Come With Me, Fortune

Slash
NC-17
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 306 páginas, 117.989 palabras, 75 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
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Capítulo 73

Ajustes
Después de cada encuentro, Bennett se sentía más seguro. Sí, era más bajito que Ajax, y también más débil, y más torpe y patoso. Pero cuando sentía a Ajax debajo de él, entregándose por completo, sin atisbo de dudas o el ego herido, Bennett se sentía extrañamente poderoso. Cuando se despidieron de Mona, por la mañana, esta parecía estar teniendo la peor resaca de la vida, aunque no había bebido una gota de alcohol por la noche. Por más que Bennett les preguntó a ella o a Ajax, no recibió una respuesta satisfactoria. Además, la astróloga le secreteó: ―Tu origen, Bennett. Podría causarte problemas en el futuro. Asegúrate de saber dónde están sus lealtades ―sus ojos taladrando la espalda de Ajax. Bennett tragó saliva. Por supuesto que sabía que Ajax sufría un dilema en ese momento. Estaba dividido entre seguir junto a un chico con el que se divertía follando y adentrándose a lugares recónditos, o volver a la nación que le había dado vida e identidad durante sus veinte años de existencia. No estaba ni cerca de compararse con el valor y el cuidado que Ajax brindaba a su Engaño cada noche, cuando creía que Bennett no lo veía. Incluso con esto, Bennett trataba de asegurarse cada vez más terreno en la vida y en el corazón de Ajax. Competía directamente contra su identidad, contra su carrera, contra su vida misma. No quería matarlo, pero tampoco estaba dispuesto a dejarlo ir. A veces se sentía egoísta y caprichoso. El mismo día en que le pagaron por la venta de sus mapas, dinero contante y sonante en su bolsillo, Bennett se alegró como niño con juguete nuevo. Invitó a Ajax a comer, aunque sabía que él tenía millones guardados en el banco, y luego se compró micas de repuesto para los googles, además de unos guantes nuevos, hechos con cuero de calidad. Ajax lo arrastró detrás de unos matorrales para comprobar la calidad de los nuevos guantes. Se arrodilló frente a él y le ordenó: ―Pégame, Bennett ―como si tal cosa. Bennett obedeció, porque Ajax podía ser terco con las cosas más extrañas. Le dio una bofetada con la mano bien abierta, y Ajax gimió de placer con la mejilla cada vez más roja. Para Bennett fue una invitación directa, porque se arrodilló junto a él y le desabrochó el pantalón a las prisas, sacando su miembro al aire. Comenzó a levantarse tan pronto como Bennett le echó la mirada, y palpitó de alegría cuando Bennett lo tomó con ambas manos y comenzó a masturbarlo. ―Ajax… Bennett se acercó a la cara de Ajax, vacilante, pero este le dio una respuesta vehemente. Se aferró a él, abrazándolo, y le dio un entusiasta beso en la boca. Sus lenguas jugaron, húmedas, mientras las manos de Bennett hacían un trabajo exquisito con el pene de Ajax. Cuando Ajax se corrió con las manos de Bennett, este pensó que eso era todo. Sin embargo, fue el turno de Ajax. El hombre se abalanzó sobre Bennett y desabrochó sus pantaloncillos, bajándolos de un tirón junto a la ropa interior. El pene de Bennett rebotó libre y sin restricciones. Antes de que Bennett pudiera protestar, Ajax se llenó la boca con el pene del aventurero y lo chupó con energía. Bennett liberó un potente gemido, sorprendido, pero gustoso. Ajax estaba completamente acostado sobre el suelo lleno de tierra y humus, dándose un banquete con la entrepierna de Bennett, mientras este lo miraba desde su lugar privilegiado. Vaciló por un momento que le pareció eterno, pero luego acarició casi de manera imperceptible el cabello de Ajax. De todo lo que pudo haber hecho, Ajax le sostuvo la mirada mientras le practicaba sexo oral. Era… sexy. Era caliente. Era placentero y genial y Bennett pensó que la lengua de Ajax podía hacer demasiadas cosas. Cosas como hablar bien, cantar bien, besar bien y, por supuesto, hacer eso especialmente bien. Lo corroían los celos solo de pensar con cuantas personas había tenido que practicar para llegar a ese nivel. Pero los celos no le duraban demasiado tiempo, porque Ajax le provocaba tantos orgasmos como él a él. Parecía un acuerdo tácito entre ambos, uno en el que cualquier muestra de afecto o placer sería devuelta con creces. A Bennett le gustaba, y suponía que a Ajax también. Después de estrenar los guantes y de comprobar que toda la ropa estuviera perfectamente colocada, los compañeros reemprendieron su viaje como si nada hubiese pasado. Se reían de chistes tontos e incluso peleaban por el último bocadillo, uno diciendo que tenía que crecer más, el otro diciendo que necesitaba más nutrientes por ser más grande; ninguno cedía, como si se estuviesen muriendo de hambre. Al final, incluso pelear por simples bocadillos los terminaba excitando tanto que lo hacían sobre la mesa, o en la tienda de dormir, o peligrosamente cerca de la fogata. Suspiraban el nombre del otro hasta bien entrada la madrugada, y entonces caían dormidos en un sopor agradable. Bennett siempre se recostaba sobre Ajax, como una enorme cama de piel y latidos, serena, orgullosa, y se dejaba ir como si nada más importara en el mundo. Sus respiraciones cadenciosas y el bum-bum de su corazón componían una melodía relajante para Ajax, quien últimamente dormía más de la cuenta porque su amante era demasiado fogoso para el bien de ambos. Cuando Bennett despertaba, estaba envuelto en mantas y el olor del desayuno se colaba en la tienda. Ajax tenía una rutina que Bennett no había podido alterar en todas esas semanas: se despertaba antes de que despuntara el alba, hacía ejercicio, se bañaba, se vestía para afrontar el día y preparaba el desayuno. La mayor parte de sus funciones domésticas terminaba ahí. Además de esto, él era quien montaba la tienda y quien cocinaba la cena. Bennett realizaba el resto. Levantaba el campamento, limpiaba los trastos y la ropa, remendaba los agujeros de la tienda, preparaba bocadillos para el camino e incluso clasificaba los objetos una y otra vez para ir desechando o vendiendo aquello que representara peso muerto para ellos, como las máscaras de hilichurls o el condensado de slime que soltaban los enemigos que se colaban al campamento cuando menos los esperaban. Por fortuna, ninguno los había sorprendido con el rabo de Bennett metido entre las piernas de Ajax. Luego, un día, de pronto, Ajax dijo: —Estoy muy aburrido, camarada. Me estoy oxidando. Bennett, que esperaba algo así, sugirió casi de inmediato—: ¿Y si practicamos? —¿Y si te enseño a usar el arco? A Bennett se le iluminó la mirada. Lo sabía porque Ajax reflejó su sonrisa como si fuese un espejo. —¿Y si lo hacemos más interesante? —sugirió el hombre, mirando con hambre el cuerpo de Bennett. —¿Interesante, cómo? —Juguemos a algo. Cada vez que yo te gane, te quitarás una prenda. —¿Por qué estás tan seguro de que solo tú ganarás? Ajax tiró una carcajada al aire. —Cada vez que tú me ganes, yo te concederé un deseo. El que tú quieras. —Pero es muy desigual… —¿Trato? Bennett sabía que a Ajax le gustaba competir con muchos obstáculos de por medio. Para él era más divertido desnudar a Bennett en medio del bosque que cualquier otra cosa. —¡Trato hecho! —¡Excelente, camarada! Ahora, tu guapo y admirable instructor hará un diagnóstico de tus habilidades —dicho esto, Ajax invocó una sola cuchilla de agua, de filo letal, y sonrió con suficiencia—. En guardia, cariño. Bennett se tomó en serio todo el asunto. Invocó su espada, se puso tenso, expectante y miró a Ajax como lo que era en ese momento: como un enemigo. Ajax notó su cambio de actitud al instante, y también afiló su mirada. Su sed de sangre creció a pasos agigantados, y Bennett trató de no estremecerse. Entonces cruzaron armas. Bennett dio una, dos, tres estocadas, pero Ajax las desvió como si fuesen moscas molestándolo. Bennett redobló sus esfuerzos, buscando cada resquicio en la defensa de Ajax, pero sin encontrar ninguno. Era un soldado y, por lo que había escuchado, uno muy cruel que jamás había perdido. Estaba comprobándolo mientras sus talones se encajaban en el suelo y sus brazos temblaban, intentando contener la única cuchilla de agua. Bennett se distrajo con la forma en que los abdominales de Ajax se mostraron con el movimiento de la ropa, y eso fue todo lo que el soldado necesitó. Lanzó su cuchilla directo al cuello de Bennett, lanzó otra carcajada al aire y la cuchilla se deshizo en el último segundo, mojando a Bennett. Este gritó por la impresión, cayó de sentón y se quedó quieto por un segundo, tratando de procesar lo que acababa de pasar. ―¡Bien! Una apuesta es una apuesta, camarada ―Ajax dijo esto mientras se colocaba de cuclillas frente a él, una de sus manos sosteniéndole la barbilla. Sonreía con amplitud, y a Bennett le pareció hermoso. El muchacho se quitó la camisa empapada de un movimiento y volvió a ponerse en guardia. Luego de unos intensos segundos, Bennett tuvo que quitarse una bota, luego la otra. Se quitó el pantalón, luego un calcetín, luego el otro. El sol estaba en lo más alto del cielo cuando Bennett tuvo que quitarse la ropa interior. Ajax lo miró con hambre, como si no lo hicieran casi cada noche, pero se contuvo. ―No es bueno quedarnos tanto tiempo en un mismo lugar cuando andamos a campo traviesa ―dijo, girándose. Bennett vio el enorme bulto formándose en sus pantalones―. Vístete y deja que la camisa se seque al aire, camarada. Todavía nos falta mucho para llegar a la ciudad y comprar un Rompeolas que nos lleve a Sumeru. Les faltaba muchísimo tiempo, sobre todo, porque Ajax llevaba a Bennett por lugares tan recónditos y remotos que ni siquiera los animales se acercaban. Además, cada dos por tres se estaban deteniendo para quitarse la ropa porque no podían tener suficiente el uno del otro. Por eso, solo pudieron llegar hasta la ciudad capital de Inazuma hasta una semana después, cuando incluso Mona ya se había regresado a su país.
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