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planificada Maxi, escritos 6 páginas, 2.072 palabras, 2 capítulos
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El modelo que no quería serlo

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Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.

El modelo que no quería serlo

El flash de la cámara le cegó, pero los años de experiencia evitaron que cerrase los ojos o bizquease. Se movió como le indicaron ignorando las alabanzas del fotógrafo y la gente del estudio. Poses absurdas y forzadas. Expresiones fingidas para la cámara. Odiaba todo aquello. Odiaba su trabajo. Adrien se sentía vacío. Sólo era un trabajo, siempre lo había sido. Aunque cuando modelaba para su padre, al menos, sentía que valía la pena para ganarse su respeto. No estaba seguro de si lo había logrado y tampoco es que importase a esas alturas. Había tenido la oportunidad de ser libre en sus manos. Podría haber dejado el trabajo de modelo y dedicarse a cualquier otra cosa. Podría haber sido actor. Podría haberse dedicado a cazar talentos. Podría haber montado una agencia de detectives. Podría haber sido barrendero. Podría haber sido cualquier cosa. Sin embargo, por alguna extraña razón, había seguido aquel camino marcado por su progenitor desde su niñez. Quizás era masoquismo. Tal vez le encantaba sentirse vacío y miserable, como si fuera un autocastigo por a saber qué pecado. Era un imbécil que prefería seguir el camino conocido a aventurarse a algo distinto. Por eso a menudo sentía que nunca llegaría a nada en la vida. Cuando la sesión fotográfica llegó a su fin se excusó para escapar de la conversación superficial mientras revisaban las fotos. Tenía ganas de llegar a casa y sentirse miserable tirado en el sofá. A lo mejor llamaría a Nino para ver cómo le iba con su recién estrenada paternidad y le envidiaría en secreto por tener tan claro lo que deseaba y haber luchado por ello. Al abrir la puerta del estudio fotográfico, la llovizna de Londres le golpeó en la cara como una bayeta mojada y helada. Seguramente eso era lo que más odiaba de vivir allí, añoraba la calidez del sol que acostumbraba a brillar en París. Tomó un taxi hasta su dúplex ubicado en el lujoso barrio de Mayfair, le dejó una buena propina antes de bajar. La gente no le prestó atención, Adrien lo agradecía, en aquel barrio la gente se preocupaba más de hacerse selfies frente a los escaparates de las tiendas de lujo que por quien caminaba por las aceras. —Bienvenido, señor Agreste. —El portero le salió al paso sonriente. Era un hombre alto y extremadamente delgado que solía sentarse encorvado tras el mostrador de la portería. No se parecía en nada a Gorilla, pero le caía muy bien—. Tiene correspondencia. —Gracias. —Ha venido una señorita preguntando por usted, espere, he apuntado el nombre... Lila Rossi. Me ha dicho que son buenos amigos, pero le he dicho que no vive aquí. Su simpatía por aquel hombre aumentó. Lo último que deseaba era que Lila volviera a su vida. Aquella chica estaba como una auténtica cabra, aparte de ser una mentirosa redomada. No sabía de dónde había sacado su dirección y no estaba seguro de querer saberlo. —Se lo agradezco, es alguien a quien no quiero ver. Tomó el ascensor para subir hasta la última planta. Analizó el sobre de color crema y sonrió con nostalgia al leer los nombres del remite: Juleka y Rose. Rasgó la solapa y durante unos segundos observó estupefacto la invitación de boda que si fuese incapaz de leer las letras de molde que decían: ¡Nos complace invitarte a nuestra boda! Deseamos que compartas con nosotras este día tan especial, porque si has recibido esto, es porque eres especial. Confírmanos tu asistencia, a solas o con compañía, antes de que finalice mayo. Juleka y Rose. Dejó escapar una risita. No es que hubiera pensado alguna vez que su relación no llegaría a buen puerto, pero le sorprendía haber recibido una invitación. Habían sido amigos durante su época en el instituto, una amistad con altibajos, algo que se resintió cuando la relación de Marinette y Luka acabó y que empeoró cuando lo suyo con Marinette naufragó. No las culpaba, Marinette era su amiga y él la había herido demasiadas veces. ¿Qué podía hacer? Llevaba años sin pisar París y si le preguntasen habría apostado que no volvería a hacerlo. Demasiados malos recuerdos acechando en cada esquina. ¿Podía rechazar la invitación? No era ilegal hacerlo, pero no sería justo, al fin y al cabo, Rose y Juleka se habían tomado la molestia de contactar con él para invitarle. Dejó la invitación sobre el elegante mueble del recibidor y buscó el teléfono de Rose entre sus contactos. Mientras escuchaba el tono de llamada se preguntó cuánto tiempo hacía que no hablaban, creyó que unos tres años, aunque no estaba seguro. —¡Adrien! —El grito le obligó a apartarse el móvil del oído, pero una sonrisa cargaba de felicidad se dibujó en sus labios—. ¿A qué debo este milagro? —Hola, Rose. Acabo de recibir vuestra invitación de boda con el correo. —¿Ah, sí? ¿Y te ha gustado? Juleka sugirió que escribiésemos eso en la tuya —declaró con una risita—. Dijo que seguro que te daba cosa venir por su enfado por lo de Luka y también por lo de Marinette. Que necesitarías un poco de cariño extra para sentirte seguro y ¡tenía razón! Tuvo que admitir que Juleka había acertado de pleno, sin esas palabras no se habría atrevido a llamar para aceptar, estaría tirado en el sofá hablando con Nino y envidiándole. —No es mentira, lo que hemos escrito —se apresuró a añadir—. Solo queríamos dejarlo claro. —Gracias, Rose. Contad conmigo. —¡Genial! ¡Ah! ¿Vendrás con alguien? —No, iré solo, no hay nadie a quien invitar. No tenía pareja ni amigos de verdad en Londres. No pensaba llevar a alguien que fuese poco más que un conocido. No sería él quien crease mal ambiente.

Continuará

Notas de la autora: ¡Hola! Segundo día y vamos con Adrien. No sé por qué siempre me lo imagino siguiendo el camino establecido y sintiéndose idiota por ello.
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