El demonio en la colina

Slash
PG-13
Finalizada
0
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
29 páginas, 9.487 palabras, 4 capítulos
Descripción:
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Capítulo 2

Ajustes
El viernes fue aún peor. Dipper lo sabía, desde el momento en que Bill lo había estampado contra los lockers. Habían cruzado una línea. Ahora Dipper solo apretaba los puños mientras caminaba por los pasillos, con la cabeza gacha y los auriculares puestos. No servía de nada. Las risas llegaban igual. Mabel lo encontró en el almuerzo, sentado solo en su mesa habitual, mirando su sándwich sin hambre. —Dipper —dijo, sentándose frente a él con determinación—. Esto ya no puede seguir así. —Déjalo, Mabel —murmuró él, sin levantar la vista—. Ya pasará. —¿Pasará? —Mabel golpeó la mesa con la palma—. ¡Dipper, ese idiota te está haciendo la vida imposible! —No puedo hacer nada, Mabel —dijo en voz baja—. Bill es rico. Su papá dona dinero a la escuela. Si le hago algo, si le pego o siquiera le grito, seré yo el que termine expulsado. Y Bill lo sabe. Mabel frunció el ceño. —Entonces... ¿qué? ¿Te vas a quedar de brazos cruzados mientras él te humilla? Dipper levantó la vista. Sus ojos estaban cansados, con ojeras profundas. Había pasado las últimas tres noches en el bosque, buscando algo que le diera sentido a todo este caos. —No voy a quedarme de brazos cruzados —dijo con determinación—. Voy a seguir yendo al bosque. Voy a encontrar una prueba de que lo que digo es real. Entonces Bill y todos los demás... dejarán de reírse. --- Esa noche, Dipper salió al bosque con su mochila, su linterna y su libreta. La luna estaba casi llena, iluminando el sendero entre los árboles. Dipper conocía este bosque mejor que su propia casa. Había pasado años explorándolo, marcando lugares en sus mapas, tomando notas sobre cada sonido extraño y cada sombra que se movía entre los troncos. Pero esta noche, algo era diferente. Escuchó un crujido que no había escuchado antes. El sonido se repitió y él lo siguió, apartando ramas y esquivando arbustos. Por mucho tiempo, le parecieron kilómetros, pero dudaba que fuera tan lejos. Cuanto más profundo entraba en el bosque, más oscuro se volvía. La luz de la luna apenas lograba filtrarse a través del denso follaje. Y entonces vio una cueva. La entrada estaba cubierta de enredaderas gruesas, pero entre ellas se veían marcas en la piedra. Símbolos. Los mismos que Dipper había visto en sus libros. Dipper tragó saliva. Esto es real. Esto no es un sueño. Entró en la cueva con cautela, iluminando el camino con su linterna. El interior era más grande de lo que parecía desde afuera. Las paredes estaban cubiertas de más símbolos, algunos tan antiguos que la piedra parecía haberse desgastado a su alrededor. Y entonces, llegó al final de la cueva. Frente a él, iluminado por un rayo de luz que entraba por una grieta en el techo, había un mural. La imagen mostraba a una figura, una silueta de fuego, elevándose sobre un paisaje en ruinas, a un lado de esa silueta habían pequeñas figuras atacando y por sus posiciones, iban perdiendo. Debajo de todo eso había una inscripción en una lengua que Dipper no podía leer, pero entre todo lo que el mural pretendía decir, reconoció un símbolo que se repetía una y otra vez porque era al tatuaje de Bill. El símbolo estaba plasmado sobre un dibujo diferente de una figura humana. Lo curioso era que en el dibujó el símbolo estaba posicionado en mismo lugar donde Bill lo tenía. El texto debajo de ese último dibujo de veía más alarmante. Aunque Dipper no tenía idea qué decía, esa sensación le daba. Sacó su cámara y empezó a fotografiar todo lo que podía, hasta que volvió a escuchar un ruido desconocido, pero esta vez el ruido era agudo, acompañado de un compás peligroso que podía ser el de unos dientes o unas garras. Le dio mucho miedo, así que salió corriendo de la cueva. --- El lunes, Dipper no podía dejar de mirar a Bill. Si Bill se había tatuado aquella figura, eso podía significar que era un entusiasta de lo paranormal como él, o simplemente había elegido un diseño cualquiera de un libro… pero si era una marca de nacimiento, entonces eso era algo raro. Digno de estudio. Todas las imágenes que rodeaban el símbolo y cada cosa dibujada en la pared, aunque aún no podía descifrarlo, parecía una advertencia respecto a algún tipo de peligro demoníaco. Y, sinceramente, si terminaba descubriendo que Bill era un demonio o algo así, no lo iba a dudar ni un segundo. El tipo era devastadoramente atractivo, como se decía de las criaturas malignas cuando no mostraban su forma real, y al mismo tiempo era una completa patada en el hígado. Como un demonio debía ser. —Pines —dijo Bill, apareciendo detrás de él en el pasillo—. ¿Me estás mirando? Dipper se sobresaltó. Había estado tan concentrado en observar a Bill que no lo había notado acercarse. —No —dijo rápidamente—. No te estaba mirando. Bill sonrió. Era una sonrisa diferente. No era burlona ni cruel. Era satisfecha. —Claro que no —dijo Bill, inclinándose hacia él—. Tú nunca me miras, ¿verdad, Pines? Dipper sintió que el calor le subía a las mejillas. Bill estaba demasiado cerca. Podía oler su perfume. Podía sentir su aliento, y podía ver la marca. El triángulo en su cuello, apenas visible bajo el cuello de su camisa. —¿Qué quieres, Bill? —preguntó Dipper, tratando de mantener la calma. —Nada —Bill se enderezó, pero su mirada seguía fija en él—. Solo quería decirte que he notado que me observas mucho últimamente. Dipper abrió la boca para negarlo, pero Bill ya se había dado la vuelta y se alejaba, con las manos en los bolsillos y una sonrisa en los labios. --- Esa tarde, Bill apareció junto a su mesa en el almuerzo. Dipper estaba comiendo solo, como siempre. Había perdido la cuenta de los días que pasaba sin compañía. Mabel había intentado sentarse con él, pero Dipper la había convencido de que se fuera con sus amigos. No quería que ella también fuera víctima del bullying. —¿Puedo sentarme? —preguntó Bill. Dipper levantó la vista, sorprendido. —No tienes que pedir permiso. Siempre haces lo que quieres. Bill sonrió y se sentó frente a él. No llevaba bandeja. Solo su sonrisa y sus ojos azules. —He estado pensando —dijo, jugando con un tenedor que había tomado de la bandeja de Dipper—. En ti. Dipper sintió que su corazón daba un vuelco. —¿En mí? —Sí —Bill inclinó la cabeza, y su cabello rubio cayó sobre su frente—. En que me has estado mirando mucho últimamente. Y en que antes no me mirabas. ¿Qué cambió, Pines? "Cambió que creo que eres un wannabe o un demonio", pensó Dipper. —Nada —dijo en voz alta—. Solo... estaba pensando en algunas cosas. —¿Qué cosas? Dipper no respondió. Bill lo miró fijamente, y por un momento, Dipper sintió que sus ojos azules lo atravesaban, que podían ver todos sus secretos. —Sabes —dijo Bill, inclinándose sobre la mesa—. Podrías venir a mi casa hoy. Después de clases... Y deberías estar agradecido de que te doy una última oportunidad. No quieres saber qué podría pasar si dices que no de nuevo. Dipper tragó saliva. —¿Para qué? —Para hablar. —¿Qué clase de "hablar"? —preguntó Dipper, tratando de sonar casual. Bill sonrió. Era una sonrisa que no llegaba a sus ojos. —De todo. De ti. De mí. De lo que sea que te tenga tan... interesado en mí últimamente. Dipper sintió que el calor le subía al rostro. —No estoy interesado en ti. —Claro que no —dijo Bill, con un tono que indicaba lo contrario—. Entonces, ¿vienes? Dipper miró a Bill. Sus ojos. Su sonrisa. La marca en su cuello. —Está bien —dijo finalmente—. Voy. —Se dijo que no era que tuviera miedo de lo que Bill pudiera hacerle como venganza por rechazarlo de nuevo, más miedo debería darle lo que pudiera hacerle si iba a su casa a un lugar donde no hubiera testigos; iba con Bill porque de verdad le interesaba saber más sobre ese símbolo. --- La mansión de Bill era enorme. Dipper lo sabía, por supuesto. Todo el mundo en Gravity Falls sabía que la familia Cipher vivía en la colina, en una casa que parecía sacada de una película. Pero verla en persona era diferente. Bill lo llevó hasta ahí en su carro y después abrió la puerta principal de la mansión con una especie de reverencia. —Bienvenido a mi humilde hogar. Dipper miró a su alrededor. El vestíbulo era inmenso, con candelabros de cristal y una escalera de mármol que llevaba a un segundo piso. Las paredes estaban cubiertas de cuadros de paisajes oscuros y retratos de personas que parecían mirarlo con desaprobación. —Es... grande —dijo Dipper, sin saber qué más añadir. —Lo sé —Bill se encogió de hombros—. Es aburrido, en realidad. Demasiado espacio para una sola persona. Pero mi papá está siempre de viaje, así que tengo la casa para mí solo la mayor parte del tiempo. Dipper asintió, tratando de no pensar en lo que implicaba estar "a solas" con Bill. Bill lo llevó a través de la casa, mostrándole salas y salones y una biblioteca que era más grande que toda la casa de Dipper. Pero Dipper no estaba prestando atención. Solo podía pensar en la marca en el cuello de Bill. —¿Quieres ver algo? —preguntó Bill, deteniéndose frente a una puerta al final de un pasillo. —¿Qué es? Bill abrió la puerta. Era su habitación. —Mi cuarto —dijo—. Quería que lo vieras. Dipper entró con cautela. La habitación de Bill era tan impresionante como el resto de la casa. Una cama enorme, una pared de ventanas con vista al bosque, y un escritorio cubierto de papeles y libros. Pero lo que llamó la atención de Dipper fue la pared frente a la cama. Allí, colgado en un marco dorado, había una pintura de un triángulo, igual a la marca en el cuello de Bill. —¿Qué es eso? —preguntó Dipper, señalando el cuadro. Bill siguió su mirada. —¿Eso? Solo un símbolo que me llama la atención. ¿Te gusta? Dipper tragó saliva. —Es... interesante. —Sí, pensé que te lo parecería. --- La noche cayó más rápido de lo que Dipper esperaba. Habían estado hablando durante horas. O bueno, Bill había estado hablando. Dipper solo había estado asintiendo y haciendo preguntas ocasionales, tratando de no parecer demasiado interesado. Pero cuando Bill miró por la ventana y dijo "es tarde", Dipper sintió un escalofrío. —Tengo que irme —dijo, levantándose—. Mis tíos van a preocuparse. Bill se levantó también. —No te preocupes. Te llevaré en el auto. Dipper sintió un alivio inmenso. —Gracias. —No hay problema —Bill tomó sus llaves del escritorio y caminó hacia la puerta. Pero cuando llegaron al garaje y Bill abrió la puerta del auto, se detuvo. —¿Sabes qué? —dijo, con una sonrisa que no le gustó nada a Dipper—. Es muy tarde. La carretera hasta tu casa está oscura y es peligrosa. Además, ya están todos en la cama. Tus tíos probablemente no esperan que llegues a esta hora. Dipper sintió que el pánico se apoderaba de él. —Bill, tengo que irme... —Puedes quedarte —dijo Bill, y su voz era suave. Demasiado suave—. Hay habitaciones de sobra. Puedes dormir aquí y mañana te llevo temprano a la escuela. ¿Qué dices? Dipper negó con la cabeza. —No, en serio, tengo que irme. Puedo caminar si es necesario. Bill lo miró. Sus ojos se oscurecieron. —No vas a caminar —dijo, y su voz había perdido toda suavidad—. Está oscuro. Hace frío. Hay animales en el bosque. No voy a dejarte ir así. —Bill... —Te quedas —dijo, y no era una sugerencia. —Hay una habitación de invitados al final del pasillo. La cama está hecha. Si necesitas algo, llámame. Bill lo guío hasta allí sinndejarlo hablar y luego desapareció por la escalera, dejando a Dipper confundido y un poco asustado. --- La habitación de invitados era tan lujosa como el resto de la casa. Pero Dipper no podía dormir. Estaba acostado en la cama, mirando al techo, pensando en Bill. En la marca en su cuello. En el mural. En todo. ¿Por qué me tiene aquí? ¿Qué quiere de mí? La pregunta lo perseguía mientras daba vueltas en la cama, sin poder conciliar el sueño. Y entonces, una idea atravesó su mente. Ya que estaba ahí, podía investigar de cerca. Bill dijo que ese símbolo solo le gustaba, así que eso cimentaba su opinión de que la marca era solo un tatuaje, pero ahora que estaba ahí, si Bill dormía, podía examinarlo tan de cerca y con tanto detenimiento como quisiera. Dipper se levantó de la cama. Caminó por el pasillo oscuro hasta la habitación de Bill. La puerta estaba entreabierta. Así que solo necesitó un empujoncito para poder abrirla. Bill estaba acostado en la cama, con los ojos cerrados, respirando profundamente. Estaba dormido. Dipper se acercó lentamente e inclinó para ver mejor. La marca era perfecta en sus bordes. La textura era irregular, como la de la piel, pero la forma era impecable. Era una marca de nacimiento. Tenía que serlo. Pero ¿cómo podía ser una marca de nacimiento si tenía la forma de un triángulo? ¿Si era idéntica al símbolo del mural? ¿Qué significaba eso? Dipper estaba tan concentrado en examinar la marca que no notó que los ojos de Bill se abrían. —¿Qué estás haciendo, Pines? Dipper dio un salto hacia atrás, pero no fue lo suficientemente rápido. Bill se dio la vuelta con una rapidez y lo agarró por la muñeca, tirando de él hacia la cama. Dipper cayó encima de Bill, con el corazón latiendo tan rápido que apenas podía respirar. —Bill, yo... no estaba... —¿No estabas qué? —preguntó Bill, y su voz era un susurro—. ¿No estabas mirándome? ¿No estabas tocándome? —Solo quería ver... —¿Ver? —Bill lo interrumpió, y sus ojos azules brillaban en la oscuridad. Dipper abrió la boca para defender sus intenciones, pero las palabras no salían, en especial porque Bill ahora sonreía, de una manera peligrosa, se veía extremadamente feliz. Y entonces, sin previo aviso, lo besó. El beso fue suave al principio. Pero cuando Dipper no se apartó, Bill lo intensificó. Sus dedos se enredaron en el cabello de Dipper, y su otra mano se deslizó por su espalda, presionándolo contra él. Dipper sintió que el mundo se detenía. Y a pesar de todo, a pesar del miedo y la confusión y la certeza de que esto estaba mal, no podía apartarse. Cuando Bill finalmente rompió el beso, sonrió. —Mañana —dijo, con voz ronca—. Cuando vayamos juntos a la escuela, todo el mundo va a saber que eres mi novio. Dipper sintió que el pánico se apoderaba de él. —No, nunca dije que... —Yo lo dije —dijo Bill, y su sonrisa era una advertencia—. No tienes opción, Pines. Acepta lo que te doy, o te quito todo. —¿Cómo me vas a quitar todo? No digas eso, da miedo. —No te preocupes, a menos que no hagas lo que te digo, no hay necesidad de tener miedo. —Bill… no quiero ser tu novio. No me gustas. —No importa. Ya lo eres. Lo de que no te gusto es mentira, sí te gusto, solo que no lo sabes. Con el tiempo lo vas a tener claro. Dipper se asustó, confundió e irrutó, pero al final suspiró. —Voy a mi habitación a dormir. —No, te vas a quedar conmigo. —Bill lo apretó con fuerza. —Argh, no hagas eso... Está bien, no me voy. Pero déjame acomodarme. Dipper intentó acomodarse sobre el colchón y mientras Bill lo abrazaba y cerraba los ojos, Dipper supo que su vida nunca volvería a ser la misma. Tenía miedo, sí, pero también se sentía a gusto.
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