Capítulo 29
11 horas y 53 minutos hace
—El propósito de esta prueba es ver su trabajo en equipo, pero se les evaluará individualmente —aclaró Kokomi—. Cualquiera que cometa un error, incluyendo a Bennett, bajará en la tabla de clasificaciones que poseemos.
Todos comenzaron a protestar cuando vieron que Bennett iba a la cabeza de la lista de Mondstadt, pero no era para menos. No solo había salvado las vidas de muchos el día anterior, sino que había evitado que Royce fuera asesinado por El Onceavo.
Kokomi les dio una advertencia, porque estaba a punto de perder los estribos—: Se vuelven a quejar de Bennett Ragnvindr una vez más y todos serán enviados a sus países, con una queja escrita para el Gremio.
Aquello era malo para todos. Si no cumplían con la misión, sino que esta era dejada a usuarios con visión que nada tenían que ver con los aventureros, avergonzarían por completo al Gremio. No solo eso, sino que Katheryne era estricta y solía castigar los fracasos con misiones de poca monta como alimentar gatos o limpiar tejados durante meses enteros.
Así que se callaron y comenzaron a pasar uno por uno.
Un aventurero de Sumeru y la aventurera bonita de Liyue eran la pareja 2. Beidou y Collei, la 5. Al poco rato salió la pareja de William: Gorou. La de Itto sería una aventurera de Sumeru. El aventurero flaco de Liyue iría con otro de Mondstadt. Dos aventureros de Inazuma irían juntos. Xinyan iría con Mona. El último de los aventureros de Sumeru iría con Kaveh.
Solo sobraban Royce y Bennett. El aventurero se quedó junto a Bennett, temblando de furia, porque no podía hacer otra cosa si no quería provocar la ira de la Sacerdotisa Kokomi.
—Creo que estamos de acuerdo en que este papanatas y yo no haremos buen equipo y no estoy dispuesto a perder mi lugar en la comitiva —se quejó Kaveh, desdeñoso. Kokomi lo miró con seriedad, pero Kaveh todavía siguió adelante—. Quiero participar con Bennett. Estoy seguro de que su amigo comprenderá y me dejará ir con él.
—Adelante, mejor tú que yo —Royce le sonrió—. Solo mantente a dos metros de él y ten cuidado de los árboles y las rocas voladoras.
Justo en ese momento una roca golpeó la coronilla de Bennett. Todos fueron testigos. Royce solo se encogió de hombros y se apuró a ir con su compañero de Sumeru.
—Dejémoslo así, Su Excelencia. Está claro que el Gremio de Aventureros no conoce el compañerismo —expresó una de las sacerdotisas.
Algunos de los aventureros la miraron mal, pero la sacerdotisa se mantuvo altiva. Ella había visto a Bennett la primera vez que acudió junto al Viajero. Siempre era comedido, honesto y risueño. No podía comprender el odio insano que los de Mondstadt le habían transmitido al resto de aventureros, incluyendo los que desde la enfermería se quejaban como si Bennett fuese el culpable de su debilidad.
El muchacho miró a Kaveh.
—Oye —el hombre le despeinó el cabello—. ¿No se te hizo un chichón?
—Estoy acostumbrado, descuida.
—Debo decirte que yo también tengo mala suerte. Negativo más negativo da positivo, algo podremos hacer.
Bennett volvió a sonreír con pena. No importaba, mientras no tuviera que aguantar las miradas calumniosas o los comentarios desdeñosos de sus compañeros de gremio, qué mejor.
Se quedó tranquilo además porque al menos conocía un poco el bosque Chinju de las fotos que Aether le había mostrado en alguna ocasión. Era un lugar mágico y pacífico que parecía sacado de un cuento de hadas. En Mondstadt no había algo así, de hecho, el mismo Watatsumi ya distaba de ser mínimamente parecido a la tierra en la que vivía, y por eso Bennett siempre estaba emocionado por sus aventuras.
La prueba comenzó casi tan pronto como las parejas estuvieron formadas. Solo necesitaban la instrucción de sus papeletas. La de Bennett y Kaveh, correspondiente al número 7, decía, más o menos: “Cualquier individuo puede ir 300 metros en dirección a las 5 en punto desde donde tomaste esta papeleta, encontrar una planta normal y a su izquierda ver el néctar frutal”.
Kaveh no conocía de términos militares, pero Bennett sí. No por voluntad propia, claro, pero haber sido prisionero de los Fatui en Espinadragón le enseñó muchas cosas. Como que los Fatui solían orinar de espaldas a la dirección de Snezhnaya, por ejemplo. Ellos siempre decían, en esas ocasiones:
—Pon Snezhnaya a las 6 en punto y caga.
O:
—Tienes Snezhnaya a las 12 en punto, imbécil. Da media vuelta y mea por allá.
O:
—¿Quién demonios te enseñó las coordenadas? ¿Stanislovich enano o Stanislovich manco? Porque si fue el manco, te mintió. Tienes Snezhnaya a las tres en punto, no a las seis.
Así que, tan pronto como Bennett recordó aquello, ubicó la tómbola y calculó una forma de ir a espaldas del palacio sin desviarse. Entonces le dijo a Kaveh—: Tenemos que irnos si queremos llegar primero.
En cuanto Bennett echó a correr, seguido del equipo de Beidou, el de Xinyan y el de las aventureras de Inazuma, los demás se desesperaron. De hecho, tanto Kaveh como Bennett estarían todavía ahí, nerviosos, de no ser porque Bennett había sufrido aquel secuestro.
No obstante, mientras corrían en la dirección indicada, Bennett trataba de rememorar aquel suceso, aunque sin éxito. Recordaba solo cosas inconexas: frases específicas, una jaula de madera, una hoguera y risas. Más que risas, risotadas, como esas que solían hacer los aventureros cuando algo le salía mal solo a él y no afectaba a nadie.
Bennett no podía recordar más. Juraría que estaba más lúcido el día que recibió su Visión, a punto de morir desangrado. Bueno, tal vez no era para tanto y solo fue un episodio más en su vida, así como cuando era perseguido por los hilichurls o se quedaba encerrado junto a los Ladrones de Tesoros durante días.
Su tren de pensamientos paró cuando llegaron al lugar designado.
Había un árbol solitario, de esos que solían llamarse murmurador, con las hojas de color verde intenso. Tenía tres grandes ramas sobresaliendo de su tronco delgado y no alcanzaba a dar sombra a un pequeño arbusto de bayas, pero estaba justo a su izquierda. No parecía tener nada fuera de lo común, y por un momento Bennett dudó de que ese fuera el lugar, pero Kaveh dijo con seguridad—: Aquí son 300 metros exactos.
—¿Cómo lo sabes?
—Estás hablando con el arquitecto más famoso de Sumeru.
—¿Qué hace un arquitecto intentando entrar a una misión de alto riesgo? —Bennett se dio cuenta muy a destiempo que aquello había sido grosero, pero recibió de Kaveh exactamente la misma cara de pena y resignación que él había hecho minutos antes.
—Me gustaría ver de cerca el arte arquitectónico de Enkanomiya.
Aquello era una vil mentira y ambos lo sabían, pero Bennett no hizo ningún comentario al respecto.
Se dedicaron a estudiar el árbol en silencio, desde las raíces hasta las ramas, pero nada parecía indicar la más mínima pista. Todo era completamente normal. No había ni una inscripción, ni un papel, ni una marca, nada enterrado, ni tierra recién removida ni algún objeto entre las ramas. Solo era un árbol común y corriente.
—Pero de verdad son 300 metros —susurró Kaveh, fastidiado.
Se alejó, intentando mirar alrededor. A lo mejor los soldados no eran tan buenos midiendo y se habían equivocado al contar los metros. A lo mejor era la mala suerte de ambos, a la segunda potencia, empezando a hacer de las suyas.
Luego vio el árbol desde la distancia y se dio cuenta de que una de las ramas sobresalía directamente hacia la izquierda, y su follaje era una especie de triángulo que confirmaba la dirección hacia la izquierda. Kaveh miró hacia esa dirección y vio, en el punto exacto al que apuntaba el árbol, un pequeño cofre entre las lámparas de piedra de un torii que se erguía frente a la Estatua de los Siete de Watatsumi.
—¡Ahí! —gritó alguien a la distancia. No apuntaba a donde Kaveh había descubierto la siguiente pista, pero el viento les llevó la exclamación.
Bennett volteó a mirar a Kaveh, comenzando a ponerse nervioso, pero entonces el rubio apuntó hacia el torii y Bennett corrió para ver mejor.
—¡Un cofre! —gritó el muchacho, contento—. ¡Vamos, Kaveh!
Kaveh soltó su maletín y comenzó a correr junto a Bennett. Este vio, impresionado, como el maletín flotaba junto a su dueño, tal que Paimon junto a Aether.
—Mehrak, llega al cofre. Si puedes abrirlo mejor, si no, escanéalo.
El maletín mostró una cara de conformidad y fue rápido como un rayo. Bennett se quedó embobado por un momento, mirándolo.
—¡Increíble!
—¿Tú crees?
—¡Obvio!
Cuando llegaron Mehrak mostraba una cara de felicidad. Dentro del pequeño cofre, que no se habría distinguido de no ser porque era de día y contrastaba con el suelo y las lámparas de piedra, solo había un papel doblado por la mitad dos veces.
Kaveh abrió el papel y comenzó a leer en voz alta—: Camina a las tres en punto en la posición en la que abriste el cofre y disfruta del agua salada. Si te desvías, perderás tu senda.
—A ver, las tres en punto es a nuestra derecha, pero el cofre está inclinado, así que sería algo así, ¿no? ¡Genial! Solo tenemos que seguir el camino de torii.
—Mehrak, sigue una línea recta hasta la playa.
El maletín volvió a hacer una cara contenta y comenzó a ascender. Kaveh y Bennett, ansiosos, siguieron al maletín flotante. Vieron que los soldados y las sacerdotisas estaban cerca, pero no les hablaban; suponían que vigilaban la prueba de cerca para que los participantes no se desviaran ni recibieran daño. Suficiente habían tenido con la invasión al gimnasio.
Los demás equipos corrían en todas direcciones. Beidou y Collei los saludaron desde la distancia, pero no se detuvieron. En esa competencia todos eran rivales, incluso la grandiosa Beidou correría un segundo más rápido si con ello podía arrebatarle el puesto a los aventureros de Liyue. Lo mismo con Collei y Kaveh, quienes se jugaban los puestos de Sumeru.
Los que parecían más presionados eran los aventureros de Inazuma. Se gritaban el uno al otro, se hacían caras y cuando Bennett y Kaveh pasaron junto a ellos, donde se encontraba un santuario en ruinas, se pescaron de la ropa y comenzaron a rodar en una serie de puñetazos y patadas.
—¡No te detengas, Bennett! ¡Solo están demostrando que la sacerdotisa tenía razón! —gritó Kaveh, al ver la reticencia del muchacho.
Este volvió a correr junto a su compañero cuando vio que un pelotón de soldados se acercaba. Independientemente que estuviesen siendo probados, Kokomi no había dicho nada sobre tener que agredir o maltratar a otro participante. Nadie sabía cómo acabarían esos dos.
Kaveh y Bennett planearon hacia abajo cuando vieron la dirección de Mehrak. Desde su posición veían siete rompeolas repartidos entre una solitaria y enorme roca que terminaba en un árbol, un islote de piedra que estaba justo frente a ellos y un pequeño archipiélago de islas a su derecha. Justo debajo de ellos había un asentamiento de hilichurls, así que Bennett y Kaveh siguieron derecho hacia el islote de piedra, donde aguardaban tres rompeolas.
William y Gorou eran los más adelantados, y con justa razón. No por William, sino porque Gorou conocía Watatsumi y su tierra natal como la palma de su mano. Cuando Kaveh y Bennett llegaron a la playa, tal como les indicaba la pista número 2, William y Gorou ya habían arrancado un rompeolas y estaban tan lejos de la orilla que ya no se podían distinguir. Xinyan y Mona se toparon con los hilichurls, así que se tuvieron que quedar a combatirlos.
Bennett y Kaveh iban a subirse a cualquiera de los rompeolas que vieron, pero Mehrak se fue directo hacia uno, así que se subieron a ese. Kaveh no era muy bueno dirigiendo un rompeolas, puesto que había pasado casi toda su vida en Sumeru, así que Bennett tuvo que mostrar su poca destreza.
—Bueno, ¿y ahora qué?
—¡Mira! —Kaveh se giró sobre su asiento de copiloto y vio en el asiento de atrás otro papel doblado. Cuando se acomodó comenzó a leerlo en voz alta—: Sigue a las diez en punto hasta llegar al Bosque Chinju. Ahí encontrarás a las tres hermanas para recibirte en la entrada. La hermana de en medio lleva a su hijo en el brazo izquierdo. ¿Cuáles tres hermanas? ¡Agh! Si Alhaitham estuviera aquí… Aunque ya se hubiera burlado de mí.
Bennett no sabía quién era Alhaitham, pero estaba seguro de que debía ser bastante cercano a Kaveh como para burlarse de alguien que parecía explotar por la más mínima cosa. Lo cierto es que Kaveh era accesible y amable, pero reventaba con facilidad por cualquier pequeña molestia, así que ese Alhaitham debía aprovecharse de esto para burlarse.
El rompeolas surcó las aguas a toda velocidad, sorteando islas enteras. Ambos sabían más o menos la ubicación del bosque porque en la guantera del rompeolas había un mapa, pero debían navegar por al menos cuatro horas si querían cruzar todo el archipiélago de Inazuma.
Lo peor fue, por supuesto, la navegación. El rompeolas se estancaba en bancos de arena porque Bennett no conocía aquellas islas, los hilichurls y los bandidos los rodeaban o los perseguían agua adentro durante muchos tramos de playa y de repente caían proyectiles que parecían salidos de la nada.
Cuando pasaron cerca de la Fragua Mikage, que Kaveh observó con interés, el cielo se tornó de un gris casi negro y una tormenta casi les volcaba el rompeolas. Decidieron surcar las aguas lo más cerca que pudiesen a las islas, porque si el rompeolas se hundía en medio del mar, poco podrían hacer un usuario dendro y un pyro para remediar la situación.
Pero claro, por supuesto que a ellos no les iría bien. No con la maldita suerte que parecía seguir a Bennett tan pronto como se separaba de los demás.
El rompeolas se volteó completamente a mitad de camino entre Kannazuka y Narukami. Ninguno podría haber avisado al cuartel Kujou, que habían dejado atrás apenas minutos antes, aunque quisieran. Bennett comenzó a sentir que se ahogaba, encerrado en la cabina del rompeolas junto a un tipo al que apenas comenzaba a conocer.