Come With Me, Fortune

Slash
NC-17
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 306 páginas, 117.989 palabras, 75 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Capítulo 46

Ajustes
La ceremonia de despedida de la comitiva se hizo al atardecer. Nadie se quejó del retraso que les hizo sufrir Bennett porque, como bien lo había dicho Kokomi al iniciar las pruebas—: Los planos del arco han permanecido en Enkanomiya durante siglos. Unos días más no harán daño a nadie. Así que las pocas protestas de los monjes fueron acalladas casi de inmediato. Y Paimon, que parecía ser la única de la comitiva quejándose de tener que esperar, cerró la boca cuando Aether y Beidou le dieron sus mochis como soborno. Todos parecían tensos hasta el momento en que vieron a Bennett y al Onceavo llegar triunfantes a la entrada de Enkanomiya. Parecía que algo había ocurrido entre ellos, porque Bennett se veía entre nervioso y asustado, mientras que a Tartaglia se le congelaba la sonrisa a ratos, pero estaban sanos y a tiempo para ir junto a todos. Lo más curioso era que iban tomados de la mano, como si no les importara lo que la gente pensara de ellos. Nadie los cuestionó y, a excepción de Paimon, nadie externalizó su sorpresa al verlos tan juntos. —Creí que se habían adelantado —comentó Bennett, sorprendido de verlos a todos ahí. Intentaba ignorar el hecho de que su cuello y sus orejas estaban rojas. —Y lo iban a hacer —Kokomi intervino, contenta. Bennett se veía muy recuperado; no parecía nervioso o traumatizado. Más bien feliz—. Pero no tiene caso dejarlos atrás cuando son un sanador y un soldado muy capacitados. No permití que la comitiva se fuera sin dos elementos tan valiosos. Bennett se sonrojó más, sintiéndose halagado. Había recibido más cumplidos en su poco tiempo en Inazuma que en toda su vida en Mondstadt. —Tengo entendido que tienes que mantenerte otros nueve días con esa cosa en tu mano, ¿no es así? —Yae Miko se coló entre los asistentes—. Venga, toma esto o no podrás trabajar. La mujer le ofreció a Bennett un collar de metal. Este se giró hacia Tartaglia, preguntándole en silencio. Tartaglia solo asintió y le soltó la mano a Bennett, así que este enganchó el engaño al collar y se lo colgó del cuello. No volvieron a tomarse de la mano por el resto del día. —No te preocupes por el flujo de energía, camarada. Bennett sintió cómo el pequeño campo de electricidad emanaba ya no desde su mano, sino directamente desde su pecho. Al principio le parecía una sensación molesta y hasta cierto punto dolorosa, pero cuando se acostumbró, dos o tres horas después de despertar, se dio cuenta de que no era nada grave. Podía convivir con la pequeña y constante descarga eléctrica. Lo que ya no aguantaba era tener sus dedos doblados y el hecho de que toda su energía elemental se fuera para alimentar al engaño. Cuando Tartaglia se dio cuenta, le tomó la mano libre a Bennett y envió oleadas de poder a través de su piel. Bennett, cohibido, le agradeció. El problema era que en ese momento estaba desayunando, así que, con dos manos ocupadas, Bennett se vio en un aprieto. Tartaglia aprovechó su momento. Tomó una gran cucharada del almuerzo de Bennett y lo alimentó. —Por todos los arcontes, no lo hagas… —suplicó el muchacho, pero ya era tarde. El Onceavo de los Fatui estaba alimentándolo mientras le tomaba la mano. Así que, al ver sus manos libres, Bennett se sintió en parte aliviado, pero muy en el fondo, triste. Le gustaba la cercanía de Tartaglia de un modo que nunca hubiera pensado. Si alguien le dijera, un mes antes, que andaría sonrojado y de la mano de un tipo guapo, Bennett se habría reído de lo lindo. Cuando estuvieron juntos, pero con las manos separadas, todos volvieron su atención a Kokomi una vez más. —Muy bien, escuchen. Lo que se busca es el plano de un arco muy antiguo conocido como “Depredador”. No sabemos cómo es ni dónde está, pero sabemos que existe. La intervención