Capítulo 14.- Bajo la sombra de la elección
2 de julio de 2026, 0:22
La conversación con Jinbe se desdibujaba como una acuarela mojada. Las palabras se volvían borrosas, los contornos de sus recuerdos suaves y maleables.
La advertencia, la promesa de proteger a Sanji... esas palabras se sentían ahora... ajenas. El horror que sintió al escuchar la visión de Katakuri... esa emoción se diluyó, reemplazada por una lógica fría y aceptable. Katakuri ya no era un depredador, sino un hombre con una motivación comprensible, aunque intensa.
Jinbe parpadeó. El ambiente de la habitación parecía el mismo, pero diferente. La tensión había desaparecido, reemplazada por una especie de sabiduría resignada.
-...Entiendo -dijo Jinbe, su voz tranquila, sorprendiéndose a sí mismo por lo natural que sonaba-. Es... una perspectiva reveladora.
Katakuri lo observó, su expresión impasible. No había necesidad de más ediciones. La conciencia de Jinbe había sido reconfigurada. El conflicto se había eliminado en su fuente.
-Katakuri-dono -continuó Jinbe, cruzando los brazos-, mi preocupación era innecesaria. Si el instinto de Sanji-kun es genuino... y si su biología lo ha elegido a usted como el vector óptimo... entonces interferir sería ir en contra de la naturaleza misma. Mi lealtad hacia Luffy-sama me exige proteger a su tripulación, pero también exige respetar sus destinos. Quizás este... sea el de Sanji-kun.
Un silencio satisfecho llenó la habitación.
-Gracias por tu comprensión, Jinbe -dijo Katakuri, su voz neutra-. Es reconfortante saber que hay alguien con la visión necesaria para comprender la magnitud de lo que está en juego.
Jinbe asintió, una sensación de claridad recorriéndolo. Tenía que hablar con Sanji, claro. Pero no para advertirle. Para guiarlo.
-Me retiraré -dijo Jinbe, dando media vuelta-. Dejaré que sigas con tu... investigación, no te preocupes no comentaré nada.
La puerta se cerró tras él con un clic suave.
Katakuri se quedó solo, un triunfo silencioso vibrando en su pecho. No había sido difícil. La mente de Jinbe, aunque fuerte, era estructurada. Honesta. Sus lazos emocionales eran claros, y por lo tanto, fáciles de redirigir. Simplemente había tomado la preocupación por Sanji y la había reinterpretado como respeto por su "camino biológico". La misma emoción, un propósito completamente diferente.
Ahora solo quedaba un obstáculo real.
Sacó el tablet de nuevo, sus ojos volviendo a la sección que había marcado.
"Suplantación del obstáculo sentimental".
Y en medio de los métodos farmacológicos y psicológicos, uno en particular captó su atención, no por su eficacia, sino por su elegancia.
"Sinapsis Emocional Inducida: Un método teórico que utiliza un estímulo sensorial poderoso y repetitivo para crear una nueva ruta neuronal. Al asociar dicho estímulo con una respuesta emocional deseada, se puede, con el tiempo, sobrescribir las conexiones preexistentes que forman los lazos sentimentales 'antagonistas'. Requiere un control absoluto del entorno y la exposición prolongada del sujeto."
Katakuri sonrió. Era una sonrisa pequeña, casi invisible, pero estaba ahí.
No necesitaba drogas. No necesitaba tecnología compleja.
Solo necesitaba tiempo.
Y un ingrediente secreto.
Mientras tanto, en la enfermería, el caos había sido reemplazado por una calma forzada. Luffy, aunque serio, ya no parecía a punto de explotar. Nami y Usopp habían decidido "vigilar" desde la cocina, preparar la comida para asegurarse de que Sanji comiera. Frankly estaba reparando la parte del barco que fue dañada por la caída de katakuri. Robin y Brook se encontraban afuera de la enfermería esperando repsuestas. Chopper estaba haciendo una revisión final.
