Come With Me, Fortune

Slash
NC-17
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 306 páginas, 117.989 palabras, 75 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Capítulo 64

Ajustes
Cuando la comitiva se volvió a reunir en el Dainichi Mikoshi, Bennett estaba muy nervioso. No sabía cómo tratar a Tartaglia sin levantar sospechas, y lo cierto era que no se sentía a gusto con el hecho de que la gente supiera que tenían una relación íntima. En general, las relaciones entre personas del mismo sexo no eran algo irracional. Bennett era testigo de muchas de ellas en Mondstadt. La capitana Jean Gunnhildr, por ejemplo, tenía una relación no tan secreta con la bibliotecaria que trabajaba en la puerta de en frente. Y no se diga de su hermano Diluc, que de dientes para afuera decía que los Caballeros de Favonius no eran más que unos inútiles mantenidos, pero luego salía más despeinado de lo habitual de su habitación cuando el hermano Kaeya se quedaba a dormir en la mansión. Y el más curioso era el bardo borracho que siempre llevaba una lira en la mano. Bennett sabía que una vez, antes de que Diluc regresara de su cacería de Fatuis, el bardo se había enredado con “cierto hombre respetable” de Liyue, quien trabajaba como asesor en una funeraria. Y cuando el bardo no tenía dinero para pagarle a Diluc todas sus borracheras, Bennett sabía que casi casi se le había tirado encima a su hermano, argumentando que podía pagarle con favores en especie. ¿Y por qué sabía Bennett todo esto? Porque a veces, cuando llegaba muy tarde de alguna misión y no había más que borrachos trasnochados en las calles, por alguna razón Venti siempre estaba ahí. El tipo cantaba y tocaba la lira de una forma espectacular, por lo que era un deleite verlo incluso cuando estaba a punto de tener una intoxicación etílica. —¡Oh, el pequeño Benny! ¿Te divertiste hoy? —le preguntaba cada vez que se lo encontraba—. Tu hermano me acaba de echar de la taberna porque tiene que ir a descansar, ¡haberlo dicho antes! Nos pudimos haber ido a la cama desde hace unas horas… Al principio Bennett se incomodaba con esos comentarios, pero luego dejó de tomarles importancia. Diluc era un hombre muy recto y ni siquiera el guapo bardo podía hacerlo caer ante sus encantos. Además, no era por favorecer a Kaeya, pero este al menos tenía trabajo y la gente de la ciudad lo admiraba. Y, por último, pero no menos importante, estaba el caso de Aether. Una vez que lo acompañó a una misión de caza de campamentos hilichurls en Liyue, Bennett se dio cuenta de que Aether andaba por todos lados como si nada. Su seguridad y su temeridad eran tan tremendas que al aventurero le dio curiosidad saber porqué Aether andaba como si tuviera mil vidas. —Ejeje —Paimon, como siempre, fue la que intervino en esa ocasión. Voló alrededor de ambos, tapándose la boca con diversión—. Es porque cuando venimos a Liyue siempre está él cuidándonos, ¿no es así, Aether? —¿Él? —Bennett frunció el ceño, todavía más curioso debido a que Aether se sonrojó con fuerza, cosa rara en él. Paimon se rio más a su costa. —Sí, aunque ya hemos hecho la prueba. Si yo lo llamo y grito: “¡XIAO!” con todas mis fuerzas, él ni siquiera se molesta en saber qué está pasando —Paimon se encogió de hombros. Luego se acercó a Bennett y le murmuró al oído—. Pero si Aether susurra su nombre, Xiao aparece al instante. —A veces es un poco… inoportuno —confesó Aether. —Sí, como esa vez que tardaste eones bañándote, dijiste su nombre y él apareció en frente de ti. Bennett abrió los ojos y miró a Aether, quien se puso más rojo. —Parece que no quieres cenar esta noche —la amenazó, pero Paimon parecía reacia a enterarse de que acababa de revelar un secreto a Bennett. —¡Yo siempre quiero cenar! Así que incluso Aether tenía sus propios queveres con un tipo de su mismo sexo. Por lo tanto, Bennett sabía que nadie sería capaz de juzgarlo por tener un novio. Pero lo que realmente importaba en ese caso era, de hecho, que su novio no era cualquier persona. No era un Caballero de Favonius o un Adeptus, sino nada más y nada menos que un temible Heraldo de Snezhnaya. Había mucha sangre en sus manos y, si Bennett podía creer la mitad de lo que decían sobre él, sabía que Tartaglia era un tipo pendenciero y peligroso. Pero cuando vio a Arataki Itto ser tan cariñoso con Gorou aun frente a la mirada celosa de Mona y la molestia de Kaveh por tener que aguantarlos, Bennett se replanteó si era lo correcto mostrarse un poco distante frente a todos. Como era su primer novio (o lo que sea que fueran), Bennett no sabía qué hacer o qué decir, muchísimo menos cuando nunca había visto a otras personas ser cariñosas en público, salvo por Itto y Gorou. —¡Oh, llegaron Bennett y Tartaglia! —la voz estridente de Paimon anunció la llegada de los dos últimos miembros de la comitiva. Bennett notó que todas las miradas se centraron en él y en Tartaglia por unos segundos, pero pretendió no darse cuenta. O al menos lo intentó. —Bueno, ¿y ahora qué? —Mona miró a cada uno. Tenía un sándwich en la mano y Paimon miraba la comida fijamente—. Deberíamos descansar un poco y luego ir a… —¡Yah! Todos voltearon en automático hacia un hilichurl aparecido de la nada. Kaveh y Beidou, que estaban hablando sobre intercambiar licores, se levantaron en el acto e invocaron sus armas, pero se bloquearon el uno al otro debido a las dimensiones de sus mandobles. Por su parte, Xinyan, Aether y Mona se apuraron a formar una barrera y pretendieron pelear contra los otros dos hilichurls que aparecieron tras el primero. Un samachurl anemo invocó torbellinos que mandaron a volar a Collei y a Gorou, y como todos estaban distraídos viendo la emboscada que les salió de todos lados, ni siquiera Tartaglia reaccionó a tiempo cuando un mitachurl con escudo de madera embistió a Bennett y lo arrastró cuatro metros entre enseres, mochilas y una fogata que apenas iba a ser encendida. Bennett se protegió del impacto, pero de pronto sintió el aire en los pies. Se fue hacia atrás y comenzó a caer con una velocidad apabullante. Curiosamente, la persona que fue tras él, intentando alcanzarlo para que no se partiera la cabeza contra el suelo, fue Itto. Gorou intentaba contener a todos los hilichurls junto a los demás, pero parecía imposible. —¡Bennett! —se escuchaba gritar a Tartaglia—. ¡BENNETT! Bennett se agarró a Itto, desplegó su planeador y le agradeció, pero ni siquiera esa maniobra lo protegió de caer mal sobre una pierna y romperla en el proceso. Bennett aulló de dolor, pero no tuvo mucho tiempo para compadecerse de su integridad física. —¡Carajo, son gigantescos! —gritó Itto. Dos enormes dragartos de las profundidades se materializaron ante ellos. Eran del tamaño de un edificio y parecían furiosos por ser molestados en sus aposentos. Uno era cryo, el otro electro. Rugieron con frenesí, decididos a pelear contra sus pequeños contrincantes. Bennett e Itto se pusieron blancos, porque ninguno de los dos guardaba energía elemental. No sabían que caerían directo en la guarida de dos imponentes criaturas furibundas. Así que Itto simplemente se cargó a Bennett en el hombro como si fuera un costal de papas y echó a correr rumbo al agua. Nadó lo más rápido que pudo, dadas las circunstancias, pero Bennett se le resbalaba de las manos, veía muy lejana la orilla y su intelecto no le dio para pensar en que los dragartos sabían nadar. El dragarto cryo se acercó a ellos, mordió la pierna herida de Bennett y lo arrastró consigo al fondo del agua. Bennett gritó en lugar de tomar aire y ese fue su error, porque comenzó a tragar agua, con una enorme criatura que lo arrastraba al fondo insondable. Este es mi fin, pensó. De haber sabido que las cosas iban a terminar así, en su primera aventura oficial con Tartaglia, hubiera aprovechado las últimas horas follando en lugar de andar de mojigato. Bennett sintió su pecho arder por el agua en sus pulmones. Estaba seguro de que iba a morir, y por eso no quitó sus ojos de la superficie. Si iba a ser un cadáver en el fondo de Inazuma, al menos quería ver el más mínimo resquicio de luz en sus últimos momentos. Itto se agitaba en la superficie, intentando sumergirse, pero parecía un inepto incluso para flotar sobre el agua. Bennett suponía que ni siquiera sabía nadar. Además, el otro dragarto debía estar haciendo de las suyas con él. Y aquel dragarto debía ser realmente poderoso, porque de pronto la superficie entera se iluminó con un precioso morado. El elemento electro recorrió el agua desde el nivel más alto hasta debajo, como si buscara algo. Un momento después, el dragarto cryo rugió con tanto poder que Bennett, a punto de perder la conciencia, se despertó de golpe. Se agitó en el agua, vio que el dragarto había aflojado su agarre y pataleó con todas sus fuerzas, pero estaba demasiado lejos de la superficie. Un maremoto sacudió todo. De pronto, las aguas se dividieron como si una enorme bola de energía hubiese impactado sobre ellas. Bennett emergió justo en medio, vomitó el agua y la comida y comenzó a toser con frenesí. Cuando se recuperó, miró hacia arriba y ahí estaba. Era como un monstruo con forma humana. Como un demonio. Tenía una armadura con fondo azul y detalles negros y rojos. Una enorme capa, como un manto hecho de estrellas, se agitaba con comodidad a su espalda. Su máscara era rojo sangre, una versión más completa de la pequeña que siempre llevaba sobre la cabeza, con un enorme orbe purpúreo justo en el centro, donde debería ir su rostro. El cabello, que generalmente llevaba peinado hacia abajo, parecía una llama rojiza que se alzaba detrás de los dos largos y finos cuernos que sobresalían de la máscara. El demonio, sin ninguna presentación ni acción más, dijo un quedo—: Ven —y ofreció su mano hecha de garras duras en dirección a Bennett. Bennett ni siquiera lo pensó. Se asió a la mano solícita, dejó que el demonio lo sacara del agua y con el otro brazo lo cargó como si fuera un niño pequeño. Su tamaño era igual de monstruoso que su apariencia. Pero Bennett sabía perfectamente quién era. No había necesidad de que alguien se lo dijera. Por eso, cuando lo tuvo cerca, pasó sus brazos alrededor del cuello de la capa, hecho de plumas sedosas, y depositó un beso justo en el orbe de la máscara, que se sentía fresco contra sus labios. —Ya estás conmigo, y eso es todo lo que me importa —dijo con voz bestial y metálica. Bennett sonrió y se recargó en él. Itto estaba más allá sobre la orilla de la plataforma, a cuatro patas, tosiendo con vehemencia. Él también había escapado de la muerte.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección