Come With Me, Fortune

Slash
NC-17
En progreso
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Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 306 páginas, 117.989 palabras, 75 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capítulo 25

Ajustes
—¡Lleven a los heridos a la enfermería! ¡Los dieciséis en pie, descansen! Señor Tartaglia… —No se preocupe —Tartaglia descartó las preocupaciones de Kokomi casi de inmediato—. ¡Soldados! Ocho fatuis se formaron frente a Tartaglia y llevaron una rodilla al suelo. Eran tres electromartilladores, tres recaudadores pyro, una Dama del Espejo y una Maga de Cicin Cryo. —¿Sus órdenes fueron dadas por la organización? Todos se quedaron callados. —¿Cuáles fueron las órdenes? Un nuevo silencio. Incluso los presentes parecían aterrados de la presencia del Onceavo. ¿Cómo podían desafiarlo sus propios hombres? Tartaglia demostró porqué era un temible miembro de Los Once unos segundos después. Tomó la mano de uno de los recaudadores y la cercenó limpiamente con un solo movimiento de su cuchillo. Contra todo pronóstico, el recaudador no gritó ni lloró, pero la sangre chorreó la ropa del Onceavo. Todos se apuraron a salir corriendo, incluyendo las sacerdotisas y los participantes que seguían conscientes. Solo permanecieron Kokomi, Gorou, Itto y algunos soldados con estómago fuerte. Un momento después, el recaudador se desmayó por la pérdida de sangre. —Siguiente. El segundo recaudador ofreció sus manos como si le pidieran extenderlas para darle dulces. —¿Cuáles fueron las órdenes? La tercera negativa a contestar. Tartaglia le cortó ambas manos. La maga, que había permanecido impasible, dejó salir un gemido de miedo porque la sangre la salpicó a ella también. Tan pronto como Tartaglia fijó su mirada en ella, apuntó a su cuello con una espada y le dirigió esa mirada que poseía, carente de brillo y emociones. La maga comenzó a llorar, porque estaba claro que Tartaglia la iba a decapitar sin contemplaciones dentro de los siguientes cinco segundos si nadie hablaba. Bueno, cualquier cosa era mejor que morir a manos del Onceavo como los otros dos idiotas. —¡Evitar que se forme el grupo de búsqueda del Depredador! ¡Esas fueron las órdenes, Onceavo! Tartaglia bajó la punta de su espada por un momento. Luego decapitó a la maga. Ese no era más que el precio a pagar por la traición, así fuese dentro de la misma organización. Los otros, incluyendo el manco, no dejaron que se les moviera ni un cabello. —¿Están conscientes de que acaban de estorbarme? —cuestionó—. ¿No me vieron o fingieron no verme entrar al palacio Sangonomiya? ¿A quién le interesa debilitar el poder militar de Inazuma por encima de la sagrada misión que la Arconte Cryo me ha encomendado? ¿O es que acaso no han sido informados de las razones por las que estoy aquí? —Creímos que seguía jugando como… siempre —se atrevió a hablar un electromartillador. —Maldita sea, ¡nadie les dijo! ¡Dioses! —Tartaglia se mesó el cabello, a punto de arrancárselo—. ¿Pueden dejarnos a solas? —Como guste, señor Tartaglia —Kokomi no perdía la gracia en medio de tanta sangre—. Solo he de decirle que gracias al joven Bennett y a mí ninguna vida se había perdido. Tres de los suyos son más que suficientes para cubrir la falta que han cometido. Tartaglia asintió con sequedad. Kokomi se dio la media vuelta, vio que sus soldados y el enorme oni estaban lívidos de miedo y les ordenó seguirla afuera del recinto. Lo que sea que trataran los Fatui era algo que no les incumbía, dado que ya no tenían nada que ver. En otras circunstancias, Kokomi habría hablado directamente con la arconte para que esos malditos dejaran de arruinarle los planes a la nación entera, pero ahora veía que tenía de su parte a uno de los más poderosos. Si lograba sonsacarle la información directamente a Tartaglia y que además dejara instrucciones específicas para que los Fatui no volvieran a molestar, todo se resolvería. No obstante, a pesar de que no hubo bajas de su lado, Kokomi no estaba precisamente contenta. Lo que solo sería una selección simbólica para que los elegidos se fueran sintiendo confianza, había resultado en un desastre que casi les costaba decenas de vidas y la reputación de todo Watatsumi. —Ve con Yae Miko, de inmediato —ordenó Kokomi a Gorou—. Infórmale de lo que acaba de pasar. Necesito que esté enterada del desastre. Puede