Apocalipsis: Nefilinos

Mezcla
R
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planificada Maxi, escritos 110 páginas, 46.461 palabras, 8 capítulos
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Amistad

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6

Amistad

—¡Ah! ¡Esto es muy desesperante! ¿Sabes cómo me siento? —expresó Merten, berrinchudo, mientras movía los brazos de forma dramática. —¿Cómo un niño pequeño? —Xenia se burló un poco. —¡No! ¡Como un inútil! —renegó más. Ella sonrió dulcemente. Estaba sentada junto a la cama, con una charola de alimentos en el regazo y sin detener las quejas de su amigo para que se sintiera mejor. Le ofreció la comida y le ayudó con la bebida. Por fortuna, Merten se recuperaba con rapidez, pues era joven. —Hemos estado aquí casi cuatro días. La herida luce mejor y ya puedes caminar, aunque lento —dijo la chica—. Si quieres, podemos dar un paseo en los jardines. Te servirá. —Sí, me gustaría —contestó más calmado. Una vez que terminaron el desayuno, Xenia le ayudó a ponerse de pie y le dio unas muletillas improvisadas hechas de madera. Caminaron fuera de la habitación y saludaron a Ossu. —Es bueno verte de pie, muchacho —dijo este último y continuó su actividad hogareña. Salieron a los jardines principales, donde estaba la fuente con un martillo gigante de adorno. Pasaron los caminos junto a los arbustos, apreciaron los árboles grandes y se detuvieron casi al llegar a otra entrada de túneles. La puerta redonda impedía el paso, así que no podían divisar lo que se encontraba detrás. —¿Cómo está Liam? —Merten preguntó, al girar y reanudar el paso calmo hacia el lado contrario. —Bien. Sabes que puede recuperarse más rápido que nosotros —respondió ella y lo siguió. —Seguramente está molesto porque soy un estorbo, ¿no? —habló con un tono juguetón, pero se detuvo cuando notó el rostro serio de ella—. Lo digo en broma —aseguró—. Sé que fuimos nosotros los que insistimos en seguirlo. Lo que me sorprende es que no has estado mucho tiempo con él. —¿Eh? ¿Por qué lo dices? —dudó, sorprendida. —Desde que lo conocimos, es obvio que ha llamado tu atención. No sabía que tenías un tipo. Ya sabes, chaparritos, con rostro tierno y delgados. Pensé que no te importaba mucho el físico de las personas. —No tengo un tipo y tampoco me llama la atención. ¡Por dios, Merten! ¿Cómo puedes decir esas tonterías? —refunfuñó, con las mejillas levemente sonrosadas. —No te esponjes. Tampoco lo dije para molestarte. Al inicio, creí que sólo tenías curiosidad por conocer a un chico nuevo y misterioso. Pero, después de lo que pasó con tu madre, lo que hiciste con el talismán que te regaló, supuse que realmente te interesó más allá que por mera curiosidad. Xenia agachó la mirada y detuvo la marcha. No había pensado en sus acciones de esa forma. Había aceptado la ayuda de Liam porque creyó que era lo correcto. Lydia sufrió demasiado, así que estaba segura de que la había liberado. Entonces, buscó el amuleto en su bolsillo y lo sacó. La esmeralda estaba estrellada y ya no brillaba, pero todavía lucía en buen estado. Era el único recuerdo que la ataba a su pasado, como un espejismo de lo que vivió junto a mamá. —No lo hice porque él me lo pidió, sino porque fue una solución —musitó, pensativa. —Venida de un extraño, Xenia. La gente no toma en consideración lo que un desconocido sugiere, mucho menos algo que conlleva la muerte de un ser querido. —¿Crees que cometí un error? —Lo retó con los ojos entornados. Merten negó y mostró una sonrisa cálida. Se giró cuidadosamente y se sentó en el borde de la fuente. Respiró hondo, como si estuviese cansado, y esperó hasta que ella se sentara a su lado. —Sé que Liam te parece especial. Yo