Capítulo 15
11 horas y 58 minutos hace
Cuando desayunaron y se quedaron satisfechos con el pescado y las pocas verduras que Bennett llevaba consigo, ambos se quedaron callados un momento. Luego, al unísono, hablaron:
—Tartaglia…
—Camarada…
Rieron.
—Tú primero, Tartaglia.
—Solo quiero que sepas que no es necesario que antes de puntillas alrededor de mí, camarada. Nunca te voy a abandonar. Lo juro.
Bennett abrió la boca, sorprendido—. ¡Ju… jurar! Eso… Es demasiada responsabilidad, Tartaglia. Puede que te arrepientas luego y…
—Nunca. Antes que Fatui o que snezchnayan, soy un hombre. Un hombre que cumple con lo que promete —Tartaglia se levantó y sacó un cuchillo de su bolsillo—. Si no me crees, puedes quedarte más tranquilo con un pacto de sangre.
—¡¿Qué?!
Bennett se paró sobre sus piernas y se abalanzó sobre Tartaglia, arrebatándole el cuchillo. Un hilillo de sangre se deslizó entre las palmas de sus manos.
—¡Bennett! —exclamó el joven—. ¿Acaso eres idiota? ¡No puedes ir con las manos desnudas a arrebatarle el cuchillo a alguien!
—¡No hagas juramentos innecesarios! —le reclamó a su vez el muchacho—. No lo valgo. Esto es cosa de nada. En unos días dejará de doler.
Tartaglia le dirigió una mirada pesada. Por primera vez desde que iniciaron su viaje, Bennett volvió a sentir ese miedo ominoso que sintió la primera vez que durmió con él. Era como si todo alrededor se oscureciera y solo pudiera ver sus ojos, carentes de brillo, a los que no llegaba jamás la luz de sus sonrisas.
—No haré juramentos —prometió. Omitió el adjetivo que Bennett había usado—. Pero si vuelves a abalanzarte sobre un hombre con cuchillo y no es para matarlo, no esperes que te perdone esa estupidez.
—¿Matarlo? Creo que exageras un poco, amigo…
Pero no se habló más del asunto. Tan pronto como Tartaglia rompió el contacto con Bennett, él sintió que se hundía en la amargura. Continuaron en silencio, arreglaron lo mejor que pudieron el Rompeolas y se subieron a bordo a media tarde.
No obstante, el ambiente era incómodo y tenso. Bennett empezó a sobre pensar, y no sentía la misma apertura por parte de Tartaglia que cuando estaban comiendo y platicando como si fueran amigos de toda la vida.
Pronto dejaron atrás el Bosque de Piedra Guyun y se dirigieron hacia la ciudad de Liyue. Tartaglia parecía estar cada vez más tenso. De pronto, soltó:
—¿Tenemos que estar con este ambiente incómodo siempre? Di algo, camarada.
—¡Ah! Eh… Aether me contó que un loco liberó a Osial cerca de aquí para robarle algo al dios de esta nación.
Tartaglia pasó del incordio a la sorpresa en un instante; rompió a reír.
—¿Un loco? ¡Ja, ja, ja! ¿Qué más te dijo de ese loco?
Bennett empezó a contarlo todo, esperando que aquello animara las cosas—: Me dijo que es un tipo de lo más despreocupado. Va por ahí teniendo peleas y provocando a todo el mundo. Es un tipo con visión hydro al que la astróloga Mona no podría hacerle frente. Amy me ha contado que Mona es muy buena creando prisiones de agua, pero este tipo es capaz de vencer a sus enemigos en segundos. Aether me dijo que una vez lo vio derrotar a un montón de Guardianes de las Ruinas en solo diez segundos.
—Ah, ¿sí?
—Debe ser un tipo aterrador. Me dijo que, si alguna vez me encontraba con él, que saliera corriendo. No sabía de qué podía ser capaz, así que era mejor que me mantuviera lejos.
—Suena como un tipo peligroso —Tartaglia todavía estaba sonriendo—. ¿Te dijo cómo se llamaba?
—¡Sí! Un tal Nobile de los Fatui. Seguro que debes conocerlo, ¿no? ¿Es tan aterrador como Aether lo describe?
—Es peor que lo que Aether describe —su sonrisa no abandonaba su cara—. Lleva un engaño que lo transforma en una bestia capaz de usar el elemento hydro y el electro. Juraba que le gustaban las jovencitas con faldas pequeñas, pero recientemente ha encontrado una nueva fascinación en un hombrecillo cercano a su edad. En este momento está en una misión importante, asignada por la mismísima Zarina, y si no cumple con su parte, puede que vaya a ser decapitado antes del próximo Año Nuevo.
—Uh, pobre.
—Sí, pobre. Pensar que se ha desviado de su misión por andar tras los pantalones de un tipo, ¡ja, ja, ja! —luego de un rato riendo, Tartaglia se tranquilizó—. Oye, camarada, ¿hacia dónde quieres ir?
Bennett rememoró el tablero de anuncios del gremio. Ignoró las palabras crueles de los aventureros y se concentró en lo que había visto. Entonces recordó el pedazo de papel que Katheryne le había dado. Se llevó la mano a la mochila. Todavía estaba ahí, perfectamente doblado.
Desdobló el papel y lo leyó:
Permiso de expedición permanente de Bennett Ragnvindr, de Mondstadt. Tanto Cyrus, el líder del Gremio de Aventureros de Mondstadt, como Diluc Ragnvindr y Jean Gunnhildr (en ausencia del maestro Varka de la Orden de Caballeros de Favonius), conceden permiso al Undécimo de los Fatui “Graf” para escoltar personalmente al aventurero Bennett a donde decida ir.
—¿Graf? ¿Quién es Graf? —preguntó Bennett, extrañado.
—Seguro que fue una jugarreta de Diluc. “Graf” es una de las traducciones de Tartaglia. Creí que ya lo sabías, camarada. Diluc Ragnvindr fue todo lo aterrador y sobreprotector que puede ser un hermano mayor con el hermanito que regresa apaleado a casa a diario.
—Entonces tú eres… ¿el Úndecimo de los Once?
—¿Sí…?
—¡Increíble! Por eso es por lo que conoces a ese loco de Nobile, ¿verdad? —Tartaglia sonrió, esta vez con incomodidad—. ¿Es verdad que la Zarina es bella? Seguro que la has visto.
—¡Es hermosa! —Tartaglia se sintió contento de volver a terreno seguro—. Tiene unos ojos grandes, iguales a los tuyos, como un par de joyas, y su cabello es largo y liso. Lleva una corona de hielo y se sienta en un trono de hielo. Apenas posa su mirada en ti, te congela con su desprecio. ¡Es magnífica!
—Seguro que debe serlo, je, je.
—¿Quieres conocerla?
—¿A la Arconte Cryo? —Bennett se quedó pasmado—. ¿Qué tal si su trono se derrite o se le cae la corona? ¿O si me tropiezo y termino derramando algo sobre su vestido o algo así? —Tartaglia comenzó a reír de nuevo—. ¡No! Preferiría aventuras más seguras. Como… ¡Como Enkanomiya! Supe que hay un encargo hecho por la Arconte Electro para buscar los planos perdidos de un arco estupendo. ¿Podemos ir allí? Necesito uno de esos arcos.
—Tú eres espadachín, ¿no?
—No es para mí si no para una persona muy especial. Pronto es su cumpleaños y no tengo nada preparado. ¿Podemos ir a Enkanomiya?
—No esperaba que nuestra primera expedición fuese a ser en un sitio tan deprimente —Tartaglia se encogió de hombros, imitando las palabras de Bennett de tiempo atrás—. Bueno, vayamos al puerto de Liyue. Nos aprovisionaremos, dormiremos un poco y partiremos a mediodía. También necesitamos dejar el Rompeolas con algún constructor; no llegaremos lejos con esa abolladura. Así que esta noche tendremos que dormir en una posada. ¿Vale?
—¡Vale!