Cap. 4 - Clyde... ¿Qué...?
26 de junio de 2026, 4:17
A la mañana siguiente, en la habitación de Clyde, Tolkien se encontraba apoyado contra el marco de la ventana.
Pocos minutos antes, una opresión en el pecho llegó en cuanto despertó y quiso tomarle la mano. Justo antes de tocarlo, lentamente retrocedió. Fue en ese momento cuando comprendió que su fugaz libertad para estar tan cerca de Clyde llegaba a su fin.
El golpe de regreso a la realidad lo mantenía en la ventana, mientras contemplaba en silencio el vaivén de personas que comenzaban su jornada en las calles. Pronto, alzó su mirada al cielo gris, cargado de nubes oscuras. Una de ellas, con la forma de un animal difuminado le provocó una sonrisa amarga. Trajo a su memoria un vívido recuerdo juvenil y, en sintonía con la calidez de esa nostalgia, giró su cabeza hacia la cama, donde Clyde aún dormía.
—Creo que se avecina una tormenta, Clyde —dijo, con una voz débil.
Temeroso de que el sueño ya fuese demasiado ligero, prefirió no acercarse, solo lo contempló un breve instante más. Exhaló con pesadez y, con pasos sigilosos, salió de la habitación.
Al salir al pasillo se encontró con Tweek, que en ese momento abandonaba la habitación que ahora compartía con Craig.
—¿Ya despertó? —preguntó Tweek, señalando con la cabeza la puerta de Clyde.
Tolkien negó con la cabeza, ocultando su tristeza tras una sonrisa fingida. Ambos se encaminaron a la planta baja a continuar la espera, donde Craig ya terminaba de servir el desayuno.
Se reunieron a la mesa para comenzar a comer. Tolkien en la cabecera, Craig a su derecha y Tweek a su izquierda, sin embargo, sus rutinas no habían cambiado demasiado en comparación al día anterior. Tweek no les prestaba demasiada atención, revisaba el celular sin siquiera mirar su pan que reposaba sobre el plato. Tolkien intentaba mantener una conversación civilizada, mientras Craig seguía con la misma actitud y aprovechaba cada oportunidad para lanzarle indirectas malintencionadas.
—¿Vas a seguir con tu mierda, Craig? —reclamó Tolkien—. Si tienes algo que decirme, dilo de una maldita vez.
Craig dio un puñetazo sobre la mesa, haciendo vibrar los platos y tazas. El estruendo hizo que Tweek se sobresaltara, y al igual que Tolkien, se quedaron inmóviles mientras miraban a Craig con cierto temor.
—¡¿Saben qué?! ¡Sí! ¡Tengo mucho que decir! —reclamó en tono agresivo y el ceño fruncido, dirigiéndose a Tweek—. ¡Estoy harto de verte lamentándote por Jason! ¡¿No salió como querías?! ¡Pues lástima! ¡Tienes dos opciones, Honey! ¡O te quedas lloriqueando en un rincón o mandas todo a la mierda y sigues adelante!
Tweek se encogió en su lugar, y Craig, sin darle la oportunidad de hablar, regresó su atención a Tolkien, apuntándolo con el dedo.
—Y tú. Te vi. Por eso insistías tanto en que no nos quedáramos, ¿verdad? ¡Pues te tengo noticias, Tolkien! Nosotros también somos sus amigos y no pretendo dejarlo solo. No seas egoísta y piensa en Clyde, no solo en ti. Te guste o no, Tweek y yo nos vamos a quedar.
Craig retomó su desayuno con evidente molestia. A pesar del tenso ambiente que dejó semejante descarga de furia, Tolkien tomó una bocanada de aire, reuniendo valor para admitirlo.
—¿Sabes, Craig? —Entrelazó las manos sobre la mesa, hablando con firmeza—. Tienes razón. No quería que se quedaran y no lo había visto de esa forma. Tienes toda la razón, estaba siendo egoísta y pensé solo en lo que yo quería, no me había dado cuenta de eso. Estoy seguro de que con ustedes aquí, será más fácil cuidar de él. Pueden quedarse todo lo que quieran.
—No te estaba pidiendo permiso —debatió Craig al instante—. Y no voy a seguir discutiendo esto.
El silencio regresó a ellos, pero esta vez fue interrumpido por Tweek, quien, decidido, tomó su celular y se lo extendió a Craig.
—Ten, borra todo. Su número, el historial, sus redes sociales… Todo.
Craig lo iba a recibir, pero a escasos centímetros de tomarlo, se detuvo.
—¿Seguro? Porque no quiero berrinches después.
—No quiero seguir esperando algo que no va a pasar. Solo hazlo —aseguró, con una sonrisa.
Sin dudarlo, Craig lo tomó. Mientras inspeccionaba las aplicaciones en búsqueda de cualquier rastro de Jason, Tweek aprovechó para voltearse hacia Tolkien con curiosidad.
—¿Puedo preguntar de qué hablan exactamente? ¿Qué vio Craig que yo no sé?
—Bueno… —titubeó Tolkien.
—Ayer entré a la habitación de Clyde y Tolkien lo estaba besando —interrumpió Craig con desdén, sin levantar la vista de la pantalla.
—¿Qué? —Tweek se quedó boquiabierto, atento a Tolkien.
—¡No fue así! —reclamó Tolkien, ruborizándose gracias a una mezcla de vergüenza y molestia—. ¡No lo estaba besando! Solo… Lo abracé.
—Sí, claro, un abrazo —dijo Craig, con sarcasmo.
—Craig, de verdad, yo no…
—Solo espero que eso haya sido lo único que le hiciste.
—¡¿Quién rayos crees que soy?! —reclamó, indignado—. No le hice nada, solo fue un abrazo.
—¡Ah, claro! —dedujo Tweek, ignorando por completo la discusión—. Por eso andabas tan desanimado estos últimos meses. Clyde no paraba de hablar de los preparativos de la boda y tú… —Se cubrió la boca con la punta de los dedos, mirándolo con tristeza—. Estabas sufriendo por eso. Pobre de ti, Tolkien.
—No quiero tu lástima, Tweek. —suplicó entre un suspiro—. De hecho, les pido que no vuelvan a tocar el tema, y mucho menos cuando Clyde despierte, no quiero arruinar la amistad. Sé perfectamente que él es un amor imposible. Él no es… Bueno, no es gay.
—Craig decía lo mismo —aseguró Tweek, con un tono divertido—. Y ahí lo tienes, resultó más gay que leer fanfics en Fanfictionero.
Craig le enseñó el dedo medio con una expresión de indiferencia, concentrado aún en el celular de Tweek.
—Bueno… —continuó Tolkien—. Yo tampoco planeaba serlo, hasta que simplemente… me enamoré de él.
—¿Y cuándo empezó? —preguntó Tweek, apoyando los codos en la mesa, cambiando por completo su semblante a uno mucho más radiante—. ¡Cuéntamelo todo y abúrreme de detalles!
Al escuchar a Tweek tan animado, Craig lo miró de reojo y, aunque intentó disimularlo, una sonrisa no tardó en aparecer.
—Para ser sincero… No lo sé —admitió Tolkien, bebiendo un poco de té y así tratar de frenar el sonrojo que le quemaba el rostro—. Fue hace mucho tiempo. No me di cuenta en qué momento fue que empecé a disfrutar tanto de su compañía. Me encanta su manera de ser. La forma en que se queda embobado mirando las nubes y buscándoles formas, su risa tan ruidosa y tonta…
—¡Aww! —chilló Tweek, llevándose las manos a las mejillas—. ¡Qué tierno!
¡Justo como me pasó a mí con…! Con Craig. —Su voz se debilitó al admitirlo, apartando la vista con timidez.
—Es que yo soy encantador —bromeó Craig.
Los tres rieron al mismo tiempo, lo que dio pie a una posible reconciliación que Tolkien no desaprovechó.
—Oigan, no quiero que sigamos con esta pelea tan absurda —dijo Tolkien—. Tomemos esto con madurez y solo concentrémonos en Clyde.
Craig alzó la mirada, dedicándole una sonrisa satisfactoria mientras deslizaba el celular de Tweek de regreso por la mesa.
—Era la única forma de que lo admitieras, Tolkien —aseguró Craig, dejando claro que todo su drama había sido fríamente calculado—. Y Tweek, listo, todo borrado. No lo busques ni esperes más. Recuerda que las migajas son para las palomas.
Tweek tomó su celular, lo guardó en el bolsillo sin siquiera mirarlo y asintió.
—Lo prometo, Craig.
Ambos se sostuvieron la mirada más del tiempo necesario, instante que no pasó desapercibido para Tolkien y, mientras bebía un poco de té, rememoró las palabras de Craig rápidamente.
—Craig, ¿te diste cuenta de que llamaste Honey a Tweek? —dijo, antes de continuar bebiendo su té.
—No es cierto —aseguró Craig, apartando la mirada.
—Claro que sí.
—Claro que no.
—Sí lo hiciste —interrumpió Tweek—. Y de hecho… Extrañaba que me dijeras así.
—Ah, ¿sí? No me di cuenta —dijo, fingiendo indiferencia.
—¿O eso también era parte de tu brillante plan? —se burló Tolkien con diversión.
Justo cuando Craig le iba a responder, los pasos de Clyde bajando la escalera a toda velocidad frenaron la conversación. Los tres se tensaron, esperando a que llegara devastado y hecho un mar de lágrimas, sin embargo, era todo lo contrario.
Clyde prácticamente llegó corriendo al comedor, irradiando total vitalidad y una enorme sonrisa. En cuanto vio a los chicos allí, se detuvo, reflejando una evidente confusión en su expresión.
—¿Qué hacen aquí?
Sin darles tiempo de reaccionar, y mientras los tres lo veían aún más confundidos que él, Clyde continuó como si nada.
—Bueno, no importa —dijo mientras tomaba el pan que Tweek mantenía en su plato y le dio una enorme mascada—. ¡Me muero de hambre! —añadió con la boca llena, dirigiendo su mirada a un reloj en la pared—. Oigan, no tarden mucho, solo faltan cuatro horas.
—Ah… ¿Pa… para qué? —preguntó Craig, completamente fuera de lugar.
—¿Cómo que para qué? ¡Hoy es mi boda, tonto!
Los tres se miraron de inmediato entre sí, con una mezcla de extrañeza y preocupación en sus rostros. Clyde continuaba devorando el pan con total naturalidad mientras se encaminaba a sentarse a la cabecera de la mesa, frente a Tolkien. Se adueñó de la taza de Craig y en tanto bebía el café, se dio cuenta de que ninguno le respondía y recorrió a los tres con la mirada.
—¿Qué? —preguntó Clyde—. ¿Por qué me miran así?
—Clyde… —dijo Tolkien, aunque no supo cómo continuar.
—Espera. —Clyde lo interrumpió antes de dirigirse a Craig—. ¿Recordaste traer los anillos?
—Ah… S-sí —mintió Craig, con voz temblorosa.
—No los vayas a olvidar —amenazó, señalándolo con el pan y luego continuó comiendo—. ¿Trajeron sus trajes para cambiarse aquí? ¿Por eso vinieron tan temprano?
Tolkien se puso de pie con lentitud, se aproximó a Clyde hasta llegar a su lado y posó la mano sobre su hombro para que le prestara atención.
—Clyde, ¿no lo… recuerdas?
—¿Recordar qué cosa? —preguntó, alzando la cabeza hacia él con total inocencia.
—La… la boda… Bebe…
—¡Es cierto! —vociferó Clyde, poniéndose de pie a toda prisa.
Bebió lo más rápido que pudo un poco de café para ayudarse a tragar antes de salir corriendo hacia la escalera.
—¡Tengo que confirmar la limusina! —anunció de camino.
Clyde subió los peldaños de dos en dos hasta perderse rumbo a su habitación.
Abajo, los tres se quedaron intercambiando silenciosas miradas cargadas de confusión y horror.
—Jesucristo… —balbuceó Tweek.