Capítulo 70
11 horas y 58 minutos hace
Como periodista y como espectadora, Charlotte no podía creerse lo que estaba sucediendo. No solo uno de Los Once Heraldos de los Fatui se había unido a la variopinta comitiva que se había formado para recuperar los planos del Depredador, sino que también personalidades como el afamado arquitecto Kaveh, la capitana pirata Beidou (a quien se le veía sobre todo en aguas de Liyue e Inazuma) y el famoso viajero Aether, junto a su inseparable acompañante, Paimon.
No solo eso, sino que la astróloga Mona Megistus, quien tenía su propia columna en El pájaro de vapor, también estaba en Enkanomiya. Para librarse de tener que dar entrevistas a Charlotte, Mona agarró del cuello a un chico enclenque que iba pasando por ahí y lo colocó frente a la periodista.
—Saluda, Charlotte, este es Bennett Ragnvindr, hermano de Diluc Ragnvindr y, por lo tanto, uno de los amos del Viñedo del Amanecer —Mona soltó las palabras exactas para que Charlotte se olvidara por completo de ella.
A partir de ese momento, la periodista fotografió sin cesar a Bennett, desde cada ángulo que fuese posible. Bennett era un encanto, porque era incapaz de dejar colgada a Charlotte, y trataba de seguirle el ritmo vertiginoso.
—¿Cuántos años tienes? ¿Eres hermano de sangre de Diluc Ragnvindr? Supongo que no, ni siquiera eres pelirrojo. ¿Eres adoptado igual que su hermano Kaeya… Kaeya algo? ¿Qué tal se llevan? ¿Cuál fue la razón de que emprendieras este viaje? ¿Es porque no te dan dinero y necesitabas expandir tus horizontes como aventurero? ¿Qué piensas de tus compañeros de viaje? ¿Es cierto que El Onceavo te protege y por eso se unió a la comitiva? ¿Eres allegado a los Fatui? ¿Eres cercano a…?
—Oye, oye, oye —El Onceavo, que de casualidad andaba cerca, puso su enorme mano en el lente de la cámara de Charlotte y la miró con acidez—. Si no vas a preguntarle sobre el maldito descenso que hicimos mejor no escribas nada.
Bennett compuso una cara de compungido. Sí, Charlotte suponía que así eran las cosas. A lo mejor el muchacho no era un protegido sino un rehén del Fatui. Las cosas nunca iban bien entre los Fatui y los demás.
—Pero ella solo está haciendo su trabajo, Ajax… —Bennett intervino a pesar de la cara de pocos amigos del Fatui.
Este le dirigió su mirada sin brillo. Charlotte pensó que, como mínimo, el hombre le voltearía la cara de un golpe al muchacho.
—Te está preguntando cosas extrañas —puntualizó.
—Tengo dieciséis años —comenzó Bennett, como si la intervención del Onceavo jamás hubiese ocurrido—. Sí soy hermano adoptivo de Diluc Ragnvindr y Kaeya Alberich.
—Bennett…
—Todavía sigo molesto, ¿sabes?
—¿Se supone que tengamos esta conversación ahora?
—¿No? ¿Por qué no me dejas en paz un momento? Hasta que termine con ella, por ejemplo —Bennett señaló hacia Charlotte, quien observaba el intercambio en silencio—. Además, si no quisieras que se supiera que estás conmigo, habríamos tenido un viaje más discreto, ¿no crees?
—No se trata de eso, Benny. No me importa quién se entere de que ando contigo.
—Ni a mí. Ese es el punto, ¿no? Ahora deja de incomodar a la señorita periodista —ordenó, cruzándose de brazos—. Quiero darle cuanto antes el regalo a Amy.
—¡Bennett! —El Onceavo tomó al chico por los hombros, sorprendiéndolo—. Yo haré eso. Me encargaré de que ella reciba su regalo de cumpleaños. ¿Me crees? Tú solo descansa.
Compuso una sonrisa tierna, algo que parecía reservado solo para Bennett Ragnvindr, porque tan pronto como se giró y se fue, otra vez llevaba una cara que espantaba al más aguerrido. Bennett volvió a dirigir a Charlotte una cara de pena.
—Perdona eso. En estos momentos estamos peleados —explicó, como si tal cosa—. Él y yo somos… estamos… —su cara se puso roja, pero carraspeó y se recompuso con rapidez—. Como sea, ¿cuáles eran las otras preguntas?
Charlotte, con su nariz de periodista, se dio cuenta de que los rumores no eran más que sandeces. El Onceavo no llevaba a un rehén millonario a cuestas. Muy por el contrario, un aventurero desconocido le tronaba los dedos a uno de los Heraldos y este movía la cola encantado.
La periodista se dio a la tarea de investigarlo todo. Llevaban juntos poco menos de dos meses, pero ya parecían haber vivido un montón de cosas. Comenzaron en Mondstadt, como si el Fatui hubiese ido a recoger al aventurero, y de ahí emprendieron el viaje rumbo a Liyue y luego hacia Inazuma con el objetivo de participar en la comitiva de Enkanomiya. Bennett no sabía qué harían a partir de ese momento, pero (y se sonrojó mientras decía esto) esperaba pasar muchísimo tiempo junto a Tartaglia.
Para cuando dijo lo último, el Fatui ya estaba junto a Bennett de nuevo. Le informó que había arreglado las cosas para que el primerísimo arco de la primera serie de venta fuera a parar a manos de Amy junto a una tarjeta de cumpleaños por parte de Bennett. Esto pareció alegrar sobremanera al muchacho, porque Tartaglia reflejó su sonrisa de felicidad. En ese momento Tartaglia fue perdonado, Charlotte estaba segura.
—Bueno, yo he terminado por aquí —Charlotte estaba que no cabía de emoción—. Onceavo, ¿tienen alguna parada prevista?
Si hubiesen estado solos, seguro que Tartaglia le hubiese respondido con acritud, diciéndole “ninguna que te interese” o algo así. Sin embargo, Bennett estaba presente para tirarle de la correa así que, en lugar de ladrarle, Tartaglia le sonrió con falsedad y le dijo—: A lo mejor recorremos todo Inazuma. Iremos a donde Bennett decida, él es el experto en aventuras.
Bennett se sonrojó una vez más, diciendo que por supuesto que no, que él no era experto en nada, pero Tartaglia no lo dejó llevarle la contraria. Se alejaron de Charlotte discutiendo, aunque lo suyo se parecía más a un flirteo que a una pelea. El skinship entre ambos era más que obvio: ya se rozaban las manos, o los dedos de Tartaglia jugueteaban con el cabello o la cintura de Bennett, o Bennett se le pegaba tanto que parecían no conocer el espacio personal entre ellos.
—Descendieron tomados de las manos y regresaron incluso más acaramelados —comentó Ayato Kamisato en voz alta, parado entre su hermana menor Ayaka Kamisato y Yae Miko.
La sacerdotisa rio entre dientes y compuso un gesto de burla.
—Nunca imaginé que ese Fatui problemático sería domado por un niño.
—Aether parecía preocupado —la voz de Ayaka rezumaba consideración—. Sigue pensando que de algún modo Tartaglia lo está engañando.
—Tal vez le oculta cosas —dilucidó Ayato, analizando a la pareja. Luego de unos instantes, dijo—: No. Definitivamente le está ocultando cosas.
—¿Cómo lo sabes? —Ayaka los miraba, como si de pronto pudiese leer “Engañoso” en la frente de Tartaglia.
—Bueno, si estuviese siendo sincero con él, no se habría puesto nervioso con una simple entrevista para un periódico que ninguno de los dos lee.
Charlotte, Yae Miko y Ayaka miraron a Ayato y luego cruzaron miradas, como si la periodista siempre hubiese estado incluida en la conversación. La explicación del hombre era demasiado rebuscada, pero calzaba muy bien con la actitud de Tartaglia, porque parecía ser un hombre al que le daba igual si era mencionado o no en los periódicos.
Así que había algo detrás de su actitud. Por supuesto que había algo detrás de su forma de portarse frente a una periodista. Y no se había puesto nervioso con cualquiera, sino con nada más y nada menos que Bennett Ragnvindr.
La periodista, exultante, escribió una nota a toda prisa y la puso encima del extenso reportaje que hizo sobre el descenso a Enkanomiya. Sus colegas en Fontaine no recibieron muy bien lo que decía la nota, pero poco podían hacer si Charlotte ya estaba del otro lado del mundo… en Mondstadt.
Iría en busca de cierto empresario vinícola y su medio hermano caballero. A ver si podía averiguar porqué Bennett Ragnvindr llevaba de mascota a uno de los Heraldos de los Fatui.