Come With Me, Fortune

Slash
NC-17
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 306 páginas, 117.989 palabras, 75 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Capítulo 69

Ajustes
Bennett se sentía extrañamente a gusto. Estaba en posición supina en una cama mullida y cómoda, con los brazos a los lados y la cabeza encima de una almohada con la altura perfecta para su cuello. Por unos momentos pensó en quedarse así para siempre, porque se sentía muy bien. Sin embargo, luego recordó lo que había pasado al cerrar los ojos. Tres Bardos del Abismo clasificados como Llamas Abismales porque usaban pyro. Un lugar estrecho. El peligro de la muerte. Abrió los ojos y se sentó de golpe al mismo tiempo, urgido por saber lo que pasaba. Por un momento pensó que estaba en una cama normal, pero un destello luminoso en la distancia neblinosa le dio un golpe de realidad. —Hey, no tan rápido —Beidou bebía de la botella de ron que se suponía que le había regalado a Kaveh. Nadie parecía contento o relajado. Collei parecía haber llorado. Beidou, Kaveh e Itto estaban molidos de golpes. Gorou se doblaba sobre sí mismo, acurrucado como un perro humanizado. Incluso Xinyan y Mona, que parecían muy vivarachas y contentas, yacían derrotadas, fastidiadas y molestas. —¡Hey, hey, hey! —la voz de Paimon resonó en la quietud de la última y desconocida isla de Enkanomiya. El seelie de Tartaglia flotaba inquieto junto a él—. ¡¿Dónde demonios están?! ¡No los vemos por ningún sitio! —¿Dónde más va a ser, calavanda flotante? En el rincón más olvidado de los dioses, por supuesto. ¡No hay una mierda aquí! —¿De qué hablas? —¡¿Qué es eso?! ¡Aether! ¡Un castillo! ¡Hay un castillo! ¡Eso no estaba la última vez! ¡Un Emisario del Abismo! ¡Aether…! ¡Wuoooh! ¡Oh! ¡Eso estuvo cerca! ¡Vamos hacia allá, chicos…! Cierra el pico, Paimon —Tartaglia espantó a su seelie como si se tratara de una mosca. El pequeño ser comprendió que no era necesario, así que desapareció sin el comando. El hombre permanecía impasible, de cara al Dainichi Mikoshi. Estaba magullado y parecía exhausto, pero fuera de eso estaba en mejor estado que los otros adultos. Bennett se levantó con trabajo y fue hacia él. Cada vez que daba un paso sentía el dolor del golpe en la cabeza. Había sido vendado y cuidado, pero todavía no sabía lo que había pasado mientras estaba inconsciente. —Oye, enano, no deberías acercarte tanto a él—advirtió Itto. Por primera vez desde que comenzaron su viaje juntos, Bennett lo miró mal. Tartaglia parecía furioso y distante. Mona y Xinyan ni siquiera hicieron un esfuerzo por detener el camino de Bennett. Antes de que el muchacho pudiera estar cerca de Tartaglia, este le dijo: —Quítate de en medio, Ragnvindr. No estoy de buen humor. Sus palabras dolieron más que golpes. Bennett sintió su corazón hundirse. —¿Qué demonios…? ¿Qué pasa? —¡Aléjate de mí! —Tartaglia empujó a Bennett y este chocó contra uno de los pocos árboles que había por ahí. El muchacho no pudo sostenerse de nada y cayó de sentón entre las raíces del árbol. Miró hacia arriba, fijando su mirada en la de Tartaglia—. ¡¿Qué?! ¡Te dije que te alejaras! ¡Odio cómo te acercas como si no me tuvieras ningún miedo! —¡Yo nunca te he temido! ¡Ni por un instante! —explotó Bennett. Una maldita piedra calaba en su trasero y él no podía levantarse porque Tartaglia se acuclilló frente a él y lo tomó de los hombros con fuerza—. ¡Lo digo en serio! ¡Idiota cretino! ¡¿Qué está pasando?! —¡No hay un maldito plano! ¡Ni un maldito papel! ¡Ni una línea! ¡Si existiera de verdad a estas alturas ya deberíamos haberlo encontrado! ¡Y tú solo haces más difícil todo! ¡Tu mala suerte…! ¡Tú…! —¿Yo? —la voz de Bennett se rompió—. Tú fuiste el que dijo que quería viajar conmigo… Tartaglia se tapó la boca, como si acabara de darse cuenta de lo que dijo. —Benny… —¡Quítame las manos de encima, imbécil! ¡Algo me ha estado molestando el trasero desde hace rato! Bennett empujó a Tartaglia, se incorporó, se sobó las nalgas doloridas y le dirigió una mirada despectiva antes de torcerle el gesto y cubrirse de pies a cabeza con la manta que lo había estado cobijando. —¡Bennett! ¡Bennett! ¡No! ¡Lo dije mal! —¡Vete a la mierda, Ajax! —Oigan —llamó la atención Itto, desinteresado en la pelea de enamorados—. Esa piedra que molestaba al enano… ¿No es demasiado…? ¿Recta? Parece un triángulo… —Parece un prisma triangular —puntualizó Kaveh—. Parece la esquina de una caja. —Benny, querido, estaba molesto y no medí mis palabras… —¿Se supone que tengo que aguantar eso cada vez que estés irritable? —Oh, Bennett… Los demás se miraron entre ellos, se levantaron de golpe y corrieron hacia el árbol en cuestión. Beidou se tambaleó sobre sus piernas, ya medio borracha. —¿Qué sucede? —preguntó Xinyan. —¡Quiten este maldito árbol! —gritó Kaveh—. ¡Con cuidado! —Ya déjame en paz, Tartaglia. Me duele la cabeza. —No podría, déjame explicarte… —¡Muy bien hecho, Itto! ¡Justo lo que necesitamos! —¡Es una caja de verdad! ¡ES UNA CAJA! —Bennett, mírame, de verdad, yo lo siento. Bennett se descubrió la cara. Tartaglia estaba arrodillado junto a su pequeña y mullida cama improvisada, cubriendo todo su campo de visión. Lo que Bennett veía frente a él era perfecto. Piel lozana y fresca, nariz roma, labios carnosos, ojos tristes. Bennett tuvo el impulso de quitarle la ropa. En su lugar, rodeó su cuello con los brazos y le plantó un beso en la boca. —¡Oh, wow! —exclamó Collei al ver lo que pasaba. Gorou también despertó en ese instante. Itto agitaba sobre su cabeza un árbol recién arrancado, Beidou y Kaveh balbuceaban borrachos mientras los demás sacaban de entre la tierra una enorme caja de piedra. Era pesada, tenía adornos y dibujos cincelados ya erosionados por el tiempo y la intemperie, pero estaba perfectamente sellada. —¡Ábrela, Itto! ¡Ábrela! Tartaglia metió las manos debajo de la camisa de Bennett mientras este suspiraba contra sus labios. —¡Ábrela! —¡Es de piedra! —¡Y yo me quejaba de Itto y Gorou! —¡Oigan eso es indecente! —¡¿Qué estamos esperando?! —¡Oh! ¡Ooooh! —¡Es! ¡Es! —¡¿Qué es?! —¡Son pergaminos! ¡Pergaminos! —¡KAVEH! —¡LOS ESTOY ABRIENDO, CIERREN LA BOCA! ¡AYÚDAME, MONA! Dos chicas, dos borrachos y un gorila rodeaban una caja de piedra mientras dos tipos comenzaban a manosearse. Collei y Gorou estaban cada vez más confundidos. Mona soltó un grito agudo en ese momento, lo que provocó que Bennett y Tartaglia chocaran frentes. El chico se terminó desmayando por completo una vez más, todos saltaron en sus lugares y miraron a Mona como si se hubiera vuelto loca. —¡DEPREDADOR! ¡PLANOS! ¡PLANOS! Mona comenzó a llorar a lágrima viva. Kaveh tomó el pergamino de manos de Mona con reverencia, como si cargara un muerto. Todos se apiñaron alrededor, pisándose y metiéndose codazos. —¡Bennett se volvió a desmayar, malditos imbéciles! —¡Es tu culpa por tocarlo frente a todos! —¡TENEMOS LOS PLANOS! —¡¿Tienen los planos?! —la voz de Paimon se escuchó emocionada, a unos metros de ellos—. ¡¿De verdad?! Xinyan saltaba como niña pequeña. Pronto se le unieron Collei, Kaveh y Beidou, a quien se le subió la bebida a la cabeza y ya no distinguía lo que estaba pasando y solo celebraba por celebrar. Luego vomitó y estuvo a punto de arruinar los planos. Todos comenzaron a llorar, a reír o a saltar. —¡Lamento haberte llamado idiota patético, Kaveh! —gritó Xinyan. —¡Y yo lamento haberte llamado mocosa inservible! —¡Yo no debí enojarme como lo hice! —gritó Collei—. ¡Pero un error lo comete cualquiera! —¡Moras! ¡Muchas moras! —esta era Mona, todavía llorando—. ¡Por fin podré comprar el mapa celestial más actualizado de Teyvat! —Ese golpe luce realmente mal —comentó Aether, acercándose a revisar de cerca la cabeza de Bennett. —¡Ja! ¡Y ese pervertido que lo abraza no pudo mantener sus manos alejadas ni siquiera porque el enano se partió la cabeza! —se burló Itto—. ¡Vámonos, mi amor, es hora de visitar a mis pequeños! —Tus pequeños son visitados cada noche por Gorou —Kaveh rodó los ojos, sin prestar atención a los reclamos del oni, quien esta vez sí que entendió la ironía. El resumen, que le dieron a Bennett una vez que despertó de nuevo, fue muy escueto. “Llegamos al final del castillo, buscamos por todos lados, pero no encontramos nada. Ya estábamos irritados y cansados por la pelea contra los Emisarios del Abismo, así que nos peleamos”. Así, nada más. Sin embargo, las cosas fueron un borrón rápido a partir de ese momento. Mona y Kaveh se dedicaron a proteger los pergaminos encontrados como si protegieran a sus propios hijos, mientras que Gorou y Bennett iban junto a ellos más por heridas que por otra cosa. Una pequeña comitiva, conformada por Tartaglia, Collei y Xinyan, se adelantó para vigilar que todos pudieran regresar a la entrada de Enkanomiya. Mientras tanto, el resto, entre los que estaban Aether, Paimon, Beidou e Itto, protegerían a los cuatro que no podían combatir. Por fortuna, a pesar de que Bennett y Kaveh iban juntos, parecían haber gastado toda su mala suerte en los días y peleas anteriores, porque dos días después de emprender el viaje de regreso, los once llegaron a salvo hasta la entrada de la enorme cueva. —Por lo menos no nos pasó como en la Sima —se alegró Paimon. —Por los Siete, ¿de verdad estás invocando la desgracia justo antes de terminar? —se quejó Itto—. Sí que eres tonta, calavanda flotante. Paimon pisoteó el aire y puso los brazos en jarras. Aether no culpaba a Itto, pues de verdad les había ido peor en la Sima. En Enkanomiya en general no fue tan malo. No había tanta oscuridad ni falta de oxígeno, la temperatura era agradable, comían a sus horas y dormían lo suficiente. Ni siquiera cuando Paimon y Aether exploraron solos les había ido tan bien. En la entrada a Enkanomiya ya esperaban tres pelotones de soldados, uno por cada clan del Triunvirato, los hermanos Kamisato, Kuki Shinobu e incluso algunos aventureros de Inazuma. Todos celebraron el regreso triunfal de la Comitiva para recuperar los planos del Arco Depredador. Era 17 de mayo y faltaban solo diez días para que Amy cumpliera años.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección