Capítulo 28
11 horas y 53 minutos hace
Kaveh soltó una risita contenida cuando vio la posición de Bennett y siguió comiendo. Collei, Mona, Xinyan y Beidou, quienes se relajaron igual, dejaron que las cosas siguieran su curso. No solo porque ni Bennett ni Tartaglia estaban haciendo el más mínimo caso al reclamo de Royce, sino porque parecía que habían entrado a su propio mundo.
En efecto, en el mundo exclusivo de ambos nada era más relevante que el repentino bulto que Bennett estaba sintiendo bajo su mano. La cara se le puso roja y quitó la mano como si se hubiera quemado, justo al mismo tiempo en que Tartaglia estiró su mano para soltarse del agarre de Bennett. Aquello provocó que el estómago de Bennett quedara encima de las piernas de Tartaglia.
Su camisa se desacomodó por el movimiento brusco y Bennett le mostró sus hoyuelos de Venus a todo mundo.
—¡¿Me estás ignorando, idiota?!
—¡Largo de aquí! —gritó Kaveh, exasperado—. Desde hace rato no haces más que gritar tontería tras tontería y francamente estoy harto. No sé cómo tienen los testículos para gritarle a este tipo cuando uno de los Heraldos de Snezhnaya está justo a su lado.
Por fin, después de todas las groserías, las peleas y los gritos, Kokomi abrió la boca y dijo, de alguna forma que se escuchó en todo el comedor—: El señor Tartaglia me prometió no matar a ninguno de los participantes de las pruebas. Tal vez por eso nuestros aventureros se sienten con la seguridad de molestar a su compañero —varios aventureros se estremecieron—. Así que, señor Tartaglia, ¿qué estaba a punto de hacer con esa arma?
Tartaglia levantó la vista de la espalda de Bennett, que estaba a punto de tocar, y se dio cuenta de lo que estaba pasando. Suspiró, como si le hubiesen interrumpido en la movida. No era como que de verdad iba a tocar a Bennett.
Ignoró que su erección se estaba restregando contra el estómago de Bennett mientras este luchaba por soltarse de la mano de Tartaglia.
—Ah, no lo iba a matar, Su Excelencia. Pero los aventureros no necesitan su lengua para cumplir misiones, ¿o sí?
Bennett se quedó quieto, asustado. Pero aquello se le pasó casi de inmediato: de alguna manera sabía que Tartaglia ya estaba calmado. Solo jugaba con él para que la gente no se diera cuenta de que tenía una erección en medio del desayuno.
—Qué hijo de puta —susurró Beidou, mostrando una sonrisa socarrona. Bueno, ella también se estaba hartando de los tipos. Si Kaveh o Tartaglia no hubieran hecho algo, seguro que ella le habría cerrado la boca a Royce de un golpe. Y Xinyan, aunque estaba callada, también parecía a punto de saltar; Beidou suponía que lo suyo era una especie de camaradería implícita entre usuarios pyro. Siempre veía a Xinyan haciendo buenas migas con cada pyro al que se encontraba en el camino.
Kokomi suspiró—. A partir de este momento no se permiten insultos, quejas, groserías o comentarios, de nadie sobre nadie. Cualquiera que acumule tres llamados de atención será expulsado de las pruebas. Si vuelvo a escuchar algo sobre la mala suerte de Bennett Ragnvindr…
No continuó la frase, pero todos asumieron que diría “me volveré loca”. Y con razón. Solo Kokomi Sangonomiya podría ser tan diplomática a esas alturas. Cualquier otro, como por ejemplo el idiota que iba llegando en ese momento, habría soltado golpes y gritos nada más perder la paciencia.
—¿Por qué nadie me despertó? —se quejó, enojado.
—Yo te desperté, ¿no?
—¡Por eso eres tan confiable, Gorou! —exclamó Itto, abrazando del hombro al general, como si fueran amigos de toda la vida.
En cuanto Itto entró al comedor, Royce se alejó de la mesa y trató de salir del comedor. Pero el oni era ancho y cubría todo el espacio.
—¡Quítate! —le gritó el aventurero.
—¡¿Ah?! —Itto le dirigió una mueca de enojo y se enderezó.
Por supuesto, los otros eran pacientes y sensatos y, en última instancia, no podían ir por ahí golpeando aventureros fastidiosos. Pero Itto era diferente: él ya era un criminal. Eso lo sabían todos los de Inazuma.
—Escucha, niño: te la voy a dejar pasar solo porque eres humano y yo no lastimo a los humanos. Yo soy el único e inigualable Arataki Itto. Pero no deberías ser tan grosero, cualquier otro oni te va a moler a golpes por menos de lo que acabas de hacer.
Dicho esto, Itto pasó a su lado y Royce fue el que se tuvo que pegar a la pared para que el oni ni siquiera lo rozara.
Los aventureros de Inazuma y los de Mondstadt fueron los primeros en levantarse para irse junto a Royce. Hablaban pestes de Itto mientras este se dirigía a la mesa en donde estaban los demás participantes. Pero era como si el oni filtrara en automático los insultos.
Los de Sumeru fueron los terceros en levantarse. Uno de ellos le dirigió una mirada de enojo a Kaveh y este se dio cuenta. Como Kaveh también era de mecha corta, le gritó—: ¡¿Quieres que te mande al líder de la Matra en cuanto pises Sumeru?!
—¡Eso es imposible! ¡El Gran Juez está muy ocupado como para hacerle caso a un simple ciudadano!
Esta fue la primera y última vez que los presentes vieron a Collei enojarse. Ella levantó la vista de su comida, miró al aventurero y le dijo—: El Gran Juez es mi padrino. También el jefe de la Guardia Forestal y el Escriba de la Akademiya. Me basta con llamarlos para que a media tarde estén aquí.
El aventurero de Sumeru dio media vuelta y huyó, con la cola entre las patas.
Los aventureros de Liyue fueron los últimos en levantarse y salir.
—¡Fiu! Sí que eres influyente, hermanita —alabó Itto, sentándose—. Ven Gorou, tampoco has comido, ¿verdad?
—Su Excelencia me espera —protestó el general, intentando deshacerse del agarre de Itto.
—Come con ellos, Gorou. Los espero a las diez en la explanada del santuario.
Kokomi y las sacerdotisas salieron entonces.
Itto, animado, comenzó a servirse de los platos que había, uniéndose a los demás.
—Desde hace rato tengo curiosidad, ¿qué están haciendo ustedes dos? ¿Así es como comen los extranjeros? —preguntó Itto, llevándose un pan al vapor a la boca.
Bennett se enderezó en ese momento y quitó sus manos de todos lados. Tenía la cara tan roja que parecía a punto de morir de vergüenza. Beidou se rio, volviendo a su habitual actitud.
—Ah, ya vi el problema. Amigo, deberías salir de aquí antes de que esa bomba explote —recomendó Itto con seriedad.
Beidou se carcajeó, a punto de escupir la comida.
—¡¿Hay una bomba?! —preguntó Collei.
Kaveh se acomodó con apenas un movimiento para que la muchacha no viera a Tartaglia. Mona tenía las orejas rojas, pero no hizo ningún comentario y siguió comiendo como si no hubiera un mañana. Xinyan, por su parte, fue igual de considerada y se levantó en ese momento.
—¿Quieren que les dé un pequeño concierto?
Pero no esperó a que le dijeran que sí. Todos se distrajeron cuando la rockera sacó su guitarra y comenzó a tocarla. Tartaglia aprovechó para deslizarse fuera del comedor. Más tarde le agradecería a Xinyan.
Beidou seguía riéndose, pero tocó levemente la mano de Bennett cuando este estuvo a punto de levantarse e ir tras su compañero. Bennett volteó a mirar a Beidou, y ella negó con la cabeza, sin dejar de mirar a Xinyan. No necesitó más. Bennett se dio cuenta por sí mismo lo que estaba a punto de hacer.
Ya pasó suficiente vergüenza por mi culpa, pensó. Se resignó a seguir comiendo, pero al poco rato se le olvidó.
Xinyan tocaba melodía tras melodía, Itto cantaba con su voz de barítono, aunque con nula técnica. Beidou se reía a carcajadas, y Kaveh no parecía molesto por el ruido. Collei, Gorou y Mona, quienes estaban más tranquilos, pero no callados, reían y disfrutaban de la charla mientras comían.
Bennett sabía a qué le recordaba esta escena. Era como si de pronto estuviese en el Viñedo, intentando controlar a Razor para que se sentara correctamente y usara tenedor para pinchar la carne. Al final, Diluc suspiraba cuando el lobezno comenzaba a comer con las manos, y Kaeya se reía a carcajadas.
Tartaglia no volvió al comedor para mantener la dignidad, pero a las diez lo vieron parado con firmeza junto a Kokomi, las sacerdotisas y un pelotón de soldados Sangonomiya.
Los aventureros ya estaban ahí. Hicieron muecas cuando vieron a Bennett y a los demás llegar, pero no abrieron la boca. Habían aprendido la lección solo después de que Beidou, Kaveh, Kokomi e Itto los amenazaran.
—Muy bien. Ustedes diecisiete son los que participarán en la segunda prueba. Debido a que son un número impar, el general Gorou será un participante junto a ustedes. Su lugar ya está asegurado como participante de Inazuma, así que solo uno más de Inazuma podrá entrar a la comitiva.
Gorou se unió al grupo de participantes sin cuestionar la decisión. Nadie dijo nada. Era lógico que uno de los soldados Sangonomiya iría con ellos como guía e informante, quién mejor que el gran general del ejército.
—La siguiente prueba es un juego de Caza del Tesoro. Tendrán que encontrar cuatro pistas que los llevará a nueve tesoros distintos, repartidos por el bosque Chinju —Tartaglia respingó. Kokomi, ajena a la reacción del Fatui, estaba a punto de continuar con su explicación, pero Itto la interrumpió.
—¿Por qué son nueve tesoros? —cuestionó—. Si somos eh… dieciocho con Gorou.
—Porque esta tómbola me dirá cómo se distribuirán en parejas. Vengan de uno en uno. Hay dieciocho papeletas con números del 1 al 9, dos de cada uno. En las mismas papeletas se encuentra la instrucción que los guiará a la primera pista.
A pesar de las amenazas y todo lo demás que pesaba sobre ellos, uno de los aventureros de Mondstadt preguntó—: ¿Qué va a pasar con la persona a la que le toque Bennett? Nadie quiere participar con ese idiota.
La tensión volvió a hacerse una vez más.