Kurapika
11 horas y 49 minutos hace
—Mmm qué extraño —Leorio mira y mira el enorme mapa frente a él, como si le fuese a dar la respuesta—. La información que recibí me dice que el examen se hará en alguna parte de ciudad Zaban, pero el cedro está aquí, justo en la dirección opuesta.
Mientras explica esto, Kurapika no puede evitar recordar los eventos de la noche pasada. La forma en que Leorio lo sometía contra el suelo, con una expresión entre la firmeza y la lujuria. Él mismo no sabe qué expresiones o sonidos hacía, porque siempre que tiene su ciclo todo parece estar envuelto en un mar de bruma sin sentido.
Solo sabe que despertó, seco, limpio y vestido, cuidadosamente envuelto en una sábana. Yacía cómodo en una hamaca solo para él, y al parecer todos a bordo habían sido informados de que Kurapika había tenido su rut de último momento. Como era un hombre independiente y de mirada penetrante, las personas no dudaron por ningún momento de que Leorio mentía diciendo que Kurapika era un alfa.
Como fuese, al menos el capitán y sus ayudantes de la noche anterior debían saber la verdad: que Kurapika había tenido su celo por culpa de Leorio. A pesar de todo, el capitán siguió adelante con su recomendación. Kurapika también sería preaprobado. No solo había sobrevivido entre puros alfa, sino que había tomado la decisión correcta al pedirle ayuda a un alfa de confianza en cuanto tuvo la oportunidad.
Es cierto lo que Leorio le dijo anoche, que cualquier otro alfa se aprovecharía de su debilidad y lo dejaría a su suerte, así lo hubiese embarazado o marcado. Leorio, como un ángel caído del cielo, no solo hace pequeños actos de amabilidad durante el trayecto, sino que cuida cada paso que Kurapika da, como si ya fuese un hecho que está embarazado, y lo trata como a alguien cercano, como si lo conociera de toda la vida.
—¿Pudiste haber escuchado mal? —pregunta Kurapika, dirigiéndose a Gon.
Todo fue tan natural e implícito entre los tres. Por supuesto que Leorio iría junto a Kurapika, pero Gon también. Era como algo obvio, algo que ni siquiera tenía que discutirse.
—No lo creo. El capitán definitivamente me dijo que me dirigiera al cedro.
—Y esta tonta nota no sirve para nada. No dice dónde tengo que ir —Leorio se queja. Kurapika ha observado que, en general, Leorio suele quejarse mucho.
—Nos dan información limitada para determinar si merecemos realizar el examen —Kurapika lo regaña.
Leorio hace una expresión de fastidio y aprieta los puños—. ¡Ya lo sabía, niño listo! ¡Déjame en paz!
En su fuero interior, Kurapika se está riendo a carcajadas de las caras de Leorio. Puede que se aficione a colmarle la paciencia.
—Iré a investigar —Gon comienza a caminar de buen grado, sin esperar que realmente los dos mayores lo sigan.
Leorio habla y habla de la confianza ciega de Gon, pero se calla cuando ve que Kurapika lo comienza a seguir—. ¡Kurapika! ¡Vuelve!
—Me intriga el consejo del capitán. Y aún más la actitud de Gon. Siento curiosidad de ver qué hará.
Aunque Leorio diga—: Bien, como sea. Adiós —Kurapika camina con total y plena confianza.
Lo hace porque su expectativa se cumple unos segundos después.
—¡Oigan, espérenme! —Leorio va detrás de ambos, corriendo como loco porque Gon ya ganó distancia caminando.
A Kurapika se le escapa una risita, pero intenta mantener la cara serena. De verdad que es muy divertido estar con Leorio, porque él solo se basta para ser un tontorrón y un quejica.
—¡Sabía que se sentirían solos sin mí! Así que decidí seguir con ustedes otro tramo…
Leorio habla y habla, no para. Kurapika siente que quiere cerrarle la boca de un puñetazo, solo porque ya no lo aguanta, pero no sabe si es correcto. Después de todo, él lo salvó anoche, le dio la follada de su vida y le prometió permanecer junto a él.
Supongo que no todo es perfecto, piensa. Se cuestiona su estado mental. Debe ser que los pulmones de Leorio no tienen suficiente capacidad y el aire no llega correctamente a su cerebro. A lo mejor por eso el tonto no puede dejar de hablar y hablar, como un loro que nunca se calla.
Pero, de nuevo, Kurapika se queda estupefacto con las actitudes de Leorio cuando entran a una ciudad que parece abandonada. Aunque el tonto no perciba la presencia de nadie, tan pronto como ve que hay personas enmascaradas acercándose, Leorio se coloca por delante de Kurapika y pone su mano protectoramente a centímetros del estómago del muchacho, donde derramó su semen la noche anterior. Como cualquier alfa haría ante la más mínima sospecha de amenaza hacia su omega.
—Excitante —dice una vieja cuando un montón de enmascarados la han sentados en medio de la calle.
—¿Excitante? —pregunta Leorio.
Lo de anoche sí que lo fue, piensa Kurapika.
—Excitante —repite la vieja.
—Excitante… —Leorio mira de reojo a Kurapika.
Él también está pensando en lo de ayer.
—¡Hora del excitante cuestionario de opción múltiple!
Soy un maldito lujurioso, se regaña Kurapika.
Decide tomarse las cosas con calma. La vieja les explica lo que deben hacer: nada más que contestar a una simple pregunta, pero esta vale para los tres. Para Gon, para Kurapika y para Leorio.
—¿Quiere decir que si Kurapika responde mal, yo también seré descalificado? —Ahí va, otra pregunta tonta.
—No es muy probable que yo responda mal —Kurapika se cruza de brazos, confiado—. Aunque, si tú respondieras, sería inevitable ser descalificados.
—¡¿Quieres repetir eso?! —Leorio le pelea.
Pero, a pesar de que su voz es dura y parece molesto, Leorio se orienta hacia Kurapika y mantiene los brazos a la altura de su estómago, dando la espalda al exterior. Forma una barrera natural por el costado izquierdo de Kurapika, mientras el pequeño Gon lo acompaña del lado derecho. Aun si sus acciones fuesen inconscientes, Leorio parece tan acostumbrado a ser un protector que parece que ni siquiera se da cuenta de que todo su cuerpo grita “Quiero protegerte”.
El tipo que los va siguiendo desde el puerto se les acerca, fastidiado. Entonces Leorio se adelanta hacia él y le ladra de malos modos que quién es él. Sip, definitivamente es un tipo muy sobreprotector. Es como un perro guardián que hace su trabajo con naturalidad pero que finge llevarse mal con su amo.
Gon, Kurapika y Leorio deciden dejar pasar al desconocido para que responda al cuestionario de la prueba primero. En todo momento, Leorio se coloca sin pensarlo entre el tipo y Kurapika, así que este no puede verlo muy bien.
—Muy bien —dice la vieja—. Esta es tu pregunta: un grupo de villanos malvados secuestró a tu madre y a tu verdadero amor, y solo puedes salvar a una. Di uno para tu madre, o dos para tu verdadero amor. ¿A cuál salvas y cuál de ellas muere?
—¡¿Qué clase de cuestionario es ese?! —la pregunta de Leorio parece personal. Parece como si le afectara sobremanera una cuestión sobre la vida y la muerte de dos personas igual de valiosas.
Kurapika se pregunta porqué, pero también se pregunta cómo van a superar un cuestionario de ese estilo. ¿Cómo hay que elegir entre dos vidas igual de valiosas? ¿Si en ese momento le pusieran por delante a Pairo y al clan, tendría que elegir entre uno y otro? ¿Cómo se supone que debería hacer eso?
Sin embargo, el desconocido sonríe con confianza y responde—: La respuesta es la número uno.
—Ah… ¿y cuál es tu razón? —cuestiona la vieja.
—¡Es tu madre! No puedes reemplazar a una madre, pero siempre puedes encontrar a otra amante.
—¿Qué? —otra pregunta de Leorio que parece personal.
Kurapika recuerda solo fragmentos de la noche anterior. Pero algo que sí recuerda de forma muy vívida fue cuando le ofreció el cuello a Leorio y este simplemente lo saboreó. No lo marcó. Por más que Kurapika suplicó, Leorio se apartó una y otra vez, resistiendo el impulso con tanta fuerza que su boca sabía a sangre cuando Kurapika volvió a besarlo.
Leorio había preferido morderse el interior de la boca a marcar a Kurapika.
Su sorpresa y la conmoción de Leorio no hicieron sino aumentar cuando la vieja permitió pasar al desconocido.
—¿Pero qué basura es esta? ¡Esa no puede ser la respuesta correcta! —Un amante no se sustituye, ¿no? ¿A quién marcaste?, pero Kurapika se guarda todas estas preguntas. No puede solo ir y presionar a alguien a quien acaba de conocer un día antes. Leorio sigue despotricando, furioso—. ¡Ya está, me largo! ¡Buscaré mi propio camino!
—Niégate a responder si quieres, pero te informo que serás descalificado.
Leorio explota. Sí, es más que obvio que se lo está tomando muy personal. Podría ser que ya le ha tocado elegir. Elegir entre uno y otro, y ambos fueron igual de valiosos.
Pero si su amante siguiera vivo, Leorio no habría tenido sexo conmigo, Kurapika se tranquiliza. Luego duda. Leorio es un alma noble. Esparció sus feromonas solo porque Kurapika estaba entrando en celo. El aroma de Kurapika fue el que obligó al tipo a tirárselo en un maratón de ocho horas. No había un consenso real y es más que obvio que tampoco amor.
Podría ser que por eso Leorio no lo marcó. Porque, mientras intenta hacerse cargo de la estupidez de anoche, ya podría haber alguien que fue marcado por Leorio. Alguien vivo. Que lo espera con paciencia en casa.
Su omega.
No, no. Debe concentrarse. Kurapika no puede dejar que los pensamientos extraños asalten su mente.
—¡No hay una respuesta correcta a esa pregunta y nunca la ha habido!
Exacto. Es imposible elegir entre Pairo y el clan. Entre una madre y un amor real. Ambos son igual de valiosos. Uno desearía salvarles a ambos, aunque tuviera que sacrificarse en el proceso. No hay forma de elegir. Kurapika se gira hacia el alfa casi tan pronto como llega a esta conclusión.
—¡Leorio!
—¡Suficiente! —la maldita vieja lo calla, dándose cuenta de que Kurapika estaba a punto de decirles la respuesta—. ¡No quiero oír nada que no sea su respuesta! Digan otra cosa y serán descalificados.
Tú puedes hacerlo Leorio, es un truco simple… Gon…
—Aquí está su pregunta —la vieja habla con voz grave—. Se enteran de que su omega y su hija fueron secuestrados, solo podrán rescatar a uno de ellos. Elijan uno para su omega o dos para su hija. ¿A cuál de los dos rescatarán?
Leorio tiene la cara crispada por la furia. Por un momento, mira alternadamente entre la cara y el vientre de Kurapika. Pareciera que la vieja hace una pregunta super específica para él. Comienza a contar del cinco al uno para que todos respondan.
Mientras tanto, el impulsivo Leorio toma un palo y se abalanza contra ella. Kurapika, que ve lo que intenta hacer, lo detiene con todas sus fuerzas y lo mira a los ojos. Por un momento, el pánico puro cubre la cara de Leorio. Este mira a cada centímetro del cuerpo de Kurapika, para verificar que esté a salvo de su propio ataque, y luego le grita:
—¡Idiota! ¡A un lado, Kurapika! ¡Esta bruja va a recibir una lección!
—¡¿Quieres calmarte, por favor?! —Kurapika no usa su voz de mando. Por eso Leorio sigue gritándole a la cara, como un imbécil.
—¡¿Cómo rayos esperas que me calme?!
—¡Ya acertamos! ¿Realmente quieres arriesgar eso?
La cara que Leorio hace a continuación es de confusión absoluta. Sí. Puede que Kurapika se haya metido con un asno de corazón grande.
—¿Cuándo lo hicimos?
—¡Agh, el silencio, tonto! Tú mismo lo dijiste: no hay respuesta para eso. Así que solo podíamos optar por el silencio. ¿No es así?
—… Es correcto —la anciana sonríe, pacífica. El verdadero camino al cedro está por aquí —dos enmascarados abren una puerta de doble hoja que va a dar a un túnel oscurísimo, en el que solo se ve una luz allá a lo lejos—. Caminen dos horas y habrán llegado al cedro. Una pareja que vive en una cabaña los ayudará. Ellos serán sus navegantes en este viaje.
Leorio parece calmado y avergonzado. Se inclina con humildad frente a la señora y pide disculpas de corazón. Kurapika lo reconoce como una persona valiente, porque se necesita mucho valor para pedir una simple disculpa.
—Conocer personas como ustedes es la razón por la que hago este trabajo —la vieja sonríe con satisfacción mientras dice esto—. Esfuérzate, conviértete en el mejor cazador que puedas ser. Estoy segura de que tu omega y tus hijos serán felices con una persona como tú.
Kurapika podría jurar, aun años después, que la vieja lo mira a los ojos cuando dice esto. Como si supiera que el muchacho está impregnado de las feromonas de Leorio. En ese momento se da cuenta.
La vieja es alfa. Sabe muy bien lo que él y Leorio hicieron anoche con tan solo olfatear un poco, casi nada, porque las feromonas de Leorio envuelven a Kurapika como si fueran una nube.
—¡Estoy atorado! No sé la respuesta correcta.
—Pero el cuestionario ya acabó, Gon.
El niño, inocentemente, pregunta—: Pero, ya saben, ¿y si me llega a pasar? ¿Si dos personas tienen problemas y solo puedo ayudar a una? Entonces, ¿qué? No sería correcto elegir a una sobre la otra. Pero me guste o no, es una lección que enfrentaré. Solo espero saber qué hacer…
Solo espero saber qué hacer…