Come With Me, Fortune

Slash
NC-17
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 306 páginas, 117.989 palabras, 75 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Capítulo 47

Ajustes
Bennett sintió como si el enorme portal lo absorbiera. Le dio un vértigo y un miedo momentáneos, pero lo peor fue la sensación de que estaba siendo chupado por una gran energía. Antes de que se diera cuenta, otra vez estaba cayendo, pero apenas notó cuando su cuerpo entero se sumergió en un pequeño lago. —¡Mi mapaaa! ¡Mis notaaas! —Kaveh ya estaba armando un escándalo en la orilla. Bennett miró hacia todos lados. Tartaglia cayó a su lado tres segundos después. El pequeño lago era redondo y parecía el fondo de una noria gigantesca. De no ser porque Kaveh y el resto hacían un alboroto en la única salida de la “noria”, Bennett no hubiese encontrado forma de salir por sí mismo. Tartaglia nadó hacia la orilla con apenas tres o cuatro brazadas, pero Bennett necesitó impulsarse con todo lo que tenía, porque parecía que el lago tenía el fondo muy por debajo del nivel del agua. Cuando llegó a la orilla, Tartaglia le pasó el brazo por debajo de la axila y lo impulsó hacia arriba. Bennett se sintió agradecido y avergonzado a partes iguales, porque se dio cuenta de que todos los estaban mirando. Solo esperaba que nadie le cuestionara la razón por la que repentinamente había un enorme salto en la cercanía entre ambos. Pero claro, aquello era como esperar que el fuego fuese verde. —¡No sabía que se llevaran taaan bien entre ustedes! —comentó Itto a la distancia. Algunos pocos, como Beidou, Paimon y Gorou soltaron pequeñas risitas. Kaveh, de no haber perdido la mitad de unas notas que tendría que volver a hacer, también estaría entre el grupito de gente que se reía a expensas de Bennett. Tartaglia compuso una sonrisa críptica. Ni siquiera Bennett sabía cómo interpretarlo. No sabía si tenía que asustarse o sentirse relajado. Sea como fuere, Bennett decidió confiar en que su compañero no haría alguna tontería. Decidió confiar en las promesas del hombre. Solo por una vez. Solo una vez quería depositar su confianza en una persona que desde el principio le hizo dudar acerca de todo. Cuando los once estuvieron juntos, Aether y Gorou se dieron a la tarea de liderar la enorme comitiva. Como era de suponer, Paimon flotaba perezosamente alrededor del rubio. Los otros ocho fueron detrás de ambos. O, más bien, se hicieron filas indias muy peculiares. Detrás de Gorou y rozándole la cola a cada paso, Itto iba hablando y hablando sin parar de cosas que nada tenían que ver con la misión, pues esperaba encontrar cristalópteros de Enkanomiya para soltarlos cerca de la casa de su abuela. A veces, el mismo Itto le dirigía la palabra a Xinyan, que tarareaba casi a cada paso que daban. Tras ella, tranquila y atenta, Beidou observaba las interacciones. Y, curiosamente, quien iba hablando con ella era la tímida Collei. Encontraba sorprendente que una mujer fuera pirata y, además, capitana. Kaveh todavía se seguía lamentando por sus notas, pero iba tras de Bennett, quien iba tras de Aether. Tartaglia, que todos suponían que estaría junto a Bennett, curiosamente iba siguiendo los pasos de Kaveh mientras sostenía una charla animada con Mona acerca de las dificultades de ser usuarios hydro. En otras circunstancias, todos hubiesen pensado que Tartaglia y Mona coqueteaban, porque hablaban animadamente y sin parar más por tener una excusa de interactuar que poniéndole atención a las cosas poco importantes que decían. Sin embargo, dados los últimos acontecimientos, nadie sospechaba de segundas intenciones entre ambos. No obstante, a pesar del grupo variopinto que se había formado, parecía que había una especie de camaradería que se había formado en los últimos días en la superficie. Inconscientemente, todos volteaban a ver a Tartaglia o a Beidou en algún momento, esperando a que se pusieran en guardia por alguna amenaza a lo lejos; incluso Gorou y Aether les echaban miradas furtivas, como si se comunicaran en secreto para mantener a la comitiva en orden. Pero las cosas no siguieron tan fáciles como la gente había previsto. Apenas Gorou gritó—: ¡Cuidado! —cuando todo se salió de control. Bennett, Beidou, Tartaglia y Aether reaccionaron a tiempo, pero los demás no sabían hacia dónde mirar. Un grupo de dragartos de las profundidades salieron a su encuentro y los rodearon por completo. Había por lo menos siete. Comenzaron a atacar por todos lados, y la primera en caer fue Collei. No podía simplemente ponerse a soltar flechas porque podía herir a alguno de sus compañeros, así que la chica fue embestida cuando nadie se lo esperaba. Itto la cargó en uno de sus hombros y en el otro se cargó a Gorou y echó a correr hacia donde Beidou apuntó. Esta misma tomó a Xinyan en brazos y la sacó de entre un montón de dragartos a la desesperada, porque su escudo, hecho a las prisas, había cedido muy fácil. Los demás no la pasaban mejor. Bennett tropezó y se fue hacia atrás, por lo que se dio un golpe muy fuerte arriba de la nuca. Tartaglia abandonó el lado de Mona para ir por su protegido, pero dos dragartos de agua lo interceptaron. Aether intentaba proteger a Bennett, al mismo tiempo que Kaveh buscaba la forma de blandir su mandoble, pero todos estaban demasiado cerca de él; si Kaveh se ponía a repartir mandoblazos, de mínimo partiría a la mitad a alguien. Mona lanzó ataques de agua, pero solo sirvieron para que Kaveh y Bennett se electrocutaran con las descargas que uno de los dragartos lanzó sobre ellos. —¡Aether! —el grito de Beidou se escuchaba a la distancia. Parecía que entre ella e Itto no tenían suficiente de más problemas, porque los hilichurls salieron a su encuentro mientras iban cargando a tres personas—. ¡Aether! —¡Váyanse! ¡Nos veremos después! Beidou e Itto no se hicieron esperar. Huyeron con toda la fuerza que tenían mientras otro dragarto se dirigía a Kaveh, que yacía casi desmayado junto a Bennett. Mona lanzaba ataques a diestra y siniestra, por lo que incluso Paimon resultó empapada, así que Tartaglia se hartó, tomó la espada de Bennett de sus manos y se fue sobre los dragartos. Bennett, medio atontado por el golpe y la electrocución, vio de primera mano la letalidad que su espada podía adquirir a manos del Onceavo de los Fatui. Los dragartos comenzaron a sangrar y a caer con una rapidez apabullante, mientras que Mona y Aether se limitaron a proteger con sus cuerpos a Bennett y a Kaveh. Los cuatro se concentraron en la lucha que Tartaglia libró solo contra los dragartos. Después de un momento, la conmoción cesó por completo. Tartaglia, por sí solo y con un arma que ni siquiera era suya, se había deshecho de una docena de dragartos de las profundidades. —¡Fiu! ¡La seguridad del estado Kamisato me estaba oxidando! —exclamó, mientras se limitaba a estirar las extremidades. Hacía parecer aquello como si fuera el deporte más seguro y aburrido del mundo—. Será mejor que no nos metamos en problemas con más seres hydro, camaradas. No puedo robarle la espada siempre a mi compañero. —¿Se acabó? —preguntó Kaveh. Tenía el cabello disparado en todas direcciones y sus enseres no estaban mejor. —¿También eres de esos a los que les llueve piedras salidas de la nada? —Paimon se le acercó, mirándolo con atención. A decir verdad, aunque Bennett se había llevado la peor parte, Kaveh parecía haber salido de un torbellino—. Supongo que tu suerte se combinó con la de Bennett. —Y el resultado es el doble de problemas… —Mona suspiró, cansada—. Más que eso, creo que necesitamos una estrategia. Antes me puse nerviosa y comencé a lanzar ataques a lo tonto. —Por poco y me dabas —se quejó Aether. —Y a mí —siguió Kaveh. —A mí me mojaste, pero supongo que lo mío no es nada comparado con la enorme cantidad de sangre en la cabeza de Bennett. Kaveh soltó su mandoble y sostuvo a Bennett contra sí mismo cuando este cayó desmayado. Tartaglia, que ya estaba a pocos centímetros, se quedó con las manos tirantes y luego las bajó. —Creo que necesitamos un breve descanso —sugirió Kaveh, para no ver la mirada asesina que Tartaglia le dirigió por un instante—. ¿Qué pasa con los demás? —“Seelie de Gorou” —pronunció Mona—. ¿Me escuchas, Gorou? ¿Están bien? Cambio. Breves momentos de tenso silencio. Después, la voz de Itto: —¡Ya pasó el problema! Soy grandiosito, de otra manera hubiésemos sido comida de hilichurls. El general Gorou está bien, solo que tuvimos algunos contratiempos y nos separamos de las mujeres. Cambio. —¿Qué pasa con Collei…? Cambio —Kaveh preguntó con alarma. Intentó levantarse, pero las piernas le cedieron. —Se la di a la mujer pirata antes de ponerme a pelear contra los monstruos. Después me di cuenta de que ella se había alejado con las otras dos mujeres. Cambio. Kaveh miró a Aether. Este, comprendiendo el mensaje, llamó a su propio seelie. —“Seelie de Beidou”… Beidou, ¿estás ahí? Cambio. —¡Hey, enano! Xinyan está lesionada y Collei no despierta, pero respira bien. Me las tuve que llevar porque los hilichurls estaban rodeando a Itto y a Gorou, pero resulta que nos perdimos. Cambio. —No creí que nos fuéramos a separar tan pronto —declaró Aether—. Será mejor que nos reunamos en un punto. ¿Qué es lo que ves? Cambio. —Sinceramente todo está oscuro, pero puedo ver a la distancia una especie de ¿puerta? de piedra. Es más alta que una catedral y apunta directamente a un edificio gigantesco con una especie de prisma en la parte más alta. Cambio. —¿Qué tal Itto? —Itto, ¿puedes decirnos si ves una puerta de piedra del tamaño de una catedral, apuntando hacia un edificio alto? Cambio. —Eh… creo que no. Pero lo buscaré. ¿Puerta alta y un edificio como una catedral, cierto? Lo tengo. Cambio. —¿Qué? ¡No! ¿Itto? ¿Itto? Si no fuera un oni gigantesco pensaría que tiene el cerebro del tamaño de un frijol —se quejó Mona. —Je, je, je, qué mal chiste —se rio Paimon—. Itto es alérgico a los frijoles. Aether se tapó la cara por un momento. —Beidou, yo también veo la puerta de piedra. Por el momento deberíamos descansar un poco, al menos hasta que Collei y Bennett sean tratados y despierten. En cuanto nos podamos mover, deberíamos vernos en esa puerta. Cambio. —Estoy de acuerdo. Nos volveremos a comunicar para cualquier novedad. Cambio. Y así, a menos de una hora de ingresar a Enkanomiya, la comitiva se había visto forzada a dividirse en tres grupos. El más variopinto y el que tendría hartos problemas hasta la conclusión del encargo era, por supuesto, el de Bennett.
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