de los Fatui en la primera prueba nos lo confirmó. El plano es real. Dentro de esta comitiva hay no solamente sanadores, soldados y usuarios elementales poderosos, sino también una capitana que sabe guiarse en lugares inhóspitos y un arquitecto que conoce de historia. Estoy segura de que no tardarán en encontrar los planos y regresar. Con sus habilidades, calculamos que la expedición debería tomar de una semana a un mes. —Pensamos en toda clase de formas de comunicación —esta vez fue Ayaka la que hablaba. Ayato volvía a ausentarse, ocupado en mantener la lucha de poder con los otros dos clanes—. Y al final nos decantamos por estos seelies entrenados. Dos criados cargaban una caja de madera enorme. Cuando la depositaron en el suelo y la destaparon, un montón de seelies salieron flotando con premura. La mayoría rodeó a Aether, como era común que le pasara, pero unos cuantos se sintieron atraídos por otras personas. Uno de ellos se unió a Beidou y la llamó “mamá” con voz cariñosa. Otro flotó perezosamente alrededor de Kaveh y también lo llamó mamá. Otro de ellos, que parecía ser tan alborotado como Itto, zumbó alrededor de sus cuernos, como si estuviese feliz de ser el seelie-mascota de alguien que también tenía las “orejas” hacia arriba. —Ah, lo siento queridos, solo uno debe quedarse con Aether o Paimon se pondrá celosa —Kokomi bromeó. Parecía como si los seelies se quisieran aferrar a Aether. Protestaron, llamaron a Aether “mamá, mamá” con sus vocecillas, pero al final desistieron. Solo uno se quedó unido a él. Los otros nueve flotaron, uno a uno, hacia los demás. Uno para Ayaka, otro para Yae, uno más para Kokomi. Bennett, Tartaglia, Gorou, Collei, Xinyan y Mona también recibieron el suyo. Una vez que todos los de la comitiva y las tres mujeres tenían a su propio seelie, Ayaka se despidió, saltó al vacío y desapareció en la entrada de Enkanomiya. Todos la observaron, sorprendidos. Un momento después, los seelies actuaron como altavoces. —Ejem, soy yo, Kamisato Ayaka. ¿Me copian? Cambio. Kaveh silbó, sorprendido. Beidou soltó un grato “Oooh”. De una u otra forma, todos aprobaron el uso de los seelies. —Bueno, me quedaré aquí hasta que los vea partir. Cambio. La atención volvió a Kokomi, que parecía encantada con el resultado. —Para usar a los seelies como comunicadores, todo lo que deben hacer es decir “Seelie” y comenzar a hablar. Si quieren hablar a alguien en específico, deben decir “Seelie de Aether”, “Seelie de Kaveh”, etcétera. El seelie transmitirá todo lo que escuche hasta que digan “cambio”, como acaban de escuchar. Para que los seelies los identifiquen deben presentarse a ellos, ¿pueden hacerlo en este momento? Justo así: hola, soy Kokomi. El seelie de Kokomi flotó a su alrededor, como si se estuviera grabando su imagen. “Mamá, mamá” pronunciaba, emocionado. —Hola, soy Tartaglia. —Soy el fabuloso Arataki Itto. —Sssoy Collei. —Hola, soy Bennett… El aire se llenó de “mamá, mamá” mientras los seelies reconocían a sus dueños. Bennett comenzó a sentir expectación. Se iban de aventuras, ¡por fin! —Muy bien. Si llegan a perderse o separarse, estos seelies les ayudarán a encontrarse unos a otros. No permitiremos que nadie desaparezca en la ignominia. Todos tienen sus mapas y suministros, ¿cierto? Entonces pueden comenzar a saltar. Pierdan cuidado: caerán en un pequeño pozo de agua al llegar. Todos saltaron más o menos al mismo tiempo. La única que dudó en el último segundo fue Collei. Itto, que se había quedado atrás junto a Gorou, cargó a la chica en brazos y saltó, con el estridente grito de la muchacha reventándole los tímpanos. Los últimos en saltar fueron Bennett y Tartaglia. Se miraron el uno al otro. Para bien o para mal, habían logrado pertenecer a la comitiva. Bennett no esperó un segundo más. Saltó, dejando tras de sí un rastro de risa. Tartaglia saltó detrás de él, riendo también.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección