El baile de la tiniebla eterna

Slash
NC-17
Finalizada
0
Tamaño:
91 páginas, 30.498 palabras, 16 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Capítulo 12

Ajustes
Ya he visto esta extensión de agua monocromática. Así que en lugar de intentar llegar a algún lado con el agua por la cadera, me quedo quieto y me cruzo de brazos. Antes me llegaba más abajo el agua, ¿no? Quien quiera que sea esa sombra no se hace de rogar y aparece en un parpadeo. -Tu historia no me cuadra por ningún lado. Si eres otra parte de mí, ¿por qué intentaste tirarme por la cornisa?- pregunto sin preámbulos. "no intentaba tirarte. Quería que te acercaras. Me costaba manifestarme, y yo no soy el que elige los escenarios donde nos encontramos. Es tu mente, al fin y al cabo. Proyectas y yo aparezco como puedo. Pero ahora nuestro vínculo es más fuerte. Puedo aparecer con un poco más de decencia." -Y si estamos en mi mente, ¿por qué estoy hundido en agua? "Dímelo tú. Quizás porque sientes que tu situación te sobrepasa cada vez más." -Ya no estoy en peligro. Y he tenido una noche más que estupenda, y tú me la estás estropeando. Sonríe de forma torcida, un gesto reflejo que a veces me sale idéntico. Es mi cara, al fin y al cabo. "Venga ya. Estás asustado. No sabes qué te espera al despertar, no sabes si Kuja se arrepentirá de lo de ayer, si algo cambiará para mal entre vosotros, si todo se volverá raro… hay muchos sentimientos de incertidumbre en tu vida. Y temes estar e…" -¡Para!- le grito- ¿Cómo sabes todo eso? "Estoy sellado, pero sigo formado parte de ti. Conozco las tribulaciones que cruzan tu mente." -Sigo sin comprar el humo que vendes. "Ya estarás preparado. Entonces me aceptarás." Gira la cabeza en dirección contraria a la que estoy yo y luego vuelve a mirarme. "Por hoy te vas a despertar. Ya seguiremos hablando." ***** Abro los ojos a la luz de un mundo que ha recuperado todos sus colores. Miro a Kuja, que está dormido sobre mi pecho aún. Se me ha dormido el brazo y tengo ganas de mear, pero me resisto a moverme. Se ve tan en paz, tan tranquilo, tan guapo… Paso así un rato hasta que la presión en mi vejiga es demasiado acuciante e intento desplazar a Kuja sin que se despierte. Pero no lo consigo. Abre los ojos con gesto perezoso y me mira muy intensamente. -¿Estás intentando huir la mañana siguiente sin despertarme? -No quería despertarte, pero es que, de verdad, de verdad que tengo que ir al baño. Se ríe, y se estira para darme un beso que me sabe a gloria, pero me levanto porque las necesidades fisiológicas no dan mucho margen a discusión. Vuelvo a la habitación y Kuja me espera entre las almohadas, aún en proceso de despertarse del todo. -Vuelve aquí- me dice abriendo una ranura en las sábanas y no dudo en hacerle caso. Me acomodo a su lado y él nos tapa. Estamos los dos de lado, nariz con nariz. El corazón me salta en el pecho. Me salta aún más cuando me besa de nuevo. Muy suave. Posa la mano en mi pecho y sonríe cundo nos separamos. -Se te va a salir del pecho. -Es que… bueno, ya… Me saca del brete cogiendo mi mano y llevándola sobre su propio corazón, que está tan alocado como el mío. -Creo que entiendo el sentimiento. Esta vez lo beso yo, y pasamos un rato largo, que aun así se hace demasiado corto, simplemente besuqueándonos y dándonos mimos. -Por mucho que esté disfrutando esto, necesito una ducha y comer algo. -Secundo la moción- digo antes de darle un último besito y reptar fuera de la cama-. Yo me ducho en el baño pequeño, no tengo problema. -O…- dice saliendo de la cama deliberadamente lento, dejando que las sábanas al caer revelen su desnudez- podrías ducharte conmigo. Es hasta vergonzoso lo poco que le hizo falta al puñetero para ponerme medio duro. Y lo nota. Sigo desnudo porque, al fin y al cabo, ya vio todo lo que tenía que ver ayer. -Así que te gusta la idea- ronronea (sí, ronronea) con una sonrisa pícara. No sé como hemos acabado ya en la ducha, pero solo sé que Kuja me pide que le enjabone y yo no me siento capaz de negarle nada ahora mismo. Es la tercera (sí, llevo la cuenta) vez que veo su cola, cuando se pone de espaldas para que empiece. Paso la esponja enjabonada por esa piel que envuelve una musculatura firme y esbelta que disfruto mucho. Bajo hasta sus caderas, esparzo un poco de jabón y me aplico con las dos manos. Es demasiado tentador, pero tengo que preguntar primero. -¿Puedo tocar… esto, no pienses sucio con la situación en la que estamos, pero ¿puedo tocar tu cola? Noto como se tensa un instante, pero al momento levanta la punta, para darme un golpecito juguetón en el brazo. Yo recorro toda la extensión, a contrapelo. Del extremo a la base y allí mi mano se desliza hacia arriba por su columna. -Igual no es el momento para preguntarlo, pero ¿por qué la sigues escondiendo? Se gira bruscamente y me acojono. ¿He dicho lo que no debía? Pero se encoge de hombros y me quita la esponja de la mano. -¿Costumbre? ¿Vergüenza? -¿Por qué iba a darte vergüenza? ¿Te preocupa que te reconozcan? -Un poco. -¿Qué hay con lo de ser un genómido más que se cambió el nombre? -Me da miedo- dice sin tapujos. -¿Temes a esos pocos locos anti-tu? -Nah, son unos zoquetes. Temo que personas importantes. Personas como tú- y mi aliento se corta- lo asocien a mi “antiguo yo”. -Nadie asocia a ese “antiguo tú” contigo. Vale, quizá un par de pirados- admito-, pero personas como yo vemos tu verdadero tú. Y a mí personalmente me ha gustado todo lo que he visto. No es una crítica, ni quiero presionarte, pero… quiero que seas enteramente tú. Y que seas feliz. Entonces sonríe y pasa el jabón por mi pecho. Juguetea con un pezón, acaricia mi piel y me mira a los ojos. -Ahora mismo soy inmensamente feliz. Sonrío yo también y lo beso. Nunca me había parecido tan excitante el acto de enjabonar. Nos corremos solo frotándonos, y aún así seguimos sobándonos hasta que se acaba el agua caliente y salimos riéndonos por el chorro congelado que no pudimos evitar que nos cayera encima. Nos vamos cada uno a nuestra habitación y yo dudo qué ponerme. Por primera vez en mi vida creo. Entonces veo colgado el traje que Kuja se obstinó en comprarme cuando llegó. Cuando aparezco con él puesto en la cocina, se queda perplejo. -Ya decía que tardabas mucho. Pero me encanta el conjunto- dice haciendo un gesto con la mano abarcándome todo. -Tengo que darte la razón. Ha llegado el día en el que me apetecía ponerme guapo y, gracias a un hombre sabio, tengo el modelito adecuado. -Si lo sé me pongo elegante yo también. Lo miro. Lleva una camisa azul pálido de puños anchos, profusa y bellamente bordada. Unos pantalones de corte elegante y botas altas hasta la rodilla, compuestas por varias piezas que tienen una cierta belleza al encajar juntas. Y no lleva una de sus eternas… no sé como llamarle. ¿Medias capas? No sé, esos faldones que se enganchaba al pantalón para ocultar su cola. Veo como esta asoma a su lado, prácticamente inmóvil, pero bien visible. -Tú siempre vas elegante. O al menos, todo te sienta bien. Le paso un brazo por encima del abdomen y lo beso, para acto seguido ponerme a cocinar algo sencillo, porque tengo un hambre canina. Y sé que Kuja tiene muy buenas intenciones, pero la cocina no es su fuerte. Aún, al menos. Nunca tuvo que aprender, no conozco su potencial del todo. Me obliga a ponerme un delantal para no mancharme la ropa nueva y se sienta en la mesa a verme hacer. -¿Y no piensas ayudarme? -Cielos no. Voy a disfrutar las vistas. Ese delantal te queda perfecto, es como el comienzo de un sueño húmedo. Sonrío y me pongo a rebuscar lo que necesito en la despensa. -Eso toca para cena ***** Una vez hemos comido y recogido la cocina, nos sentamos en los sofás, sin saber muy bien qué hacer. -Ahora me siento un poco idiota. He gastado la carta de la ropa nueva demasiado pronto, no puedo llevarte por ahí. Corrijo, no es seguro llevarte por ahí. -Qué va, me hace feliz que hayas decidido ponerte esas prendas hoy. Por ninguna razón en particular me vale. -¿Qué te parece si cuando todo acabe vamos de nuevo a la tienda de tu amigo Victor? Que me busque más fondo de armario y así puedo llevarte como se merece en una…- me freno de decirlo, pero creo que es obvio lo que iba a decir. ¿Qué me pasa? A veces parezco tonto, no sé cuando dejar de hablar. -Me encantaría tener una cita contigo. Cuando todo esto acabe y pueda llevarte a bailar. Quiero ver como te mueves en una pista. -Soy el rey. -Muy seguro te veo. -Que fui actor. Desde que era pequeño me enseñaron a actuar y a bailar y a cantar. -¿Cantas también? -Como los ángeles. -Quiero una función privada. -No, en realidad cantar no sé. Pero bailar sí. -Una pena. Tienes una voz bonita. -Para nada- digo riéndome. Y él se une a mi-. Pero sí me gustaría bailar contigo en otro momento. Cuando pueda haberte invitado a una buena cena y en una sala de conciertos de nombre rimbombante. -Suena bien. Pero entonces, si no vas a bailar conmigo, ¿qué vamos a hacer para matar el tiempo? -No lo sé. Propón por una vez tú el plan del pasatiempo. -Pues no tendrás un tablero de tetra master por ahí, ¿Verdad? Hace siglos que no juego una partida. Entonces me rasco la ceja, nervioso. Es un puñetero detector, porque me pregunta: -¿Qué pasa? ¿Le tienes manía al juego? -Todo lo contrario. Me da un poco de vergüenza que sepas lo friki de ese juego que soy. -¿Cómo de friki? -Tengo mazos desde iniciado a experto, y siete mazos maestros que uso en competiciones grandes. Una pequeña fortuna en cartas, la verdad. Tengo un chocobo gordo que es prácticamente imbatible, lo saco solo si me la juego de verdad, porque el día que la pierda me da algo. Se ríe mucho. -Ya, soy un pringado, ¿eh? -No, si me río pensando que quizá estuvimos a la vez en alguna competición. Enfrentemos tu mazo más poderoso con el mío, a ver cual sale victorioso. Se levanta y me invita a hacer lo mismo. -Mis cartas van a hacer que las tuyas queden a la altura del betún. Ahora soy yo el que se ríe, aliviado. -Eso ya lo veremos. Y así echamos el día. Jugando, riendo y maldiciendo si perdíamos. Acordamos jugar en modo exhibición, sin tomar cartas del rival. Porque enseguida vimos lo en serio que iba el otro y no quisimos que nada arruinara el ambiente. Es bueno, casi tanto como yo. Supongo. Nadie llevó la cuenta.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección