Entre espadas y juramentos

Slash
R
En progreso
2
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 173 páginas, 57.242 palabras, 16 capítulos
Descripción:
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Capítulo 6.- La caída del corazón de un cocinero

Ajustes
El aire en el Sunny no solo se había vuelto denso... se había vuelto insoportable. No era una sensación pasajera ni una simple tensión entre compañeros; era algo más profundo, más oscuro, algo que se había infiltrado en cada rincón del barco, en cada mirada esquiva, en cada silencio demasiado largo. Dos días antes de la boda, y todo estaba rompiéndose. Zoro lo sentía en el pecho como una presión constante, como si el tiempo se estuviera acabando y cada segundo lejos de Sanji fuera un error que no podía permitirse. Tenía que recuperarlo, tenía que hacerlo volver, tenía que hacer todo fuera como antes. No importaba cuánto tuviera que pelear, no importaba contra quién. Incluso si ese alguien era Luffy, su capitán. Tenía que pensar la forma de como hacer recapacitar a Sanji su verdadero y único amor, estaba pensando en que hacer sentado en la cubierta observando la cocina cuando escucho un grito con una voz muy familiar dándole una orden que no podía obedecer. -Aléjate de él! - grito luffy al observar en qué dirección se encontraba viendo Zoro y era a la cocina, mejor dicho al cocinero. La voz de Luffy al dar la orden fue baja para que sanji no lo escuchara, pero cargada de una amenaza que no necesitaba volumen para hacerse sentir. Zoro no se movió, no retrocedió, no apartó la mirada observando con tranquilidad pero a la vez preocupación hacia la cocina. En cambio los ojos de Luffy estaban fijos en Zoro con una intensidad que ya no era la del capitán despreocupado, sino la de alguien que había cruzado una línea emocional de la que no podía regresar. -No -respondió con firmeza- No mientras el no me diga que no me ama y que todo nuestro compromiso se rompió-confirmo Zoro a luffy viéndolo con determinación y decidido a recuperar lo que más ama en esta vida. Luffy frunció el ceño, avanzando un paso, invadiendo su espacio sin dudar. -No sabes de lo que estás hablando, todo termino no te das cuenta? -dijo Luffy muy molesto por la contestación de Zoro- -Claro que sí, lo se muy bien-Zoro volteo a ver a Luffy y dio otro paso también, acortando la distancia hasta que apenas había aire entre ellos-. Lo veo todos los días, el es mi paz, mi alegría, mi mundo entero.- dijo con firmeza y seriedad a Luffy. El silencio cayó como un golpe seco. Pesado. Incómodo. Peligroso. -Que no te das cuenta que con sus acciones te está lastimando-continuó Luffy, su voz más baja pero más cortante y molesta-. Te hace sentir menos... como si tú amor no vale nada, con su locura te está rompiendo, Zoro, recapacita que ya no siente lo mismo por ti, el no te ama - le dijo Luffy a Zoro con voz molesta y temblorosa como si quisiera llorar por impotencia. Zoro lo miro con rencor por las palabras que le dijo y apretó los dientes. -Es mi prometido.- dijo Zoro- -¿Y eso qué? -la respuesta de luffy fue inmediata, sin titubeo-. ¿Eso le da derecho a destruirte? -No me esta destruyendo.- contesto Zoro para hacer entender a Luffy que el está mal- -Sí lo hace, solo mírate como estás ahorita preocupado, estresado, nervioso y sobre todo siendo infeliz! -le dijo Luffy a Zoro intentando que recapacite nuevamente y se aleje del cocinero. El choque de intereses ya no era discusión...Era algo más personal, más crudo e intenso. -No lo entiendes -dijo Luffy, su voz cambiando, volviéndose más intensa-. No sabes cómo mirarlo... cómo sostenerlo... cómo hacer que se sienta suficiente...para Sanji, lo que tú haces no es sufriente, no vale nada, el no sabe cómo... -luffy no termino y dudo en decirlo, se sintió mal e impotente. Zoro entrecerró los ojos. -¿Cómo qué?- pregunto Zoro confundido. Ese fue el error, porque Luffy dudó apenas un segundo... pero fue suficiente, su mirada lo delató y Zoro lo entendió. No era solo enojo. No era solo protección. -...cómo amarte -terminó Luffy. El mundo pareció congelarse, Zoro se quedó inmóvil, como si esas palabras hubieran sido un golpe directo al pecho. -¿Qué...? - es lo único que pudo preguntar por el impacto de las palabras de Luffy. Pero Luffy ya no podía detenerse, porque ahora que lo había dicho, todo tenía sentido dentro de él. Lo que sentía eran celos, eso era cada molestia, cada incomodidad, cada vez que veía a Zoro mirar a Sanji... -Deberías dejarlo -dijo Luffy, más firme ahora-. Tu no estás bien con el cocinero. La expresión de Zoro se endureció al instante. -¿Qué dijiste? - pregunto Zoro con rabia. -Déjalo! Y busca quien te valore de verdad.- declaro muy seguro luffy. -Cállate tonto, no sabes lo que dices, no tienes idea de mis sentimientos hacia mi Sanji - determinó Zoro intentando alejarse antes que esto saliera de control. -Estás sufriendo por su culpa, es un idiota que no sabe lo que tiene por sus inseguridades estúpidas.- dijo muy molesto Luffy y agarrando el hombro de Zoro para que no se fuera. -¡CÁLLATE! -grito Zoro. Pero Luffy no se detuvo ahí, no esta vez, porque esto ya no era solo sobre Sanji...Era sobre él. Sobre lo que sentía. Sobre lo que quería. -Si de verdad te quisiera... te dejaría ir, porque el ya no te hace feliz al contrario no es suficiente bueno para amarte.- Dijo Luffy con desesperación e impotencia. Zoro lo sujetó del pecho con fuerza, empujándolo contra la pared. -No tienes derecho a decir eso, cierra tu gran bocota!- grito con desesperación Zoro. -Tengo más derecho que todos en decir esto y más porque el no sabe cómo cuidarte y amarte.- dijo Luffy con enojo y lágrimas en los ojos. Las miradas chocaron con una intensidad brutal.Y entonces, sin pensar, sin medir, sin detenerse.... Luffy jaló a Zoro y lo besó a la fuerza... No fue un beso suave, no fue un beso correcto, fue desesperado, torpe, cargado de celos, de frustración, de amor mal entendido. Un beso que no pedía permiso, que exigía, que intentaba demostrar algo que ni él mismo comprendía del todo. Zoro se quedó en shock, no correspondió, pero tampoco reaccionó de inmediato. Y ese segundo... fue suficiente para quebrar y apagar lo poco que quedaba... -¡ZORO!.-La voz rompió el momento como un disparo. Ambos se separaron, pero era demasiado tarde. Sanji estaba ahí...Inmóvil, pálido y nervioso. Sus ojos abiertos, temblorosos, incapaces de procesar lo que acababa de ver. Su respiración era irregular, como si el aire ya no supiera entrar en sus pulmones. Y su corazón latía con mucha fuerza como si quisiera explotar. -...así que era verdad...- la voz de sanji salió vacía y hueca, pero con un tono con mucho dolor que si estuviera muriendo algo. Zoro rápidamente dio un paso hacia él. -Sanji!, amor.- intento Zoro tomar la mano del cocinero. -NO TE ACERQUES MARIMO! El grito de sanji detuvo al espadachín peliverde en seco. -No me toques... -Sanji retrocedió, uno, dos pasos-. No después de eso... me das asco - dijo el rubio con mucha decepción. -No es lo que parece- dijo Zoro con miedo a perder a su único amor. -¡LO VI!- La voz de Sanji se quebró. -¡LO VI, MALDITA SEA!- El silencio volvió, pero ahora era diferente. Era dolor. Era ruptura. Era algo que no se podía reparar fácilmente. Zoro intentó hablar otra vez, intentó acercarse, pero Sanji negó con la cabeza, sus ojos llenos de algo que Zoro nunca había visto dirigido hacia él. -Te odio!.- Las palabras de sanji cayeron como un cuchillo hacia el espadachín. -Te odio, Zoro... - volvió a repetir el cocinero con mucho desprecio. Zoro se quedó congelado, porque no había duda en esa voz... No había amor, no había confusión, solo dolor... y rechazo. Y lo peor... es que Sanji no sabía. No sabía que Zoro había estado luchando por él. Que lo había defendido, que estaba intentando recuperarlo. Porque lo único que vio...fue ese beso. Sanji giró sobre sus talones y se fue rápidamente hacia la cocina, esta vez sin detenerse, sin mirar atrás, sin esperar que alguien lo siguiera. Zoro dio un paso adelante, luego otro, pero se detuvo...Porque por primera vez... no sabía cómo alcanzarlo. Detrás de él, Luffy respiraba agitado, pero no había victoria en su expresión. Solo una mezcla amarga de satisfacción y culpa, porque había conseguido lo que quería separarlos, pero al hacerlo... también había roto algo más. Y mientras el Sunny seguía avanzando sobre un mar que parecía demasiado tranquilo para lo que estaba ocurriendo dentro... los tres ya estaban cayendo, en la telaraña de alguien que aún no era visible pero que estaba consiguiendo lo que quería y el destino de la pareja de tortolitos próximos a casarse iba en direcciones completamente opuestas. El colapso del cocinero no fue inmediato, y eso fue precisamente lo que lo volvió insoportable, porque no hubo un punto exacto en el que alguien pudiera decir "aquí empezó", no hubo gritos, ni golpes, ni una escena que justificara lo que vino después, fue algo mucho más silencioso, más íntimo, más cruel... Sanji no explotó, no perdió el control, no rompió nada, no hirió a nadie, simplemente comenzó a apagarse, como una llama que ya no encuentra oxígeno, como si algo dentro de él se hubiera rendido sin avisar. Al principio fue sutil, apenas perceptible, pequeñas cosas que solo alguien muy atento habría notado, dejó de bromear con la misma chispa, sus sonrisas se volvieron cortas, incompletas, como si no alcanzaran a formarse del todo, su voz perdió ese tono cálido que siempre lo acompañaba, y aunque seguía cumpliendo su rol en la tripulación, cocinando, atendiendo, cuidando de todos... había una ausencia en él que no se podía ignorar, porque estaba presente físicamente, pero emocionalmente parecía cada vez más lejos. Y entonces dejó de mirar. Dejó de mirar a todos como antes, pero lo que más dolió, lo que nadie pudo ignorar, fue la forma en que dejó de mirar a Zoro, porque donde antes había tensión, discusiones, miradas cargadas de algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar pero que todos podían sentir... ahora solo quedaba vacío, un vacío frío, distante, donde ya no había rastro de afecto visible, ni siquiera enojo, solo una mezcla peligrosa de dolor contenido, rencor y algo mucho más profundo... desconfianza. La boda dejó de ser un sueño. Dejó de ser una promesa. Se convirtió en una duda constante, en un peso que Sanji llevaba encima como una condena, en un error posible que no podía dejar de cuestionar, porque cada pensamiento lo llevaba a otro más oscuro, más destructivo, como si su mente se hubiera convertido en un lugar del que no podía escapar, donde todo lo que sentía era analizado, exagerado, distorsionado... y lo peor es que empezó a creer en esas distorsiones. Se volvió más sensible, demasiado, cualquier gesto le parecía extraño, cualquier palabra tenía un doble significado, cualquier silencio era sospechoso, su mente no descansaba ni un segundo, y sus emociones comenzaron a volverse inestables, impredecibles, pasando de la tristeza al enojo, del miedo a la culpa, de la necesidad de acercarse... al impulso inmediato de alejarse. Y ahí fue cuando comenzó el verdadero quiebre. Porque empezó a aislarse. No de forma abrupta, no con rechazo directo, sino con pequeñas evasiones, con excusas suaves, con sonrisas que cerraban conversaciones antes de que pudieran empezar, dejó de quedarse después de las comidas, dejó de compartir momentos en cubierta, dejó de responder más de lo necesario, y poco a poco... se fue encerrando en sí mismo, construyendo una distancia que nadie lograba atravesar. Nami fue la primera en intentarlo de verdad. Se acercó con cuidado, con paciencia, con esa mezcla de firmeza y calidez que la caracterizaba, intentó hablar con él en privado, hacerle ver que algo no estaba bien, que podía confiar en ella, que no estaba solo... pero Sanji solo sonrió, una sonrisa vacía, educada, y desvió la conversación, respondiendo lo justo, lo mínimo, sin permitirle entrar, y aunque Nami insistió más de una vez, el resultado siempre fue el mismo: una barrera invisible que no lograba romper. Robin lo intentó de otra forma. No con