Kurapika
11 horas y 50 minutos hace
Kurapika piensa que su suerte no puede ser peor. El olor concentrado de omega y pescado podrido no es suficiente. No. El capitán, ebrio hasta el culo, tiene que ir y meter el barco en una tormenta que está a un paso de ser huracán.
Kurapika se tambalea y, como ya no puede más, vomita. Por fortuna nadie lo ha visto. Corre, en dirección a la cabina principal para agarrarse de algo, porque si se queda en el pasillo morirá si el barco llega a voltearse.
Como lo espera, todo comienza a ponerse patas arriba. Hay cajas y gente volando. Gon, el niño omega, salta de un lado a otro mientras ríe. Hay que tenerlos bien puestos para divertirse en una situación así.
Kurapika habría estado con la mejor disposición si no estuviera drogado con supresores y sin comida en el estómago. Pero en ese momento solo intenta no golpearse con nada mientras vuela de un sitio a otro.
Todo marcha bien. Al menos hasta que cae encima de un tipo. Un alfa desconsiderado que no esconde sus feromonas. El alfa lo huele. Rodea su cintura. El instinto de supervivencia de Kurapika se enciende en el acto, pero entonces el alfa rueda junto a él, protegiéndole la cabeza y sosteniéndolo con cuidado.
Kurapika intenta encontrar sus ojos, descifrar lo que está pensando, lo que está sintiendo. En ese momento el barco se estabiliza, el alfa se aparta y se aleja de Kurapika como si no tuviera el mínimo interés en él.
Kurapika suelta un leve suspiro, se levanta, se sacude y vuelve a sus actividades. No obstante, Kurapika no puede resistir por demasiado tiempo. Después de todo, vomitó lo poco que tenía en el estómago: un supresor y una bebida energética. Necesita comer algo urgentemente.
Busca con la mirada, pero lo único a la vista es la manzana que el alfa ya ha mordido.
El capitán, de malos modos, les grita—: ¡Tú, tú y tú! ¡Al castillo de timón!
El alfa es el primero en levantarse de su lugar. Deposita la manzana en la mano de Kurapika y le dice, sin mirarlo—: No me gustó, es muy ácida —antes de irse detrás de Gon y del capitán.
Kurapika mira la manzana por unos segundos. Después decide confiar en que el alfa no le ha puesto nada y se la come. Es la manzana más deliciosa que haya comido nunca, o tal vez es solo el hambre. Un momento después sigue a la comitiva.
—Muy bien, ustedes tres díganme sus nombres —exige el capitán. Parece acostumbrado a dar órdenes, aunque Kurapika está reacio a recibirlas.
—¡Yo soy Gon! —el niño grita con entusiasmo, incapaz de resentir la actitud demandante del viejo borracho que los ha metido en aquella tormenta.
—Me llamo Kurapika.
—Mi nombre es Leorio.
Así que Leorio, piensa Kurapika. El tipo debe rondar los dos metros. Es alto, de espalda ancha y esbelto. Tiene cabello corto, negro, y lleva un traje de negocios azul marino y mocasines que lo hacen ver como de treinta o cuarenta años. Remata su estilo con unos lentes redondos y oscuros. Si no se viera tan viejo con ese traje espantoso, Kurapika pensaría que incluso es guapo.
—¿Y por qué quieren volverse cazadores?
—¡Usted ni siquiera es un examinador! ¿Para qué pregunta? —Leorio es impulsivo y tosco. Parece que incluso un poco… tonto. Mete las manos en los bolsillos del pantalón mientras Gon dice que quiere volverse cazador para comprender porqué su padre prefirió ser cazador que criarlo, y levanta las cejas con incredulidad y molestia—. ¡Oye, niño! No tienes porqué responderle al viejo.
—Preguntó porqué estoy aquí, no es ningún secreto —el niño replica.
Leorio le pica la frente con el dedo mientras le reclama—: ¿De qué lado estás? Somos nosotros contra él.
Aunque parece convencido, todavía pone una cara estúpida cuando Kurapika abre la boca y dice—: Estoy de acuerdo con Leorio.
Es la primera vez en años que habla tanto. Su voz se le antoja extraña y risible.
—¡Es señor Leorio para ti, mocoso! Un poco más de respeto para tus mayores.
Qué imbécil, piensa Kurapika, así que sigue hablando en dirección al capitán. Leorio se enoja, le grita y libera un poco más de feromonas, pero Kurapika sabe que puede resistirlas. No por nada es omega dominante.
—¡Oye! ¡Estaba hablando contigo!
Leorio llena la habitación de feromonas. Gon, Katzo y Kurapika están ahí, pero parece no importarle. Por supuesto, nadie sabe que Kurapika también es omega, así que resiste con todas sus fuerzas para no terminar abriéndose de piernas ahí mismo. El olor a sol se impregna en toda la sala. Los otros alfas presentes, notando el cambio, comienzan a liberar pequeñas cantidades de feromonas para protegerse.
Katzo es el primero en caer. Parece, además de patoso y cobarde, débil ante la mezcla inusitada de feromonas en un espacio cerrado.
—Ah, no tienes remedio Katzo. Sal de aquí. Comunícate con el comité del examen y diles que hay dos bajas más.
Kurapika se olvida de la lucha de feromonas y mira al capitán, estupefacto. Este, que ahora está fumando una pipa para compensar la falta de droga a la mano, se burla de él y de Leorio.
—Aún no se han dado cuenta, par de tontos. El examen de cazador ya empezó.
Bueno, no puedo decir que yo no sea imbécil, piensa Kurapika. Tantas feromonas, aromas y desperfectos hicieron que no estuviera del todo atento. Después de todo, ¿a quién podría culpar? Él de verdad se acaba de dar cuenta de que el examen ya está en curso.
—… Esa fue una pequeña tormenta y miren cómo reaccionaron. No sobrevivirían a las últimas etapas del examen… Así que piensen muy bien sus respuestas…
Kurapika espera que el tipo no lo hubiera visto vomitando. Aunque, si ese fuera el caso, no estaría ahí en ese momento.
Se pregunta si lo que va a revelar no lo pone en desventaja. Básicamente, al hacerlo, estará anunciando que es un tipo con esos tres problemas graves que siempre lo acucian. Esos problemas por los que ha permanecido solo durante cinco años. Al final decide que es más importante comenzar el examen que su propia seguridad. Es como el viejo dice: si no puede ni siquiera con una tormenta, entonces no es digno de recuperar los ojos de su clan y obtener su venganza.
—Yo soy el… único sobreviviente del clan kurta. Me volveré cazador y mis presas serán todos aquellos que nos llevaron a la extinción, comenzando por la Brigada Fantasma.
—Quieres ser cazarecompensas, pero la Brigada Fantasma es una recompensa de grado A. ¿Crees que puedes superar a los cazadores expertos que no pueden tocarles un pelo? Ya veo que tienes tu propia misión suicida.
—No le tengo miedo a la muerte —Kurapika dice esto mientras lo instala en su corazón—. A lo que tengo miedo es que el tiempo mitigue la rabia en mi corazón. Ya han pasado cinco años, no puedo esperar más.
—Simplemente di que quieres venganza —Leorio lo interrumpe, así que Kurapika se da cuenta de que sus ojos han cambiado de color debajo de las lentillas. Respira con cuidado mientras el tipo sigue soltando palabra tras palabra—. ¿Sabes que no necesitas volverte cazador para ajustar viejas cuentas?
—Esa es la pregunta más tonta que he oído, Leorio.
—¡Es señor Leorio!
Kurapika explica porqué necesita ser cazador, pero en su fuero interno sabe que está a punto de vomitar también la manzana. Este tipo no se contiene ni un poco con las feromonas. Incluso Gon se tambalea, pero parece pensar que es una especie de prueba, porque trata de no mostrar debilidad.
—¡Oiga! —Gon llama la atención de Leorio. Este, poniendo su atención de nuevo en el niño, deja de liberar feromonas en el acto—. ¿Por qué quiere volverse cazador?
—Fácil: por el dinero. ¡El dinero puede comprar todo lo que siempre he querido! —sus feromonas se liberar sin control una vez más—. Puedo comprarme una bonita mansión, un lindo auto y toneladas de licor. ¡Es maravilloso!
—Me imagino que también vas a comprarte supresores para ese molesto olor que te cargas, Leorio.