Come With Me, Fortune

Slash
NC-17
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 306 páginas, 117.989 palabras, 75 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
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Capítulo 65

Ajustes
Cuando Bennett despertó, se dio cuenta de que estaba boca abajo sobre un cuerpo que comenzaba a reconocer incluso en sueños. Tartaglia respiraba acompasadamente, pero no como si estuviera dormido, sino relajado. Bennett apenas se removió sobre él, lamentando el dolor en su pierna rota. —¿Cómo estás, querido? —Tartaglia le sonrió cuando Bennett volteó a mirarlo, con su cabeza posando en el pecho del hombre. —Me duele la pierna —confesó. Bennett pensó, muy de pasada, que era la primera vez que no decía de buenas a primeras “Estoy bien”. En realidad dijo lo que realmente sentía. Interiormente, se sintió aliviado por poder expresarse de forma abierta con Tartaglia. —La pequeña Collei te dio primeros auxilios, pero nadie en el equipo puede hacer una curación como lo haces tú. A Bennett le parecían curiosos los apodos que Tartaglia les tenía a las personas. Por ejemplo, a Collei, que tenía la misma edad que Bennett, la llamaba “pequeña”. El chico se preguntaba si en el fondo Tartaglia pensaba como un pervertido sobre sí mismo, porque si no no podría comprender porqué una chica sí era pequeña pero Bennett no. —¿Siguen despiertos? —preguntó Bennett. Tartaglia lo ayudó a incorporarse y pararse sobre su pierna buena. Para Bennett fue natural sostenerse de la cintura desnuda del hombre mientras este le servía de muleta. —Con lo que acaba de pasar no podríamos dormir aunque quisiéramos. El tontitto tiene seis costillas fracturadas, y a la capitana un mitachurl le rompió el brazo. Los demás están bien, dentro de lo que cabe. Bennett no podía ver ese “bien” en los demás. Mona, Collei y Xinyan cenaban en silencio, con rasguños, moretones y golpes cubriéndoles el cuerpo. Kaveh estaba recostado entre el desastre de la pelea, con un trapo húmedo en los ojos porque le había entrado tierra al intentar detener a los hilichurls. Aether, que estaba más o menos intacto, tenía un enorme moretón en el pómulo derecho. Y Gorou, que no sabía hacia dónde ir primero porque la emboscada les había salido por todos lados, tenía parte del brazo izquierdo completamente vendada. Ya se había manchado de sangre, así que lo suyo también debía ser grave. Beidou aguantaba el dolor con ron, por lo que la borrachera que le estaba pegando era impresionante. Itto, por otro lado, hacía rato que se había desmayado de dolor. Tenía la cara cerúlea y respiraba con superficialidad. Era verdad que a Bennett le dolía muchísimo la pierna. Ni siquiera podía apoyarse sobre ella sin que le saltaran las lágrimas de dolor. Pero lo cierto era que, viendo la situación, la expedición no podría continuar. Todos estaban más o menos heridos, y era muy peligroso intentar moverse, sobre todo porque había varias fracturas y luxaciones. Bennett se lamentó por sus compañeros. Había pasado tantos días al cuidado de Tartaglia que hasta se le había olvidado que la mala fortuna siempre lo acompañaba. Se culpó por la situación en la que se encontraban, así que decidió tomar cartas en el asunto. Bennett se soltó de Tartaglia, contuvo un gemido de dolor y apretó las manos. —Necesito un poco más de energía elemental —anunció. Apenas se dio media vuelta, Tartaglia lo detuvo. Bennett volteó a mirarlo; el hombre tenía una mirada de enojo y contrariedad, como si lo estuviera regañando. En otras circunstancias, Bennett se habría sentido patético, habría bajado la cabeza y se hubiera rascado la nuca, pensando que se estaba equivocando. Pero no podría ser equivocado lo que estaba haciendo. Por primera vez, Bennett retiró la mano de Tartaglia y le devolvió una mirada llena de determinación. El hombre retrocedió dos pasos, como si hubiera recibido un empujón, abrió la boca con sorpresa y después dejó caer la cabeza mientras colocaba los brazos en jarras. —¿Quién se supone que manda en la relación? —preguntó Mona en voz baja, pero parecía más una burla. Beidou se rio a carcajadas, pero eso era más cosa del alcohol que del mal chiste de la chica. Tartaglia suspiró antes de ir tras Bennett. Ni siquiera se dignó a voltear a ver a los compañeros detrás de él. Ambos encontraron un campamento hilichurl tan pronto que parecía una broma. Pero esta vez, al acercarse, Tartaglia detuvo a Bennett, negó con la cabeza y se adelantó para darle la espalda. Invocó sus dos cuchillas de agua, atento a los enemigos. Al hacerlo, Tartaglia se estremeció. Se giró levemente para captar la mirada de Bennett con sus ojos, le dedicó un guiño y volvió a caminar. Bennett notó que Tartaglia tenía más dificultades de lo normal. Él solía extinguir hilichurls con apenas rozarlos, pero en ese momento parecía que necesitaba muchos segundos, e incluso minutos, para poder acabar con un simple samachurl. Su poder parecía casi el de un civil común. Después de una batalla que se estaba tornando eterna contra tres hilichurls y un samachurl, la energía elemental de Bennett estaba desbordante. Tartaglia volvió a él con la sonrisa más cansada y demacrada que le había visto jamás. Unos quince minutos después volvieron con sus compañeros. —¿Pueden acercarse un poco? —preguntó. Las chicas ayudaron a Beidou, que estaba borracha, a Gorou, que también cojeaba y a Aether, quien se acercó con Paimon flotando de cerca. Bennett se posicionó junto a Itto y Kaveh, quienes parecían haber perdido la conciencia hace rato. Bennett respiró, invocó su espada e intentó saltar para hacer su habilidad definitiva, pero no solo no saltó, sino que sintió un dolor horrible en la pierna. Soltó un grito y apretó los dientes. Tartaglia y Collei fueron a ayudarlo, pero Bennett los detuvo con un gesto de la mano. Sintió un sudor frío mojándole el cuerpo. No era la primera vez que se fracturaba un hueso, pero sí la primera vez en mucho tiempo. Casi había olvidado cómo se sentía romperse una pierna. Respiró profundamente una, dos, tres veces, intentando serenarse. Visualizó su habilidad definitiva, su pierna curada, sus amigos recuperados, Tartaglia descansado de haber tenido que usar su Engaño... Solo tenía que saltar sobre su pierna rota. Respiró hondo una vez más, asintió, de acuerdo con su propio dolor y dio un grito de guerra mientras describía una voltereta en el aire y golpeaba el suelo con su puño derecho. Todos se apiñaron en el círculo pyro, intentando que Beidou no cayera encima de Itto y que Aether no se tropezara con Kaveh, quien se sentó de golpe al sentir el pyro cubriéndole el cuerpo. —¡Woah! —exclamó Gorou, impresionado. Muchos de ellos todavía no habían experimentado la habilidad definitiva de Bennett, así que el muchacho se sintió halagado cuando todos comenzaron a mostrar ojos luminosos, caras sonrosadas y lentas sonrisas que florecían casi con encanto. Hubo un suspiro colectivo, e incluso Itto, que seguía inconsciente, recuperó el color y comenzó a respirar plácidamente. —Uf, de verdad me dolía la pedrada de ese condenado hilichurl —confesó Mona, sobándose el esternón. —¡Muchas gracias, Bennett! —Collei exclamó con entusiasmo casi al mismo tiempo en que el círculo pyro desapareció. Bennett la miró, extrañado. —Gracias, no podía comer porque me dolían los golpes —explicó Xinyan. —¡Esa habilidad es maravillosa! —Kaveh tenía una sonrisa de oreja a oreja y parecía más radiante que nunca. —Yo ssshabía que era gggenial que el chiiico eeeshtuvieraaa con noshotrosh —Beidou arrastraba las palabras mientras se tambaleaba de un lado a otro—. Losh rumoresh de un aventureeero que daba mala shuerte llegaron hashta Liyue... Shiempre penshé que eran idioteshesh... Bennett sonrió. Al escucharlos hablar, no podía sino pensar en que había encontrado a los mejores compañeros para ese viaje. —¡Oh! Yo también escuché algo, ahora que lo pienso —Xinyan parecía más animada—. Eres adorable, un gran compañero, sabes manejar la espada, cocinas, curas y además eres bondadoso. —¿Y si era pura envidia? —Paimon, por primera vez en la noche, abrió la boca. Aquello era un signo inequívoco de que ya todo estaba bien—. Nunca te hemos visto hacerle daño a alguien o renegar de las situaciones en las que te metes, Bennett. Siempre eres cuidadoso y considerado. —Eh... gracias... —Este es un día para recordar, Paimon está elogiando a Bennett —Aether se burló, soltando una pequeña risa. —Bueno, podemos elogiarnos de vez en cuando, ¿no? —Paimon recriminó a su compañero, pisoteando en el aire—. Los buenos compañeros se elogian. —Tú eres muy buena para hablar sin parar —Collei, que no pretendía ser sarcástica, se puso roja cuando todos comenzaron a reír. —¿No tienen hambre? —preguntó Kaveh. —Yo sí —Mona miró a todos con ilusión. El reloj marcaba las dos de la mañana. Recién a las dos y media, entre pláticas sin sentido y carcajadas, todos se afanaron en cocinar y servirse. Al oler la comida, Beidou corrió a ocultarse tras un arbusto a vomitar. Después de un minuto, se enjuagó la cara y la boca, se dejó caer en la piedra más cercana y suspiró. —Si vuelvo a sacar ron en este viaje, me lo quitan. —Siempre puedes regalármelo —Kaveh sonrió. —Todo tuyo. —¿Eso que huelo es comida? —la voz de Itto surgió entre las sábanas de su cama improvisada—. Es bueno estar vivo para probar lo que sea que hayan hecho. Gorou, que estaba sentado junto a él, compuso una sonrisa de alivio. Al final dieron las cinco, pero todos estaban tan cansados que no sabían cómo repartirse los turnos de vigía. Incluso Tartaglia, que parecía siempre marcial e incansable a la hora de vigilar, parecía a punto de caer rendido ante el sueño. —Creo que puedo aguantar unas dos o tres horas —Mona se levantó de su lugar, decidida—. Solo necesito el mapa estelar que estaba estudiando. —Despiértame a las siete —Beidou dio un gran bostezo, se desperezó y corrió a meterse entre sus sábanas. Nadie levantó campañas. Se olvidaron de lavarse la cara y los dientes. Algunos incluso durmieron con la ropa puesta. Fueron cayendo en el coma del cansancio, uno por uno, como si hubiesen respirado un olor soporífero. Bennett se arrebujó entre los brazos de Tartaglia, cerró los ojos y en su cara no había más que una sonrisa de satisfacción.
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