Come With Me, Fortune

Slash
NC-17
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 306 páginas, 117.989 palabras, 75 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capítulo 63

Ajustes
Desde que tenía uso de razón, Gorou siempre había escuchado hablar sobre Enkanomiya. Después de todo, había crecido caminando sobre esa profunda y enorme caverna. La primera vez que descendió como parte de una expedición la experiencia fue tal y como la describieron las sacerdotisas y los soldados veteranos: aterradora, nada tranquila y lóbrega. Al estar en medio del silencio hiriente y la oscuridad abismal, Gorou pensaba que en cualquier momento alguna criatura del averno lo jalaría hacia el vacío. La segunda vez que descendió se comenzó a dar cuenta de que solo era cuestión de hallarle el gusto al lugar. No había demasiadas criaturas peligrosas y, si sabías andar con cuidado, ni te las topabas. Las expediciones que bajaban año con año marcaban el paso a los que se aventuraban a explorar, siempre siguiendo una línea bien roja en un mapa que llevaba siglos sin cambiar. Todo lo que tenían que hacer era seguir el camino y evitar los asentamientos de hilichurls. Sin embargo, la tercera vez que descendió, había algo muy distinto. No era solo que tuviera seelies comunicadores o que tuviera un papel aparte de ser el guía del grupo en caso de que se perdieran. No era solo que el lugar se iluminaba como si fuera de día y había más movimiento que nunca por parte del Abismo. No era tampoco que tuviese que compartir la experiencia con uno de Los Once. No. Todo eso quedaba reducido a nada porque caía la “noche”, pero también caía Itto sobre él. Una vez, antes de que aquella expedición fuese dispuesta, el oni le preguntó: —Tú eres Miss Hina, ¿cierto? Gorou andaba por la ciudad porque necesitaba hacer un encargo para Su Excelencia, pero no contaba con que su Admirador Número Uno, Arattaki Itto, andaría por ahí haciendo las compras para la cena. El soldado sabía que algún día lo descubrirían, pero todavía se atrevió a fingir. —¿Me hablas a mí? Debes estar confundido. —No lo creo. Eres del mismo tamaño. Y tus orejas son idénticas. Y jamás podría olvidar esa cola tan esponjosa. Eres Miss Hina, ¿verdad? —¡Que no! ¿No ves que soy hombre? —¿Eres hombre? —Itto se fijó más de cerca. Gorou ya se sentía que echaba humo—. Bueno, la verdad es que no importa, ¿o sí? No dejas de ser Miss Hina. Gorou frunció el ceño, se desentendió y siguió su camino. No obstante, tiempo después Itto fue a buscarlo al Santuario Sangonomiya. Al principio solo se paseaba por los alrededores, pero cuando se ganó la confianza de los soldados, el oni se la pasaba el día entero holgazaneando cerca. Se había convertido en el ayudante predilecto de los soldados y así se había ido enterado de a poco de los horarios y los pormenores acerca de Gorou. Él se sentía acosado y acorralado, así que se lo hizo saber al oni; pero este era tan estúpido que no lograba captar la acidez de Gorou. Al final, cuando Gorou se había resignado a la presencia del oni, este comenzó a hablarle de escaradiablos, mazos y peleas. Le llevaba regalos extraños, como flores raras y bocadillos “de piratas”. También lo seguía a todos lados, ayudándolo como si fuera su asistente. Luego de unos meses, sin un aviso ni un preparativo, Itto besó a Gorou en la boca. —¡¿Qué crees que haces?! —le había preguntado el soldado, rojo hasta el cuello y tomado por sorpresa—. ¡Eres un hombre! —Te equivocas, Gorou, soy un oni —aclaró—. ¿Y eso qué tiene que ver? Itto también estaba rojo. Gorou lo miró como si se hubiese vuelto loco. Se quedó pasmado, sin saber qué hacer. Luego se recuperó, dio media vuelta y se marchó. Soñó con los labios de Itto, pero él no asistió a sus “deberes” como asistente al día siguiente, ni al siguiente. Su Excelencia había decidido pagarle una compensación por sus labores, así que la bolsa de moras se fue llenando cada vez más hasta que Gorou fue llamado. —¿Por qué el oni Itto ya no ha asistido a sus labores? ¿Renunció? —Solo es un tonto sin remedio. Supongo que ya se aburrió de venir. —Ve y habla con él —Su Excelencia ordenó sin mirarlo, pero Gorou sabía que ella y la editora Yae Miko sostenían correspondencia sobre él y sobre Itto. Simplemente no quería averiguar si esas dos mujeres ya sospechaban que había algo entre ellos—. Lleva esta rescisión. Si Itto ya no quiere trabajar, todo lo que debe hacer es firmar este papel. Itto se cayó de sentón nada más ver a Gorou aparecer cerca de su campamento. La abuela oni se había ganado un pase para las aguas termales de la ciudad (lo que parecía un poco sospechoso para Gorou), así que no había ni un alma a muchos kilómetros a la redonda. Solo Itto y sus escaradiablos. Y una hora después, Gorou y sus gemidos se incorporaron a la música natural. Desde entonces, el incansable oni se le abalanzaba apenas tenía oportunidad. Le acariciaba el trasero y la espalda, lo saboreaba con la mirada y cuando menos se lo esperaba, Gorou ya estaba en ángulo recto sobre una piedra del camino, esperando a ser embestido por la polla gruesa de Itto. No quería admitirlo, pero le encantaba ser sometido por el oni, tanto así que ya le había causado molestias al arquitecto de Sumeru que se les había unido. Gorou se compadecía de él, o al menos se sentía mal por él al principio. Fue después de que se les volviera a unir que las cosas cambiaron un poco. El arquitecto Kaveh parecía apesadumbrado. Venía de estar en el pequeño campamento del Fatui y el aventurero y, en sus propias palabras, su situación era muy parecida a la de Gorou e Itto. El soldado intuía que algo pasaba entre esos dos desde que los vio en la entrada del santuario. Parecían hambrientos y cansados pero dispuestos a permanecer juntos. Había una extraña tensión entre ellos, una que flotaba sobre el aire entre él e Itto cuando todavía no había pasado nada. Tartaglia era cruel y despiadado, tal como cualquier Heraldo de Los Once. Pero con Bennett parecía complaciente. No, más que eso, casi servil. Parecía acostumbrado a tocar a Bennett, y este parecía recibir las caricias con nervios y candidez. Así que él fue el primero que los vio cuando llegaron al Dainichi Mikoshi. Iban platicando entre ellos sobre cosas que no le interesaban en absoluto, pero parecían más cercanos que nunca. Bennett tropezó con un hoyo en el suelo, esquivó una roca que iba directo a su cara y miró a Tartaglia con sorpresa, porque fue él quien recibió la roca en la coronilla. —¡Ay! —exclamó, como si estuviese sorprendido por el golpe. Gorou sabía que Tartaglia se había movido en ese ángulo para proteger a Bennett. Se sentó, cruzando las piernas, mientras se sobaba la cabeza. Bennett se puso pálido. —¡Tartaglia! —exclamó el muchacho, cerniéndose sobre el Fatui para revisarle la cabeza—. No veo sangre, ¿estás bien? ¿Te duele? Tartaglia se quitó el guante y metió su mano bajo el short de Bennett, acariciando su muslo. El muchacho se estremeció y se envaró, y cuando Gorou le vio la cara, se dio cuenta de que estaba sorprendido y nervioso, pero no asustado. —¡¿Qué crees que haces?! —le preguntó, conmocionado. —Ponme más atención, Benny. ¿De verdad estás tan emocionado por ver a Aether y a los demás