Capítulo 18
11 horas y 55 minutos hace
Como ya eran pasadas las tres cuando decidieron salir por fin a hacer sus mandados, Bennett y Tartaglia estuvieron de acuerdo en quedarse una noche más en Liyue. Compraron brochetas de pescado mientras iban de camino hacia su bote a por las cosas.
Una chica animada y preciosa les salió al paso. Iba con ropa típica de Liyue en tonos amarillos, negros y rojos, el cabello azulado recogido y una enorme lanza a la espalda. Una especie de oso de peluche móvil la acompañaba.
—¡Oh, es Tartaglia! —exclamó, emocionada—. ¡Y tú debes ser…! Mmm, no sé quién eres, je, je, pero yo soy Xiangling, y este es Guoba. ¿Quieres probar mi nueva receta?
—¡Ah! Eh, pero tenemos que hacer…
—No pasa nada, camarada. Xiangling, este es Bennett Ragnvindr, viene de Mondstadt. Pueden hacerse compañía un rato, iré por las cosas y luego vendré por ti, camarada.
—¡Excelente! —Xiangling estaba entusiasmada. Tomó a Bennett del brazo y lo jaló hacia el restaurante de su padre. Su cara estaba iluminada por la sonrisa—. La verdad es que quería decirle a Chongyun y a Xingqiu, pero ese par siempre anda metido en las montañas. Hu Tao últimamente anda ocupada con el señor Zhongli —Bennett dio un respingo. Miró hacia atrás; Tartaglia ya no estaba—. Y creo que Xinyan se volvió a ir de viaje en el Alcor. ¡Qué envidia! Guoba y yo nos tuvimos que quedar en Liyue porque el Rito de la Linterna está a la vuelta de la esquina…
Xiangling en un buen día batía su récord de palabras. Bennett no tuvo mucho por decir, salvo “Disculpe la intromisión” y “Gracias”. La muchacha era quien llevaba la voz cantora.
Sin embargo, cuando Bennett notó su visión, la mirada le brilló y comenzó a hablar con ella acerca de los sentimientos que solo los usuarios pyro pueden compartir entre ellos. De hecho, hablar con Xiangling se sentía de la misma forma que hablar con Amber o con Klee. Bennett comenzaba a notar un patrón en las mujeres con las que compartía visión. Todas eran vivarachas y audaces, prestas a la acción y a la aventura de nuevas cosas, sentimientos que el muchacho comprendía a la perfección.
—¡Baa! ¡Ba! —exclamó Guoba, dejando el lado de Xiangling para recibir a alguien en la entrada del restaurante.
Bennett, que estaba inspirado hablando con Xiangling acerca de cierto tesoro que podría estar en Liyue, cerca de cierta aldea arrocera perdida entre montañas, se quedó helado al ver al hombre en la entrada. De día podía verse mejor. Era alto y debajo de la ropa, sobria y de buen gusto, parecía llevar músculos tonificados y una piel tersa. Tenía una mirada penetrante y ojos dorados. Su cabello, castaño oscuro, caía como hilos de seda por su espalda, sostenido por un broche con un topacio en forma de rombo.
—Hola Xiangling, querido amigo —su saludo fue hacia Guoba, quien parecía particularmente feliz de ver al hombre—. Supe que cierto viajero está visitando tu restaurante, así que quise venir a hablar de un asunto con él.
Bennett, si acaso, se tensó más.
Zhongli se acercó a paso firme hacia la mesa, mientras que Bennett trataba de idear una excusa a toda marcha para poder zafarse y escapar. ¿En dónde demonios se había metido Tartaglia?
—Tómense su tiempo, señor Zhongli. ¿Quiere probar mi receta?
—Nunca rechazaría una invitación tuya, señorita Xiangling —la cara de la muchacha se iluminó todavía más—. ¿Me darías un momento a solas con el invitado?
—Espero que no vaya a empezar a hablarle sobre el vino de Osmanthus —bromeó—. Estaré en la cocina, por si me necesitan. Guoba, ven conmigo.
—¡Baa! —el extraño oso fue detrás de su dueña.
Zhongli y Bennett, en un silencio contenido, se miraron el uno al otro.
—Mi nombre es Zhongli —se presentó con voz modulada y tranquila.
—¡Ah! Eh… Bennett… Ragnvindr. Sssoy eh… Tartaglia me acompaña a… Bueno, tenemos tres días viajando juntos. Sé que no es mucho, pero somos buenos compañeros. Creo.
