Clyde dejó de funcionar

Slash
G
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3
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planificada Mini, escritos 28 páginas, 12.888 palabras, 6 capítulos
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Cap. 3 - ¿Qué hacemos mal?

Ajustes
Por el costado de la cortina, un molesto rayo del sol apenas asomándose despertó a Craig, al darle justo en los ojos. Entre gruñidos se dio la vuelta para darle la espalda a la ventana y se cubrió la cabeza por completo con el edredón. No pasó mucho tiempo para que conciliara el sueño otra vez, sin embargo, una voz femenina dentro de la habitación, que cada vez se escuchaba con más claridad, terminó por despertarlo. … Así es, si te apareció este video, es porque el universo te envía un mensaje. Una persona de tu pasado te extraña. Mira esta carta, veo a un hombre que quiere regresar a tu vida, pero no sabe cómo hacerlo. Decrétalo en los comentarios, porque va a volver y veo muchísimo amor entre ustedes en el futuro. La inicial del nombre de esta persona es el tercer contacto que te sale al compartir…            En la cama frente a la de Craig, Tweek ya había despertado y, aunque se había cubierto hasta la cabeza para no molestarlo, escuchaba con atención absoluta a la mujer en la pantalla de su celular. Mantenía el volumen bajo, pero no lo suficiente como para pasar inadvertido para Craig. Molesto por esto, Craig se destapó de golpe y caminó hasta la cama de Tweek para quitarle el edredón de encima. —¿Es en serio, Tweek? —reclamó, frunciendo el ceño con fastidio.            Ante la sorpresiva irrupción de Craig, Tweek se llevó la mano al pecho, tratando de recuperar el aliento por el sobresalto y bloqueó su celular, sin decir una sola palabra. —Mierda, Tweek, no puedes creer en esa basura. ¡Nadie puede ser tan estúpido! Son solo charlatanes que se aprovechan de estúpidos que están vulnerables, ellos no…            Craig detuvo su sermón en seco al notar que los ojos de Tweek se llenaban de lágrimas y, aunque este se mantenía en silencio, la expresión de desconsuelo en su rostro fue suficiente para darle a entender a Craig que debía medir sus palabras. —Perdón —dijo Craig, sentándose al borde de la cama junto a él—. No debí hablarte así, Tweek. Es solo que… me despertaste y ya sabes que eso me molesta. Como sea, perdón.            Tweek se incorporó en la cama, se secó las lágrimas con el antebrazo y evitó hacer contacto visual con Craig, apartando la mirada a la pared junto a su cama. —Ya lo sé —balbuceó con la voz quebrada—. No quería molestarte, Craig. —Tweek… —dijo, con voz compasiva. —No, no me digas nada, no quiero escucharlo.            Transformando la tristeza en una repentina descarga de ira, Tweek empujó a Craig con la fuerza suficiente para apartarlo de su camino, se levantó a toda prisa y salió de la habitación, finalizando la discusión con un portazo que retumbó por toda la casa.            Allí se quedó Craig, sentado en la cama, en compañía del silencio que buscaba, aunque el arrepentimiento llegó antes que cualquier rastro de satisfacción. Alzó la cabeza y soltó un pesado suspiro mientras sus ojos recorrían la habitación de invitados de Clyde. —¿Cuántas veces lo hicimos aquí, Tweek? —comentó para sí en un susurro. Una involuntaria sonrisa se dibujó en su rostro, provocada por nítidos y obscenos recuerdos de incontables noches en las que solían quedarse en esa habitación luego de alguna fiesta o junta entre amigos. Su noviazgo había terminado hacía poco más de dos años, cuando se dieron cuenta de que sus caminos a futuro no apuntaban al mismo destino. Habían acordado quedar como amigos y así no romper la dinámica del grupo. Para sorpresa del resto, su decisión no les resultó difícil y llevarse bien floreció de forma casi natural. El único que se lamentaba por la ruptura era Clyde, quien ideó varios planes fallidos para que regresaran, pero finalmente se rindió cuando ambos comenzaron a salir con otras personas. Con el tiempo, Tweek y Craig se habían convertido en el refugio del otro. Si una nueva relación fracasaba, el apoyo mutuo era fundamental entre ellos. Un pacto que jamás hicieron con palabras, pero no fue necesario para que se cumpliera en cada ocasión.            Lamentablemente, ninguno de los dos había sido capaz de sostener una relación duradera y real desde entonces. Ninguno entendía por qué, aunque, en realidad, la respuesta siempre ha estado ahí. Y ahora solo es cosa de tiempo para que lo averigüen.

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           El portazo de Tweek despertó a Tolkien de golpe. De inmediato se giró hacia un lado para ver a Clyde, que continuaba su plácido descanso a su lado y sonrió mientras se mordía el labio inferior, tratando de contener un estallido de pura felicidad.            Incontables noches Tolkien fantaseaba con ese momento. Despertar junto a Clyde siempre le pareció algo lejano y, aunque no era precisamente como en sus fantasías, no podía contener su alegría.            Tras una muy breve batalla interna en la que se cuestionó si era o no correcto invadir su espacio en ese estado, terminó por perder esa batalla. Se inclinó con lentitud y rodeó a Clyde con un brazo, apoyando la cabeza sobre su pecho con delicadeza para no perturbar su descanso. El compás rítmico de los latidos de Clyde resonando en su oído fue un detalle que no había considerado, pero que, sin duda alguna, se convirtió en algo que no sabía que necesitaba.             Desafortunadamente, ese abrazo tan anhelado no duró mucho tiempo, ya que, sin molestarse en golpear para anunciar su llegada, Craig abrió la puerta de la habitación. —Oye, To… Craig se detuvo en seco. Frente a él, Tolkien se incorporaba a toda prisa sobre la cama, apartando con torpeza la mano del cuerpo de Clyde. Al instante, Tolkien carraspeó, en un inútil intento de camuflar el pánico. —Yo… solo quería ver s-si Clyde seguía respirando —explicó entre titubeos, sonrojándose mientras apartaba la mirada. —Ajá —asintió Craig, con una sonrisa burlesca—. Ya veo. Voy a preparar el desayuno, te espero abajo.            Tolkien asintió con excesiva energía, fingiendo una calma que era evidente que no tenía, mientras Craig daba media vuelta conteniendo la risa antes de salir de la habitación.            En cuanto la puerta se cerró, Tolkien cedió a sus impulsos y se abalanzó una vez más sobre Clyde, dándole un abrazo rápido, pero demasiado apretado. —Ojalá pudiera despertar a tu lado todos los días —susurró, con una sonrisa radiante.            Se levantó con más vitalidad de la que había sentido en los últimos meses. Salió de ahí con el corazón acelerado y sin mirar atrás, por eso, no se percató de que, con ese último y tan enérgico abrazo, Clyde había abierto los ojos y, esta vez, lo siguió con la mirada hasta salir de la habitación. Tras perderlo de vista, Clyde mantuvo la mirada fija en la puerta por un breve instante antes de acomodarse entre las cobijas y sumergirse una vez más en su obligatorio descanso.            El desayuno transcurrió en un denso ambiente, la evidente tensión entre Tweek y Craig acompañada de la paranoia de Tolkien ante la duda de si Craig había notado que abrazaba a Clyde, los obligó a comer entre intercambios de miradas silenciosas. Como todavía vestían los trajes de la boda, acordaron turnarse e ir a sus respectivos hogares, cambiarse y empacar lo necesario para instalarse allí un par de días.

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           Ya cerca de la medianoche, en un intento de romper el hielo, los tres se encontraban reunidos en la mesa. Tolkien y Craig compartían un té, mientras Tweek bebía café y revisaba su celular sentado junto a Craig, quien, harto de verlo sumergido en esa espera ansiosa, le cubrió la pantalla con la mano. Fue una orden implícita y firme que Tweek acató dejando el celular boca abajo sobre la mesa. —¿Todavía nada? —preguntó Tolkien, ladeando la cabeza con compasión.            Tweek negó antes de darle un sorbo a su café y, aunque lo intentó, el desánimo no abandonó su rostro. —Sé lo que se siente —continuó Tolkien, buscando reconfortarlo mientras le daba un suave apretón en el antebrazo—, pero a veces un rayito de esperanza es suficiente para iluminarlo todo. —¿Tú sabes lo que se siente? —intervino Craig—. Porque hasta donde sé, lo tuyo con Nichole no era un amor imposible. Y el que terminó fuiste tú, no ella. ¿O me vas a decir que terminaron porque te gusta alguien más? —No, Craig. Se llama empatía —refutó Tolkien, tensándose por la evidente provocación que, sin darse cuenta, ejerció más presión en el agarre del antebrazo de Tweek. —¿Estás seguro? —Ya te dije que sí. —Tolkien… me duele —interrumpió Tweek. —Oh, lo siento. —Lo soltó de inmediato y clavó la mirada en su atacante—. Craig, ¿quieres decirme algo? —No. ¿Tú quieres decirme algo? —No. —Perfecto. —Craig se puso de pie, visiblemente irritado.            Dejó la taza sobre la mesa de golpe y antes de que alguien dijera algo más, se encaminó a la habitación.            Tweek, ante el obvio roce entre ambos, se volteó hacia Tolkien, quien intentó recuperar la compostura dando un trago a su té. —¿Pasó algo? —Bebió su último resto de café, atento a la respuesta. —No, ya sabes cómo es Craig, se enoja solo. —Bueno, en eso tienes razón —dijo, con una débil sonrisa. —Tweek, me parte el alma verte así, pero ayer… —Ayer no era el momento para estar deprimido. Me concentré tanto en la boda que me olvidé de él por completo. —¿Y eso no te dice nada? —¿A qué te refieres? —Le estás dando mil vueltas al asunto, pero su silencio dice mucho más de él que de ti. Me magino que te estás cuestionando muchas cosas, y a estas alturas ya ni siquiera buscas que regrese, sino una explicación. Pero ¿sabes? Sentir no es malo. Es mil veces mejor ser el que sangra que el que apuñala, porque para destruir a alguien que confió en ti, hay que estar muy vacío por dentro. —¿De verdad crees que solo sea eso? —Sí, Tweek, cuando te gusta alguien en serio, está en tus pensamientos en todo momento. No importa lo que estés haciendo ni con quien estés, esa persona siempre está ahí. Ya sea un buen o mal momento, esa persona siempre estará en tus pensamientos para iluminar un mal día.            Tweek apoyó la cabeza en la mano con el codo sobre la mesa, viendo a Tolkien mientras sonreía. —Qué poético andas, Tolkien. ¿Te enamoraste de alguien? —No —respondió, entre risas—. Digamos que… algo que veía jodidamente lejano, se sintió un poco más cerca. —¿No extrañas a Nichole? —Para ser sincero, no. Ni un poco —admitió, bajando la mirada hacia su taza—. Nuestra relación se había desgastado. Ella siempre me reclamaba que no la amaba y… la verdad es que tenía razón. No podía seguir arrastrándola a eso, me mataba la culpa. —Pero pensé que la estabas pasando fatal. Estos últimos meses te veías apagado, sin ganas de nada. Como suponía que era por la ruptura, preferí no presionar ni preguntar. —No, Tweek, no era por ella. —Tolkien interrumpió sus palabras con un largo bostezo—. Creo que es mejor ir a dormir, mañana va a despertar Clyde. —Ve —dijo, poniéndose de pie mientras recogía las tazas vacías—. Voy a lavar esto y me voy a dormir.

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A eso de las dos de la madrugada, con toda la casa en completa calma, Tweek seguía revisando su celular con insistencia. Aunque había bajado el brillo de la pantalla, el resplandor inevitablemente molestaba a Craig. —Tweek —regañó en un susurro—. Ya deja de joder con tu celular. —Perdón. —Lo guardó rápido bajo la almohada—. Es que… —Sí, ya sé, pero es de madrugada. No creo que te responda a esta hora. —Lo sé —murmuró con la voz apagada—. Supongo… Supongo que ha estado muy ocupado. —Tweek… —Craig se giró hacia él en medio de la oscuridad, adoptando un tono compasivo—. Nadie está tan ocupado. ¿Hace cuánto que no te responde? —Hace como dos… —Ah, qué exagerado —interrumpió, soltando una pequeña risa—. Solos son dos horas. —Dos semanas, Craig. —¿Qué? No jodas, Tweek. ¿El imbécil trabaja de semáforo que no tiene cinco segundos para responderte? ¿Cuánto tiempo toma escribir un “Estoy ocupado, te hablo después”?            Sin dudarlo, Craig se levantó. Con pasos torpes para no tropezar, cruzó el corto tramo que separaba ambas camas. Al llegar a la de Tweek, lo hizo a un lado y se metió a la fuerza entre las cobijas. —¿Qué haces? —susurró Tweek en tono de reclamo, aunque no opuso resistencia mientras se hacía a un lado. —Solo quiero conversar contigo, ni que quisiera que regresemos —bromeó, entre risas, acomodándose. —Eso ya lo sé, idiota. —Tweek —dijo, volteando su rostro hacia él—, ¿en serio no sabes qué fue lo que pasó con Bebe?            Tweek exhaló pesado, mirando en dirección al techo. —No tengo idea, Craig. Wendy estaba con ella ayudándola a cambiarse, maquillarse y todo eso mientras yo esperaba en el antejardín a que llegara la limusina. Cuando subí, Bebe ya estaba lista, pero ella estaba tan… tranquila. Se veía tan… No lo sé.            Craig entrelazó las manos detrás de su nuca, fijando también la vista en el techo. —No debió aceptar casarse con él si no estaba segura. —Las personas pueden ser tan crueles —se lamentó Tweek antes de llevar su cabeza sobre el pecho de Craig, en búsqueda de calidez—. Solo juegan mientras el otro se ahoga en la incertidumbre, preguntándose por qué. —No te proyectes —bromeó Craig, despeinándole el cabello con cariño. —¿¡Pero por qué no me dice nada!? —reclamó, perdiendo la calma y volteándose de golpe a darle la espalda.            Mientras Tweek se cubría con el edredón entre reclamos inentendibles, Craig no pudo contener la risa ante aquella rabieta tan infantil. —¿Sabes qué, Tweek? Él se lo pierde. Debo admitir que, de todos mis ex, eres el mejor. —Claro que soy el mejor. De todos tus ex, que por cierto no son tantos, no exageres, soy el único que te sigue tolerando. —Ojalá Thomas me tolerara también —admitió, con la voz apagada. —¿Y me exiges a mí que supere a Jason? —Con Thomas solo confundí las cosas. Me habría gustado que quedáramos como amigos.            Craig se acomodó más cerca y apoyó la barbilla en la nuca de Tweek, buscando el consuelo mutuo que necesitaban. —Supongo que por alguna razón… nadie quiere estar con nosotros —dijo Craig. —¿Qué será lo que hacemos mal? —La voz de Tweek se quebró al final. —Ay, no, Tweek, no empieces a llorar. Tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos en este momento. —Tienes razón —dijo, secándose un par de lágrimas involuntarias—,ahora solo importa Clyde. Mañana será un largo día. Ya vete a tu cama. —Pero me siento solo y… tú también. —No voy a dormir con mi ex. —¿Por qué no? —preguntó Craig en tanto apoyaba la cabeza sobre su mano con el codo en la almohada y una sonrisa traviesa—. ¿Te da miedo?            Tweek se volteó a verlo, imperturbable y firme. —A tu cama, Craig. —Eres una mala persona, Tweek —reclamó antes de quitarse el edredón de encima y cruzar la habitación de regreso a su cama.
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