Capítulo 59
11 horas y 52 minutos hace
Cuando Bennett despertó sabía que había algo mal. Un ligero olor dulce lo envolvía y se posaba con suavidad en sus labios, algo que no estaba ahí la noche anterior. Intentó recordar si él o Tartaglia habían comido algo que le diera aquel olor, pero no podía recordarlo.
Salió de la tienda y se estiró, pero Tartaglia no estaba por ninguna parte. A veces se ausentaba para ir a hacer sus necesidades lejos del campamento, donde nadie podía verlo. Parecía que los soldados snezhnayanos estaban entrenados para que la gente ni siquiera se diera cuenta de que comían, meaban y cagaban con la misma frecuencia que cualquier ser humano.
Pero había algo que no calzaba con el pequeño campamento. Era Kaveh, preparando un somero desayuno con un fuego reavivado. Saludó a Bennett casi con formalidad, sin mirarlo a los ojos.
—¿Kaveh? ¿No estabas con el grupo de Gorou y Arataki Itto?
—Decidí dejarlos. Pero me parece que solo estaré un día con ustedes. No quiero molestar.
—¡Bah! No importa —Bennett se rascó la nuca inconscientemente. En cuanto se dio cuenta de que se estaba poniendo nervioso, dejó estar las manos. Estaba desnudo de la cintura hacia arriba, pero con Kaveh no se sentía cohibido, lo que sí pasaba con Tartaglia y su lujuriosa mirada. Buscó su ropa y sus accesorios mientras hablaba con él—. ¿Tuviste algún problema con ellos?
—¿Qué? No es así —Kaveh insistía en mirar la comida en el fuego. O tal vez no quería mirar a Bennett a los ojos—. Ellos necesitan… demasiado tiempo a solas. Debería haberme ido con Collei.
—Ah… ¿bueno? —Bennett no comprendió a qué se refería Kaveh. Luego de unos momentos, recordó que él mismo tenía chupetones y mordidas repartidas por todo su cuerpo. Entonces la cara se le comenzó a poner roja. Kaveh volvió a mirarlo de reojo y todo cobró sentido para Bennett—. ¡Esto no es lo que piensas!
—Claro que es lo que estoy pensando —Kaveh rodó los ojos—. No importa, no es como que tenga algo en contra de ustedes.
—Esa no es la razón por la que no me miras a los ojos, ¿o sí?
Kaveh le sostuvo la mirada por unos segundos, luego la desvió con molestia.
—Deberías estar más atento durante la noche —lo regañó.
Bennett parpadeó varias veces, intentando recordar lo que había pasado la noche anterior, pero la verdad era que no le venía nada especialmente relevante.
—Por cierto, ¿sabes dónde está Tartaglia? Parece que salió anoche o muy temprano porque su olor no está por ninguna parte.
—¿Eres capaz de olerlo?
—¿Tú no? Piedras, agua y sangre —lo dijo como si fuera lo más normal del mundo, pero notó que el cuerpo entero de Kaveh se estremeció—. No repitas lo de la sangre. Creo que mis hermanos se quedaron preocupados porque sabían que viajaría a su lado.
—¿Hay alguna razón por la que lo hagas?
—Este Engaño… —Bennett llevó la mano al Engaño colgado en su cuello—. Debo llevarlo y alimentarlo de energía durante doce días para que borre… algo que no debería tener.
—Alhaitham me habló de eso —intervino mientras servía en dos cuencos el desayuno—. La “Marca de perdón y olvido” es una especie de ritual de energía que hace que una persona no pueda usar correctamente la energía elemental. Las personas que la reciben terminan olvidando todo lo malo o incorrecto que les pasa con respecto a gente de Snezhnaya. Pero con el tiempo, si la persona resulta ser un portador de visión, puede que la marca termine perdiendo su objetivo original y comience a hacer daño o hacerle caer en la locura. La energía elemental real no se lleva bien con esas Marcas, por lo que las personas resultan locas o muertas. ¿Esa marca te la puso Tartaglia?
—¡No! —Bennett negó con tanta vehemencia que Kaveh frunció el ceño—. Tartaglia me ha ayudado. No fue él. Tartaglia no sería capaz…
—¿De hacerte daño?
Bennett se sentó en silencio. Recibió el cuenco que Kaveh le ofrecía y agradeció con voz queda.
—Fuera de las marcas repartidas por mi cuerpo, Tartaglia no me ha hecho nada más —afirmó Bennett—. Solo me asusta que Tartaglia sea capaz de obligarme a llevar este Engaño por demasiado tiempo. Lo detesto con toda mi alma. No quiero tener encima algo que es de… ellos.
—Tartaglia es uno de Los Once. ¿Estás bien con eso?
Bennett volvió a quedarse callado. Tartaglia ya sabía lo que él pensaba al respecto, pero no servía de nada. Era como si Tartaglia le pidiera de repente que destruyera su Manual de Aventurero y renegara de su trabajo como aventurero. Era algo que él simplemente no podía hacer, como si le arrancaran los brazos o como si le quebraran las piernas. Ese era el nivel de dolor que obtendría a cambio de hacer algo como negar su propia identidad. ¿Por qué iba a ser distinto con Tartaglia, que parecía que vivía y respiraba para obtener conflictos por su condición como uno de ellos?
Bennett no le respondió a Kaveh, pero no hacía falta. Ambos sabían que Bennett no estaba nada de acuerdo. De otra manera, habría negado con tanta vehemencia como con la marca.
Desayunaron en silencio, levantaron el campamento y se pusieron en marcha siguiendo el camino que habían determinado días atrás. Ninguno de los dos parecía realmente preocupado por el paradero de Tartaglia. De los once que habían descendido a Enkanomiya, parecía ser el más capaz de diezmar la cantidad de monstruos en una semana. Era de la clase de personas que corrían directo a la muerte sin miedos de ningún tipo.
Solo esperaban no encontrarse con su cadáver en alguno de los campamentos, pero parecía imposible. Debía haber un enemigo del tamaño de un pequeño jefe o de un gran jefe, tal vez una Oceánida o una Regisvid Electro, o incluso Aether de mal humor. De otra forma, nadie imaginaba a Tartaglia perdiendo un combate.
Pero cuando pasó el día entero y tanto Bennett como Kaveh solo encontraban destrucción y cenizas a su paso, ambos comenzaron a preocuparse.
—¿Crees que sea obra de Tartaglia? —preguntó Kaveh, asustado.
Aunque solo había cenizas y no restos de cuerpos, todavía parecía tétrico de alguna forma. Los campamentos no tenían el típico desastre de una pelea entre humanos y monstruos, sino que parecía una masacre unilateral. Como si alguien simplemente se hubiese ensañado con todos los seres vivos que encontrara, empalándolos o desmembrándolos. Al menos eso sugerían los montones de cenizas, las estructuras derrumbadas y los utensilios mandados a volar de una patada. Como si ese mismo alguien estuviese tan furioso como para no medirse al atacar todo lo que veía vivo a su paso.
Al séptimo campamento que encontraron así, Bennett se quedó parado sin entrar de verdad y Kaveh, mirándolo todo, preguntó—: ¿Es seguro estar con él?
Bennett no respondió de inmediato, pero aseguró—: Al menos a mí nunca me ha golpeado…
En ese momento una de las estructuras de paja y troncos se derrumbó con estrépito.
—No entiendo lo que está pasando —dijo luego de unos momentos—. Está enojado y no ha regresado en todo el día. ¿Es porque estás conmigo? ¿Está haciendo un berrinche?
—Un tipo de su tamaño hace berrinches destruyendo todo a su paso, ya me di cuenta —Kaveh suspiró y se giró hacia Bennett—. Escucha, amigo, necesitas estar más consciente cuando medio despiertas en la noche.
—Es imposible.
—Bueno, si no quieres que Tartaglia vuelva a enfadarse así, deberías practicar.
—Tú sabes algo, ¿cierto?
—Hay errores que están destinados a suceder, ¿supongo? —Kaveh suspiró. Fue el turno de Bennett de fruncir el ceño, sin terminar de comprender a lo que Kaveh se refería—. Pasó algo anoche, algo que no se supone que debería pasar… y Tartaglia estuvo a punto de matarme.
—¿Estás bromeando?
—Me sorprende que creas que puedo bromear sobre eso.
—¿Entonces hiciste enojar a Tartaglia y por eso está haciendo esto?
—¿Que yo lo hice enojar? —Kaveh habló pesadamente, cada vez más tenso—. Fuiste tú, tonto. Tu novio es tan posesivo que debería darte miedo.
—¿Yo? —Bennett pronunció su ceño.
¿Tartaglia estaba enojado con él?
¿Tartaglia?
¿Con él?
Simplemente no tenía sentido.
Tartaglia había jurado que sería el perro de Bennett si este se lo pedía. ¿Cómo podría estar enojado? Era algo que Bennett simplemente no comprendía. Como si le dijeran que el cielo era verde o que los árboles caminaban. Era algo sin sentido.
—Pero no somos novios… —aclaró Bennett. Cuando vio a Kaveh rodar los ojos por segunda ocasión ese día, se dio cuenta de que eso en realidad no importaba mucho si lo aclaraba o no. Las marcas de los labios de Tartaglia decían otra cosa.
—Escucha: creo que necesitan hablar. Creo que él solo no quiere venir porque estamos juntos. “Seelie de Itto” —su seelie de comunicación apareció junto a él—. Oye, Arataki Itto, más te vale que no le estés comiendo la boca a Gorou. Cambio.
La risa de Itto se escuchó a través del seelie—. ¿Dónde estás? Llevamos todo el día buscándote. Cambio.
—¿De verdad esperaban que me quedara a sentirlos follar junto a mí? —Kaveh se mesó los cabellos—. Pero por alguna razón terminé con otra maldita pareja. Voy de regreso. Y espero que no estén cogiendo. De nuevo. Cambio.
La risotada de Arataki Itto se escuchó antes de que los seelies cortaran la comunicación. Bennett se había puesto muy rojo con el intercambio, pero parecía que para Kaveh solo era un proceso más.
—Me largo, Bennett.
—Pero si nos separamos…
—Descuida, estaré bien. ¿No ves que solo hemos encontrado campamentos vacíos? Es imposible que me vaya a perder. Conectaré mi seelie con el de Itto o con el de Gorou hasta llegar a donde están. Tú quédate justo donde estás. Estoy casi seguro de que él anda cerca. ¡Ya me voy!
—¡Kaveh!
El hombre saludó de espaldas y se alejó, con Mehrak flotando a su lado casi como si tuviera pereza.