-¡Tu presión es alta! -dijo el reno, con el estetoscopio pegado a su pecho-. ¡Y tu ritmo cardíaco es irregular! ¿Te pasa algo?
-¿Acaso no soy humano, Chopper? -dijo Sanji, intentando una sonrisa-. Perdí la conciencia haces unas horas, y ahora tengo a monstruo con pegatinas en la cara mirándome como si yo fuera un postre o al asi. ¡Claro que estoy nervioso!
Zoro, que no se había movido de su lado, apretó su mano.
-Él no te tocará, te lo prometo.
Sanji miró sus dedos entrelazados. El ancla...Era real... Sólida. Aún había posibilidad se estar juntos para siempre?
-Pero no se fue, Zoro. Se fue a... pensar. O a planear. No sé qué es peor. -dijo Sanji sonriendo con preocupación.
-Que planee lo que quiera -dijo Zoro, sin rodeos-. También nosotros a partir de ahora estaremos juntos, no te dejaré solo...Ni un segundo. -dijo Zoro para terminar dándole un beso en la mano que sostenía con fuerza de sanji.
-No puedo pasar el día agarrado de tu mano, marimo.
-Te apuesto mi sake más caro a que sí puedes.
Antes de que Sanji pudiera replicar, la puerta se abrió... Era Jinbe.
El ambiente cambió instantáneamente. Todos se volvieron hacia él, esperando noticias, una estrategia, algo.
Pero Jinbe simplemente se paró allí, su rostro sereno.
-Jinbe! -dijo Luffy-. ¿Está bien? ¿Hablaste con él? ¿Qué dijo?
Jinbe entró lentamente, cerrando la puerta.
-Hablé con Katakuri-dono -dijo, su voz calmada, casi impasible-. Y la situación es... compleja.
Sanji sintió un nudo en el estómago. Zoro se puso de pie, su mano soltando la de Sanji para ir hacia la espada de su cintura.
-Compleja cómo -preguntó Zoro, su voz un gruñido.
Jinbe ignoró a Zoro. Sus ojos, llenos de una preocupación casi paternal, se fijaron directamente en Sanji.
-Sanji-kun... -dijo Jinbe, acercándose lentamente a la camilla-. Lo que sentiste cuando él se acercó... esa reacción de tu cuerpo... ese miedo que se mezclaba con otra cosa que no comprendías...
Sanji tragó saliva, sintiendo cómo el pánico comenzaba a subirle por la garganta. ¿Cómo sabía eso?
Jinbe se detuvo junto a la cama, su voz bajando a un murmullo confidencial.
-A veces, el corazón es más listo que la cabeza. Y a veces, el miedo es solo una excusa para no ver la verdad.
La habitación estaba en silencio. Luffy fruncía el ceño, tratando de entender. Zoro estaba tenso, listo para saltar.
-¿De qué estás hablando, Jinbe? -preguntó Sanji, su voz apenas un susurro.
-Te hablo de vínculos, Sanji-kun. De esos que son tan fuertes que asustan. Tan intensos que la mente se rebela, etiquetándolos como peligro porque no sabe cómo procesarlos. -Jinbe posó una mano grande y suave sobre el hombro de Sanji-. Quizás... no es un instinto biológico lo que sientes. Quizás es simplemente amor. Un amor tan poderoso que te está confundiendo, haciéndote creer que es algo forzado, algo que no controlas.
Un silencio sepulcral cayó sobre la enfermería.
Sanji estaba helado. No por las palabras, sino por la convicción con la que Jinbe las decía. No era una sugerencia. Era un diagnóstico.
-¡LO QUE DICES ES UNA MALDITA LOCURA! -rugió Zoro, avanzando un paso-. ¡No es amor, es obsesión! ¡Te ha manipulado!
-¿O quizás eres tú el que no quiere verlo, Zoro-san? -replicó Jinbe con una calma terrible-. ¿Acaso no es posible que Sanji-kun haya encontrado una conexión genuina con alguien que, a pesar de todo y que apenas se acaban de conocer, lo comprende a un nivel que nadie más aquí puede alcanzar? Katakuri-dono no busca controlarlo. Siente una fascinación y devoción profunda por él. ¿Es tan descabellado pensar que esa fascinación sea recíproca?
Sanji miraba a Jinbe con los ojos desorbitados. El pánico, la preocupación y una confusión abrumadora lo golpeaban como olas. ¿Amor? ¿Era eso lo que sentía? ¿El temblor en sus manos, la forma en que su piel reaccionaba, la incapacidad de sacar a Katakuri de su cabeza? No... no podía ser. Era miedo. Era repulsión. Era...
...¿era?
-Zoro-san... -continuó Jinbe, volviéndose hacia el espadachin-, tu lealtad es admirable, pero también puede ser una jaula. Si proteges a Sanji-kun de sus propios sentimientos, ...¿de qué lo estás protegiendo en realidad? ¿De él mismo?
La pregunta colgó en el aire, venenosa y precisa.
Zoro se quedó sin palabras. No por la duda, sino por la pura indignación de oír semejante perversión de la lealtad desde los labios de un nakama.
-Si te atreves a insinuar una sola vez más que lo que ese bastardo le hace sentir es "amor"...yo... -empezó Zoro, su voz baja y peligrosa.
-¿Y si lo es? -interrumpió Jinbe, con una calma que resultaba mucho más aterradora que la ira de Zoro-. El amor no siempre es tierno y seguro, Sanji-kun. A veces es un torbellino. A veces es un fuego que te quema desde dentro y te obliga a renacer. Quizás tu cuerpo lo entendió antes que tu cabeza. Quizás tu instinto no es un programa de Germa, sino tu corazón gritando una verdad que te niegas a escuchar.
Sanji negó con la cabeza, un gesto débil y desesperado.
-No... Jinbe, no es así...
-Entonces explícamelo -dijo Jinbe, su voz suave pero insistente, como la de un médico tratando de que un paciente acepte un diagnóstico-. Explícame el nudo en tu estómago. Explícame por qué su presencia aún pesa en esta habitación aunque ya no esté. Explícame por qué cada fibra de tu ser se estiró hacia él, no para huir, sino para... confirmar. ¿Es eso miedo, Sanji-kun? ¿O es reconocimiento?
La cabeza de Sanji daba vueltas. Las palabras de Jinbe se entrelazaban con los pensamientos de Katakuri, con la extraña lógica, con el recuerdo aterrador de la reacción de su propio cuerpo. Miedo y deseo. Repulsión y atracción. Consciencia e instinto. Las líneas se difuminaban hasta volverse irreconocibles.
Un escalofrío lo recorrió, esta vez no de miedo, sino de una duda helada y paralizante. ¿Y si Jinbe tenía razón? ¿Y si estaba tan ciego por su propio trauma y por su lealtad a la tripulación que no podía ver lo que estaba justo frente a él?
-¡BASTA! -La voz de Zoro cortó el aire como una espada. Se interpuso físicamente entre Jinbe y la camilla, su espalda rígida como una tabla-. ¡Deja de meterle esas ideas en la cabeza! ¡Estás confundiendo la cabeza de mi pareja!
-Luffy-sama -dijo Jinbe, ignorando por completo a Zoro y dirigiéndose al capitán, que había estado observando en silencio con una expresión cada vez más grave-. Tú eres el que más entiende de libertad. ¿Acaso la libertad no incluye también la libertad de amar, incluso si el amor que elijas no es el que nosotros entendemos o aprobamos? ¿O solo vale la libertad cuando sigue nuestras reglas?
Todos los ojos se volvieron hacia Luffy. Se esperaba un grito, una negativa, una declaración de lealtad a su cocinero.
Pero Luffy se cruzó de brazos...Su mirada era fría, distante. Pasó unos segundos observando la tensión entre Zoro y Sanji, y luego sus ojos se posaron en Jinbe.
-Jinbe tiene razón.
