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El portazo de Tweek despertó a Tolkien de golpe. De inmediato se giró hacia un lado para ver a Clyde, que continuaba su plácido descanso a su lado y sonrió mientras se mordía el labio inferior, tratando de contener un estallido de pura felicidad. Incontables noches Tolkien fantaseaba con ese momento. Despertar junto a Clyde siempre le pareció algo lejano y, aunque no era precisamente como en sus fantasías, no podía contener su alegría. Tras una muy breve batalla interna en la que se cuestionó si era o no correcto invadir su espacio en ese estado, terminó por perder esa batalla. Se inclinó con lentitud y rodeó a Clyde con un brazo, apoyando la cabeza sobre su pecho con delicadeza para no perturbar su descanso. El compás rítmico de los latidos de Clyde resonando en su oído fue un detalle que no había considerado, pero que, sin duda alguna, se convirtió en algo que no sabía que necesitaba. Desafortunadamente, ese abrazo tan anhelado no duró mucho tiempo, ya que, sin molestarse en golpear para anunciar su llegada, Craig abrió la puerta de la habitación. —Oye, To… Craig se detuvo en seco. Frente a él, Tolkien se incorporaba a toda prisa sobre la cama, apartando con torpeza la mano del cuerpo de Clyde. Al instante, Tolkien carraspeó, en un inútil intento de camuflar el pánico. —Yo… solo quería ver s-si Clyde seguía respirando —explicó entre titubeos, sonrojándose mientras apartaba la mirada. —Ajá —asintió Craig, con una sonrisa burlesca—. Ya veo. Voy a preparar el desayuno, te espero abajo. Tolkien asintió con excesiva energía, fingiendo una calma que era evidente que no tenía, mientras Craig daba media vuelta conteniendo la risa antes de salir de la habitación. En cuanto la puerta se cerró, Tolkien cedió a sus impulsos y se abalanzó una vez más sobre Clyde, dándole un abrazo rápido, pero demasiado apretado. —Ojalá pudiera despertar a tu lado todos los días —susurró, con una sonrisa radiante. Se levantó con más vitalidad de la que había sentido en los últimos meses. Salió de ahí con el corazón acelerado y sin mirar atrás, por eso, no se percató de que, con ese último y tan enérgico abrazo, Clyde había abierto los ojos y, esta vez, lo siguió con la mirada hasta salir de la habitación. Tras perderlo de vista, Clyde mantuvo la mirada fija en la puerta por un breve instante antes de acomodarse entre las cobijas y sumergirse una vez más en su obligatorio descanso. El desayuno transcurrió en un denso ambiente, la evidente tensión entre Tweek y Craig acompañada de la paranoia de Tolkien ante la duda de si Craig había notado que abrazaba a Clyde, los obligó a comer entre intercambios de miradas silenciosas. Como todavía vestían los trajes de la boda, acordaron turnarse e ir a sus respectivos hogares, cambiarse y empacar lo necesario para instalarse allí un par de días.•• ━━━━━••●•• ━━━━━••
Ya cerca de la medianoche, en un intento de romper el hielo, los tres se encontraban reunidos en la mesa. Tolkien y Craig compartían un té, mientras Tweek bebía café y revisaba su celular sentado junto a Craig, quien, harto de verlo sumergido en esa espera ansiosa, le cubrió la pantalla con la mano. Fue una orden implícita y firme que Tweek acató dejando el celular boca abajo sobre la mesa. —¿Todavía nada? —preguntó Tolkien, ladeando la cabeza con compasión. Tweek negó antes de darle un sorbo a su café y, aunque lo intentó, el desánimo no abandonó su rostro. —Sé lo que se siente —continuó Tolkien, buscando reconfortarlo mientras le daba un suave apretón en el antebrazo—, pero a veces un rayito de esperanza es suficiente para iluminarlo todo. —¿Tú sabes lo que se siente? —intervino Craig—. Porque hasta donde sé, lo tuyo con Nichole no era un amor imposible. Y el que terminó fuiste tú, no ella. ¿O me vas a decir que terminaron porque te gusta alguien más? —No, Craig. Se llama empatía —refutó Tolkien, tensándose por la evidente provocación que, sin darse cuenta, ejerció más presión en el agarre del antebrazo de Tweek. —¿Estás seguro? —Ya te dije que sí. —Tolkien… me duele —interrumpió Tweek. —Oh, lo siento. —Lo soltó de inmediato y clavó la mirada en su atacante—. Craig, ¿quieres decirme algo? —No. ¿Tú quieres decirme algo? —No. —Perfecto. —Craig se puso de pie, visiblemente irritado. Dejó la taza sobre la mesa de golpe y antes de que alguien dijera algo más, se encaminó a la habitación. Tweek, ante el obvio roce entre ambos, se volteó hacia Tolkien, quien intentó recuperar la compostura dando un trago a su té. —¿Pasó algo? —Bebió su último resto de café, atento a la respuesta. —No, ya sabes cómo es Craig, se enoja solo. —Bueno, en eso tienes razón —dijo, con una débil sonrisa. —Tweek, me parte el alma verte así, pero ayer… —Ayer no era el momento para estar deprimido. Me concentré tanto en la boda que me olvidé de él por completo. —¿Y eso no te dice nada? —¿A qué te refieres? —Le estás dando mil vueltas al asunto, pero su silencio dice mucho más de él que de ti. Me magino que te estás cuestionando muchas cosas, y a estas alturas ya ni siquiera buscas que regrese, sino una explicación. Pero ¿sabes? Sentir