Capítulo 13
1 de junio de 2026, 14:49
Me despierto un día más. Feliz, porque estoy teniendo la mejor semana de mi vida.
Kuja aún duerme y me levanto sigiloso. Quiero que el café esté listo cuando despierte. Y tengo una pequeña sorpresa para él.
Nos pasamos los días simplemente hablando y haciendo el idiota. Me agobia ya el hecho de no salir, pero solo un poquito. Cuando todo se calme, llevaré a Kuja a una cita de verdad. Y le haré una pregunta.
No LA pregunta, no estoy tan loco. Pero algo de lo que no hemos hablado aún es sobre nosotros en conjunto.
Está más que admitido, siento algo muy fuerte por él. Pero no es el momento. Aún así, creo que lo de hoy le gustará.
Una de las cosas que hemos hecho es amistad con varios de los guardas que Cid aposta en nuestra puerta. Nos van trayendo comida fresca y hoy he hablado con Divoc para que me adelante la entrega y traiga una cosa extra.
Espero en la cocina hasta que oigo cómo llaman a la puerta. Es Divoc, que me sonríe al verme. Le devuelvo el gesto.
-Buenos días Blank. Traigo lo normal y lo que me pediste.
-Eres el mejor. Recuérdame que te invite dos rondas cuando sea posible, en el garito que escojas.
Él se ríe.
-¿Por qué dos rondas? Ya me considero más que pagado.
-Porque una ronda me parece poco. Déjate mimar.
Le tiendo unos guiles por lo que ha gastado de su bolsillo en la entrega extra y el niega.
-Tú tampoco quieres cobrarme las pociones para la dolencia de mi padre. Tómalo como un intercambio de amigos. Gracias a ti por eso.
-Así es como me lo tomo. Pero no tienes que agradecérmelo, tú las necesitabas y yo las tenía en stock. ¿Qué tal va?
-Se encuentra mucho mejor, pero las náuseas aún lo tienen un poco debilitado.
- ¿Te toca turno hoy?
-Sí, hago cambio de guardia antes del mediodía.
-Pues pásate un momento al terminar. Le prepararé algo para esas náuseas, tardaré poco en hacerlo.
-Me da reparo pedirte más.
-Pero no lo estas pidiendo, yo lo he ofrecido. Acepta, anda.
-Acepto con infinita gratitud. Pues luego vendré.
-Me parece bien.
Nos despedimos y guardo la comida. Luego preparo café y dispongo la mesa.
No es difícil hacer el café al gusto de Kuja. Le gusta negro, sin ni siquiera azúcar. Le pirra lo amargo. Por eso le pedí a Divoc que me consiguiera estos pastelillos llamados Sukuma. Los venden en el distrito comercial, en una panadería regentada por un genómido que es muy popular. La cocina genómida adaptada a los productos de Gaia es exótica y curiosa.
Estos pasteles en concreto son muy ácidos, no sé que llevan exactamente, pero me dio la sensación de estar chupando un limón hecho de caramelo cuando los probé. Hablando con Kuja me contó que le encantaron cuando los probó en Treno y no pude evitar conseguirle unos cuantos.
Y una tartaleta de fresas y nata para mí. Me han dicho mucho que no me pega mi gusto por lo dulce, pero me da muy igual. Te parto la cara, pero el café con leche, mucho azúcar y una pizca de canela, por favor.
Me rio solo de las tonterías que me pasan por la cabeza y abro una caja alargada con la que no contaba.
Contiene un pequeño ramo de flores y una nota. Me las envía la madre de Divoc por ayudar a su marido.
Es perfecto. Voy a una estantería y cojo un jarrón bastante bonito que Ruby no quiso llevarse. Coloco las flores en el jarrón y paso a exponer milimétricamente el desayuno para que todo esté perfecto cuando Kuja se levante.
Ahora que estoy solo y a la espera, me da por pensar en el mundo en blanco y negro que hay en mi cabeza. Intento convocar de nuevo mi daga, que aparece un instante en mi mano, pero se deshace en cenizas enseguida.
Me concentro e intento recrear un tenedor que tengo al lado, pero apenas consigo formar nada antes de que se esfume.
Oye, capullo. Si de verdad estás en mi mente, la próxima vez que nos veamos tienes más explicaciones que darme.
Siento una mano en mi hombro y me volteo a ver a Kuja, que sonríe encantado mirando la mesa preparada para dos.
-Eres un verdadero ángel, Blank Vrecoc.
Me coge la cara con las manos y me da un beso en la frente. Luego otro en la nariz. Luego otro en los labios.
Se come muy contento los pastelillos y me lo agradece con un buen beso y un poco de sobeteo, sentados los dos juntos a la mesa en la cocina.
-¿Te importa si voy a mi taller un rato? Divoc me consiguió esto y voy a hacer una poción para su padre enfermo a modo de agradecimiento.
-Eres duro por fuera, pero en tu interior hay un osito de peluche.
-Puede ser. No me parece tan malo tener esas dos personalidades. Ser un perro de presa con mis enemigos y un osito suavecito con la gente que me gusta.
Insiste en venir conmigo a mi taller, y yo lo permito. Al llegar le tiendo unas gafas de seguridad mientras yo me pongo las mías.
Me mira con una ceja levantada.
-Créeme, no son favorecedoras. Pero o te las pones o no puedes estar aquí.
Le enseño algunas cosas mientras elaboro el brebaje. Me hace muchas preguntas y entre medias le explico más cosas básicas. Parece interesado de verdad.
Siempre se me pasa el tiempo volando con él.
Ya es hora de comer y acabamos con las sobras de la carne en salsa que preparé para la cena de ayer.
Estamos tumbados en uno de los sofás, abrazados cuando llaman a la puerta. Me desentrelazo de los brazos de Kuja y voy a abrir.
Al otro lado hay un soldado que no conozco. Hay mas detrás de él.
-Hemos venido a buscarlos porque se ha detectado una amenaza. Los soldados apostados en vigilancia no han reportado nada raro, pero Cid requiere que los lleve al castillo. Allí les proporcionarán más información clasificada, a la que no tengo acceso.
Kuja sisea con fastidio y se levanta del sofá. Yo me doy la vuelta y me dirijo a donde él está.
-No necesitan llevar nada. Los escoltaremos a su destino sanos y salvos.
Esto es muy raro. Si hubiera peligro y nos trasladaran, sería lógico que fuéramos lo más preparados posible.
-¿Y Divoc? Debería estar de guardia ahora, ¿Su mujer se ha puesto de parto?
-Sí, hace un par de horas. Ha salido a atender esa emergencia. El tiempo apremia, por favor, sígannos.
El soldado cruza el dintel de mi puerta y veo que tampoco reconozco a los hombres con armadura detrás de él.
Kuja va a dar un paso hacia ellos y yo lo detengo. Echo la mano a mi espalda sin mirar y doy con la mesita alta que sé que está ahí. Desencajo el compartimento secreto con un dedo y saco el puñal oculto.
Los “soldados” hacen como que se quedan perplejos y alejan las manos de sus armas.
-Por favor, señor. Venimos en nombre de Cid, tenemos que llevarlos a…
-No vamos a ir con vosotros- lo corto-. Salid de aquí ahora mismo, porque no estoy de humor como para dejaros ir con vida.
-¿Qué pasa, Blank?- pregunta Kuja a mi costado.
-Esta carta ya la usé en el pasado, no la usarán contra mí tan fácilmente. A ese le sobra armadura, y a ese le falta tela en los bajos de los pantalones. Ese tiene sangre fresca en una manga. Y Divoc no es ni hetero, menos va a tener una esposa de parto. No son soldados de Cid, solo llevan sus ropas.
El hombre que viste un uniforme de armadura robado me mira con intensidad, calculando cual será la mejor forma de proceder.
Pero no les damos tiempo a reaccionar. Le lanzo el puñal al cuello y ni siquiera me paro a ver si impacta. Kuja ya está lanzando proyectiles a los soldados, que se defienden, caen o se retiran. Yo doy la espalda a todo por un momento, para coger una espada oculta en el respaldo de mi sofá favorito.
Esta es mi casa. Era un nido de ladrones. Claro que tenemos armas escondidas por todos lados.
