Capítulo 52
11 horas y 57 minutos hace
Bennett notó que algo iba mal casi desde el momento en que vio a Mehrak doblar por una pequeña cueva en lugar de avanzar recto. Sabía de antemano cómo era la entrada a Enkanomiya porque ya había ido una vez junto a Aether y Paimon, así que no se esperaba que algo como eso pudiera pasarle.
Como pensaba, suponía que era algo relacionado con la mala suerte que parecía manifestarse con más fuerza ahora que estaba lejos de Tartaglia. Por alguna razón, su mala suerte solía ser menos frecuente con su nuevo compañero de aventuras. Pero ahora que estaba con otro hombre que parecía atraer los problemas por sí mismo, de una forma pensaba que se trataba de otro desdichado en sus mismas circunstancias.
El verdadero problema se presentó un tiempo después, cuando el aire se sintió electrificado alrededor de ellos. Ambos miraron hacia todos lados, hasta que lograron encontrar el origen: era un ser que parecía doblarles la altura, con forma humana y completamente cubierto por una armadura elegante y extraña con colores morados, azules y negros.
—Veo que Teyvat no te tiene aprecio, muchacho —comentó desde detrás de lo que parecía ser una máscara, aunque Bennett no se tomó el tiempo de averiguarlo—. De lo contrario no tendrías ese color de cabello.
Bennett frunció el ceño ante el comentario del desconocido. Kaveh, que estaba listo para pelear, trataba de no caerse bajo el peso de su propio mandoble. Bennett ya había descubierto que el hombre dependía mucho de la ayuda de Mehrak para cargar su propia arma.
—Tengo entendido que los Emisarios del Abismo manejan el elemento hydro —Kaveh intentaba ganar tiempo, pero el sudor que le perlaba la frente y el cuello no ayudaba en nada—. Pero este individuo está a punto de atacarnos con electro.
El enemigo rio—. Enkanomiya tiene muchos más niveles de los que aparenta en principio, pequeñas ratas invasoras. Que no supieran de mi existencia comprueba que sus mal llamadas “expediciones” siempre se han limitado a seguir el mismo camino recto. El único que se ha tomado la molestia de ir más allá de los límites establecidos por la gente de la superficie es ese molesto hombre rubio que se parece tanto a nuestra princesa. Aunque ni siquiera él consiguió llegar acá.
—¿Dónde estamos?
—En un lugar al que ni humanos ni casi humanos deberían entrar —advirtió, mientras sus manos lanzaban chispas. Bennett se preparó invocando su espada—. Se terminó la charla. Es hora de ejecutarlos.
El Emisario lanzó un ataque que ambos lograron esquivar, pero el lugar se llenaba cada vez más de un aire cargado de electricidad. Bennett infundió su espada con pyro y lanzó un ataque elemental, pero el Emisario se movió con rapidez y se fue directo por Kaveh. Este, que no se esperaba que el enemigo se le acercara en un santiamén, no tuvo tiempo de alzar su mandoble antes de salir expelido desde el punto en que el Emisario chocó su puño con él.
Kaveh se golpeó contra la pared rocosa, un sonoro ¡CRAC! se escuchó por todo el lugar y segundos después el hombre cayó al suelo y no se levantó más.
—¡Kaveh! —gritó Bennett, pero no se pudo acercar a él. El Emisario lo acosaba desde cerca, a punto de comenzar a lanzarle ataques electro.
Bennett intentó varias veces con ataques pyro, pero nada funcionaba. Corrió de un lado a otro, procurando que el Emisario no le diera en el cuerpo, pero cada vez era más que obvio que el muchacho no tenía el aguante necesario.
Cuando por fin pudo acercarse a Kaveh, notó que solo estaba desmayado, así que podía curarlo y comenzar a pensar en una forma de huir. Con este plan en mente, Bennett se concentró en el Emisario, lanzó su habilidad definitiva al suelo en cuanto lo tuvo dentro de su rango de ataque y entonces hizo una floritura con su espada, esperando que el calor de su pyro se manifestara con fuerza.
Sin embargo, todo lo que salió de su espada fue un ataque electro. Bennett se quedó descolocado por un segundo, pero fue todo lo que necesitó el Emisario para mandarlo a volar directo hacia el otro lado.
Bennett gritó de dolor cuando sintió las rocas golpeando contra su costado izquierdo. Y, aunque sintió un dolor punzante que le decía que tenía algo roto, Bennett no se detuvo. Tenía que salvar a Kaveh y salir corriendo.
El muchacho se concentró en lanzar ataque tras ataque, pero nada funcionaba. Su electro, de un raro color rosado, se manifestaba cada vez más. Sabía que tenía los cabellos en punta y que de repente saltaban chispas rojas de su espada, pero no sabía qué hacer para remediarlo.
—¡Además usas un vil Engaño hecho por esos cobardes que anidan como cucarachas por toda la región! ¡Vete de aquí, semihumano desdichado!
Bennett tomó el Engaño, engarzado a un alambre de plata que pendía de su collar, y estuvo a punto de lanzarlo lejos y a la mierda con su maldita marca. Pero no sabía si esa cosa era lo suficientemente importante para Tartaglia. No sabía si él comprendería la razón por la que Bennett quería deshacerse del Engaño.
En ese momento, el seelie de Bennett se iluminó y la voz de Tartaglia le llegó. Sin embargo, intentó no distraerse y esquivar los ataques del Emisario con todo lo que pudo.
—¡Bennett! ¿Estás ahí? Cambio.
—¡Tartaglia! —Bennett pronunció su nombre con un alivio cada vez más creciente—. ¡Tartaglia, hay un tipo! ¡Se hace llamar Emisario del Abismo! ¡Es electro! ¡Cambio!
Bennett quería que Tartaglia comprendiera la urgencia de sus palabras. El tipo es electro y resulta que yo también, quería decir. Estaba comenzando a sentirse molesto con la situación.
—¿Dónde estás? Cambio.
—¡NO LO SÉ! —Bennett lo dijo lo mejor que pudo, intentando ocultar su frustración. Si supiera dónde estaba no estaría a punto de morir a manos de este ente molesto—. ¡Tartaglia, tu Engaño hizo que mi energía se volviera electro! ¡No puedo derrotarlo! ¡Kaveh está a punto de morir! ¡Cambio!
Bennett veía por el rabillo del ojo la forma en que el cuerpo inerme de Kaveh se agitaba por las constantes descargas eléctricas. Si seguían en esa situación, la electricidad del lugar los freiría antes de que pudieran hacer algo.
Aether estaba junto a Tartaglia. Al parecer eran solo ellos dos buscándolos. Los demás debían estar esperando en el punto de encuentro, incluyendo a Mona.
Cuando ella dijo—: ¿Por qué los están buscando? Si los tienen junto a ustedes —Bennett sintió ganas de vomitar.
No, Mona estaba equivocada. Ni Tartaglia ni Aether se divisaban por ninguna parte. Todo lo que podía ver era una caverna oscura y lodosa y a un tipo cuatro veces más grande que él, intentando matarlo.
—Dime que puedo quitarme el Engaño o esto será un desastre… cambio.
Bennett albergaba la esperanza. Al demonio con la marca y las consecuencias. Kaveh y él morirían si no hacía algo ya.
Los sentimientos de Bennett eran como una montaña rusa. Sintió una profunda decepción cuando Tartaglia le dijo—: Pase lo que pase no te quites ese engaño, Bennett —pero cuando prosiguió, Bennett sintió que algo cálido le recorría el cuerpo entero: era alivio—: Tú y el chico lechuga van a vivir. De eso me encargo yo. No cortes la comunicación. Cambio.
Bennett así lo hizo. Siguió con su seelie activo, pero solo intentaba respirar. Tenía la visión cada vez más borrosa y sentía el vómito en la garganta. No obstante, se obligó a estar consciente y a la expectativa.
Segundos después, un estruendo colosal agitó el lugar entero. Incluso el Emisario se detuvo para ver qué pasaba. Una cantidad descomunal de rocas y agua comenzó a caer por todos lados.
Bennett esquivó lo mejor que pudo y se colocó sobre Kaveh, protegiéndolo, pero sabía que en cualquier momento serían sepultados por la roca o electrocutados por el Emisario.
Escuchó el bip-bup-bip de Mehrak. El maletín, que componía una cara preocupada en su superficie, formaba un holograma protector para que las rocas no los golpearan. Bennett sonrió.
Y, cuando escuchó la voz de Tartaglia a su lado y no en el seelie, Bennett se dejó ir, no sin antes sentir el corazón tembloroso de Kaveh justo en su oreja.