que ella misma ordene cesar la búsqueda de inmediato, entonces no tendremos que pasar por más problemas por hacer esto en público. Tienes que volver en la noche. ¿Crees ser capaz, Gorou? Dicen que la nekomata Kirara es más rápida que tú. Gorou frunció el ceño. —Yo lo llevo —Itto se metió, sin que nadie le diera vela en el entierro. —No digas tonterías, Arataki Itto. Eres un civil y… —¡Bah! Debes estar cansado de andar corriendo de allá para acá. Mientras no me cruce con Kujou Sara me da igual —Itto se encogió de hombros. Se agachó, cargó a Gorou como una princesa y salió corriendo del lugar tan rápido que ni siquiera les dio tiempo a sus hombres para que se levantaran. Cuando Itto ya no se veía a la distancia, Tartaglia salió del gimnasio. Estaba manchado salvajemente de sangre. Solo la Dama del Espejo y dos electromartilladores salieron intactos. Los otros seis estaban desmembrados o decapitados. Se fueron corriendo con la cola entre las patas, sin mirar a ninguno de los presentes. Sin embargo, a pesar de la grotesca escena, Tartaglia se acercó a Kokomi como si estuviese mojado de agua simple y no como si se hubiese bañado en sangre. —Si no le importa, mis hombres vendrán en una hora para limpiar el desastre del gimnasio. Puede mandar soldados para vigilarlos, pero no recomiendo que personas de estómago débil entren. —… Muy bien. ¿Podemos hablar en privado, señor Tartaglia? —Permítame cinco minutos. No deseo que Su Excelencia se manche de sangre traidora. ¿Puedo verla en un salón privado? —De acuerdo. Lo estaré esperando. --- En medio de la refriega, muchos habían resultado heridos, incluyendo un chico de Sumeru. Bennett estaba a punto de ir a auxiliarlo, pero se lo pensó mejor cuando vio que su visión era dendro; no quería terminar quemándolo por accidente. Este, por cierto, despertó sintiendo una bruma pesada sobre el cuerpo. Siempre que se excedía se sentía de la misma forma. Diluc le decía que no debía abusar de los poderes de su visión, sobre todo siendo tan joven, pero es que Bennett simplemente no sabía de qué otra forma podía ayudar a las personas si no era curándolas y dándoles buffs en batalla. Él por sí mismo era fuerte, como cualquier persona con visión, pero eso no quería decir que aquello fuese suficiente para proteger a las personas. Él no tenía escudos elementales, no tenía armas de largo alcance para no lastimarse o habilidades físicas más allá de lo que Kaeya le había enseñado durante años. ¿Qué podría hacer si de pronto no podía blandir su espada o curar a las personas con su habilidad definitiva? Solo sería un estorbo que los terminaría matando de verdad, más allá de que su mala suerte afectara todo. Bennett se sentó en la camilla, exhausto. Cuando vio que nadie tenía heridas de gravedad, sintió que se ponchaba como un globo del alivio que sintió. Se levantó para dirigirse al grupo de camillas donde los aventureros de Mondstadt cuchicheaban entre ellos, contento. —Oye, William, ¿cómo estás? —preguntó, con toda la jovialidad de la que fue capaz. Los seis aventureros le dirigieron miradas fulminantes, se levantaron y pasaron junto a Bennett empujándolo con el hombro. El último de ellos le gritó: —¡Quítate! Era Janis, uno de los aventureros de Mondstadt que había quedado en pie junto a Royce. Lo empujó tan fuerte que Bennett cayó de sentón—. ¿No ves que casi morimos por tu culpa, idiota? La magia de las sacerdotisas nunca ha hecho daño a la gente, pero tan pronto como te atraviesas en el camino… —¡Déjalo, Janis! Ya es un milagro que no nos haya llovido dentro del gimnasio. Y si no son los hilichurls, de seguro ese loco que lo protege nos termina cortando las manos. ¡Y todos los demás escuchen! Si no quieren que la mala suerte los persiga, expulsen a este imbécil de aquí antes de que nos termine matando de verdad. ¿Cómo se te pudo ocurrir venir a Inazuma de verdad? Pequeño hijo de puta… Alguien le escupió. Bennett sintió la saliva mojándole la mejilla. No se paró, ni siquiera hizo el menor ruido. Royce, Janis, William y los otros tres salieron de la enfermería, sin importarles el ambiente tenso y contenido que dejaron en la enfermería. Una muchacha de brillante cabello verde se acercó a Bennett y se arrodilló junto a él. Le limpió la saliva con un pañuelo y lo llamó. —¿Bennett? ¿Me escuchas? Bennett la enfocó en ese momento. Por un momento tenía los ojos