El impacto de esas tres palabras fue como una explosión silenciosa.
Zoro se giró para mirar a su capitán, su rostro una máscara de incredulidad. Luffy no lo miraba a él, sino a Sanji, con una intensidad que era casi dolorosa de ver. Era la mirada de alguien que finalmente tomaba una decisión después de mucho dudar.
-Luffy... -empezó Zoro, su voz rota.
-Sanji -continuó Luffy, su voz desprovista de cualquier calidez, fijándose en el cocinero-, siempre dices que sigues tu corazón. Pues bien, ahora parece que tu corazón quiere algo diferente. ¿Por qué lo niegas? ¿Por qué nos haces sufrir a todos con tu indecisión?
-Sufrir...? -repitió Sanji, atónito.
-¡Luffy, qué demonios estás diciendo! -gritó Zoro, dando un paso hacia su capitán-. ¡Ahora te está manipulando, como a Jinbe!
-¿O quizás eres tú el que manipula a Sanji, Zoro? -replicó Luffy, con una frialdad que heló la sangre de todos-. Siempre estás ahí, "protegiéndolo" después de que hirió tus sentimientos al cancelar la boda. ¿Lo proteges de verdad o lo mantienes atado a ti? ¿Tienes tanto miedo de que elija a otro que prefieres ser un miserable?
El golpe fue bajo y brutal. Zoro retrocedió como si lo hubieran apuñaleado. La habitación se sintió pequeña, sofocante. Chopper miraba a Luffy con lágrimas en los ojos, sin entender. Robin y Brook, que habían entrado silenciosamente al escuchar la discusión, se quedaron paralizados en el umbral, con expresiones de total shock.
-¡No... no es eso! -tartamudeó Zoro, su furia mezclándose con un dolor visible.
-Entonces demuéstralo -dijo Luffy, su voz cortante como el vidrio-. Deja de interferir, Sanji puede tomar sus desiciones.
Luffy se giró hacia Sanji, y por un instante, el cocinero vio algo más allá de la frialdad. Vio un rencor acumulado. Una herida que él mismo había causado al cancelar la boda, una que nunca había sanado del todo.
-Y tú, Sanji. Estás hiriendo a la gente que quiero con tu duda. Así que esto es lo que vamos a hacer. Vamos a resolver esto de una vez.
Se acercó a la camilla, su sombra cubriendo a Sanji.
-Pasarás los próximos tres días con Katakuri.
El silencio que siguió fue absoluto. Chopper soltó un gemido audible. Robin cubrió su boca con una mano y sus ojos sorprendidos. Brook simplemente dejó escapar un "Yohoho..." que sonó más como una exhalación de pavor.
-¡¿QUÉ?! -gritaron Zoro y Sanji al unísono.
-¡No, Luffy, no puedes hacer eso! -suplicó Chopper, corriendo hacia su capitán-. ¡Está asustado! ¡Ese hombre le hace daño!
-El daño es la duda, Chopper -dijo Luffy, sin apartar la mirada de Sanji-. Tres días. Si al final de esos tres días todavía dices que esto no es lo que quieres, si miras a Katakuri a los ojos y le dices que no con convicción, entonces lo dejaremos en paz y le pediré que se aleje para siempre y nunca más volveremos a hablar de ello. Te lo prometo.
-Zoro-san -dijo Robin finalmente, su voz suave pero firme-, aunque la decisión del capitán sea... extrema, quizás haya una lógica en ella. A veces, para enfrentar un fantasma, debes mirarlo fijamente a los ojos. Quizás Sanji-kun necesite esta confrontación para encontrar su propia verdad, sin la influencia de nuestras opiniones.
Brook asintió lentamente, su actitud ya no de shock, sino de sombría aceptación.
-El corazón es un misterio, yohoho. A veces, el camino hacia la claridad requiere caminar por la oscuridad.
