Hunter x Kurapika

Slash
NC-21
En progreso
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planificada Maxi, escritos 149 páginas, 58.488 palabras, 32 capítulos
Descripción:
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Leorio

Ajustes
Leorio se viste como puede y envuelve a Kurapika en una sábana. Por suerte Ciudad Zaban permanece despierta toda la noche, porque de lo contrario no habría sabido qué hacer. Una doctora omega atiene a Kurapika con prontitud. Lo hace meterse un montón de gasas en la boca, le inyecta anestesia local y consigue un coagulante y una medicina para omegas. Ambos los aplica directamente a la glándula de Kurapika con una habilidad que Leorio no consigue entender del todo. —Soy una usuaria Nen, no se preocupen —pero su explicación no tiene sentido para Leorio y Kurapika, porque ninguno de los dos sabe de qué demonios está hablando. Después de cobrarles una suma exhorbitante, la doctora se lleva aparte a Kurapika una vez que está consciente. Ninguno de los dos quiere a Leorio en el consultorio, así que el hombre decide esperar en el pasillo. No sabe de qué han hablado ahí adentro, pero Kurapika está pálido, molesto y parece aun más cansado que antes de que ambos tuvieran sexo por primera vez. Leorio le ofrece el brazo y el muchacho se apoya en él sin decir nada. Cuando vuelven a su habitación son más de las tres de la mañana. Sin embargo, Kurapika no se acuesta. Permanece sentado, con la mirada perdida. —Si llego a estar embarazado y decido abortar, o si llego a perder al bebé… podría no volver a ser capaz… —dos lágrimas se deslizan por las mejillas de Kurapika—. ¿Qué voy a hacer? Soy el único Kurta con vida. Si no puedo volver a la vida a mi clan… —Toma el examen el próximo año, Kurapika. Los ojos de Kurapika se tornan de un profundo escarlata. Leorio comprende porqué son codiciados. Tiene delante de él al único Kurta vivo en todo el mundo. ¿Por qué matar a los últimos treinta y seis Kurta en lugar de extender su clan? Aunque, ahora que lo piensa, no sabe si es peor masacrarlos o esclavizarlos. De cualquier forma, Kurapika hubiese buscado la venganza. Leorio lo sabe. —La Brigada Fantasma casi nunca se mueve. Si lo hacen este año y yo no estoy listo para asesinarlos, no me lo perdonaré. —Pero si hay un embarazo… —Yo… lo dejaré a la suerte. —¿Estás loco? —No tienes ningún derecho, Leorio... Ahora que mi glándula está rota, tardará tiempo en sanar —su voz es ronca—. De esa forma podré evitar a los depredadores, al menos por algunos meses. Solo ocupémonos del examen. Leorio suspira con pesadez y se tapa la cara por un segundo. —¿Estás seguro? Kurapika aprieta los dientes. Se toca la garganta, donde debería estar su glándula rota. No responde. En cambio, se acomoda con cuidado y cierra los ojos. Cuando Leorio apaga la luz para intentar dormir un poco, ve de reojo que Kurapika está llorando. Lo único que puede hacer es acunarlo con su cuerpo y dejar que sus sentimientos fluyan. Quiere decirle que tiene tanto derecho como él, que lo mejor y más lógico es que se dedique a cuidar de su propio cuerpo en lugar de una venganza sin sentido. Que él podría convertirse en cazador cuando dé a luz con seguridad. Podría adelantarse junto a Gon cuando Kurapika se quede dormido. Podría hablar con los navegantes y explicarles la situación. Seguro que ellos también estarían de acuerdo en que lo mejor es dejar atrás a Kurapika para que no tome el examen de ese año. Sin embargo, un rato después, cuando Leorio se va a acomodar y se remueve, Kurapika aprieta su agarre en los brazos del hombre y le hace daño. Este no puede creer la fuerza que contiene un cuerpo tan pequeño. —Si me abandonas y te vas junto a Gon al examen, no te lo perdonaré nunca. Si te vas y me dejas con un bebé no pienses que puedes verlo ni por un segundo de tu vida. Leorio se envaró. Eso sí que no. Aunque no se veía como un padre, no podía solo dejar ir la oportunidad de ser uno. —¡Bien! Pero en el momento en que vea que corres peligro, renunciaremos al examen. —Puedes renunciar por ti mismo. Los exámenes están hechos para que apruebe el mínimo. Muchos mueren. ¿Crees que seremos privilegiados? —La suerte podría estar de nuestro lado de vez en cuando. Leorio dudaba de sus propias palabras, pero no lo externó. Solo siguió abrazando a Kurapika y rezó en silencio por un milagro. Para que Kurapika no se hiciera daño. Que el posible bebé no sufriera. Que Kurapika consiguiera su venganza, pero no a costa de su vida o la de su descendencia. O que su alma fuera liberada de esa furia tenaz que lo acompañaba a todas partes, lo que sea que pasara primero. —Pairo… Kurapika susurra entre sueños, pero Leorio decide ignorar y olvidar. Leorio también lo hizo. Leorio también susurró el nombre de su amado frente a Kurapika. No tiene ningún derecho de sentirse tan idiota, ofendido y desplazado como se está sintiendo en ese momento. La suya es una relación hecha por dos hilos unidos a la fuerza. Dos hilos que no se han terminado de enlazar, sino que se enredan como en una tormenta caótica. ¿En algún momento serán capaces de acomodarse? ¿O solo es la vana esperanza de Leorio? No lo sabe, pero al menos espera que ambos sean capaces de seguir adelante sin Pairo y sin Pietro. Sin el dulce, risueño y amoroso Pietro.
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