Come With Me, Fortune

Slash
NC-17
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 306 páginas, 117.989 palabras, 75 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capítulo 68

Ajustes
Aun así, la batalla fue cruenta, porque no solo hubo cinco contrincantes, sino muchos más. Salían del lago uno tras otro, y otro, y otro, como si todos los protodragartos de la historia se hubiesen reunido en ese punto. Por fortuna, no se cruzaron armas o flechas. Todos tomaron su espacio, los arqueros y Mona apoyando desde la distancia a sus compañeros. Beidou, Xinyan, Kaveh e Itto se mantenían alejados los unos de los otros para no estorbarse, lo que era ideal para Bennett y para Aether, que se movían entre ellos, curándolos, dándoles buff y provocando reacciones elementales a diestra y siniestra. El acomodo de Gorou había dado resultado. Sin embargo, cuando Xinyan fue derribada, con medio cuerpo ensangrentado, Collei se puso nerviosa y su flecha fue a dar al hombro de Itto. Un protodragarto aprovechó para atacarlo a él también. Inmediatamente, Tartaglia convocó una lanza hydro y peleó contra el protodragarto cuerpo a cuerpo, mientras Gorou formaba cristales para protegerlos a todos con escudos temporales. Bennett corrió hacia ellos, fue embestido por uno de los protodragartos y perdió la noción por un momento, pero aquello no fue suficiente para frenarlo. Mientras Aether se dirigía hacia el contrincante de Bennett, este se apuró a enfocarse y volvió a correr. Una vez que los tuvo a buena distancia, hizo una pirueta y colocó su habilidad definitiva justo debajo de ellos. —¡No flaquees, Collei! —la regañó Kaveh. El peor error que podrían cometer en medio de una batalla era ponerse nerviosos, porque volverían a herir a sus compañeros por accidente. Collei se limpió las lágrimas y siguió ayudando a los combatientes mientras Bennett le retiraba a Itto la flecha de un tirón. El oni gritó por un momento, pero su herida cerró con rapidez. Apenas tocó el hombro de Bennett, suspiró por un momento y volvió a la carga. —¡Podrían seguir llegando para siempre! —gritó Xinyan. Tenía razón. Tendrían que irse en ese momento a la isla. Muy seguramente, los Heraldos de las Tinieblas no querían que la comitiva llegara a dar con el plano. De lo contrario, nadie se explicaba la repentina oleada infinita de protodragartos. Al menos no personas como Gorou y Aether, que seguido visitaban el lugar y era la primera vez que se encontraban con un fenómeno como ese. —¡Tenemos que accionar el molino de viento que están protegiendo los protodragartos! ¡Tenemos que ir por ese túnel espacial! —exclamó Aether—. ¡Tartaglia! ¡Tu arco! Tartaglia invocó su arco y lo arrojó hacia Aether sin pensarlo, mientras seguía combatiendo con armas hechas de hydro. —¡Puede que haya enemigos esperando del otro lado! —advirtió Gorou. Tartaglia tomó a Bennett en un hombro y echó a correr hacia el molino de viento. Mientras lo hacía, sus compañeros se acomodaron como mejor les pareció para combatir a los protodragartos y abrirles camino. Aether inspiró, miró a Paimon, quien negó con la cabeza (algo que solo Mona vio) y el viajero solo se encogió de hombros, resignado. Formó una gran flecha anemo y la disparó hacia el molino de viento. Inmediatamente, Bennett desplegó su planeador mientras se aferraba a Tartaglia como si fuera un koala. A pesar de la situación, de la urgencia y de que un protodragarto alcanzó a desgarrarle parte de la pernera y había comenzado a sangrar, Tartaglia echó una carcajada al aire al ver a Bennett aferrado a él de esa manera. —¡Estás loco! —exclamó Bennett. Ambos fueron tragados por el túnel en ese momento. —¡Los que siguen! —gritó Aether. Itto tomó a Gorou y a Collei en brazos, lo que fue una decisión brillante, porque ambos arqueros comenzaron a disparar a todos los bichos que se les acercaban. Kaveh cargó a Mona en brazos, con Mehrak sosteniéndole el mandoble y provocando bloom por todos lados. Xinyan y Beidou, menos audaces, se concentraron en protegerse con escudos. Aether los envió a todos con flechas anemo. —¡Aether! —gritó Xinyan, la última en ser absorbida por el túnel, pero ya era tarde. Aether se había quedado solo frente a los protodragartos. —¡Vámonos, Paimon! ¡Tenemos que refugiarnos! Aether y Paimon retrocedieron lo suficiente y echaron a correr por la isla mientras los protodragartos arrasaban con todo. Eran incontables y seguían saliendo y saliendo del lago. Algunos caían al vacío, porque llegó un momento en que no cabían en aquel espacio, y Aether pensó que en cualquier momento el vacío se llenaría de cadáveres de protodragartos. Corrió con todas sus fuerzas, pensando que lo mejor era salir de Enkanomiya. De nada le serviría perder la vida y dejar a Paimon a su suerte así que, por primera vez en semanas, Aether se dirigió a la entrada de Enkanomiya y rezó para que sus compañeros pudiesen terminar con el encargo. —¡¿Pero es que no vas a exterminarlos?! —Preguntó Paimon, conmocionada. —¡Ya me vieron usar un arco, Paimon! —reclamó, corriendo a toda marcha—. ¡Si me ven alcanzarlos después de terminar con mil protodragartos sabrán que hay algo raro! —¡Hip! —Paimon se tapó la boca—. ¡Vámonos, Aether! ¡Tienen a Tartaglia! —¡Vamos por refuerzos! Paimon sonrió. Claro. Aether nunca dejaría a sus amigos a su suerte, aun si descubrieran cosas que no deberían descubrir sobre él. Bennett y Tartaglia fueron los primeros en arribar a la isla. Tan pronto como lo hicieron se pusieron en guardia, pero no había nadie ahí, salvo un par de mariposas que les dieron la bienvenida en un apacible y solitario pedazo de tierra flotante. Todo este lugar parecía ajeno al caos del lago donde habían estado, así que Bennett y Tartaglia se dirigieron miradas de desconcierto. Segundos después, sus compañeros llegaron, también amedrentados por la situación, pero se sorprendían al ver a todos igual de confundidos. Esperaban ver a un ejército de Heraldos del Abismo o algo así. Sin embargo, que todo estuviese en completa calma no parecía lo normal. —¿Creen que nos vayamos a encontrar con alguna trampa? —preguntó Collei, con las manos contraídas contra su pecho. —Lo que sea que estemos haciendo aquí, es mejor hacerlo rápido —aconsejó Itto. —¿Qué piensas que vinimos a hacer? —Beidou, confundida, miró a Itto con el ceño fruncido. —Creí que era una misión de reconocimiento y que por eso estábamos tardando tanto —Itto se encogió de hombros. Todos se miraron los unos a los otros, Gorou cubriéndose la cara por la vergüenza. A algunos se les escapó la risa a pesar de la situación. Con todo lo que habían vivido y sufrido ahí adentro, costaba creer que Itto no se hubiera dado cuenta de que estaban en una misión de búsqueda y no de reconocimiento. Es tonto con ganas, pensó Tartaglia. De todos modos, nadie estaba dispuesto a estar más tiempo ahí abajo. Mientras languidecían, palideciendo sin sol ni comida, el mundo seguía funcionando sin ellos. Era tiempo de acabar con eso. —Como sea, estoy de acuerdo con Itto —expresó Kaveh—. Lo que sea que vayamos a hacer, hagámoslo antes de que otra horda de protodragartos venga a nosotros. Ahora ni siquiera hay espacio para correr y tenemos una fuerza menos en nuestras filas. —¿Él estará bien? —Xinyan, preocupada, miró a Tartaglia y a Beidou, porque se había acostumbrado a tenerlos como las figuras de autoridad. Tartaglia sonrió con socarronería. —Es un tipo duro. Estoy seguro de que él solo ya tendría los planos en la mano —los ojos le brillaban al decir esto—. Por algo espero siempre la oportunidad para batirme en duelo con él. —¿Qué tal si nos dividimos en dos equipos? —propuso Beidou, observando el lugar con atención—. Mondstadt y Sumeru con Tartaglia. Los demás conmigo. ¿Están de acuerdo? Tartaglia no lo estaba, pero no podía hacer mucho al respecto. Prefería dar por terminado todo el asunto cuanto antes. Guardó silencio, aceptando el acomodo de Beidou. Los demás asintieron o se acomodaron junto a sus capitanes temporales. —Mi equipo explorará esta isla. ¿Pueden ir a la que está en frente? —Beidou señaló a la otra isla flotante junto a la que los había recibido—. En cuanto exploremos este lugar les daremos alcance. Sonaba como un buen plan. El equipo de Tartaglia era de cinco personas y todos sus elementos se coordinaban a la perfección, así que no habría dificultades si se presentaba el momento de pelear. Ya que sabían lo que tenían qué hacer, los integrantes de la comitiva se dividieron siguiendo el nuevo arreglo. Gorou, Itto y Xinyan se quedaron junto a Beidou y dieron media vuelta para cubrir cada centímetro de la isla. Tartaglia, por el contrario, se giró a su nuevo destino. Bennett, Mona, Kaveh y Collei se reunieron junto a él, preparándose para saltar hacia la isla contigua. —Síganme y no se queden atrás —instruyó—. Mona y la pequeña Collei formen un pequeño equipo y no se despeguen de mí, atacarán a distancia. Bennett y Ka… Kaveh, ustedes ayúdenme protegiéndolas y eliminando cualquier amenaza que se acerque. ¿Entendido? Todos asintieron. Entonces saltaron hacia la siguiente isla, con el planeador preparado por si necesitaban usarlo. De todos modos, si resbalaban y caían al vacío, ni siquiera había posibilidad de volver a subir. Simplemente morirían. Por suerte la transición entre una isla y otra no representó ningún problema. Todos lograron pasar sin mayores dificultades y nadie se perdió en el pequeño tramo. Mientras se reagrupaban del otro lado del camino flotante, eliminando a un par de espectros electro, se preguntaron si el idiota Itto sería capaz de lograr atravesar ese lugar. Esperaban seguir siendo once al salir de ahí. —¿No eran solo dos islas pequeñas? —preguntó Mona, señalando al frente. Dos islas más colosales se alzaban frente a las dos pequeñas sobre las que descansaban los nueve miembros de la comitiva. Según las exploraciones y según el mismo Aether ahí solo había dos pequeñas islas, no cuatro. Frente a ellos, tapándoles la vista del Dainichi Mikoshi, un enorme castillo en ruinas se alzaba entre las dos islas que nadie había divisado jamás. Apenas quedaban paredes en pie, el resto eran árboles, espectros elementales y enormes piedras que debían haber hecho parte del castillo. Unos segundos después, mientras Tartaglia y el resto admiraba el sitio a lo lejos, Beidou y los suyos se reunieron con ellos. —¿Qué sucede? —preguntó la pirata. —¿Qué es eso? —Gorou se puso al frente de toda la comitiva y admiró el castillo en ruinas—. ¿Qué está pasando? —¿No se supone que eran solo dos islas? —esta vez la pregunta provino de Beidou. Todos observaban estupefactos las islas. Incluso Itto, que no sabía lo que estaban haciendo hasta unos minutos atrás, se quedó de piedra al ver dos islas que nadie había visto jamás. —Ya buscamos por todo Enkanomiya y los planos no aparecen —dijo Bennett. Los ojos le brillaban—. Y ahora tenemos un último lugar para buscar —mostró a sus compañeros una sonrisa amplia—. Tartaglia… —Seguimos siendo dos equipos, ¿no? —Tartaglia reflejó la sonrisa de Bennett—. Creo que puedo llegar de un salto si me lo propongo… En la isla más cercana a donde estaban había una pequeña abertura a una distancia prudencial. Tenían que planear durante unos segundos y podrían aterrizar correctamente, pero era imposible hacerlo sin planeador. —No creo que sea una buena… idea… —mientras Collei decía esto, Tartaglia agarró impulso, dobló sus rodillas y saltó. Todos gritaron, se lanzaron con sus planeadores o se llevaron las manos a la cabeza, incluido Bennett quien, tan pronto como vio que Tartaglia se lanzaba, fue detrás de él. Se estrellaron unos contra otros, cayéndose encima de todos, en una maraña de piernas y brazos, pero, de nuevo, nadie se perdió. Curiosamente fueron Tartaglia e Itto quienes comenzaron a reírse a mandíbula batiente. —¡Par de imbéciles! —despotricó Beidou, acomodándose la ropa. Esto provocó que Tartaglia riera más fuerte. —Veo que los humanos saben cómo reírse —una voz como de ultratumba los interrumpió. Todos se pusieron en guardia en el pequeño espacio en el que estaban. Frente a ellos había una entrada cavernosa que daba a un espacio abierto. A mitad del camino había un pequeño lago, más bien un charco, sobre el que flotaba un imponente Emisario del Abismo clasificado como Helada Sombría. La Visión de Tartaglia y Mona, así como los elementos geo y dendro, difícilmente podrían provocarle daño al enemigo. Tan pronto como se dieron cuenta de esto, Beidou, Xinyan y Bennett dieron un paso al frente, decididos, y se pusieron en guardia con sus armas. El espacio era demasiado pequeño para que cinco personas pelearan contra un enorme Emisario del Abismo, así que Xinyan los cubrió con escudos y se quedó en la retaguardia junto a los demás. Beidou y Bennett se miraron el uno a la otra. Ellos dos y los escudos de Xinyan tendrían que bastarse para derrotar a un enemigo poderoso. Asintieron, convencidos de que lo lograrían. Y entonces se lanzaron a la carga. Bennett asestó golpes certeros mientras Beidou nutría su propio escudo con los pequeños golpes de retroceso de Bennett para lanzar un contraataque. El Emisario los atacó no solo a ellos dos, sino a los otros siete, que se defendieron con escudos, armas y todo lo demás que tenían a su alcance. El dúo que formaban Beidou y Bennett era majestuoso. Se cubrían la espalda de forma perfecta, sincronizándose como si llevaran años peleando contra monstruos. El Emisario no podía encontrar abertura alguna en sus posturas o en sus guardias. Bennett hizo una tras otra todas las posiciones de esgrima que su hermano Kaeya le enseñó. Aunque él no podía teletransportarse como su hermano, su habilidad definitiva compensaba y regeneraba el daño hecho por el Emisario. Además, su pyro lo quemaba de tal forma que para el Emisario era imposible acercarse al enorme círculo que se dibujaba constantemente en el suelo. Beidou sonreía, reía y gritaba como posesa, divertidísima con la situación. Lanzaba ataque tras ataque, sin darle respiro al Emisario. Y entonces, cuando estaban a punto de derrotarlo… Un Emisario de Rápidos Malignos los sorprendió por detrás y ayudó a congelar las piernas de Beidou. Xinyan enfureció no solo por la intervención cobarde, sino también porque un solo ataque bastó para destruir uno de sus escudos, así que entró a la pelea provocando una enorme explosión que mató por completo al Helada Sombría. Beidou no se amilanó, aunque tenía la mitad del cuerpo congelada. Lanzó ataques sin cesar y permitió que Xinyan se le acercara tanto para derretirle el hielo que de un momento a otro parecía que quería esconder la cabeza debajo de la ropa de Beidou. Nadie se detuvo a pensarlo demasiado. La ventaja les sonrió una vez más. Entonces tres Llamas Abismales se materializaron frente a ellos y mandaron a volar a Bennett, quien se golpeó la cabeza contra la pared y cayó desmayado, con un hilillo de sangre deslizándose por su cara. Tartaglia, que hasta unos instantes atrás había estado riendo a carcajadas, se convirtió a medias con su Engaño y gritó a todos—: ¡FUERA DE AQUÍ! ¡LLÉVENSELO! Itto cargó a Bennett en brazos y salió corriendo rumbo al castillo. Todos los demás lo siguieron de cerca. Dos Llamas Abismales los atacaron, pero contraataques electro los detuvieron. Eran por parte del Fatui quien, furioso, permitió que la cara se le deformara momentáneamente. —Vayan despidiéndose de este mundo, maldita basura —amenazó el Onceavo de los Fatui.
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