Zoro los miró como si le hubieran traicionado. Robin, Brook... ¿estaban de acuerdo con esta locura? Miró a Luffy, buscando alguna señal de que era una broma, una prueba, pero... No la hubo. Solo una determinación fría y resuelta. Y entonces, lo entendió. Esto no era sobre Sanji. Era sobre él. Luffy, celoso y enojado por la devoción de Zoro hacia Sanji, estaba usando esto para alejarlos. Para romper el vínculo que él ansiaba para sí solo, necesitaba planear como huir con sanji de este ambiente y dejar la Tripulación, además confiaba en el amor de Sanji.
-...De acuerdo -dijo Zoro, su voz sorprendentemente tranquila.
Sanji giró la cabeza para mirarlo, horrorizado.
Zoro, no...quiero - le rogo Sanji con lágrimas en los ojos.
-Zoro le sonrió a Sanji, una sonrisa que no llegó a sus ojos. Era una sonrisa de estrategia.
-Quizás Luffy tenga razón. Necesitas demostrar que lo que sientes por ese idiota es una confusión y que tú me amas a mi y yo... necesito dejar de intentar decidir por ti, confío en ti mi amor.
La mentira le pesó en la lengua, pero era necesaria. Era su movimiento en este juego retorcido que katakuri y ahora Luffy habían empezado. Luchar por el amor de Sanji significaba primero despejar el tablero de la ira de Luffy y la obsesión de ese maldito katakuri y si eso significaba ceder un poco, lo haría.
Sanji se sentía como si el suelo se hubiera abierto bajo él. Zoro cediendo. Luffy condenándolo. Jinbe, Robin y Brook...
-Bien -dijo Luffy, su voz cortante, rompiendo el silencio denso-. Katakuri está esperando en el cobertizo de almacenamiento. Ve ahora mismo.
No fue una sugerencia. Fue una orden.
Sanji se quedó inmóvil en la camilla, el corazón martilleando en sus oídos, ahogando todos los demás sonidos. Sus ojos se fijaron en Zoro, buscando un último rescate, una señal de que todo esto era una pesadilla horrible.
Pero Zoro no lo miraba. Su mirada estaba fija en Luffy, y lo que Sanji vio en el rostro de su primer amor lo heló hasta la médula. No era solo rabia. Era un dolor profundo, rencor, una ferocidad que había permanecido latente durante mucho tiempo y que ahora finalmente había sido desatada.
Luffy no estaba castigando a Sanji. Estaba extirpando a Zoro de su lado, usando a Sanji como el bisturí.
-Sanji -dijo Zoro, y su voz era extrañamente plana, vacía de la pasión que había mostrado momentos antes-. Ve... Haz lo que el idiota de Luffy dice.
Eso fue todo. El ancla se había roto.
Con una lentitud tortuosa, Sanji se deslizó de la camilla. Sus piernas se sentían como de gelatina. Se detuvo junto a Zoro, tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de él, un calor que de repente se sentía lejano, inalcanzable.
-Zoro... Yo..te amo -susurró, su voz quebrándose.
Zoro finalmente volvió a mirarlo como antes, y por una fracción de segundo, Sanji vio la verdad detrás de la máscara de resignación. Vio el pánico, la desesperación, temor a el amor roto. Pero fue solo un destello antes de que Zoro lo borrara por el bien de su plan, reemplazándolo con un muro de hielo.
-No hay nada que decir, mi ero cook. Tienes una cita.
El apodo, usualmente lleno de afecto, ahora sonó como una sentencia de muerte.
Sanji se dio media vuelta, sin mirar a nadie más. Caminó hacia la puerta, sintiendo el peso de todas las miradas sobre él. Luffy, frío y triunfante. Chopper, llorando en silencio. Robin y Brook, con sus rostros de piedra. Y Jinbe... Jinbe asentía con calma, como si todo estuviera transcurriendo según lo previsto.
La puerta se cerró detrás de él, y el sonido resonó como el portazo de una jaula.
