Hunter x Kurapika

Slash
NC-21
En progreso
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planificada Maxi, escritos 149 páginas, 58.488 palabras, 32 capítulos
Descripción:
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Leorio

Ajustes
Aunque pasaron la prueba de la vieja, Leorio no se siente nada contento. Kurapika lo ignora, se aleja de él y le rehúye la mirada. Ambos saben que deben hablar sobre lo que pasó la noche anterior, pero parece que Kurapika no está listo. Leorio supone que tampoco él está listo. Después de todo, si lo estuviera, no se habría sorprendido cuando la vieja habló de hijos en plural. Leorio desea que no sea más que una broma pesada de la señora. No puede evitar sentirse intranquilo. Sabe que hay ciertos alfa viejos que pueden olfatear cosas que son imperceptibles para el ojo o el sentido humano. Sabe, por supuesto, que hay parteras que pueden determinar el peso, el sexo y otros detalles del bebé que está por nacer. Aun así, se siente escéptico. Kurapika tiene menos de un día de haber tenido sexo. ¿De verdad es posible pronosticar algo tan drástico? Leorio se concentra en esta pregunta. En cierto momento, ve que Kurapika tropieza levemente. Aunque hay una luz que se divisa a lo lejos, en el interior del túnel no se pueden ver más que las sombras de algo que parecen ser árboles. Leorio, como el alfa que es, puede ver, oler y oír mucho mejor que la mayoría. Por eso se apresta a sostener a Kurapika, a pesar de que el muchacho no tuvo más que un desliz. —Eres un completo exagerado —Kurapika menosprecia su ayuda, se aleja con brusquedad y sigue caminando. No es que sea un exagerado, ¿o sí? Pero se siente inútil y tonto. Ahí está caminando como si nada el omega al que acaba de follarse durante la noche y no puede simplemente ponerse a hablar de ello porque un niño de doce años los acompaña. Leorio no sabe qué tanto sabrá Gon del mundo y de su condición como omega. Lo ideal sería que Gon los dejara hablar a solas, porque es algo importante y no puede dejarse a la desidia y el tiempo. Si Kurapika está embarazado, lo único que queda es esperar a su resolución. Los embarazos omega suelen ser como los embarazos de las mujeres. El vientre se abulta, los senos producen leche, las hormonas se descontrolan y los antojos se dan día sí y día también. Lo peor son las náuseas y los mareos. Debido a los sentidos super desarrollados de los omega, producto de su necesidad de supervivencia, suelen sufrir el doble que una mujer beta. De ser así, Kurapika comenzará en cualquier momento con mareos y vómitos fuera de este mundo. Aquello será su perdición, si es que quiere seguir adelante con el examen. Nadie sabe cuánto durará o ni siquiera cuándo o dónde será. Bien podría durar nueve meses. O bien, Kurapika podría comenzar a mostrar síntomas que le impidan participar activamente. ¿Y si los esfuerzos le provocan un aborto? En teoría no debería ocurrir durante las primeras semanas, todo debería ir normal si el gestante es fuerte. Pero la teoría muchas veces no se coincide con la realidad.  Así que Leorio no sabe más que quejarse una y otra vez. —No puedo ver nada. “Llegarán a la cima en dos horas”, dijo. ¡Fueron dos horas hace dos horas! ¿Otro letrero de “Cuidado con las bestias mágicas”? Empiezo a pensar que nunca hallaremos el estúpido sitio del examen… —Kurapika y Gon siguen caminando, tan frescos, que Leorio se siente aun más fastidiado—. ¡Oigan, tengo mucha hambre y debo hacer popó! Muy a su pesar, Kurapika y Gon no le hacen el mínimo caso. En cambio, el muchacho se emociona porque ve a lo lejos algo y grita—: ¡Creo que ahí está! Hay una cabaña de madera justo al pie de un enorme cedro que parece tener mil años de existencia. La casa está a oscuras, por lo que Kurapika pudo verla únicamente porque la luna iluminó las formas cuadradas, hechas por el humano, que no se deberían ver en un bosque agreste. Leorio intuye que algo está pasando, porque no suponía que la casa de la pareja fuera a estar a oscuras. Se adelanta al muchacho y al niño y se para frente a la puerta. Toca y pregunta si hay alguien en casa, pero nadie responde. Entonces abre la puerta de doble hoja, entrando, siempre un paso por delante de Gon y de Kurapika. La luz de la luna se cuela a través de la abertura de la puerta y va a dar a una escena que nadie espera. Hay un hombre tirado en el suelo y una bestia amarilla, de sonrisa maquiavélica, que se debe encorvar para caber en la pequeña cabaña. —¡Una bestia mágica! La bestia cubre con una sola garra el cuello de una mujer, que se debate entre la vida y la muerte mientras intenta quitarse la garra para poder respirar. —Parece que es un kiriko —explica Kurapika. Su temple sorprende a Leorio. Gon, el más pequeño de los tres, no parece tener mayores dificultades con lo sorpresivo de la situación. —El hombre en el suelo se ve muy malherido —Leorio quiere dar un paso adelante, pero no sabe lo que puede pasar. El kiriko se ríe, se gira hacia la ventana y la atraviesa, sosteniendo todavía a la mujer del cuello. Kurapika y Gon se acercan de inmediato para ver por dónde se fue, pero Leorio no puede dejar pasar al hombre en el suelo. En lugar de ir a ver el camino del kiriko, Leorio se inclina junto al hombre y procede a darle primeros auxilios sin importarle las circunstancias. —¡Auxilio, sálvenla! ¡Deben salvar a mi esposa! —pide el hombre, a punto de desmayarse. —¡Leorio, cura sus heridas! —le pide Kurapika mientras se quita el morral que siempre lleva consigo. No usa su voz de mando, pero ambos saben que Leorio no va a dejar a un hombre malherido. Él confía en que Kurapika estará bien, a pesar de todo, así que le responde—: ¡Claro, eso haré! —y se muerde el labio, intentando contener la ola de preocupación que lo invade cuando ve a Kurapika saltar sobre el dintel de la ventana rumbo a lo desconocido. —¡Mi esposa! ¡Yo no importo! ¡Deben salvar a mi esposa! —Sshh, quédese tranquilo —Leorio le habla como si estuviese arrullando a un niño asustado, con paciencia y afecto, aunque no sabe si lo hace por él o por el hombre—. Esos dos son muy confiables. En realidad, no tengo mucho de conocerlos, ¿sabe? Apenas un día. Ambos son omega. Parece que han pasado por mucho, en especial el mayor. A pesar de mi naturaleza quejumbrosa y tonta, ambos me han soportado muy bien. Son ágiles y fuertes. Seguro que podrán hacer algo contra la cosa que se llevó a su esposa. Todo saldrá bien… Mientras habla y habla, intentando calmar al hombre, Leorio se concentra en revisar sus heridas. Ahora que lo ve, no está tan mal. Parece que el kiriko tocó zonas con mucha irrigación sanguínea, pero de poca gravedad. Sus ataques simplemente parecen haber sido hechos para asustar al hombre, de modo que el miedo y la sorpresa le provocaran un aumento en la presión sanguínea y, por lo tanto, una mayor pérdida de sangre en poco tiempo. Sin embargo, las palabras de Leorio parecen tranquilizarlo, porque el sangrado se detiene. Con ayuda de sus medicinas y sus vendas, las heridas comienzan a coagular luego de unos minutos. —Son heridas pequeñas, ¿lo ve? Parece que el kiriko solo quería incapacitarlo por unos minutos, los suficientes para alejarse con su esposa. De seguro ese era su propósito y no matarlo. Todo saldrá bien. Ella estará bien. Pasa alrededor de media hora cuando el hombre se levanta e interrumpe la letanía de buenos deseos de Leorio. —¡Wow! ¿Qué pasa? —pregunta este, asustado. —Venga conmigo, señor Leorio. Creo que la prueba ha terminado. —¿La prueba? —Leorio sabe que se ha puesto pálido. Por supuesto, no solo el borracho del barco y la vieja de las preguntas los pondrían a prueba. También la pareja del árbol. Es lo más lógico. De otra forma, el examen estaría repleto de tontos como él. Leorio está perdido. Ni siquiera sabía que era una prueba. ¿Y si reprobó? ¿Y si Kurapika salió herido? ¿Si solo uno de los dos debe abandonar la prueba y el otro avanzar? Leorio sigue al hombre, aunque no sabe qué pensar. Escucha la risa del kiriko afuera de la casa y se pone en guardia, pero toda su preocupación y sus pensamientos negativos se desvanecen cuando ve a Gon junto a no uno sino dos kirikos que se ríen. Después de unos segundos, la mujer y Kurapika caminan de regreso, platicando entre ellos. Parece que Leorio es el único que no sabe lo que está pasando. —Ijijiji, ¿hace cuántos años que nadie nos distingue, cariño? —pregunta uno de los kirikos. —¡Estoy feliz! Leorio se cruza de brazos, intentando dilucidar qué está pasando. Se inclina hacia Kurapika. Huele en él el follaje del bosque y el viento de la noche. —¿Tú los puedes diferenciar? ¿En serio? —puede que los omegas tengan algún sexto sentido que funciona con los kirikos. —No, para nada. O tal vez no. Puede que la intuición de Gon sea excepcional. Kurapika pasa la prueba por sus conocimientos. Por supuesto, el omega de Leorio debe ser así de inteligente, fuerte, bello, imponente… —Señor Leorio, usted por desgracia nunca descubrió que yo no era quien decía ser —el “esposo” le habla con voz calmada, pero Leorio todavía se asusta—. Sin embargo, curó mis heridas más rápido y con más cuidado que cualquier doctor. Y más importante: demostró una admirable empatía y amabilidad, siempre asegurándome que mi esposa estaría bien. —Ya basta, ¿sí? Es vergonzoso… —Me queda claro que su compasión lo hace digno de presentar el examen de cazador. Así que usted pasó. —¡¿Es en serio?! Leorio suspira. Al final consolarse a través de las palabras dirigidas al esposo falso le sirvieron de algo. Gon le choca el puño, contento. Después lo elogian durante unos segundos por su agilidad y capacidad de discernimiento. El niño vuelve a chocar puños con ambos. Los kirikos echan a volar con los tres aspirantes pescados a sus garras. Como Leorio es el más pesado de los tres, necesita de dos kirikos para ser transportado a través de la noche. —¿No es increíble que los tres pasáramos? —Gon está contento. No es para menos, llevan una racha gracias a la cohesión que han asegurado desde que se conocieron en el barco. —Yo no celebraría aún —Kurapika es realista—. Solo ganamos el derecho de presentar el examen. —¡Avanzamos! Creo que merecemos una pequeña celebración —le dice Leorio. —¡En serio! ¡Deben prever todo! —¡¿Tienes que ser un sabelotodo odioso todo el tiem…?! ¡Uy! La brisa es ligera y huele a noche. Para los tres, pero para Leorio en particular, la experiencia es innovadora y genial.
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