Capítulo 66
11 horas y 52 minutos hace
Después de una mañana de descanso y recuperación, casi todos parecían listos para continuar juntos. A excepción de Beidou, que padecía el peor dolor de cabeza producto de una fuerte resaca.
—Bueno, bueno, ¿quién va a dirigir a partir de este momento? —preguntó Paimon. Todos se miraron por encima de sus cuencos ya casi vacíos—. Lo cierto es que no podemos poner a Toreritto al frente.
—¡Ja! Si no va el Grandioso Arataki Itto liderando es porque tienes una idea mejor, calavanda flotante. Gorou conoce este lugar como la palma de su mano —el oni se cruzó de brazos, molesto.
—En realidad no —el soldado se apresuró a descartarse a sí mismo, contrariado—. Enkanomiya no es Watatsumi, aunque esté en el subsuelo. Creo que lo mejor es tener a Aether al frente, él fue quien nos ayudó a explorar Enkanomiya la última vez.
—No vine solo —reconoció el rubio—. Para el caso, es mejor revisar las notas de Bennett. Él registra todos los lugares que visita.
Bennett se sintió cohibido cuando todos lo miraron. Tragó en seco y asintió, sacando de su mochila su manual de aventurero.
Las chicas y Kaveh se acercaron a trompicones para ver el manual de cerca. Entre todos los participantes de la comitiva, solo Bennett y Aether poseían manuales de aventurero. No obstante, mientras que el viajero se centraba más en la diversión, Bennett procuraba escribir casi cada paso que daba. Indicaba señales claras, como árboles torcidos, campamentos hilichurls, debilidades de los monstruos, cuevas escondidas e incluso ponía dónde encontrar tal o cual flor, o dónde era mejor para recaudar condensado de slime y hasta los lugares exactos donde las megafloras solían engañar a los viajeros.
—¿Qué son estas estrellitas? —preguntó Paimon, viendo que el mapa de Bennett tenía unas estrellitas resaltadas por encima de todo. Comenzaban en el Viñedo del Amanecer, en Mondstadt, continuaban en el Cabo del Juramento, un islote del Bosque de Piedra, una posada en la ciudad de Liyue, otro islote a las afueras de Watatsumi, el Santuario Sangonomiya y finalmente la entrada a Enkanomiya.
Bennett se puso de color escarlata al verse descubierto. Arrebató el manual de la vista de todo mundo y anunció—: Voy a buscar el mapa que tracé de Enkanomiya. Podemos usarlo para llegar al oeste.
Tartaglia, que permanecía en silencio, sonrió con socarronería y levantó el plato que Bennett había abandonado. Luego se marchó para ayudar a Collei a lavar todo.
—Si no recuerdo mal —cuchicheó Mona. Los que se quedaron atrás prestaron oído, procurando que los que recién se marcharon no notaran el secretismo— me parece que el pequeño Timmie mencionó algo sobre que Bennett fue al Cabo del Juramento para alcanzar a Tartaglia e irse de viaje con él.
—Yo escuché que un rico comerciante de Mondstadt llamado “joven amo Ragnvindr” se quedó en Liyue vendiendo un montón de Moras antiguas —aportó Xinyan—. Coincidió con mi amiga que canta ópera, que se estaba quedando en esa posada para descansar de los ensayos, solo que el “joven amo” y el Onceavo no parecían interesados en ella.
—Y hasta donde tengo entendido —este fue el turno de Gorou, que se había aficionado a hablar con las chicas sobre estas cosas— ambos llegaron desde Liyue en bote y durmieron una noche al aire libre. Cuando los soldados estaban patrullando se dieron cuenta de que entre los dos terminaron con un campamento de vagabundos y una maquinaria eterna antes de llegar al Santuario.
Itto silbó, impresionado.
—Je, je, je, ¿entonces todas esas estrellas son para indicar el viaje que está haciendo con Tartaglia? —la voz de Paimon era burlona—. Debería haber usado corazones en lugar de estrellas.
—Basta, Paimon. Ya viste cómo reaccionó Bennett al respecto.
—¡Oh! Lo mejor es que nos guardemos esto —Paimon se tapó la boca, nerviosa—. Supongo que colocará otra estrella en su mapa cuando salgamos de Enkanomiya y vayan a otro lugar. ¿Deberíamos empezar a hacer algo como eso, Aether? Pero ya hemos pasado mucho tiempo juntos. ¿Dónde podríamos comenzar nuestro camino de estrellas?
Aether suspiró y ocultó la cara en su mano.
—¡Nosotros también deberíamos hacerlo! —Itto levantó la voz, decidido—. ¡Vamos, Gorou! ¡Podemos poner un corazón en cada uno de los lugares donde hemos tenido se...!
Gorou abrió los ojos, se abalanzó sobre la boca de Itto y la tapó con fuerza.
Beidou y Kaveh, que no terminaban de despertar, se sonrieron el uno al otro. Mientras tanto, los demás rieron a mandíbula batiente al escuchar el desliz de Itto. Si acaso, Mona fue la única que se solidarizó con Gorou y se mostró escandalizada.
—¿Está bien con que hablen de esas cosas? —preguntó Collei. Había escuchado la conversación a medias, porque el lugar donde se encargaba de lavar trastes no estaba muy alejado.
Tartaglia, que estaba concentrado en secar los platos, se encogió de hombros.
—Sé que destacamos. Sobre todo yo. No puedo hacer nada al respecto.
—¿A dónde irán después de aquí? —Tartaglia se encogió de hombros ante la pregunta, así que la chica continuó—: Dentro de un mes se celebra el Sabzeruz en Sumeru. Se pone realmente divertido. ¿Por qué no van y nos visitan? Los tíos estarán encantados de recibirlos.
—¿Eso incluye al Chico Pájaro, cierto?
—Oh, sí, el tío Kaveh vive con el tío Alhaitham, y yo vivo con el tío Tighnari. Y el tío Cyno vive en la sede de la Matra. Nunca lo he visto dormir en otra parte.
—¿Cyno? ¿El Gran Juez? —Tartaglia frunció el ceño.
—Sí, los cuatro tíos se reunen a menudo en casa del tío Alhaitham o en alguna taberna cercana. Les gusta jugar Invocación de los Sabios mientras toman cerveza.
—Te codeas con mucha gente importante, pequeña Collei.
A Collei se le colorearon las mejillas.
—El tío Cyno me los presentó a todos. Él es quien me fue a buscar a Mondstadt y me llevó de vuelta a Sumeru.
—¿Recuerdas esa época... antes de Mondstadt? —Tartaglia la miró fijamente.
Collei se dio cuenta de que, de hecho, Tartaglia era compañero del hombre que la había torturado en el pasado. Se estremeció, le dirigió una mirada vacua al hombre y abandonó su tarea, inquieta.
—Creo que el mundo estaría mucho mejor sin él —declaró, a punto de llorar—. ¿Por qué no le haces un favor al mundo?
Tartaglia se encogió de hombros—. He matado a muchos hombres, e incluso a muchos camaradas, pero nunca a uno de Los Once. De no ser porque acabamos de perder a Rosalyne, creo que me ejecutarían a mí nada más asomar la cabeza fuera de Enkanomiya. En cambio, Dottore tiene una buena posición. La Zarina lo adora.
Collei bufó, algo que no era propio de ella.
—Tu jefa está loca.
—Lo sé —Tartaglia terminó de recoger mientras decía esto—. Pero no es algo que pueda reconocer abiertamente. Que sea un secreto entre los dos.
El Fatui le despeinó la cabeza a Collei antes de volver a reunirse con los demás. Kaveh lo observaba, no con celos sino con recelo, como si se hubiera dado cuenta de qué era lo que hablaban exactamente un Fatui y una víctima de los Fatui.
Este se volvió a encoger de hombros y le echó una mirada de superioridad a Kaveh antes de irse a buscar a Bennett. En general no le importaba si su relación con las personas era buena o mala, pero con Kaveh simplemente no podía congeniar. No después de lo que había pasado.
Encontró a Bennett observando atentamente su mapa de Enkanomiya. Era un grandioso plano de un metro de ancho, con un trazo magnifico. Capitano contaba en sus reportes que había conocido a un cartógrafo de Mondstadt y, de no ser porque en ese momento estaban juntos en algún lugar de Teyvat, Tartaglia pensaría que Capitano se refería a Bennett.
No obstante, el muchacho suspiró y pareció inquietarse.
Tartaglia posó su barbilla en el hombro del chico y lo abrazó por la cintura.
—¿Qué es lo que pasa? —le preguntó. Podía sentir su corazón latiendo cada vez más fuerte en su pecho, y le gustaba—. Todos esperan ver ese mapa, ¿no?
—Es horrible. Mika se avergonzaría si lo viera.
Tartaglia frunció el ceño, desconcertado. Los cartógrafos de los Fatui no tenían comparación con este chico de dieciséis años que parecía haber nacido para registrar el mundo entero.
—¿Por qué no dejas que los demás lo juzguen? Si yo te digo mi opinión, podrías pensar que estoy mintiendo.
—¿Qué opinas del mapa?
—Es grandioso.
—Bueno, tienes razón. Obviamente estás mintiendo.
Tartaglia se rio entre dientes. Depositó un suave beso en la yugular de Bennett y se alejó.
—Hay otras ocho personas y una niña flotante que pueden decirte la verdad.
Bennett se armó de valor y volvió con sus compañeros. No se sentiría demasiado triste, porque al menos Tartaglia ya lo había consolado. Sin embargo, todavía se sintió asustado cuando vio que todos esperaban para ver el mapa.
El muchacho se acercó, notando el sudor en su espalda y en su frente. Espero que no se rían, pensaba, mientras caminaba mecánicamente, estrujando el mapa en sus manos.
Respiró hondo y anunció que llevaba su mapa de Enkanomiya antes de colocarlo en el suelo para que todos pudieran verlo.
—¡Oooh! ¡Es mejor que el que hizo Aether! —reconoció Paimon.
—Mis cartas náuticas se quedan cortas —Beidou recorrió las orillas que tenía cerca de su mano.
—Ni siquiera ese papanatas de Alhaitham podría hacer algo como esto. ¿No crees, Collei?
—¿Por qué me da la impresión de que solo querías mencionarlo en una oración, tío Kaveh?
Kaveh rodó los ojos—. Si vivieras con él también tendrías una sarta de quejas por decir a diario.
—Este mapa... —cuando Gorou habló, revisando cada rincón del mapa de Bennett, todos se quedaron callados. El chico incluso tragó saliva en el momento en que Gorou lo miró con seriedad a los ojos—. Cuando volvamos a la superficie... ¿Podríamos comprarte este mapa? El Santuario te lo agradecerá.
Bennett se quedó boquiabierto. Volteó a mirar a Tartaglia y este se encogió de hombros una vez más, pero con una sonrisa de suficiencia en la cara, como diciendo “Te lo dije”.
—Pero es malo —trató de argumentar Bennett.
—¡Ni lo pienses, Bennett Ragnvindr! —Mona lo regañó, poniendo los brazos en jarras—. Fischl me comentó algo hace mucho tiempo. Dijo que todos los aventureros usan las indicaciones y los mapas que tú trazaste para los más viejos del gremio. Algunos saben que son tus creaciones, pero se niegan a reconocerlo. Han usado esa información durante años y se escudan diciendo que es “de conocimiento público” en el gremio, pero es solo porque los viejos decidieron compartir tus creaciones con los demás.
—¡Es cierto, algo hemos escuchado al respecto! ¿Verdad, Aether? —Paimon se emocionó—. Cuando nos pusimos a preguntar, dijeron que esto solo podía ser obra de un tal Stanley. Pero ese hombre en cuestión se puso a llorar cuando le preguntamos. Dijo que ya era suficiente con una mentira y no le gustaba que los logros de una segunda persona se le atribuyeran, lo que sea que signifique eso. El caso es que reconoció que no fue él quien hizo esos aportes al gremio.
—Incluso Katheryne dice que los aventureros y viajeros que pasan por Mondstadt usan esos mapas, Bennett —Aether le dirigió una sonrisa pura, y Bennett pensó por un momento que se veía guapo al hacerlo.
—A veces siento que se ponen de acuerdo para hacerme sentir bien.
Bennett sonrió con melancolía.
De verdad que los iba a extrañar cuando la expedición terminara.