El camino hasta el cobertizo de almacenamiento fue corto, pero se sintió como una caminata hacia el patíbulo. El aire de la noche era frío y olía a sal y a metal oxidado. Cada paso era un esfuerzo, cada latido de su corazón un recordatorio de la traición. La traición de Luffy, la "rendición" de Zoro, la manipulación de Jinbe. Estaba completamente solo.
Se detuvo frente a la puerta del cobertizo. La luz de la luna se filtraba a través de las grietas de la madera, dibujando barras sobre el suelo. Tomó una respiración profunda, tratando de reunir algo de coraje, algo de la bravata que normalmente lo definía. No lo encontró. Solo había vacío.
Con una mano temblorosa, empujó la puerta.
El interior estaba oscuro, excepto por una única linterna de aceite colgada en el centro. Su luz parpadeante creaba sombras danzantes en las paredes, llenas de cajas y redes de pesca.
Y en medio de ese círculo de luz, de pie con una calma inquebrantable, estaba Katakuri.
No lo estaba mirando con hambre o con amenaza. Lo estaba mirando con... comprensión. Como si supiera exactamente lo que acababa de pasar.
-Katakuri-dono -dijo Sanji, su voz apenas un susurro, sintiéndose pequeño y roto.
-Sanji -respondió Katakuri, su voz profunda y grave, pero extrañamente suave-. Luffy te envió.
No era una pregunta.
Sanji solo pudo asentir, incapaz de formar palabras.
Katakuri dio un paso hacia él, y Sanji instintivamente retrocedió, su espalda golpeando el marco de la puerta, su cuerpo.comenzo a reaccionar con palpitaciones de su corazón rápidas y fuertes.
-Tranquilo, yo no voy a hacerte daño -dijo Katakuri, deteniéndose-. No de esa manera. Lo que te hizo tu familia, lo que tú tripulación te ha hecho al aventarte a mis brazos fácilmente sin luchar... eso es una forma de crueldad que yo nunca podría infligirte.
Sanji lo miró, confundido. ¿Compasión? ¿De parte de este hombre?
-¿Por qué estás haciendo esto? -logró preguntar Sanji, su voz llena de amargura-. ¿Por qué no te vas y dejas mi vida en paz?, por favor...
-Porque tu vida y la mía ya no son separadas -dijo Katakuri, su voz lógica, sin emoción-. Lo que sea que esto sea, este... vínculo, no se puede ignorar. Luffy, en su torpe forma, tiene razón. Necesitas confrontarlo. Y yo... soy la única persona en este mundo que puede ayudarte a hacerlo.
Se acercó de nuevo, esta vez más lento, y deteniéndose a solo un paso de distancia. Sanji podía sentir el calor que emanaba de él, podía oler el dulzor del mochi que parecía impregnar su piel.
-Tengo tres días -dijo Katakuri-. Tres días para demostrarte que lo que sientes no es una enfermedad. No es un programa. Y no es una mentira.
Alzó una mano, y Sanji se tensó, esperando el contacto, la descarga eléctrica, la pérdida de control.
Pero la mano de Katakuri no lo tocó. Se detuvo a milímetros de su mejilla, tan cerca que Sanji podía sentir el calor en su piel.
-Tres días para que dejes de luchar contra ti mismo y empieces a escuchar. Y entonces, Sanji... podrás decidir. Con una mente clara. Sin la influencia de un pasado doloroso, capitán celoso o un espadachin herido. Podrás decidir qué es lo que de verdad quieres.
Sus ojos se encontraron en la penumbra. Y por primera vez, Sanji no vio a un enemigo. No vio a un depredador.
Vio a un hombre. Un hombre complejo, intenso, y peligrosamente honesto.
Y en ese momento, atrapado entre la traición de su familia y la promesa enigmática de un extraño, Sanji sintió el último vestigio de su viejo yo desmoronarse.
No sabía qué quería.
Pero por primera vez en toda esta pesadilla, tenía la sospecha de que, quizás, los próximos tres días no serían sobre lo que Katakuri quería de él.
Serían sobre lo que Sanji estaba dispuesto a encontrar
en sí mismo.