—No tienes que estar tan tenso, Bennett —el muchacho se sintió extraño al ser llamado por su nombre. Los últimos días solo había escuchado “camarada esto”, “camarada lo otro”. No era que no le gustara; Tartaglia podría llamarlo imbécil y Bennett no se sentiría ofendido en absoluto—. Seré breve. Lamento haberte incomodado.
—No sé de qué me habla señor… Zhongli —saboreó el nombre en su boca. Recordó la forma lastimera en que Tartaglia lo había llamado, suplicante.
Zhongli se limitó a sonreír, como si no quisiera ser él quien reconociera en voz alta lo que a todas luces estaba poniendo tenso al muchacho—. Fue estúpido… y posesivo de mi parte. Él y yo hicimos un contrato y un juramento cuando se fue de Liyue para perseguir a cierto fugitivo de los Fatui. Puede que lo hayamos roto en un momento de debilidad, además de ponerte en esa situación embarazosa, pero necesito que me creas, Bennett. Si fuera por ahí rompiendo cada contrato que hago, todo sería un caos.
Bennett no comprendía en ese momento a qué se refería con “todo”, y siendo sincero consigo mismo, no le interesaba.
—Oiga, eh, no tiene porqué ponerse tan serio conmigo. He visto que mis hermanos, ejem, es decir, he visto que dos personas cercanas a mí tienen ciertos… encuentros nocturnos cuando piensan que nadie está mirando, pero todos en la mansión lo sabemos —confesó—. Yo no soy alguien que pueda juzgar su relación con Tartaglia. Solo somos compañeros de viaje.
—¡Ah, Benny! ¡Eso duele! —Tartaglia estaba detrás de él, cargando un enorme bulto que sonó pesado al ser dejado en el suelo.
Bennett respingó, asustado. Miró alternativamente entre ambos hombres y de pronto se sintió empequeñecido. A pesar de sus palabras, un ardor comenzó a molestarle en el plexo solar. De pasada, se preguntó si el pescado del día anterior le habría caído mal.
—Buenas tardes, señor Zhongli, ¿cómo le va?
—Puede que muy bien o puede que muy mal, señor Tartaglia —Zhongli sonrió enigmáticamente—. Hice lo que tenía que hacer, así que debo desistir de su compañía. Con su permiso, señor Tartaglia, Bennett.
Zhongli no hizo una reverencia ni agachó la cabeza, pero sonrió con verdadero cariño antes de girarse e ir hacia la cocina. Apenas se inclinó para tomar el paquete que Guoba le entregaba, emocionado.
—Prometo que seré juicioso e imparcial, Marcosius. Comunícaselo a la señorita Xiangling.
—¡Baa! —El oso sonrió y volvió a la cocina entre saltarín y feliz. Parecía adorar a Zhongli.
En realidad, parecía que todos en la ciudad adoraban a Zhongli. Él caminó, pacífico, con las manos tranquilas en su espalda. Un anciano lo saludó, luego una mujer, luego un soldado. Tres niños que pretendían ser piratas lo interceptaron y rieron ante el obvio fingimiento de sorpresa. Corrieron a su alrededor, asaltándolo; él les entregó una moneda de oro a cada uno y fue obsequiado con anchas sonrisas y una lluvia de “Gracias, señor Zhongli” y luego un gritito de “Hey, se supone que los piratas no agradecen a sus víctimas”. Los niños soltaron “Arg, ¡y a la otra le robaremos todo el ron de su camarote!” antes de correr rumbo al muelle. Incluso las palomas se quedaban en su lugar, cómodas, como si un humano no estuviese pasando junto a ellas.
Bennett lo observó atravesar la marabunta de gente que lo saludaba y le sonreía. Zhongli se detuvo con una anciana, dio direcciones a una aventurera bonita que parecía nueva en la ciudad y cargó en brazos a una bebita que dejó de llorar en cuanto el hombre la arrulló.
Bennett hubiera empujado a la anciana al agua, espantado a las palomas y hecho que la aventurera se perdiera. No era que todas esas cosas las hubiese hecho a propósito, pero eso no le restaba relevancia. Mientras que este hombre de porte majestuoso iba por ahí siendo adorado por locales y extranjeros, Bennett bien podría ganarse el odio de toda una nación si diera tan solo un paso en falso.
Tartaglia, por su parte, lo vio irse en silencio. Apenas lo tuvo fuera de vista, habló con alegría a Bennett y a Xiangling. No había rastro de la honda desolación con la que Bennett lo vio derrotado en el balcón.
En su fuero interior, Bennett pensó que era triste. Dos hombres que a claras luces se amaban pero que, por alguna razón, no podían estar juntos. Que debían sonreírse y hablarse de “señor, señor” cuando unas horas atrás no podían tener suficiente de sus bocas y sus cuerpos.