Hunter x Kurapika

Slash
NC-21
En progreso
0
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Tamaño:
planificada Maxi, escritos 149 páginas, 58.488 palabras, 32 capítulos
Descripción:
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Gon

Ajustes
Gon intuye más que sabe que algo ha pasado entre Kurapika y Leorio. Otra vez tienen ese olor extraño y dulzón que los envolvía luego de bajar del barco. Apenas se miran entre ellos, pero Gon sabe que se están diciendo muchísimas más palabras de las que podrían pronunciar si abrieran la boca. Bajan las escaleras hasta el lobby, donde se encuentran con los kirikos disfrazados de seres humanos. Por seguridad, ellos mismos se nombran como “Navegantes”. Nadie puede saber sus verdaderos nombres, sus edades o sus orígenes. Es curioso, porque Gon ni siquiera sabe las edades y orígenes de sus propios nuevos amigos. De día, Ciudad Zaban está llena a reventar de gente. Hay puestos de comida y coches por todos lados. Los edificios son de tres o cuatro pisos, de colores claros y techos lisos o a dos aguas. Venden toda clase de cosas, desde piedras inservibles hasta jarrones de colores feísimos. —Es casi imposible llegar al sitio del examen sin un navegante —el kiriko explica su labor, pero Gon se distrae por un momento con la brocheta que un individuo bigotón alza frente a él. —¡¿Quién quiere probar?! ¡La mundialmente famosa brocheta de rana panda de Zaban! ¡Una exquisitez! Algo dicen sus compañeros acerca de personajes peligrosos, pero Gon no puede sino admirar el ímpetu y el carácter de la ciudad. Hay montones de gente, muchos que visten con una moda parecida a la de Leorio, moderna y sofisticada, pero otros que llevan túnicas, turbantes o casacas. —¡¿Qué crees que haces, Gon?! —Leorio lo llama con molestia—. ¡Vámonos! Caminan durante un tiempo. Y Gon, cosa curiosa, vuelve a notar que Leorio está muy al pendiente de cada paso que Kurapika da. Quiere, pero no puede, dejar de notar que Kurapika tiene una venda alrededor del cuello, algo que no estaba ahí en la noche anterior. Lo disfraza muy bien con el cuello de la casaca kurta, pero todos saben que ahí hay un vendaje. Una chica apenas se choca con Kurapika. Este solo la esquiva, pero Leorio le dirige una mirada de molestia, examina a Kurapika con la mirada y, cuando ve que no ha pasado nada, continúa su camino. Luego de un rato, Leorio se da cuenta de que Gon los mira en silencio, así que le dirige una sonrisita que bien podría decir “Aquí no pasa nada”. Por supuesto que pasa de todo, pero Gon no es tan inconsciente como para abrir la boca. Luego de unos cuarenta minutos recorriendo la ciudad, la pequeña comitiva llega frente a un edificio alto y lindo. Cuando Kurapika dice—: Los aspirantes a cazadores de todo el mundo se congregan aquí —Gon nota que su voz está ligeramente rasposa, como si se hubiera lastimado la garganta. Tal vez eso explique la presencia de las vendas. —¡Oigan amigos, es por aquí! Gon piensa que es inaudito que el examen se realice desde un restaurante minúsculo junto al edificio alto y bonito, pero está de acuerdo con el navegante cuando este explica que nadie se esperaría que ese fuese el sitio correcto. Cuando entran el olor de las croquetas de pollo asalta sus fosas nasales. —Sean bienvenidos —dice el cocinero en automático. Ni siquiera los mira. —¿La habitación de atrás está libre? —el navegante pregunta al entrar. Él y Gon lideran la comitiva, con Leorio y Kurapika detrás. El cocinero, relajado, pregunta sobre qué van a comer todos ellos. —El bistec combo, por favor —responde el navegante desde su lugar—. El que nos hará ver la luz —luego levanta tres dedos—: Que sean tres. —Combo para tres, ¿eh? —el cocinero mira a Leorio, Kurapika y Gon de arriba abajo mientras pregunta—: ¿Cómo lo cocino? —Asado a fuego lento hasta que se cueza, por favor. —¡Hecho! —El cocinero vuelve a lo suyo en ese momento—. Pueden pasar al cuarto trasero. El lugar al que entran es realmente un cuarto con una mesa redonda, tres sillas y una puerta doble frente a la puerta que acaban de abrir. Todo el lugar es bermellón, café y beige, y el piso está muy sucio. —¡Bien! Esperen aquí —el navegante luce relajado mientras pone las manos en los bolsillos. —¿Para qué? ¿Y los otros candidatos? Gon está pensando en lo mismo que Leorio. Es cierto que el cuarto es grande, pero no lo suficiente como para contener a mucha gente. —¡Ya quiero probar el bistec combo! —Gon está emocionado. No pudo disfrutar del almuerzo porque sus amigos estaban muy ocupados hablando cosas de adultos en la habitación. —Gon, fue una contraseña para poder entrar, no hay bistec combo. —Muy bien, ¿y no podremos comer? Ojalá hubiesen comido algo más sustancioso, pero las prisas les ganaron. El navegante se despide con afecto y simpatía, y Gon le da la mano porque así es él. Cuando el navegante cierra la puerta tras él, el lugar entero empieza a moverse. —Parece… que este cuarto es realmente un ascensor —Kurapika está viendo al contador que yace encima del dintel de la puerta doble. Sus números cambian (B 6, B 7, B 8…) mientras el cuarto se mueve hacia abajo a una velocidad constante. —Bah, eso lo explica. Ese bastardo cree que nos verá en un año porque espera que fracasemos —Leorio vuelve a mostrar su personalidad pesimista. —Uno cada tres años —aclara Kurapika—. ¿Cuán a menudo pasa un novato el examen? Parece hablar por experiencia propia. Para Gon, Kurapika es un muchacho fuerte y capaz, ni siquiera termina de comprender porqué apenas está realizando el examen, si parece como un genio salido de la nada. —¿Es tan inusual? —Gon está intrigado. —Así es, muchos no pueden. Es mental y físicamente agotador. Además, no es nada raro que los veteranos castiguen tanto a los novatos que estos no vuelvan a hacer el examen. —Por eso los que quieren ser cazadores están dispuestos a arriesgarlo todo. —¡Haz dado justo en el clavo, amiguito! —Leorio se levanta de su asiento, emocionado—. ¡Ser cazador significa tener más dinero que nadie en el mundo! —¡No! —Kurapika también se levanta, molesto—. ¡Te conviertes en cazador para unirte a la profesión más noble del mundo! —¡Cállate, niño bueno! —Leorio frunce el ceño y le dirige una cara agria a Kurapika. Gon se pregunta dónde quedó la actitud protectora que Leorio demostró en la calle. —¡Eres ambicioso y egoísta! Y entonces, así como así, Gon percibe el olor a sol. El mismo olor que los envolvió durante su estadía en el barco. Mira alternativamente entre Leorio y Kurapika, pero cuando el olor se comienza a intensificar, Leorio se le acerca y le ladra a la cara algo acerca de una lista sobre personas ricas. —Es triste decir que hay cazadores que buscan riqueza y emoción, pero son de segunda clase —Kurapika está lanzando un golpe directo a Leorio—. Un cazador de verdad trabaja para mantener el orden en la sociedad y en la naturaleza. —¡Ay, al diablo! —Gon se asusta cuando Leorio vuelve a poner el dedo sobre la línea. Hay un olor casi imperceptible a fruta en el ambiente, algo que solo Gon detecta con su nariz—. Cuando eres cazador es gratis entrar a muchos países. ¡Y en muchos lugares no te cobran! Son grandes beneficios, ¿no crees? —¡Un cazador tiene responsabilidades difíciles e importantes! —Kurapika exclama, comenzando a desesperarse—. ¡Preservar artefactos y especies, atrapar villanos y hasta detener a cazadores granujas…! —Gon casi sintió que se guardó la última parte de la oración, “granujas como tú”. —¡Son la fama y la fortuna! —Leorio golpeó la mesa, enviando a Gon una mezcla de feromonas involuntarias—. ¡Por eso todos quieren ser cazadores! —¡NO! ¡Son la convicción, el conocimiento profundo y la mente y cuerpo sanos! ¡Son el verdadero orgullo de un cazador! —¡Oye Gon! ¿Con cuál de los dos estás de acuerdo? —Bueno, si lo ponen de ese modo, creo que yo… Cuando la campana del elevador anuncia el piso B100, ambos contrincantes se calman, los olores amainan y Kurapika se endereza para decir—: Creo que ya llegamos —como si no hubiese estado a punto de liarse a golpes con Leorio. —Terminaremos esto luego —promete Leorio. Gon suspira. Para él es mejor si sus amigos resuelven lo que tengan que resolver fuera de su vista. Ahora comprende que se la pasan discutiendo y enroscándose a golpes, de lo contrario no andarían por ahí oliendo a una mezcla de sol y fruta, con Kurapika lleno de marcas y vendajes. El propio Leorio tiene una marca bien roja en el cuello, pero parece que ni él ni Kurapika se han dado cuenta. Tal vez ambos ya estaban a punto de matarse anoche, y esa es la razón de que se escuchara tanto ruido en el hotel. Cuando salen del ascensor (con Gon respirando el aire viciado), el lugar que les recibe es un sitio deprimente, metálico y sin vida. Es una enorme y oscura galería arqueada con luces artificiales que apenas iluminan el ambiente. Un hombre rechoncho y pequeño con cara de frijol se les acerca con energía. Lleva tres enormes círculos blancos con un número cada uno: 403, 404 y 405. —¡Hola! Por favor, tome su número. Gracias. Asegúrese de tenerlo en el pecho en todo momento, por favor. Y tenga cuidado de no perderlo, ¿de acuerdo? Así entonces, comienza por fin el examen para ser un cazador. Gon espera que él y sus amigos pudieran llegar hasta el final.
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