también comencé a admirarlo, por su forma de pelear. Sus habilidades son increíbles —dijo y tocó el agua un poco. Sintió la calidez y evitó la mirada de su amiga—. Lo que me molesta es su necedad. Cree que puede hacerlo todo solo. Sí, no es humano, pero no sabe aceptar la ayuda de otros. Me recuerda mucho a mí, ¿sabes? —¿A ti? ¿Por qué? —Cuando murieron mis padres, odiaba que la gente me ofreciera consuelo falso. “Merten, ya verás que todo estará bien, así que sonríe”. Jodida mierda que me decían. Lo detestaba tanto que preferí alejarme de todos. Nada estuvo bien, Xenia. Nada. Me sentí solo, en exceso desolado. Pero tú estabas ahí, insistiendo en ser mi amiga. Me procurabas y, cada que me veías herido, me curabas. Me iba a cazar, ¿lo recuerdas? Y regresaba con rasguños y moretones, y tú te dabas cuenta. A nadie más le importaba lo que me pasara. Por eso, sabía que sus palabras eran falsas. Hubiera preferido que me dijeran algo más real, más humano. —¿A qué te refieres con eso de más humano? —dudó, atenta. —Que me dijeran algo así de: “Lo lamento, Merten. Las cosas serán difíciles. Dolerá mucho y los extrañarás, pero hay que aceptar la muerte”. Aceptarla. No decir chorradas de que todo estará bien. ¡Nada está bien! —añadió y retiró el tacto del agua, pero no miró a la chica de frente—. Muchos años me pasé las noches llorando y preguntándome por qué se habían ido. Pero comprendí que nunca regresarían porque así son las cosas. Lo vi a través de los otros niños huérfanos. ¿Sabes? —Levantó la cara y le sostuvo la mirada—. Después del ataque, creí que tú eras dichosa. Tenías a tu madre, así que te envidiaba. Hasta aquél día en que me contaste sobre su enfermedad. En ese momento, comprendí que las cosas ocurren sin explicación alguna. No hay una razón especial en la vida. No existe un camino predeterminado que alguien más eligió para nosotros. No hay absolutamente nada. Y fue el verte llorar y contarme lo que le pasaba a tu mamá lo que me hizo entenderlo. Mis padres se fueron y jamás regresarán. —Sonrió con melancolía—. Por eso, aunque al inicio me sentí celoso por tu comportamiento frente a Liam, también comencé a ser más empático. —Merten… —Liam es como un niño pequeño. Un niño que no es capaz de comprender que las cosas pasan —opinó más neutral—. No obstante, también es muy libre. —¿Libre? ¿Por qué lo dices? —preguntó con leve sorpresa. —Porque hace lo que quiere. Porque pelea por el objetivo que se propuso. Esa es la maldita vida. Yo creía que alguien más me diría qué hacer. Creía que había un camino escrito. Que debía seguirlo. Pero no. No lo hay. Por muchos años, hice de mi vida un objetivo simple: sobrevivir. Cazaba pavos, ardillas y de más alimañas para venderlas en el mercado, pero lo hacía también para seguirte viendo. —¿A mí? —Sí, a ti —confirmó él y acortó la distancia—. Porque creí que algún día estaríamos juntos, como mis padres, y que podríamos formar una familia. Xenia reaccionó repentinamente. Se puso de pie y le arrojó una mirada llena de confusión y enojo. Merten se incorporó, con ayuda de las muletillas, y buscó su mano para acariciarla. —Sé que no es así, Xenia. Nunca será así. Somos amigos —agregó a toda prisa, escondiendo la desilusión y el dolor que sentía—. Sé que me ves como a un hermano y no como a un amante. Y lo he aceptado, ¿sabes? Más ahora que hemos vivido locuras con Liam. Porque verte a ti preocupada por él, con la ilusión de ayudarnos, comprendí que el interés que tienes está más ligado a lo que la gente llama enamoramiento. —Merten… —Lo llamó distinto, arrepentida de sus actos. Acortó la distancia y lo abrazó— Perdóname. Yo… yo no lo sabía. El chico contestó el gesto y disfrutó de su aroma. Sollozó en