no es malo. Es mil veces mejor ser el que sangra que el que apuñala, porque para destruir a alguien que confió en ti, hay que estar muy vacío por dentro. —¿De verdad crees que solo sea eso? —Sí, Tweek, cuando te gusta alguien en serio, está en tus pensamientos en todo momento. No importa lo que estés haciendo ni con quien estés, esa persona siempre está ahí. Ya sea un buen o mal momento, esa persona siempre estará en tus pensamientos para iluminar un mal día. Tweek apoyó la cabeza en la mano con el codo sobre la mesa, viendo a Tolkien mientras sonreía. —Qué poético andas, Tolkien. ¿Te enamoraste de alguien? —No —respondió, entre risas—. Digamos que… algo que veía jodidamente lejano, se sintió un poco más cerca. —¿No extrañas a Nichole? —Para ser sincero, no. Ni un poco —admitió, bajando la mirada hacia su taza—. Nuestra relación se había desgastado. Ella siempre me reclamaba que no la amaba y… la verdad es que tenía razón. No podía seguir arrastrándola a eso, me mataba la culpa. —Pero pensé que la estabas pasando fatal. Estos últimos meses te veías apagado, sin ganas de nada. Como suponía que era por la ruptura, preferí no presionar ni preguntar. —No, Tweek, no era por ella. —Tolkien interrumpió sus palabras con un largo bostezo—. Creo que es mejor ir a dormir, mañana va a despertar Clyde. —Ve —dijo, poniéndose de pie mientras recogía las tazas vacías—. Voy a lavar esto y me voy a dormir.•• ━━━━━••●•• ━━━━━••
A eso de las dos de la madrugada, con toda la casa en completa calma, Tweek seguía revisando su celular con insistencia. Aunque había bajado el brillo de la pantalla, el resplandor inevitablemente molestaba a Craig. —Tweek —regañó en un susurro—. Ya deja de joder con tu celular. —Perdón. —Lo guardó rápido bajo la almohada—. Es que… —Sí, ya sé, pero es de madrugada. No creo que te responda a esta hora. —Lo sé —murmuró con la voz apagada—. Supongo… Supongo que ha estado muy ocupado. —Tweek… —Craig se giró hacia él en medio de la oscuridad, adoptando un tono compasivo—. Nadie está tan ocupado. ¿Hace cuánto que no te responde? —Hace como dos… —Ah, qué exagerado —interrumpió, soltando una pequeña risa—. Solos son dos horas. —Dos semanas, Craig. —¿Qué? No jodas, Tweek. ¿El imbécil trabaja de semáforo que no tiene cinco segundos para responderte? ¿Cuánto tiempo toma escribir un “Estoy ocupado, te hablo después”? Sin dudarlo, Craig se levantó. Con pasos torpes para no tropezar, cruzó el corto tramo que separaba ambas camas. Al llegar a la de Tweek, lo hizo a un lado y se metió a la fuerza entre las cobijas. —¿Qué haces? —susurró Tweek en tono de reclamo, aunque no opuso resistencia mientras se hacía a un lado. —Solo quiero conversar contigo, ni que quisiera que regresemos —bromeó, entre risas, acomodándose. —Eso ya lo sé, idiota. —Tweek —dijo, volteando su rostro hacia él—, ¿en serio no sabes qué fue lo que pasó con Bebe? Tweek exhaló pesado, mirando en dirección al techo. —No tengo idea, Craig. Wendy estaba con ella ayudándola a cambiarse, maquillarse y todo eso mientras yo esperaba en el antejardín a que llegara la limusina. Cuando subí, Bebe ya estaba lista, pero ella estaba tan… tranquila. Se veía tan… No lo sé. Craig entrelazó las manos detrás de su nuca, fijando también la vista en el techo. —No debió aceptar casarse con él si no estaba segura. —Las personas pueden ser tan crueles —se lamentó Tweek antes de llevar su cabeza sobre el pecho de Craig, en búsqueda de calidez—. Solo juegan mientras el otro se ahoga en la incertidumbre, preguntándose por qué. —No te proyectes —bromeó Craig, despeinándole el cabello con cariño. —¿¡Pero por qué no me dice nada!? —reclamó, perdiendo la calma y volteándose de golpe a darle la espalda. Mientras Tweek se cubría con el edredón entre reclamos inentendibles, Craig no pudo contener la risa ante aquella rabieta tan infantil. —¿Sabes qué, Tweek? Él se lo pierde. Debo admitir que, de todos mis ex, eres el mejor. —Claro que soy el mejor. De todos tus ex, que por cierto no son tantos, no exageres, soy el único que te sigue tolerando. —Ojalá Thomas me tolerara también —admitió, con la voz apagada. —¿Y me exiges a mí que supere a Jason? —Con Thomas solo confundí las cosas. Me habría gustado que quedáramos como amigos. Craig se acomodó más cerca y apoyó la barbilla en la nuca de Tweek, buscando el consuelo mutuo que necesitaban. —Supongo que por alguna razón… nadie quiere estar con nosotros —dijo Craig. —¿Qué será lo que hacemos mal? —La voz de Tweek se quebró al final. —Ay, no, Tweek, no empieces a llorar. Tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos en este momento. —Tienes razón —dijo, secándose un par de lágrimas involuntarias—,ahora solo importa Clyde. Mañana será un largo día. Ya vete a tu cama. —Pero me siento solo y… tú también. —No voy a dormir con mi ex. —¿Por qué no? —preguntó Craig en tanto apoyaba la cabeza sobre su mano con el codo en la almohada y una sonrisa traviesa—. ¿Te da miedo? Tweek se volteó a verlo, imperturbable y firme. —A tu cama, Craig. —Eres una mala persona, Tweek —reclamó antes de quitarse el edredón de encima y cruzar la habitación de regreso a su cama.