Come With Me, Fortune

Slash
NC-17
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 306 páginas, 117.989 palabras, 75 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capítulo 27

Ajustes
Bennett durmió a pierna suelta por primera vez desde que conoció a Tartaglia. No tenía nada en contra de los homosexuales, de verdad, pero el muchacho simplemente no se veía haciendo esa clase de cosas con otro hombre. Cuando Tartaglia lo tocó en Liyue, Bennett se convenció de que su erección era solo el calor del momento y nada más. ¿Quién no tendría una reacción natural ante el toque de otro ser humano? Era obvio que se trataba de eso. Además, Bennett ya había reconocido que estaba celoso del cuerpo que exhibía su acompañante. Apenas se llevaban tres años, pero parecía como si Tartaglia hubiese vivido solo para desarrollar sus músculos y tener un torso esbelto… y suave. Tenía un ombligo perfecto, con su camino del tesoro apenas visible, tal vez porque todos sus vellos eran igual de rojos que su cabello. Sus hoyuelos de Venus eran notorios porque parecía que no había un solo gramo de grasa en su cuerpo, y todo en él eran músculos firmes y torneados, con un pectoral encantador y una espalda firme, proporcional a sus piernas largas y sus nalgas perfectas. No había nada imperfecto con su cuerpo, salvo las cicatrices, los moretones y ese enorme manchón que le oscurecía la piel del hombro derecho, que no estaba ahí cuando Bennett lo vio nadar. ¿O sí estaba y él solo ignoraba todo aquello que hacía imperfecta la piel llena de lunares de Tartaglia? —Oye, tu hom… —¡Ah, tengo tanta hambre, camarada! Solo esperaba a que despertaras. ¿Te parece si vamos al comedor? Tartaglia se desperezó, estiró los brazos y pareció como si se liberara de alguna tensión. Las ojeras también comenzaban a notársele, pero Bennett pretendió que no estaban ahí. Es más: si Tartaglia no consideraba que hubiese un problema con su hombro, Bennett no tendría porqué meterse. Era un Fatui, y además uno muy poderoso; Bennett suponía que una pequeña molestia en el hombro y el hecho de no poder dormir no eran algo que afectaran realmente al rendimiento de Tartaglia. Además, ni siquiera tenía tiempo para preocuparse por él. Tenía que averiguar de qué se trataba la segunda prueba para ver si la pasaba sin daños reales. La amenaza de los Fatui ya no pesaba sobre ellos, así que ahora estaba seguro de que las cosas no se pondrían tan peliagudas como el día anterior. Ambos, Bennett y Tartaglia, caminaron hacia el comedor mientras platicaban entre ellos. El palacio Sangonomiya era enorme y estaba construido de arriba hacia abajo. Había muchas salas y estudios, pero también muchas habitaciones, bodegas, gimnasios y zonas de entrenamiento. Así debería de ser pues, según Aether, Inazuma había tenido una guerra civil durante años y años. Lo raro sería que los Sangonomiya se hubiesen deshecho de su armamento y su poderío militar. Como había que alimentar a regimientos enteros, por supuesto que también había comedores por todas partes, pero el lugar en el que los Sangonomiya alimentaron a los participantes de las pruebas, era un lugar que había sido abierto cerca de la enfermería para que los heridos también pudiesen comer sin salir de la enfermería o sin tener que moverse grandes distancias. En total había tres mesas largas con bancas en lugar de sillas. Ahí ya estaban casi todos, a excepción de Itto Arataki. Bennett suponía, como ya más tarde se daría cuenta, que no era fácil despertar a Itto, mucho menos cuando era tan grande e intimidante incluso dormido. Seguro que no muchos soldados podrían acercarse con comodidad a la cama del oni para decirle que podía ir a desayunar. Los aventureros, entre los que habían quedado en pie y los que estaban heridos, estaban hablando como si estuviesen en un festival. Reían y gritaban mientras disfrutaban de la comida que los Sangonomiya les habían ofrecido. En otra mesa, Kokomi y algunas sacerdotisas desayunaban entre el silencio y el decoro. Parecía no importarles el desmadre que los aventureros hacían en la mesa vecina. Por último, Kaveh, Collei, Xinyan, Beidou y Mona comían, casi en silencio, en la tercera mesa. Bennett se dirigió a ellos en cuanto los vio. Entonces el vaso de jugo de uno de los aventureros se volcó, justo cuando Bennett pasaba frente a ellos. —Agh —suspiró con fastidio cuando se dio cuenta de que Bennett estaba en el comedor—. Ya me parecía raro que todo estuviese yendo bien. —Aléjense de él —advirtió William—. Antes de que tire algo más. Bennett, por primera vez en su vida, se paró en seco, se giró hacia los aventureros y fue a decir algo. Pero Tartaglia, que iba junto a él, lo rodeó del hombro, como si no se diera cuenta de nada, y le dijo—: ¿Has probado los mochis, camarada? Ayer espié