silencio, con una sensación pesada y liberadora en su corazón, como si una roca hubiese existido en su interior mientras le aplastaba el pecho, una que finalmente podía retirar él mismo. —Sólo quiero que sepas que siempre estaré aquí para ti. Siempre seré tu amigo, Xenia. Al caer la noche, Xenia no pudo conciliar el sueño. Su cabeza daba vueltas en la conversación con su amigo. Estaba feliz de que las cosas entre ellos fueran claras, pero también molesta por la insinuación de que sentía algo más que un interés pasajero por Liam. No iba a aceptarlo, menos al saber la verdad. Salió de la cama y abandonó la habitación. Caminó por el pasillo oscuro y llegó a la sala también apagada. Miró la otra intersección, luego la puerta principal, donde notó una apertura iluminada. Se acercó y vio el exterior. Sus ojos se detuvieron en la figura de Ossu, quien estaba parado delante de la fontana, con una lámpara vieja que parecía un candelabro de mano gigante. Ella salió y se le acercó. —¿No puedes dormir? —preguntó con serenidad. El titán giró y asintió. Levantó el candil e iluminó una parte del martillo. La chica observó interesada y descubrió que había una inscripción en glifos alargados y un rostro tallado en la piedra. Había una similitud entre Ossu y el retrato. —¿Quién es? —Mi hermano —reveló el hombre, decepcionado. —Liam mencionó que tu hermano es el Martillo del Trueno. —Es el título que le dieron hace muchos años, cuando fue el mejor guerrero de nuestro mundo —explicó y se sentó en la orilla. Xenia lo imitó y se quedó cerca de él. Tembló un poco, pues el viento nocturno era más fresco en la zona del jardín. Él se percató de eso, así que retiró una de las mangas de su atuendo y se la puso como una manta. —Gracias —dijo la muchacha y sonrió dulcemente. Por unos minutos, hubo silencio. Los insectos nocturnos cantaban de forma constante y las gotas de la llovizna se escuchaban al caer de las plantas colgantes de la malla-sombra. —Ossu, ¿qué es Exilia? —Exilia… —repitió el hombre e hizo un sonido con la boca cerrada, como recordando algo importante— Para algunos, es un lugar muy especial, pero uno muy malo para otros. —¿Malo? ¿Por qué? ¿Es un mundo? —Algo así. —¿Algo así? Pensé que era como la Tierra. Ese Terror, Nybath, lo mencionó cuando hablé con ella. —¿Te pusiste a conversar con Nybath? —dudó con un tono lleno de diversión, mientras sonreía—. No muchos humanos tienen las agallas de hablar con los Terrores. —Pero ¿qué es? —insistió la chica. —Es un conjunto de islas que siempre están en movimiento, de mundo en mundo, viajando por los cielos, escondidas entre las nubes, para que nadie más que aquellos que lo han perdido todo puedan encontrarlas. —¿Islas flotantes? Suena fantástico —opinó, perdida en una ilusión. —Aunque suena maravilloso, no lo es, Xenia. Exilia, como su nombre sugiere, es un lugar para aquellos que no tienen hogar. No hay ley. Es una tierra de forajidos, de gente que busca una mejor vida sin importar las consecuencias de sus actos. La mayoría de ellos son capaces de hacer cualquier cosa por dinero y reliquias. —Quizá para ti sea un lugar muy malo, Ossu. Pero alguien que no tiene a dónde ir, como Merten y yo, consideraría buena cualquier opción. —¿Por qué no te quedas aquí? No me molestaría la compañía de humanos. Tú y Merten son bienvenidos. No tendrían qué preocuparse de los demonios ni los ángeles. Yo los protegeré. —No. No sé él, pero yo no deseo quedarme en la Tierra —contestó, segura, y le ofreció una mueca de agradecimiento—. Tal vez, la Xenia del pasado te hubiera dicho que sí, pero hoy no. Alguna vez creí que existía dios, que estábamos aquí por algún motivo especial que él había elegido para nosotros. De tan sólo decirlo, me