El músico con alma de luthier
El pub estaba abarrotado. A pesar de lo mucho que odiaba los espacios ruidosos y repletos de gente, permanecía acodado en la barra con una sonrisa en los labios. Había dudado mucho si aceptar la propuesta de Vivicia para formar un grupo sería una buena idea. Tocaban bien juntos, en los escenarios junto a su padre, Jagged Stone, habían logrado destacar con creces. Al final aceptó, más por miedo a perder lo ganado con la retirada temporal de Jagged que por ganas de formar un nuevo grupo. A pesar de las dudas, ahora agradecía su propuesta. El grupo acababa de cerrar una exitosa gira de debut y lo celebraban en aquel pub en el que no cabía un alma. Sintió la vibración del móvil en el bolsillo trasero del pantalón y lo sacó para encontrarse con una foto de su hermana. Descolgó. —Juls, espera un momento, hay mucho ruido aquí. Se movió entre la masa de cuerpos que se mecían al ritmo de la música, esquivando besos y abrazos, hasta que logró salir a la calle. El aire fresco de la noche le hizo suspirar. —Perdona, Juls. —Menuda fiesta tenéis montada —se rió su hermana—. Todo lo malo se pega, ¿verdad? Luka sonrió. Jagged era un gran aficionado a los despliegues exagerados y a hacerlo todo a lo grande, él nunca sería así, aunque había aprendido a adaptarse a ello y su hermana lo sabía. —Supongo que no llamas para decirme que se me están pegando las cosas malas de papá. —¡Pues claro que sí! Juleka parloteó durante unos minutos de cómo pasar tanto tiempo junto a Jagged y Penny había incrementado las semejanzas entre ellos. Luka creía haberlo asumirlo, pero aún le costaba aceptar ciertos aspectos de su parentesco. —Si vas a seguir divagando volveré a entrar a esa cámara de torturas para mis oídos. —Estás perdiendo el sentido del humor —murmuró divertida—. La boda se acerca, lo tenemos casi todo preparado. »Estamos organizando lo de las mesas y me he acordado de que aún no me has confirmado nada. —No seas boba, iré —soltó sin dar crédito a que lo dudase—. Jamás me lo perdería, Juleka. —Ya lo sé, además te vas a sentar a mi lado —aseguró con seriedad—. Lo que necesito saber es, si aparte de ti, tengo que hacer hueco para alguien más. Luka suspiró. En realidad, había pensado varias veces en si era conveniente invitar a Kim, la chica con la llevaba unos meses tonteando. Su relación no era seria, seguramente ni siquiera podría etiquetarse como un noviazgo. Eran dos adultos pasando el rato, se gustaban, se atraían, pero no creía que la cosa llegase nunca a más. Aún y así, Kim estaba en su vida y no podía ignorarla. No le había preguntado. Lo más probable era que no quisiera acompañarle. Aunque la posibilidad de equivocarse estaba ahí. —Te lo confirmaré mañana, Juls. Antes tengo que hablar con alguien. —¿Estás saliendo con alguien? —preguntó emocionada—. ¿Vais en serio? —No lo sé. Ya te contaré. Juleka no intentó sacarle nada más, se despidió con una risita murmurando algo sobre parejas misteriosas que Luka prefería no entender. Adoraba a su hermana, pero a veces se emocionaba demasiado con las cosas más pequeñas. Buscó una excusa para dejar la fiesta, aunque estaba agotado y se moría de ganas de tirarse en la cama, creyó necesario inventar algo. Era un mentiroso pésimo, aun y así, Vivicia, no dio muestras de darse cuenta. Cuando abrió los ojos el sol brillaba con fuerza, eran casi las doce del mediodía. Luka se desperezó y palpó el colchón desierto a su lado. Estaba harto de despertar solo, de relaciones vacías y días rutinarios. Jagged le había preguntado más de una vez qué era lo que buscaba en la vida. Él daba respuestas vagas, hablaba de música, pero nunca de relaciones sentimentales. No era un secreto para nadie lo que había sentido por Marinette, ni lo feliz que fue durante su breve noviazgo. Como tampoco lo era su deseo de crear instrumentos. Le costaba admitir en voz alta que por más que amase lo que hacía anhelaba una vida más tranquila. —Maldita sea —farfulló y salió de la cama—. ¿Qué estás haciendo, Luka? Comprobó que su móvil aún tenía batería y marcó el teléfono de Kim. Esperó paciente sintiendo que el tono de llamada iba arrebatándole el valor poco a poco. Se mantuvo firme como había aprendido a hacer con el tiempo. Al fin Kim contestó: —¡Luka! Pensaba que te habías olvidado de mí. La acusación se le clavó como un puñal. Ahogó un suspiro junto con alguna excusa barata que no habría servido de nada. —Kim, tenemos que hablar —dijo. Mantuvo un tono neutro, sabía lo mal que sonaba la frase y prefería ahorrarse una escena de despecho que se alargaría y en la que acabaría cediendo y dilatando lo inevitable en el tiempo—. Voy a volver a París. —¿Me estás dejando? —una nota amarga tiñó la pregunta—. Sabes que no quiero mudarme. —Lo sé. Y tú sabes que nunca he querido quedarme aquí para siempre. —¿Y ya está? ¿Esperas que llore o que te ruegue? Porque no pienso hacerlo. Esta vez, sí, suspiró. No es que esperase que se lo pusiera fácil, tampoco tenía la intención de que aquella conversación se produjera vía telefónica, pero ya no había remedio. —No, por supuesto que no. —Da igual —le interrumpió—. Para mí tampoco significas nada. Kim cortó la llamada. De acuerdo, no había ido como esperaba, pero intentar arreglarlo sería inútil. Si decidía instalarse de nuevo en París no quería arrastrar a nadie a algo que no quisiera.Continuará
Notas de la autora: ¡Hola! De vuelta y esta vez con Luka, ahora ya tenemos a nuestro trío por aquí y con esto la introducción llega a su fin. Espero que os haya gustado.