Unos pocos han conseguido pasar, pero no son tan diestros como yo. Uno se queda sin pierna, y el otro sin brazo cuando blando mi espada. Los demás se lo piensan. Hasta que oímos griterío fuera y una auténtica marea humana entra por las puertas abiertas. Muchos ni siquiera van disfrazados de soldados. Llevan las mismas ropas negras que los tipos del laboratorio.
Esto es malo. Son demasiados.
Los repelemos durante un rato, pero nos superan ampliamente en número. Mi espada desaparece, y demasiadas manos me sujetan. Lucho para liberarme y buscar a Kuja, que se encuentra en la misma situación. Le están ciñendo algo al cuello, y no lo veo utilizar ningún hechizo.
A la desesperada, intento repetir lo que hice en el laboratorio e invocar un arma en mis manos. Algo.
Pero no pasa nada.
Estamos jodidos. Me agarran el pelo para echarme el cuello a un lado y noto una aguja clavándose en mi piel.
El mundo parpadea. A veces tiene color, a veces es blanco y negro. Pero llega un punto en el que solo es blanco y negro. El tiempo parece que se ha detenido y mi yo hecho de sombras se acerca a mi. Yo estoy atrapado en las extremidades de los hombres que me sujetan, que junto a su estatismo parecen ataduras de hierro que me anclan.
-¿Sigues sin comprar lo que vendo?
El mundo vuelve a ser en color y todo está medio boroso. Veo a Kuja demasiado lejos, aún resistiéndose, haciendo difícil que le claven una aguja como a mi.
“puedes echar mano de todo tu poder y saldrás de esta. tuviste suerte una vez, no sabes si la tendrás una segunda. acepta y salvarás a kuja.” Bisbisea la voz en mi oído.
A Kuja le han dado un puñetazo muy fuerte que lo deja medio inconsciente. Van a inyectarlo con sabe dios qué. No puedo soltarme.
Las fuerzas me abandonan, me voy a desmayar.
-Te acepto- digo a la desesperada.
Veo mi cara hecha de sombras sonreír y siento una corriente recorriendo todo mi cuerpo. Estoy furioso.
Quiero matar a todos y cada uno de los que están intentando raptarnos.
Lo siguiente es un frenesí, demasiado rápido incluso para procesarlo. Todo lo que quiero aparece en mis manos. No desaparece cuando lo lanzo hasta que ha impactado en el blanco. Si pierdo una espada, simplemente convoco otra. Segando, golpeando. Noto como la sangre caliente, que no es mía, me salpica desde demasiados ángulos.
Jadeo, aún sintiendo electricidad corriendo por mis venas, pero solo yo quedo en pie. Voy a buscarlo cuando Kuja aparece de repente en mi campo de visión. Lleva las manos a mi rostro, y noto el líquido caliente y viscoso que cubre mi cara cuando su piel entra en contacto conmigo.
-Ya está, Blank. Están muertos o han huido. Tenemos que irnos, no sabemos si volverán. Ayúdame a quitarme esto del cuello. No se que es, pero desde que esto me tocó no puedo usar mi magia.
Llevo mis manos al collar. Es metálico y tiene un cierre pequeño y complejo, pero creo que podré abrirlo. Necesito mis ganzúas.
Pero en lugar de ir a por ellas, mi puño se cierra alrededor de un puñado de pelo de Kuja y le tiro la cabeza hacia atrás con rudeza para que me mire a los ojos. Solo que yo no he hecho esto. No sé que está pasando.
Una risa que no es la mía escapa de mis labios.
Una voz que no es la mía habla.
-Hola de nuevo, viejo amigo. Volvemos a encontrarnos. Este recipiente es realmente estúpido, pero ha dado en tener un poder interesante gracias a mi.
-No puedes ser tú.
Kuja se suelta y se aleja de mi desesperado.
-¡Tú no! ¡A él no! ¡Yitán te mató!
-Yo dejé que lo pensarais. Me destruisteis en cierto modo, pero yo no puedo ser destruido del todo. Y ahora, completaré mi tarea.
No no no no.
Yo no estoy diciendo esto. No soy yo el que está agarrando a Kuja con violencia, mientras este intenta zafarse.
No soy yo, para, para esto hijo de puta. No se que estás haciendo, pero como le hagas daño te juro que…
Y todo se funde a negro.