Capítulo 21
11 horas y 54 minutos hace
—Lleva una visión hydro y un engaño electro —Bennett escuchó la voz de Aether, seria—. No tengo ni idea de su nombre real, pero lo llaman Nobile de Los Once.
—Pero ¿cómo puedo distinguirlo?
—Tiene cabello entre marrón y rojo y ojos azules.
Bennett abrió los ojos. Vio al tipo con cabello marrón y ojos azules, pero no recordaba nada de lo que soñó. Cuando lo vio acomodarse el cinturón con la visión, Bennett desvió la mirada.
—Camarada…
—¿El bote ya está arreglado? Son las ocho. Es un buen momento para terminar de aprovisionarnos y partir.
Bennett evitó a toda costa hablar de la noche. Se levantó, se calzó las botas y cuando estuvo arreglado, tomó su mochila y salió del dormitorio.
—Yo y mi maldita calentura —despotricó Tartaglia, apesadumbrado. Ya no le importaba si Bennett lo escuchaba o no. Simplemente esperaba que las cosas no se complicaran demasiado entre ellos.
Salieron de la posada con Bennett poniendo una distancia de un metro entre ellos. No se parecían a los dos muchachos que habían llegado las dos tardes anteriores riendo y hablando cómodamente entre ellos.
Cuando pasaron frente al Palacio Liuli, los meseros les hicieron sendas reverencias y los invitaron a desayunar como cortesía de la casa. Después de una hora, cuando pasaron por Joyería Mingxing, la dependienta les hizo una reverencia y les dio más dinero de lo que se había logrado tasar durante la noche.
Volvieron a caminar, todavía callados, pero entonces una muchacha hizo un sonoro —¡Oooh! —y les interrumpió el paso. Era delgada y de cabello largo. Llevaba ropas cafés, casi como en una especie de uniforme, y parecía estar en una constante excitación por las cosas que le llamaban la atención—. ¡Oooh!
—Eh… ¿hola? —Bennett se sintió nervioso. La muchacha no dejaba de estudiarlos a él y a Tartaglia con profundo interés.
—Un chico puro e ingenuo que tiene un yang desbordante al que el mundo intenta aniquilar contra todo pronóstico —pronunció por primera vez la desconocida—. Y un hombre arrogante y siniestro que apenas posee yang dentro de su yin inmenso. Nunca había visto una pugna de energías tan colosal como la de ustedes. ¿Sucedió algo durante la noche?
Bennett sintió la cara caliente de golpe. Volteó a mirar a Tartaglia, quien desvió la mirada. La muchacha se rio con sorna.
—Ustedes los hombres son tan predecibles —se burló—. La única forma de purificar ese exceso de energía que poseen es transmitiéndosela el uno al otro. La saliva y el semen pueden ser especialmente efectivos.
—¡¿Quuuéee?! —Bennett estaba cada vez más rojo y descolocado.
La muchacha se encogió de hombros—. Ustedes eligen si creerme o tomarme por loca. Pero si no hacen algo pronto con ese desequilibrio de energías, puede que terminen muriendo si se alejan mucho de la protección de los dioses. Aquí están seguros, ¿no se han dado cuenta de que no ha ocurrido ningún desastre a pesar de que los dos parecen ser causantes naturales del caos?
Bennett dio un respingo. No, ni siquiera se le había pasado por la mente. El dios Morax los estaba resguardando, porque de otra manera Bennett ya habría causado incendios, hundimientos o tormentas en los últimos dos días. Se quedó boquiabierto.
La muchacha, si acaso, amplió más su sonrisa—. Peeero siempre pueden contratarme si no quieren equilibrar sus energías. Soy Hu Tao, la directora de la Funeraria El Camino. Hago descuento a los desafortunados que no me creen cuando les doy consejos que me hacen tener pérdidas millonarias.
Dicho esto, la extraña les dejó en manos un par de tarjetas de presentación y se fue corriendo para abordar a un aventurero desprevenido.
—Esa mujer y sus tácticas de venta —se quejó Tartaglia—. No le hagas caso… camarada. La primera vez que me vio me preguntó que si quería ser su socio porque muchos de mis hombres mueren en batalla.
—¿Y qué le dijiste?
—Que sí, obviamente. He ahorrado muchos costos en funerales.
—Eeeh…
Muy en el fondo, Tartaglia agradeció la intervención de Hu Tao. Si bien Bennett no le hablaba con la misma confianza que el día anterior, tampoco era como le estuviera rehuyendo como en la mañana, así que el joven se daba por bien servido.
Entre vítores y palabras de aliento, los dos jóvenes que habían llegado a Liyue para desfalcarlo, se subieron a su pequeño Rompeolas recién renovado y comenzaron a disponer todo para marcharse. A la distancia podían observar a Xiangling junto a Guoba, despidiéndose. También estaban los tres niños que jugaban a ser piratas, un montón de soldados y muchos aventureros curiosos.
—¡Oh, señor Zhongli!
Bennett se envaró por un momento. Saludó a Zhongli, se disculpó y volvió a sumirse en un silencio incómodo que no le permitió a Tartaglia explayarse. Ahora estaba completamente seguro de que el muchacho los había escuchado dos noches atrás, cuando Zhongli andaba de vagabundo entre los techos de la gente.
—Señor Tartaglia, joven Bennett —Zhongli fue, si acaso, todavía más formal que la mañana anterior—. Solo vine a despedirlos. ¿Van bien de dinero y provisiones?
—Encuentro un poco irónico que sea usted el que se preocupe por nuestra economía, ja, ja, ja. ¿Ya comió?
Zhongli también rio con suavidad. Bennett sintió de nuevo ese ardor en el plexo solar, pero esta vez no había comido pescado. ¿Qué era lo que le pasaba?
—No hay nada de malo en preocuparse por los amigos, supongo —Tartaglia hablaba con ligereza, relajado—. ¿Va a viajar a algún lado?
—A Mondstadt. Un buen amigo mío me invitó a la taberna El Obsequio del Ángel. Tengo entendido que es la mejor taberna de la ciudad, ¿no?
Bennett levantó la vista. Zhongli le miraba con calma y avenencia. No había rastro de la actitud posesiva que había tomado mientras abrazaba a Tartaglia.
—Le recomiendo el jugo de gancho de lobo, señor Zhongli —las palabras le salieron antes de que pudiera pensarlo mucho. Él era un promotor natural del trabajo de sus hermanos. Además, Zhongli ya se había disculpado. Bennett comenzó a relajarse casi sin darse cuenta—. Si le pudiera decir a mi hermano Diluc que estoy partiendo de Liyue junto a Tartaglia, se lo agradecería. Él sabe ser agradecido, seguro que le dará a probar las mejores bebidas del establecimiento solo por llevarle el mensaje.
—¡Maravilloso! —exclamó, aunque nunca subió la voz. Él parecía ser una persona conciliadora que nunca mudaba la expresión de concordia.
Bennett suponía que nunca más lo vería ser posesivo e instintivo; tal vez eso solo pasaba si tenía a Tartaglia en brazos. Y, por lo que sabía Bennett, ambos habían jurado nunca más volver a verse de una forma romántica. El ardor en su plexo solar disminuyó casi por completo, pero Bennett había decidido ignorarlo minutos atrás, por lo que no podía atinar a decir qué era lo que lo estaba provocando.
—¡Oh! También puede buscar a Venti —recomendó, de pronto entusiasmado.
—¿Venti?
—¡Sí! Es un bardo, lleva una boina verde y una lira. Su música es genial, y él conoce los mejores lugares de la ciudad.
—Muy bien. Cuando llegue a la ciudad preguntaré por él —Zhongli tomó su recomendación con buen ánimo, contento.
Eso puso a Bennett en su propia zona de confort. Se sintió en calma, feliz. No servía de nada ponerse a la defensiva con Tartaglia. Él no le había hecho nada malo. Desde que estaba con él, tres días atrás, no había sangrado ni una vez. Ni llorado, ni nada.
Tal como Tartaglia se lo había prometido.
Nunca más tendrás que sufrir.
¿Qué problema había en que durmiera desnudo a su lado?