doy cuenta de la ridiculez que es. Si no hay un destino, si no hay un camino, entonces quiero hacerlo yo. Así como Liam, que lucha por conseguir un objetivo, yo también deseo encontrar un lugar y un sueño que valga la pena. Por ahora, estoy segura de algo. No quiero quedarme aquí. No puedo enfrentar a los demonios ni a los ángeles porque soy una simple humana. No puedo salvar a la Tierra porque no me interesa hacerlo. Sin embargo, sí quiero algo. Y eso es seguir conociendo lo que hay más allá de este mundo. —En ese caso, toma esto. —Le ofreció un objeto que sacó del bolsillo del pecho. Era una brújula de color óxido, con la figura exterior de una luna. Parecía apuntar al norte, pero la flecha se ladeaba un poco, cambiando el curso. —¿Qué es esto? —dudó ella y tocó el objeto. La brújula modificó su rumbo. La aguja comenzó a girar lentamente entre las direcciones, como un segundero de un reloj. Ossu soltó una carcajada suave. —Es un Buscador —reveló—. Fue un regalo de mi hermano. Me lo dio cuando nos separamos, con la esperanza de que lo salvaría. —¿Eh? Ossu, no puedo aceptarlo. —Sí, sí puedes. Conmigo dejó de moverse porque ya no me interesa buscarlo. Mi hermano se fue. Y no quiero saber nada de él. Por más que me hostigue con pensamientos de angustia, como si eso pudiera cambiar mis deseos, ya no me interesa rescatarlo. Tomó su decisión. Y yo la mía. Por eso, el Buscador dejó de girar. Aquí es mi hogar. Xenia miró el Buscador y sonrió con timidez. —Gracias. —Fue lo único que pudo ofrecer, ante un rayo de esperanza. Por la mañana, Ossu preparó el desayuno y puso la mesa. Los tres chicos salieron de sus habitaciones y se sentaron en el comedor extenso. Xenia sacó el mapa de su morral y lo abrió con ayuda de los vasos de jugo fresco que ponía en las orillas. Liam se movió al frente y analizó. Merten, por su cuenta, sostuvo una de las esquinas del papel para que no se doblara. —Liam, ¿dónde está la última parte de La Llave que buscas? —Xenia inició la conversación. —Tengo entendido que el último Terror de la vieja nación en la que estamos se encontraba en el extremo sur —respondió la aludida—. Pero… —Dirigió el interés a Ossu, quien estaba sentado frente a ellos— supongo que el Terror ya no tiene el corazón con la pieza de La Llave, ¿verdad, Forjador? —Ese Terror fue asesinado por alguien más, hace un poco más de un año. Los ángeles afirman que fue alguien como tú —reveló el titán y bebió un sorbo del café. Mostraba un rostro tranquilo, como dichoso por la presencia de los chicos. Quizás era así, pues tenía mucho tiempo sin visitas—. Hasta ahora, no lo podía creer, ya que los ángeles y demonios no buscan matar a los Terrores. —¿Alguien más como él? —interrumpió Merten, confundido. —Un Nefilino. Liam no respondió. Sus ojos se clavaron en la imagen del gigante, pero sus pensamientos vagaron en el recuerdo de sus hermanos. ¿Quién de los dos buscaba La Llave del Cielo? De acuerdo con lo que Isaiah le contó, los otros dos no podían reclamar el trono de su padre, y eso se debía a que carecían del arma que servía como pista. Se hizo para atrás y buscó a Chaosholder en su espalda, pero no la halló. Giró la cabeza, vio el pasillo hacia las habitaciones y recordó que la espada estaba allá. Al llegar al Cielo, enfrentarás a los Cinco Arcángeles. Y, cuando hayas iniciado el combate, ellos reconocerán el arma, recordó las palabras de su guardián. Tu padre les indicó que, cuando se topasen con el Maestro de Chaosholder, entonces habrán encontrado al sucesor al trono. —¿Nefilino? ¡Ah, claro! —Merten expresó y causó que Liam saliera del trance—. Olvidaba que así se refieren a él. —La señaló—. Xenia me contó que un Nefilino es un híbrido entre un ángel y un