en la cocina y vi que los cocineros estaban preparando a montones… El calor del enojo se disipó casi de inmediato. Luego, cuando Mona le dijo—: ¡Bennett! ¡Ven! ¡Es comida gratis! —el muchacho sonrió y se olvidó del episodio. Era verdad. Él nunca había respondido a las provocaciones de los aventureros, y no sería la primera vez. Muchísimo menos cuando la persona que supervisaba las pruebas estaba observando todo en silencio. Al poco rato, mientras Bennett desayunaba y platicaba con las chicas, Kaveh y Tartaglia, uno de los aventureros empujó a otro, jugando. Uno de los cocineros, que pasaba por detrás, derramó sobre él los platos de caldo caliente que llevaba consigo. Los aventureros gritaron, uno comenzó a reclamarle al camarero y el que salió quemado comenzó a llorar por las ampollas. Bennett se levantó de un brinco, pero Kokomi fue más rápida: invocó a una medusa de agua y curó al aventurero en el acto. Cuando Bennett volvió a sentarse, sintió una mirada fija en él, así que volteó a mirar a la primera mesa. No era solo una mirada, sino todas: todos los aventureros miraban en su dirección, incluso el que había reclamado al camarero. El muchacho estaba seguro de que los aventureros comenzarían a reclamar de un momento a otro, pero Beidou fue más rápida para abrir la boca: —Al parecer, no solo los accidentes sin explicación sino también los descuidos de los aventureros son culpa de Bennett Ragnvindr. Ustedes dos, los de Liyue —Beidou señaló a una aventurera bonita y a un aventurero flaco—, los he visto descuidando sus labores y robando trabajos a mis hombres. Incluso entorpecieron una de las investigaciones del Equilibrio Celestial. Si siguen jugando y tomándose a la ligera la formación de esta comitiva, les diré a sus padres que rompan el contrato con el Gremio de Aventureros. De todos modos, ya han acumulado demasiados strikes como para hacer la vista gorda. —¡Ja! Solo son un montón de ridículos que piensan que está bien excluir a quien no les hace frente —se unió Mona. Esta vez las miradas de odio se dirigieron a ella—. ¿Sabían que puedo ver el futuro? En este momento puedo consultarlo y ver cuántos de ustedes caerán en la segunda prueba. —¡Lo defienden porque seguramente el tipo ya les pagó para que lo hicieran! Mis amigos de Liyue me contaron que ese Bennett nada en Moras —dijo uno de los aventureros de Sumeru. —Aun si nos hubiera pagado, lo que me vendría de maravilla —esta vez fue Kaveh—, ¿por qué a nosotros no se nos ha caído una sola migaja de comida? Justo antes de que este chico entrara al comedor, a esa chica ya se le había caído un cubito de zanahoria que pateó sin que nadie se diera cuenta, y a ese otro se le atascó la comida por no masticarla bien. ¿Eso también fue culpa de este chico? Lo de ustedes no es más que envidia —se encogió de hombros y siguió comiendo—. Oye, Xinyan, pásame ese plato de mochis. —Ah… No deberían defenderme así —susurró Bennett, con una sonrisa triste en el rostro. —El arroz está muy bueno, Bennett —le susurró Collei. Bennett volteó a mirarla. Aunque no sabía mucho de su historia, sí que sabía una cosa: Kaeya le había platicado que esta chica era tímida, de baja autoestima y llorona. Sin embargo, Bennett solo podía ver a una muchacha con la sonrisa más linda que había visto nunca. De hecho, si no estuviera confundido por Tartaglia, Bennett estaba seguro de que se hubiera enamorado en ese instante de ella. Volteó a mirar a Tartaglia quien, a diferencia de otros días, estaba sereno, como si aquello fuese el pan de todos los días. Parecía que solo se estaba deslindando del problema, como si no le importaran los comentarios insidiosos hacia Bennett. Pero cuando Royce se acercó, pasando por un lado de las sacerdotisas, y golpeó la mesa con la mano abierta, Beidou y Kaveh no fueron los únicos que le dirigieron oscuras miradas de advertencia. Parecía que incluso Xinyan y Mona estaban mirando un hilichurl. Bennett sintió, como si fuese un detector de Fatuis furibundos, cómo la ira de Tartaglia se disparaba a niveles peligrosos. Era como si de pronto el lugar a su lado estuviese ardiendo en furia. Bennett ni siquiera escuchó a Royce cuando le dijo—: Si uno de nosotros se llega a poner indispuesto por comer en tu presencia Bennett, te juro que… Tartaglia comenzó a formar una cuchilla de agua. En el mismo instante en el que se dio cuenta de que su compañero iba a matar a Royce, Bennett no pudo hacer más que poner su mano izquierda en el muslo derecho de Tartaglia, cerca de su entrepierna, y tomar con la mano derecha la izquierda de Tartaglia, que ya sostenía el arma. Bennett volteó a su izquierda y levantó la mirada al rostro de Tartaglia. La cara del Fatui pasó del enojo puro a la más absoluta sorpresa.
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