Hunter x Kurapika

Slash
NC-21
En progreso
0
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Tamaño:
planificada Maxi, escritos 149 páginas, 58.488 palabras, 32 capítulos
Descripción:
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Kurapika

Ajustes
Kurapika sabe que está usando su voz de mando. Sabe que su aroma ahora está por toda la cubierta y que, si no es Leorio, será cualquier otro de los alfas ahí dentro. Por primera vez en su vida, Kurapika siente miedo de su condición. Si los alfas llegaran a olerlo, él sería cazado y violado en grupo. Lo sabe porque el olor de los kurta es irresistible. Embota los pensamientos de los hombres débiles y los obliga a convertirse en monstruos sexuales. A Leorio le brillan los ojos en un tono dorado. Está excitado y sus feromonas comienzan a liberarse sin control. Carga a Kurapika en brazos, lo lleva a otro lugar de la cubierta donde al menos se pueden refugiar de la lluvia y lo estampa contra la pared. Kurapika siente cosquillas en el cuello cuando Leorio entierra su cara entre su pecho y su cuello y lo huele. Kurapika envuelve sus piernas y sus brazos alrededor del cuerpo ancho de Leorio y se sostiene de él, mientras deja que su lengua húmeda y caliente explore su cuello. —Quítate la casaca —Leorio le ordena con su voz de mando y Kurapika, débil como está, obedece en el acto. Leorio sostiene su cintura desnuda, debajo de la camisa, mientras Kurapika se retuerce por el contacto. Nunca ha sido tocado, besado o lamido. Nunca ha sido sostenido contra una pared, con la mente embotada, mientras unas manos lujuriosas le acarician la espalda y las nalgas. Todo es tan nuevo para Kurapika que no sabe hacer otra cosa que sostenerse de él y evitar que sus gemidos se escuchen más allá de la cubierta. Por suerte la lluvia los ayuda a disfrazar los sonidos de placer que surgen de la garganta de Kurapika. Leorio lo pone sobre sus dos pies por un momento, lo desnuda de la cintura hacia abajo con maestría y vuelve a sostenerlo contra la pared. Con el culo al aire, un nuevo miedo se gesta en Kurapika. —Alto, ¡alto! —¿Y ahora qué? —Leorio no detiene su manoseo. Toca aquí y allá, sin discriminar un centímetro de piel. —Nunca en mi vida he hecho algo como esto. Es mi primera vez. —¿Estás jugando? —¿Crees que jugaría en esta situación? ¿Qué hago? —No hagas nada —le dice al oído. Kurapika siente sus dedos húmedos acariciando su ano—. Yo haré todo por ti. Déjate llevar, Kurapika. Cuando mi polla esté adentro de ti, descubrirás un mundo nuevo. Kurapika ve la predicción de Leorio cumplida. Siente sus dedos trabajando en su ano, aflojándolo. En su interior es húmedo y caliente, a la expectativa. Sabe que durante sus ciclos de calor su ano se afloja al mínimo contacto. Es el privilegio de los omegas, que siempre están listos para recibir a un alfa. Leorio suspira entre dientes, con el falo cada vez más duro. Lo saca con premura de entre su pantalón y su ropa interior y, cuando está seguro, coloca su glande en la entrada de Kurapika. Solo hacer esto provoca que su líquido preseminal moje su pene. Kurapika siente cómo se encaja en él muy lentamente. Cierra los ojos y tiene una expresión beata, como si extrañara follar. Kurapika no puede evitar llorar. Le encaja los talones en la espalda, intentando atenuar el dolor, pero es imposible. Siente como si estuviera siendo partido a la mitad. Solo espera que no esté sangrando o algo así. Sus dedos delgados jamás lo prepararon para el enorme pene de Leorio. Cuando siente que se va a morir, Leorio lo deja acostumbrarse a la sensación, porque permanece quieto. De verdad es un novato, Kurapika lo reconoce. Tiene la cara mojada en llanto, los ojos escarlata, las cejas fruncidas en una expresión de preocupación y su boca suelta gemidos, no sabe si de dolor o de placer. Y le deja de importar cuando Leorio estampa su boca contra la de Kurapika y la invade con su lengua. Su boca también es virgen. Es asaltada sin piedad por una lengua y un par de labios expertos, y él no puede hacer otra cosa que tratar de respirar por la nariz. Intenta hacer lo mismo que Leorio, saborear con su propia lengua, pero es malísimo. El hombre se ríe contra sus labios. Entonces, como una sensación inesperada, Leorio se encaja hasta la raíz. Kurapika grita, pero es ahogado por una boca que reclama la suya. Leorio sale hasta la mitad y vuelve a encajarse, una, y otra, y otra vez. Kurapika gime. Sus piernas se aflojan. Así que Leorio lo sostiene del interior de las rodillas y comienza a ganar velocidad mientras lo penetra. Kurapika siente su interior lleno, dolorosa y placenteramente lleno. Sabe que está moviendo sus caderas adelante y atrás, ayudando a Leorio a llegar más profundo, y no le importa. Está atrapado en el momento, perdido en la ola de electricidad que se expande desde su vientre al resto de su cuerpo. —Kurapika, me estás apretando… si no me dejas ir podrías terminar embarazado. Estoy seguro de que no está en tus planes… —Soy el único de mi clan. ¿Cómo podría no estar en mis planes? Kurapika miente, pero no puede controlarse. Sabe que su interior se contrae alrededor del pene de Leorio. Es una sensación maravillosa que lo hace querer más, más, más. Unos segundos después, eyacula en la ropa mojada de Leorio. Este sigue su carrera, azotando sin descanso el interior de Kurapika. De pronto, grita—: ¡Mierda! —y saca su pene. Kurapika tiene una repentina sensación de vacío. Intenta buscar una respuesta en la cara de Leorio, pero este lo suelta y prefiere darle prioridad a su pene hinchado. Kurapika cae de sentón al suelo, pero no puede dejar de ver el pene de Leorio. La base está hinchada como una bola y su miembro está parado y duro. —¡Pedazo de imbécil, estuve a punto de anudarte! Kurapika siente que su propio pene se levanta de nuevo. No quiere pensar en nada más. No puede. Así que, en su lugar, se voltea hacia la pared, se arrodilla y arquea la espalda, ofreciéndole un fácil acceso a Leorio. Ha controlado sus ciclos de calor durante tres años en lugar de buscarse un alfa. He ahí la consecuencia de tomar supresores sin ningún control de por medio. —Por favor, Leorio. Necesito que estés dentro. —Eres un omega dominante y estoy anudando, Kurapika. —Hay más alfas en este barco —Kurapika amenaza. Siente su cabeza embotada por el calor. Sabe que en circunstancias normales ni siquiera se acercaría a ellos—. Si tú no quieres, estoy seguro de que alguien más… —¡Quédate donde estás! La voz de mando hace que Kurapika se excite más. Se inclina por completo, con su culo al aire y su cabeza reposando en el suelo de madera. Voltea a mirar a Leorio, que lo mira como si fuese la cosa más hermosa del mundo. Kurapika separa sus nalgas para que Leorio lo vea. —Hazlo —le ordena. —Te vas a arrepentir. —Dejemos que el Kurapika y el Leorio de mañana sean quienes se preocupen. Leorio no se hace esperar más. Se arrodilla con premura, se coloca en la entrada de Kurapika y lo penetra hasta el fondo. El dolor es indescriptible, sus paredes rectales se ensanchan de repente con el invitado gigantesco. Kurapika grita, llora y patalea, pero ya es tarde. Leorio tiene su nudo dentro de él. —¡Sácalo! —¡Te lo advertí! —¡Duele! ¡Por favor! Sácalo… —Shhh —Leorio se sienta, con su pene completamente metido en Kurapika. Este respira con dificultad, con la espalda contra el pecho de Leorio. Vuelve a tener la cara mojada en llanto y de verdad le duele. Se retuerce, pero no puede hacer nada. Sabe lo que va a pasar a continuación y no hay modo, a menos que quiera desgarrarse el ano, de que pueda salir de esa situación. Kurapika llora con amargura, sabiendo que su ciclo de calor ha terminado. Solo bastaban unos segundos más. ¿Qué le costaba aguantarse? Llora aun más porque su pene sigue duro y Leorio lo masturba mientras intenta tranquilizarlo. —Shhh, no te preocupes. Estaré contigo. Vamos al mismo sitio. Podemos hablarlo mientras tenemos una cita. No suena tan mal, ¿no? Solo sé que no puedo dejar que nadie más te toque. —¿Por qué? ¿Por qué no puede ser nadie más? —Porque estoy seguro de que nadie más se hará responsable si te embarazas aquí. Kurapika detiene el llanto, sorprendido. Voltea a mirar a Leorio. Busca un atisbo de duda o mentira, pero es un hombre resoluto y sincero. Le devuelve una mirada firme y segura. —Si hay un bebé en camino me ocuparé de él. Lo juro. Lo decidí en cuanto te quité la ropa. Las palabras de Leorio calan en el pecho de Kurapika. Decidido a seguir, Leorio acaricia el pene de Kurapika y se mueve dentro de él. Aunque no puede penetrarlo correctamente, todavía se siente increíble cuando Kurapika se acostumbra. Se mueve alrededor del pene de Leorio, maravillado. Luego de unos segundos y, casi al mismo tiempo, ambos eyaculan, Kurapika en la mano experta de Leorio y él en el interior de Kurapika.
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