demonio, ¿verdad? —Así es —contestó Ossu y comió un par de galletitas que había horneado horas atrás. —¿Hay más como tú, Liam? —El chico se dirigió a ella. —Sí. Mis hermanos. Eilif es el mayor y Joshua el menor —expuso, sin mucho interés. Regresó la atención al mapa y se quedó en quietud. Luego, levantó el rostro y miró nuevamente al gigante—. ¿Dónde está la última pieza? —¿Para qué quieres ir al Cielo? Está lleno de pichones molestos —opinó Ossu, burlón—. La mayoría odia a los tuyos, así que no serás bien recibido. ¿Para qué entrar? —¿Dónde está? —insistió con enojo. El hombre soltó un suspiro de indignación, asintió y señaló con el dedo un lugar exacto del mapa. —Aquí —dijo. Los chicos miraron con interés. Merten fue el primero en moverse y soltó el papel. Xenia analizó el sitio. Estaban lejos, a casi un mes de trayecto a pie. Ninguno de los sistemas de trenes funcionaban, así que no había forma de movilizarse pronto. Además, los vehículos viejos, que utilizaban un combustible imposible de encontrar en la actualidad, no eran una opción viable. —Está al noroeste de lo que fue otra nación humana. Nos tomará mucho tiempo llegar —expresó Xenia, pensativa. —La pieza que buscan no está en manos de un Terror. Fue abandonada en ese territorio y un coloso la tomó —explicó Ossu. —¿Un coloso? ¿Uno como tú? —dudó Merten. —No. Yo soy un Forjador, muchacho. Los Gólems, también apodados colosos, son viejas armas que los de mi especie creaban para la guerra. Actualmente, hay unos cuantos merodeando la Tierra. —Muy conveniente —dijo Liam en tono de queja. —No los he creado yo. No tengo la capacidad para despertarlos —recriminó Ossu duramente y retiró la mano del mapa—. Aunque no lo creas, Nefilino, no tengo intenciones de dañar a los humanos. Si no desean mi ayuda, pueden irse. No voy a tolerar tus acusaciones. Cualquiera que sea tu objetivo en el Cielo, es tu problema. Suficiente he hecho con darte la locación de la última pieza, a pesar de que has sido muy grosero. —Ossu, por favor, discúlpalo. Liam, así como nosotros, está agradecido de todo lo que has hecho —contestó Xenia a toda prisa. Liam se puso de pie y se dirigió a su habitación. Merten terminó la comida y observó, expectante. Xenia, por su cuenta, negó y se puso de pie. Se disculpó otra vez con Ossu y siguió a la otra chica. Entró a la habitación y cerró la puerta. La encontró guardando sus pertenencias y poniéndose la correa con la funda del arma. —¿Podrías calmarte, por favor? —indicó con dureza—. Ossu nos salvó la vida. Deberías mostrarle respeto. —¿Nos? ¿Crees que el ataque de los ángeles fue un peligro para mí? —recriminó Liam de inmediato y se le acercó con una mirada retadora—. No seas estúpida, Xenia. Los salvó a ustedes, pero no a mí. La Llave está destruida porque un Forjador la separó. Te dije que sólo ellos pueden hacerlo. Ossu es el único de su especie en la Tierra. ¿Con quién chingados habló? ¿Por qué aceptó separarla? No te dejes guiar por su apariencia amigable. Te lo he dicho una y otra vez. Él trabaja para el enemigo. —¿Enemigo? ¿Cuál enemigo? —Subió el tono de voz y se cruzó de brazos. —¡La persona que dejó a tu mundo en caos! —gritó con exasperación. —¿Acaso no fueron los ángeles y demonios? —¡No! Ellos siguen un estúpido libreto llamado Balance. Ellos siguieron las órdenes de sus líderes. ¡De aquellos que planearon el Apocalipsis! —¡¿Y Ossu qué tiene que ver aquí?! ¡Ni siquiera puedes saber si él separó La Llave! —recriminó, desesperada. —¡Lo sé! ¡Porque nadie más puede hacerlo! ¿Cómo carajos sabe dónde está el último trozo? ¿Acaso no lo ves? —¿Sabes algo? —Xenia bajó la guardia y dio unos pasos hacia la cama. Respiró hondamente para calmarse y prosiguió—. Tu problema es que crees que todos son tus enemigos. Crees que nadie comprenderá por lo que estás pasando o lo que deseas. —Porque nadie lo sabe. Y, para tu información, no quiero que sigas pretendiendo que eres mi amiga —habló severamente y la encaró. Sentía un burbujear en el estómago, como un indicador de la ira que la consumía—. No somos amigos. ¿Y sabes por qué? Porque los necesito como el sacrificio para abrir la puerta. Son mi segunda opción, si todo sale mal. Los ojos de Xenia arrojaron enojo y decepción. Cerró los puños y contuvo las ganas de cuestionarla y recriminarle. No obstante, creyó que mentía, que decía palabras hirientes para alejarlos de ella. Entonces, camino hacia la puerta, pero se detuvo antes de salir. —Tal vez tengas razón. No somos amigos. Y tal vez sólo digas eso para distanciarnos. Bien, si es lo que quieres, lo haremos. Pero… ¿sabes? Así no seas capaz de hablar con honestidad, yo sí te considero importante, pero veo que te victimizas, Liam, diciendo que nadie te comprenderá y que no somos más que un sacrificio para ti. No importa que muestres una apariencia ruda, fuerte y masculina, no eres más que una víctima de tu pasado —pronunció secamente, con el corazón palpitándole a mil por hora debido a la mezcla de tantas emociones, y abandonó la habitación. La otra, por su cuenta, se quedó inmóvil, con la mente llena de reproches y argumentos sin decir, con los tímpanos sin dejar de retumbarle por el enfado. El resto del día, Xenia y Merten procuraron ayudar a Ossu a recolectar verduras en el pequeño huerto que tenía en su jardín. Por otro lado, Liam se preparó y abandonó la casona. Se dirigió hacia la puerta que llevaba a los jardines traseros y aguardó como si esperase un reproche por parte de los otros, pero no llegó. Los chicos la miraron desde su posición. Merten se sintió desengañado, sin saber qué hacer o decir. No estaba seguro de que abandonar a Liam era la mejor opción, mientras que Xenia estaba excesivamente molesta y herida, aunque lo escondía. Su enojo era una combinación proveniente de las actitudes pedantes de la otra, sus frases crueles y el hecho de que ocultaba su identidad. Esto último la confundía tanto que no era capaz de ver que se apilaba como una razón importante en un cúmulo de papeles invisibles, como si le diese el derecho de reclamarle. Creía que Liam era culpable de lo que sentía cada vez más por ella. —Mucha suerte, Nefilino —ofreció Ossu amablemente. No hubo respuesta. La aludida usó el guante especial y movió la roca que servía como puerta. Abandonó los jardines y continuó con un paso seguro. No obstante, no podía tranquilizar a su corazón acelerado y enfurecido. ¿Por qué le importaban esos chicos, si eran los humanos que había seleccionado para el plan del sacrificio? ¿Por qué Xenia empatizaba con ella sin conocerla del todo? ¿Por qué le costaba tanto aceptar que le agradaba la presencia de ambos y que había comenzado a considerarlos sus amigos? ¿Por qué era incapaz de admitir que no deseaba usarlos más? Por eso buscaba La Llave con más esmero, aunque se reprochaba cruelmente. Cruzó puentes viales destrozados y trepó por unos edificios. Se había acostumbrado a la presencia de esos dos y lo detestaba. ¿Por qué?, no podía dejar de cuestionarse. Se había convencido de que siempre estaría en soledad, que siempre conseguiría todo por sus propios méritos. Lo creía así porque se negaba a admitir que el dolor la carcomía. Aquél tormento originado desde la partida de su padre. Sintió a las lágrimas apilarse en sus ojos, pero no lloró. No lo haría. Creía que era sinónimo de debilidad y no deseaba mostrarla ni ante ella misma. —Nunca más —musitó, con los puños cerrados por la furia y la angustia. Pasó otra