Lifa, pero ya no era amor desdichado. O al menos ya no lo siento así. -Creo que sé la respuesta, pero necesito oírlo. -Sí que lo sabía. Pero nunca te vio de ese modo. No digo nada y le tiendo la foto. En ella estamos Yitán y yo borrachos como cubas. Le estoy dando un beso en la mejilla mientras él ríe con los ojos cerrados, de cara a la cámara. -No veo tanta vergüenza en esta. -Lo verás cuando te cuente la historia detrás. Estábamos bebidos, y me envalentoné. No buscaba besarlo en la mejilla. Pero se apartó a tiempo. No sé si se dio cuenta, ni siquiera sé si recuerda esa noche. -No se acuerda. O no se dio cuenta. Porque yo no lo vi. -Mejor. -¿Estás bien? -Ha sentado bien. Ya lo sabía sin saberlo y estaba preparado. Gracias por acceder, debe haber sido incómodo para ti, ahora que lo pienso. -Qué va, el chisme me da la vida. Pero esta conversación queda entre nosotros. -Así me gusta. Ahora tengo hambre. ¿Buscamos algo de comer en la despensa? ***** Caigo dormido en mi sillón después de comer, y cuando me despierto ya ha avanzado la tarde. Kuja está sentado a mi lado tranquilamente leyendo un libro. -¿No hay muy poca luz para leer? -Pues sí, la verdad. Pero apenas me había dado cuenta. Me levanto y me estiro. Un chasquido bien audible resuena desde mi cuello. Kuja se levanta y cierra el libro con delicadeza, posándolo sobre la mesita. -Dormir en un sillón no es buena idea, por muy cómodo que parezca. Me rodea y se sitúa detrás de mí. Noto como sus manos se posan en mis hombros, masajeando suavemente. Me quedo así, callado, dejándome hacer. Sus manos bajan hasta mi espalda. Donde dan un par de vueltas hasta volver a mis hombros. Me roza el cuello, me lo coge con las dos manos y lo hace girar con delicadeza a ambos lados, sus dedos enredándose en mi pelo. Se me pone toda la piel de gallina. Y ahora me pregunto… ¿por qué me estoy resistiendo? ¿A qué me estoy resistiendo exactamente? Pega su pecho a mi espalda. Posa una mano en mi cintura y la otra en mi mandíbula. Manteniéndome en el sitio, pero tirando para poner mi cabeza de lado, posicionando su boca a escasos centímetros de mi oído. Cuando habla, sus palabras me hacen cosquillas y envían una descarga a mi bajo vientre. -No se me ocurren más formas de insinuarme. Recházame o capta el mensaje. Me separo de él y parece decepcionado. Hasta que lo agarro de la cara camisa y lo atraigo hacia mí. -Capto el mensaje. Y sin más uno mis labios con los suyos. Un beso corto y aparto mi rostro. Una sensación agradable me llena por completo. Kuja se acerca de nuevo, buscando más, y yo no puedo evitar complacerlo. Es más que agradable. Es el beso más intenso que he paladeado en mi vida. Ya hacía tiempo también… Las manos de Kuja no están quietas y recorren mi cuerpo sin rudeza, pero sin pudor. De pronto para y se aleja. Estoy a punto de acojonarme cuando veo que entrelaza sus dedos con los míos y tironea de mi para que lo siga. Me guía escaleras abajo y abre la puerta de su habitación. Me hace pasar primero y luego cierra la puerta a su espalda y se apoya sobre ella. Lo aprisiono entre mi cuerpo y la madera y lo vuelvo a besar. Mientras tanto, con una mano voy desabotonando su camisa y recorro su pecho esbelto con la otra. Él agarra mis caderas y se aprieta más contra mí. Noto que está duro. Y él nota que yo lo estoy. Gime en mi boca cuando le aprieto las nalgas y eso hace que se me derrita el cerebro. En respuesta, tira de mi camisola hacia arriba y yo me dejo desvestir. Luego ataca a mi cinturón. Tiene manos ágiles, cuando me doy cuenta mis pantalones han caído. Lo vuelvo a apretar contra la pared y le enredo los dedos en el pelo. Tiro de sus mechones para que me exponga el cuello y se deja hacer. Nunca he notado tanto que es más alto que yo, porque tengo que auparme un poco para ascender besando hasta morder su oreja. Noto que se le pone el vello de punta. Disfrutando bien de su anatomía, le quito la camisa. Desabrocho su pantalón y este cae junto a los faldones que lleva siempre para ocultar su cola. Es la primera vez que la veo. No sé por qué sigue llevándola oculta. Pero se me olvida preguntarme el por qué cuando me doy cuenta… de que esta vez SÍ lleva calzoncillos de encaje. Dejan muy poco a la imaginación y llevo mi mano hasta la zona. Acaricio su polla por debajo de las irregularidades de la fina tela. Está gimiendo en mi oído y no puedo parar. Me empuja hacia atrás, besándome de nuevo. Mis piernas chocan con el borde de un mueble y Kuja me empuja para que no tenga más opción que caer sobre la cama sin hacer. Por arte de las manos inquietas de Kuja, ya estamos los dos completamente desnudos. Me deslizo de espaldas más arriba en el colchón y él no tarda en subirse a horcajadas sobre mí. Coge nuestros dos penes con su mano y empieza a frotar. Ya no me quedan neuronas funcionales. Todo se precipita y no puedo pensar. Sólo actuar. Besar, morder, acariciar. Gemidos que llenan la habitación. Estar dentro de Kuja cuando se corre es sublime. Tanto que hace que lo siga en apenas un minuto. Ahora trato de recuperar la respiración mientras Kuja se mece en el vaivén de mi pecho al coger y expulsar aire. Me acaricia un pezón de forma juguetona y yo lo estrecho entre mis brazos. Me besa, esta vez de forma muy dulce. Y yo correspondo totalmente. Jugueteo con el pelo de su nuca mientras me sigue besando de esa forma suave. Cuando se separa, abro la boca, pero lo que iba a decir queda atascado en mi garganta cuando pone un dedo sobre mis labios. -Todo seguirá aquí mañana. Se acomoda en el hueco entre mi brazo y mi costado, y se acurruca. Yo también me acurruco contra él y espero tranquilo a que el sueño me encuentre con un hombre increíble escuchando los latidos de mi corazón contra mi piel desnuda.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección