Capítulo 41
11 horas y 58 minutos hace
Aether recibió un encargo curioso temprano por la mañana, cuando ni siquiera había amanecido. Andaba por las calles empedradas de la ciudad de Inazuma cuando Katheryne lo llamó directamente, algo que nunca había hecho.
—¡Espera, Viajero! ¡Tienes un encargo de urgencia!
Paimon fue flotando tras él cuando Aether se desvió hacia la oficina de Katheryne. La mujer le sonrió como siempre y esperó a que el muchacho recuperara el aliento.
—La aventurera Fischl solicita los servicios del aventurero Aether para un asunto de urgencia aquí, en Inazuma —explicó la mujer, solícita—. Desea que entregues esta serie de kinografías al aventurero Bennett y le preguntes si se encuentra bien. En caso de que muestre signos de estar mal o desanimado, debes venir a informármelo de inmediato. También si se encuentra mejor. Actualmente hay una invasión de cuervos sobre todo Mondstadt y están aterrorizando a los aventureros en venganza por haber molestado al aventurero Bennett.
A pesar de la seriedad y el profesionalismo de Katheryne, Aether y Paimon se rieron a mandíbula batiente. Solo Fischl podría convocar una parvada de cuervos y salir bien librada.
El muchacho aceptó el encargo de buena gana y, mientras él y Paimon se dirigían al Estado Kamisato, revisaron las kinografías del paquete que Fischl había enviado con el servicio express de Kirara. Los proyectiles de caca de pájaro caían sobre todos los aventureros sin distinción alguna. En una kinografía Royce era perseguido por tres cuervos. En otra, los cuervos ya habían tumbado a William. A cada kinografía nueva, Aether y Paimon se volvían a reír a carcajadas.
—¡Se lo merecen! Es cierto que Bennett tiene mala suerte, el pobre, pero no es tan malo. No es como que su mala suerte haya matado a alguien, ¿o sí? —Paimon flotaba alrededor de Aether mientras este seguía ojeando las kinografías.
—No que yo sepa, pero la gente suele designar a un blanco para descargar todo su enojo y frustración. Cuando Bennett deje de ser el blanco se concentrarán en alguien más. Podría haber sido Fischl, pero ambos sabemos que ella no se deja amilanar por comentarios insidiosos o malas caras. Su actuación es un escudo perfecto para ella.
—¿Y no podemos hacer algo para evitarlo? Esos descarados ni siquiera deberían molestar a alguien. Son débiles e hipócritas.
—Es el problema de vivir en sociedad, Paimon. Creo que lo llaman “la ley de la selva”, a pesar de que la sociedad esté organizada y tenga un sistema de gobierno factible, las personas siempre terminan congregándose de forma que engrandecen a los más fuertes y desprecian a los débiles o a los blancos fáciles como Bennett.
—No entendí la mitad de lo que dijiste, pero suena a que es horrible vivir en sociedad.
—Sí, bueno…
Para cuando Aether llegó al Estado Kamisato, bien entrada la mañana, una silueta fuera de lugar le llamó la atención. Estaba desnudo de la cintura para arriba, tenía unas carcajadas estridentes y blandía dos cuchillas de agua con tanto ímpetu que varias veces estuvo a punto de darle a varios soldados. Su contrincante era Thoma quien, aunque le daba pelea, ya se notaba cansado y con la respiración entrecortada.
—¡Vamos, camarada! ¡Sé que puedes darme más pelea! ¡Ja, ja, ja!
—Creo que fue suficiente ejercicio matinal —Ayato se metió, casi como si ya no aguantara estar al margen.
Los soldados saludaron brevemente a Aether y a Paimon, que entraron al Estado sin más ceremonias. Se acercaron los suficiente para verificar que era Tartaglia el que estaba entrenando con Thoma. Aether y Paimon se miraron entre ellos, con las dudas aflorando.
—¿Qué hace él aquí? —preguntó Paimon en un susurro. Aether también se lo preguntaba.
—¡¿Oh?! ¡Pero si es el Viajero! ¡Y Paimon! —tan pronto como Tartaglia exclamó esto, sus cuchillas se transformaron en una lanza de agua y el Fatui se les abalanzó.
Este idiota, pensó Aether, pero no tuvo mucho tiempo de reacción. Sacó su espada casi al mismo tiempo que dirigió un ataque eléctrico hacia Tartaglia. Este tiró una carcajada limpia, emocionado.
—¿Así que ya manejas el elemento electro también, camarada? ¡Eres grandioso! ¡Lucha conmigo!
—¡Aether no vino a jugar contigo, tonto! ¡Aether tiene un encargo importantísimo!
—Ah, supongo que no se puede hacer nada si vienes con los Kamisato por algún asunto político o algo así —Tartaglia se enderezó e hizo desaparecer su arma. Aether hizo lo propio.
—¡Sí es político! ¡Mondstadt está siendo atacado por una parvada de cuervos furiosos porque los idiotas de Royce y sus amigos molestaron a un amigo nuestro!
—¿Una parvada de cuervos? —preguntó Thoma, atónito.
—¿Royce y sus amigos? —Ayato parecía complacido.
—¡Ja, ja, ja! —Tartaglia se sostuvo el estómago, sin poder dejar de reír.
—Esto necesita un poco de té —Ayaka apareció en escena de sorpresa. Paimon respingó, pero Aether solo le sonrió. Le encantaba volver a ver a su amiga.
—¡Es Aether! —exclamó Xinyan cuando lo vio entrar a la casa.
No solo Xinyan y Tartaglia estaban ahí, sino también Mona, Beidou, Gorou e Itto, además de dos usuarios dendro a los que Aether no conocía. La mezcla de gente era apabullante, sobre todo porque personas como Beidou y Tartaglia parecían haber dejado sus diferencias de lado para estar ahí ese día. Además, ¿no se suponía que Itto no sabía la verdadera identidad de Ayato, quien era su compañero de juegos en las batallas de escaradiablos? ¿Y qué sucedía con Mona quien nunca salía de su habitación por estar estudiando las estrellas?
—¿Puedo preguntar por qué están todos aquí?
—Nos vamos a Enkanomiya, camarada. Todos nosotros… incluyendo a Bennett —informó Tartaglia.
Paimon abrió mucho los ojos, estupefacta. Se suponía que Bennett no se relacionaba de cerca con los Fatui. ¿Por qué estaría en el mismo lugar que alguien como Tartaglia?
—¿Lo conoces? —tanteó Aether—. Bennett es un amigo nuestro y es un poco… torpe. ¿Ha hecho algo que te ofenda?
Tartaglia volvió a reír antes de responder—: Conozco a Bennett. Sé que tiene una suerte peculiar. Y no ha hecho nada para ofenderme. Nada de lo que haga podría ofenderme.
Aether tragó saliva—. ¿Y de qué lo conoces?
—Bueno, digamos que nuestra relación es similar a la tuya con Paimon, camarada: somos compañeros de viaje.
Esta información le cayó como balde de agua fría a Aether. Se había dedicado junto a Paimon a advertirles constantemente a Bennett y a Albedo, entre otros, de los problemas de relacionarse con Fatuis, en especial con gente como Tartaglia que siempre iba de aquí para allá armando alborotos. La última vez incluso conocieron a Scaramouche, alguien que era el doble de peor que Tartaglia. Parecía que, entre más Fatuis conocían, peor se volvían a los ojos de Aether. ¿Así que por qué alguien tan puro e ingenuo como Bennett querría ir lado a lado con una persona tan pendenciera y alborotada como Tartaglia?
Aether simplemente no se los podía imaginar acampando junto a una fogata mientras hacían ¿qué? ¿Bennett era el saco de boxeo del Fatui o algo así? Y parecía que Paimon había pensado en algo idéntico, porque le dijo:
—¡Pero Aether me cuida y me da de comer! ¡Él no me golpearía!
—¡Wow! No digas cosas que se pueden malentender, pequeña Paimon —advirtió Tartaglia—. Tengo testigos, tanto en Mondstadt como en Liyue e Inazuma. No golpearía a Bennett, ¡por la Zarina lo juro! Es mi camarada y me he divertido con él.
—¿Eres sincero? —Aether podía sentir la franqueza de Tartaglia. Después de todo, aunque fuese una persona peligrosa, todavía se podía confiar en su palabra—. ¿De verdad?
—Soy sincero —Tartaglia lo dijo con toda la seriedad de la que fue capaz. Aether no tuvo miedo ni recelo, sino que se sintió seguro de sus palabras, así que solo asintió y dejó ir el asunto.
—¿Y dónde está Bennett?
—Todavía está durmiendo. En cualquier momento debería despertar —informó Beidou. Estaba tomando ron tan temprano.
Mientras Bennett despertaba, todos se pusieron al corriente. Kaveh y Collei se presentaron, Ayaka y Ayato le explicaron a Aether acerca de la comitiva de Enkanomiya y Paimon tuvo el privilegio de informar el encargo que los había hecho ir ahí ese día.
Ayaka y Ayato mantuvieron la compostura todo lo humanamente posible, pero el resto, incluso Gorou y Collei, se rieron a carcajadas cuando vieron las kinografías. Todos dijeron cosas parecidas.
—Se lo merecen.
—¡Mira eso, ja, ja, ja!
—Por brutos.
—¡Bendito karma!
Todos alabaron, en mayor o menor medida, las acciones de Fischl. Aunque terminara en prisión preventiva o algo así, el mensaje ya les habría llegado: nadie molestaba a sus amigos sin sufrir las consecuencias. Eso tendría que incluir al tímido Razor, al que no le gustaba acercarse a la ciudad, y a Mona, a quien las personas también solían mirar con lástima por lo flaca que estaba.
Para cuando terminaron de contarse las cosas y la gente trataba de incluir a Aether y a Paimon en la comitiva, Mona gritó—: ¡Ya despertaste, Bennett! —y corrió a abrazarlo.
Aether vio en Bennett la misma sorpresa que él había tenido cuando llegó. Suponía que Bennett tampoco se esperaba verlos a él y a Paimon en donde los Kamisato.
—Tienes que ver esto, Bennett —Kaveh, que parecía cohibido con Aether, se soltó a hablar en cuanto vio a Bennett—. Aether y Paimon trajeron fotos de la infestación de cuervos. Alguien les hizo el encargo de que vinieran a averiguar cómo estabas, Bennett.
—¡Así es! —Paimon flotó hasta Bennett, entrometida—. ¡La ciudad es un caos! Si no le dices a Fischl que ya estás mejor, ella seguirá atormentando a todo mundo con esos pájaros.
Aether se comenzó a reír. Bennett parecía abrumado por la repentina cantidad de información. Todos lo rodeaban, lo abrazaban o le sonreían. Así que así se veía Aether cuando la gente se le acercaba de esa forma. Se sintió extrañamente satisfecho. Por alguna razón se sentía bien no ser el centro de atención todo el tiempo.
La gente volvió a sus asientos mientras Bennett se dirigía decidido hacia el único asiento disponible a la derecha de Tartaglia. En ese momento cruzaron miradas y entonces, solamente con eso, Aether lo comprendió todo.
No solo eran compañeros de viaje como él y Paimon. Eran más que eso. Después de todo, unos simples compañeros de viaje no se sonreirían con complicidad mientras uno le acariciaba la espalda al otro.
Una vez más, Aether decidió dejarlo ir por la paz.
Solo esperaba que Diluc no fuese un hermano entrometido.