de nuevo? —¿Estás celoso de Aether? No puede ser. ¿Es porque te dije que es genial manejando la espada? Tartaglia se acercó lo suficiente para besar el ombligo de Bennett. Este, concentrado en la vista, saltó en su lugar cuando la otra mano de Tartaglia fue a dar a su espalda bajo. El hombre sonrió. —Yo soy mucho mejor que él. —Y por eso te derrotó, ¿cierto? Gorou se sorprendió de ver a Tartaglia reírse a mandíbula batiente en lugar de matar al aventurero. En circunstancias normales, este hombre era temible porque podía cortarle la cabeza a un subordinado leal solo por mirarlo. Pero ahí estaba, sentado en el suelo, recibiendo las palmadas de un chico torpe al que le llovían piedras como si los fantasmas estuviesen concursando para molestarlo. El Fatui sonreía con picardía y entusiasmo, y de pronto Gorou creyó en los reportes militares que decían que, de hecho, él era solo un hombre de veinte años. Uno muy letal. —Bennett, déjame hacer algo antes de regresar con los demás. —¿Sí? ¿Qué es? Tartaglia desabrochó el short del chico y sacó su miembro de la ropa interior antes de que él pudiese protestar. —¡Por los Siete, Ajax! ¡Ah! —Estás duro desde la mañana, ¿cierto? ¿Por qué no me dijiste? Gorou se llevo una mano a la boca cuando Bennett hizo lo mismo para no gemir alto. Tartaglia se llevó su miembro erecto a la boca y no vaciló en chuparlo con un frenesí que parecía casi encantador. Las piernas de Bennett parecían querer ceder, pero él se mantenía con todas sus fuerzas, gimiendo a través de sus dedos. —Esto es una locura —susurró, pero las orejas de Gorou podían escucharlo todo—. Alguien nos va a ver… Tartaglia sonrió con el pene de Bennett llenándole la boca. No dijo nada en absoluto, pero no hizo falta. Deslizó su rostro para cubrir con sus labios la raíz del falo y con una lengua experta le provocó un orgasmo intenso al muchacho. —Soy tan patético… —Bennett, Bennett… Me importa un carajo si alguien nos ve. Me importa menos cuánto tiempo tardes en venirte con mi boca. ¿No quiere decir que soy bueno en lo que hago? —Eres un… —¿Maldito sinvergüenza? Dime algo que no sepa, cariño. Bennett se enfurruñó por un momento, pero no podía permanecer tanto tiempo enojado con su amante. Se acomodó la ropa, miró hacia todos lados y depositó un beso casto en los labios de Tartaglia, húmedos todavía de semen. Luego se giró con torpeza y se fue. —¡Vámonos, Tartaglia! No debemos hacer esperar a los demás. Gorou juró que era la primera vez que veía a un Fatui hacer esa expresión. Algo a medio camino entre el amor y la adoración. No terminaba de comprender porqué Tartaglia se veía tan dispuesto a estar cerca de Bennett, si era pasión o amor de verdad, pero claro que comprendía esa mirada, porque era exactamente la misma que ponía Itto cada vez que lo veía acercarse. —¿Así que te gusta ver a los demás mientras lo hacen? Qué gustos tan raros tienes, Gorou —Itto apareció detrás de él, rascándose la barbilla. Ni siquiera parecía molesto, dadas las circunstancias. Gorou se giró hacia él con la cara pálida. —¿Cuánto tiempo llevas ahí? —Desde que dijiste “Voy al baño”. Creí que ibas a tocarte sin mí y eso me molestó. —¡Tonto idiota! —lo insultó, pero Itto sonrió con entusiasmo como si acabara de ganar la lotería. —¡Vamos! No te molestes, querido. Les puedo preguntar si podemos verlos actuar para que disfrutes de más cerca. Gorou metió un pisotón a Itto, se dio media vuelta y se marchó. Ni siquiera pensaba discutir con él acerca de algo como eso. Ahora comprendía a la perfección los sentimientos de Kaveh.
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