llorosos, así que parpadeó varias veces antes de reconocerla. —¡Oh! ¡La amiga de Amber! ¡Hermano Kaeya me ha hablado mucho de ti! Eres Collei, ¿cierto? —Y tú eres Bennett, ¿verdad? ¿Estás bien? —¡Por supuesto! Ja, ja, ja… Es algo que los aventureros de Mondstadt solemos hacer… —Eso es una completa mentira —Mona despotricó desde su camilla—. Estaba a punto de encerrarlos en una prisión de agua, pero creo que también te hubieran culpado por eso. ¡Serán idiotas! Esa no era magia de sacerdotisas, era magia de invocación. No tiene nada que ver contigo. Igual nos hubieran echado encima a esos monstruos. —¡Oooi! Ah… ¿por qué están sentados en el suelo? —preguntó Beidou. Llevaba en la mano una cantimplora y parecía a punto de tener la mejor borrachera del mundo… a media tarde—. Oye, chico, eso que hiciste en el gimnasio fue taaan loco. Ibas como un rayo, fium fium fium, de aquí para allá haciendo ese círculo cálido por todos lados. Incluso Kokomi-chan estaba teniendo dificultades para curarnos a unos cuantos, y tú solo estaban como fium fium, como una maldita flecha. Era genial. —¿Verdad que sí? —preguntó un tipo que parecía alguien que te encontrarías caminando en Inazuma—. ¡Incluso el jefe dijo que estaba celoso de lo bien que te movías en el gimnasio, hermano! No dejes que esos niños te afecten. Nos acabas de salvar la vida ahí adentro. Deberían estarte agradeciendo de rodillas. —¿De qué me perdí? —preguntó Beidou. Bennett volvió a sonreír y negó con la cabeza—. No fue nada importante, capitana Beidou. Tengo… diferencias con mis compañeros aventureros, je, je. Xinyan y el tipo dendro de Sumeru, quien se presentó como Kaveh, hicieron buenas migas casi de inmediato. Entraron a la enfermería cuando ya todo el episodio había terminado, pero llevaban con ellos noticias de lo ocurrido. Sí, había sido culpa de los Fatui. Esos condenados Fatui. Pero procuraron no maldecir mucho porque Bennett iba acompañado de uno. Sí, todo estaba terminado. Y sí, el Onceavo era tan aterrador como habían escuchado. En ese momento estaba hablando a puertas cerradas con Su Excelencia Kokomi y pareciera que estaban teniendo un concejo de guerra porque dos pelotones de soldados, uno de Sangonomiya y uno de los Fatui, se tiraban miradas fulminantes mientras vigilaban que nadie se acercara a escuchar lo que fuera que Kokomi y Tartaglia estuviesen hablando adentro del salón que custodiaban. Cuando cayó la noche y las sacerdotisas se dedicaron a alimentar a los enfermos, Gorou e Itto volvieron al palacio. Los participantes y las sacerdotisas se amontonaron en el pasillo, porque estaba claro que podrían echar un vistazo cuando ambos hombres entraran al salón. La jugada les salió mejor de lo que esperaban, porque cuando Gorou e Itto enfilaron el pasillo rumbo al salón, la puerta de doble hoja se abrió y los dos, tanto Kokomi como Tartaglia, salieron uno detrás del otro. —¡Gorou! Qué bueno que llegas. ¿Cuál es tu informe? —¡Su Excelencia! Yae Miko ordenó seguir adelante con la formación del comité de búsqueda. Dijo, y cito: “  Hablaré con los Fatui para que se alejen por completo de Watatsumi. Si quieren arriesgarse, podemos arruinarle los planes al Onceavo”. Todos se sorprendieron de la determinación de Gorou. Pronunció cada palabra con tanta firmeza que ni siquiera flaqueó cuando Tartaglia le dirigió una sonrisa cargada de cinismo. El Onceavo parecía decir casi con la postura “A ver si se atreven a meterse conmigo”. Pero no pronunció ni una sola palabra. Kokomi, sin embargo, dijo—: No hay necesidad de complicarnos aún más con Los Once. Es suficiente mientras los soldados Fatui permanezcan fuera de la vista del Santuario y de la entrada a Enkanomiya. —¡Su Excelencia…! —No admito objeciones. Igual que ustedes, los soldados Fatui solo siguen órdenes, sean de la naturaleza que sean. Dispérsense. Mañana continuaremos con la segunda prueba. —¡Yo tengo algo que decir sobre eso! —William saltó de detrás de Itto. Nadie lo vio acercarse. Era menudo y no tenía mucha presencia, así que era fácil perderlo de vista a menos que hablara—. Supongo que estará de acuerdo en que debemos expulsar a Bennett Ragnvindr de la isla, ¿no? Y si no, al menos del Santuario. Después de todo, viene acompañado de un Fatui y ellos no deben estar en el Santuario. Usted misma lo acaba de decir.
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