zona de charcos y plantas, subió más rascacielos ladeados y siguió el cause de un río que invadía los vestigios. Entretanto, su mente vagó en la fantasía de un futuro prometedor. Se veía en la Ciudadela Blanca, lista para asesinar a todos aquellos que se interpusiesen en su camino sin importar las consecuencias de sus actos. No tenía interés en los que podrían salir dañados. Se excusaba con el odio creado desde una calumnia. Esa que se había repetido como un mantra por tantos años para convencerse de que todos la rechazarían si sabían de su origen. Sí, era un Nefilino, producto de la unión de la sangre de un ángel y un demonio, pero no de cualquieras. Su padre fue el Rey Celestial, un ser extremadamente poderoso, sabio y antiguo. Entonces, ¿por qué? ¿Para qué decidió crear híbridos? Si se suponía que eran una raza odiada y proveniente de la rebeldía contra el Creador, ¿por qué lo hizo, si ello significaba una violación a las leyes del Balance? De ese maldito Balance que Liam tanto despreciaba. Y no lo hacía porque fuese una “guía para mantener la paz”, sino porque eran las reglas que la señalaban como a un enemigo sólo por su origen. —¡Allí está! —gritó alguien en las cercanías. Salió del trance y convocó la espada, pero no pudo ver al contrincante. Su cuerpo recibió un golpe y se estampó contra la pared. Un ángel la sujetó del cuello y estuvo a punto de encajarle una lanza. Así que creó una bola de energía a su alrededor y lo empujó. Tosió cuando cayó al suelo, se incorporó prontamente y corrió hacia el atacante. Lo golpeó con el puño, lo dañó con la espada y le cortó las alas, para después partirlo por la mitad. Lo vio desangrarse como un cuerpo corrompido por algo maldito. Bajó el arma y miró sus manos. Ella era insana, era maldita, porque era un Nefilino. —Si es lo único que verán, será lo único que tendrán —susurró severamente y guardó a Chaosholder. Siguió el paso, con el corazón apachurrado por la incertidumbre y el dolor, con el deseo de la venganza hinchando cada uno de sus poros, con la energía creciente desde su estómago como un combustible erróneo.

***

La mirada de Xenia estaba puesta en las luciérnagas y pequeñas mariposas de tonos claros que volaban de flor en flor en los jardines. Estaba sentada en las escaleras de la puerta. Su cabello castaño se movía de vez en cuando, por el soplar del viento. Las sombras indicaban que el día terminaría pronto, por lo que el verde de las plantas se veía más oscurecido. Había una lámpara detrás de ella, en un arbotante de pared instalado en la parte más alta del tubo, así que había un poco de iluminación No podía dejar de sentirse incompleta y traicionada. Se había acostumbrado a la presencia de Liam y había creído que serían amigas, después de que los rescató de los Templarios en la capital. Comprendía que se había equivocado. Liam no los rescató por lástima, sino porque los necesitaba. Ella misma se lo había asegurado. —Un sacrificio, eso es lo que somos para ti —murmuró y contuvo las lágrimas de rabia y dolor. La puerta se abrió un poco y Merten se le unió. Le ofreció un tarro con té caliente y se sentó a su lado. Ella lo tomó, pero no bebió. El chico puso otros objetos a la izquierda, disfrutó de su compañía y de la imagen del jardín, aunque también se sentía extraño. No comprendía muchas cosas respecto a Liam, tampoco era muy claro lo que debía pensar sobre el Apocalipsis y el resto de las razas que merodeaban la Tierra. Sin embargo, tenía algo en claro: no abandonaría a sus amigos. —Ya puedo caminar mucho mejor. —Rompió el silencio—. Ossu me dijo que la herida está cerrada y que ya puedo andar y jugar como un chiquillo. —Soltó una risita tierna—. Lo dice como si fuera mi padre. —Bebió del té y suspiró—. Discutiste con él, ¿verdad? Escuché sus voces, pero no supe qué dijeron. Sabes que Liam es testarudo. —Es un idiota —contestó ella con dureza. —Un idiota que cree que estamos con él por su poder. Pero nos salvó —opinó honesto y tocó la mano de Xenia, para llamar su atención. Se miraron, y él le regaló una sonrisa cálida—. Nos rescató de los lunáticos religiosos, allá en la capital. Nunca nos ha hecho daño. Ella no dijo nada. No se atrevía a decirle la verdad, así que lo soltó y bebió de la taza. —Ossu me dijo que podemos llegar hasta la vieja capital de la otra nación si le pedimos ayuda a Vozzach. Pero nos pedirá un precio alto —reveló el chico. Lo miró con leve sorpresa. —¿Crees que debemos seguir a Liam? —dudó. —Sí. Los amigos no se abandonan, así discutamos —expresó él, sonriente. —Merten, yo… —farfulló y agachó el rostro— no creo que debamos seguirlo. Estoy segura que nos utilizaba. —Tal vez así era al inicio. No soy tan estúpido como para creer que aleatoriamente un desconocido nos salvaría. Mucho menos uno que jamás había interactuado con humanos. Me di cuenta de ello porque se portaba demasiado renuente. Sin embargo, no creo que fue así la última vez, cuando mató a Nybath. Nuevamente, Xenia se quedó estática y sorprendida. Levantó la cara y lo observó. —Creo que realmente se preocupó por nosotros. Aunque nunca lo dijo como tal, así lo sentí —añadió el chico. —Lo hizo porque somos el “sacrificio” para abrir la puerta. Me lo reveló —contestó ella con un tono de frustración y comenzó a llorar en silencio. —Ossu me explicó algo sobre eso. Me dijo que La Puerta del Cielo se puede abrir sin La Llave. Durante una de las curaciones, me habló del método. Lo conoce, debido a todos los años que ha vivido. Por eso, comencé a cuestionarme. ¿Por qué Liam busca La Llave? En el momento en que le pedimos que nos dejara seguirlo, en ese instante pudo habernos llevado directamente al portal, pero no lo hizo. Prefirió seguir reuniendo las piezas. Sé que nos considera amigos, así le cueste mucho aceptarlo. Es demasiado orgulloso. Ella respiró hondo y asintió. Se limpió las lágrimas y recargó la cabeza en su hombro. —No sé que decirte. No sé qué pensar, Merten. Gracias a Liam, comprendí que puedo liberarme del dolor sin sentirme culpable por lo que ocurrió con mi familia. —Vamos a buscarlo. Quizá nos necesita más que nosotros a él —dijo, mientras sacaba una cajita roja y pequeña que podía contener anillos o aretes, y se la mostró—. Ossu me dijo que con esto podremos pagar el transporte de Vozzach. Pero me dijo que tengamos mucho cuidado. Además —añadió y giró un poco para tomar los dos objetos extras—, me dijo que nos esperará aquí. —Le ofreció el morral que solía usar y le mostró el otro artículo. —¿Qué le pasó a la otra ballesta? —preguntó Xenia, al ver el arma. —Es la misma. Ossu la modificó para mí. Me dijo que tiene un plasma capaz de dañar fácilmente a demonios y ángeles —reveló alegremente. Movió la ballesta y le mostró una caja de municiones de un color abrillantado—. Con esto podremos defendernos. ¿Qué dices? La chica sonrió con gentileza y afirmó más animada, con los ojos llenos de lágrimas. Se pusieron de pie y se prepararon para salir. Dejaron las tazas en la entrada y anduvieron por el camino de arbustos hacia la puerta que dirigía al sistema de alcantarillas. Antes de ingresar, Xenia se detuvo y sacó un papel de su morral. Escribió un mensaje simple. “Volveremos y gracias por todo. Sé que tú no rompiste La Llave, pero tampoco diré lo que sospecho. Tus amigos humanos, Xenia y Merten”. —Andando —dijo, segura, y dejó el papel debajo de una pequeña roca en la fuente.
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