preguntas directas, sino con observación, con presencia silenciosa, sentándose cerca de él, compartiendo el espacio sin invadirlo, buscando entender lo que no se decía, leyendo entre líneas, en gestos, en pausas... pero lo que encontró no fue claridad, fue confusión, porque Sanji parecía consciente de su cercanía, pero no reaccionaba, como si hubiera decidido no dejar que nadie lo comprendiera completamente. Chopper, desesperado, trató de cuidarlo desde lo físico. Le llevaba comida extra, intentaba revisar su estado, insistía en que descansara más, en que se alimentara mejor, en que hablara si algo le dolía... pero cada intento era suavemente rechazado, con gratitud, sí, pero también con distancia, porque Sanji no quería ser cuidado, no quería sentirse vulnerable frente a nadie. Usopp intentó hacerlo reír. Contó historias, exageró anécdotas, hizo todo lo que estaba en sus manos para devolverle la sonrisa aunque solo fuera una pequeña chispa de su antigua alegría, pero incluso eso falló, porque las pocas veces que Sanji reaccionaba... su risa era corta, forzada, como si viniera de un lugar que ya no existía realmente. Brook se quedó con él en silencio. Acompañándolo sin exigir, tocando música suave, intentando llenar ese vacío con algo que no fuera presión, pero ni siquiera eso lograba alcanzarlo del todo, porque aunque Sanji no se iba... tampoco se quedaba de verdad. Franky intentó animarlo con energía, con entusiasmo, con esa forma directa de enfrentar los problemas, pero lo único que consiguió fue incomodarlo más, porque Sanji ya no sabía cómo responder a ese tipo de estímulos, ya no encajaba en ese ritmo. Jinbe fue el único que realmente entendió la gravedad. Observó sin intervenir de inmediato, analizó cada cambio, cada reacción, y cuando finalmente habló... no fue para consolar, fue para advertir, porque lo que veía en Sanji no era tristeza pasajera, era el inicio de algo mucho más profundo, una ruptura interna que, si no se detenía, podría destruirlo completamente. Pero ya era tarde, porque para Sanji... todo era sospechoso. Cada intento de ayuda se transformaba en duda, cada gesto en una posible intención oculta, cada palabra en algo que debía analizarse más allá de lo evidente, y mientras más intentaban acercarse... más se alejaba, más se cerraba, más se convencía de que no podía confiar en nadie completamente. Ni siquiera en Zoro y mucho menos en Luffy. Y ese fue el punto más crítico. Porque no solo los evitaba... los vigilaba. Con esa mirada cargada de emociones contradictorias, como si quisiera acercarse a Zoro pero al mismo tiempo se obligara a mantenerse lejos, como si una parte de él todavía lo amara... pero otra ya no pudiera perdonar, ya no pudiera creer. Ese colapso no pasó desapercibido para todos. Hubo alguien más observando... Alguien que no pertenecía a la tripulación alguien que entendía perfectamente lo que significaba una mente fracturada, una voluntad debilitada, un corazón dividido entre lo que siente y lo que teme. Katakuri. Él no vio un problema...Vio una oportunidad. Porque donde los demás veían dolor... él vio una grieta, una entrada, un momento perfecto. El caos emocional de Sanji, la tensión creciente entre los miembros, la falta de comunicación real... todo encajaba demasiado bien como para ignorarlo, y fue entonces cuando decidió actuar, no de forma abrupta, no como un enemigo, no como una amenaza visible... sino como una coincidencia. Un encuentro aparentemente casual. Una presencia que no levantaría sospechas. Una ayuda que nadie cuestionaría. Y así, mientras la tripulación intentaba sostener a Sanji sin éxito... Katakuri comenzó a acercarse, lentamente, calculando cada paso, cada palabra, cada momento, esperando el instante exacto en el que su intervención no pa reciera una intrusión... sino una solución. Porque sabía algo que los demás aún no querían aceptar...Sanji ya no estaba bien y cuando alguien se rompe de esa manera... no necesita mucho para caer completamente.
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