Gon
11 horas y 49 minutos hace
Hisoka golpea a Leorio tan fuerte que este comienza a dar vueltas en el aire. Gon no aguanta más. Salta hacia Hisoka y lo ataca desde arriba, pero este vuelve a desvanecerse. Gon lo percibe junto a Leorio, pero una vez más desaparece en cuanto voltea a verlo.
—¿Viniste a ayudar a tu amigo? —voltea a un lado, luego se da cuenta de que Hisoka está en cuclillas a su otro lado, relajado. Gon se aleja con un salta hacia atrás, poniéndose en guardia, pero Hisoka está una vez más detrás de él, en cuclillas—. Qué niño tan bueno.
Gon golpea con su caña con la fuerza suficiente para matar a alguien, aunque Hisoka se desvanece una vez más. Es horrible.
—Hum... adoro esa mirada —Gon lo ve a varios metros. Ataca sin parar con el cordel de su caña, pero Hisoka camina hacia él como si no estuviese amenazado por un gancho filoso—. Muy bien hecho. Muy lindo. Ya comienzo a emocionarme.
Algo en él se siente raro. Algo se siente mal.
Killua dijo que olía a peligro. Gon comienza a entender de lo que hablaba.
Gon decide dar un paso, cegar la vista de Hisoka y llegarle por detrás, pero él apenas y se mueve para apretarle el cuello con su enorme mano. Lo sostiene en el aire con facilidad y Gon comienza a patalear, asustado.
Siente pequeños piquetes por todo el cuerpo. Se extienden sobre él como si un enjambre lo envolviera. Hay una presión en el aire, algo que se siente aterrador. Hisoka ríe, exclama—: ¡Es tan encantador! —y su voz provoca que algo dentro de Gon se revuelva. La presión se vuelve más y más intensa. Algo horrendo, nauseabundo. Su cuello está cada vez más apretado.
La cara de Hisoka se desfigura con una sonrisa de burla y sus mejillas adquieren un tono rosa mientras le dice—: ¡Amo esa mirada!
Gon sabe que es su último aliento y deja de luchar. Hisoka suelta un “¿Oh?” de sorpresa y lo suelta de inmediato. Gon cae a cuatro patas, tose e intenta llevar todo el aire que puede a sus pulmones, pero la presión sigue ahí. ¿Qué demonios es esto?, se pregunta, mientras sigue sintiendo la mano de Hisoka en su cuello a pesar de que ya no lo está tocando.
A pesar del peligro, de que puede morir en ese momento y de que todo podría irse a la mierda en un santiamén, Gon no se mueve. No es que se mantenga petrificado en el suelo por el miedo. Hay algo más ahí. No sabe qué es, no puede ponerle nombre.
Hisoka se vuelve a acuclillar frente a Gon y le dice—: No tienes de qué preocuparte. No maté a tu amigo, él se pondrá bien. Y eso es porque aprobó. Y, sí, tú también aprobaste. Ahora ve y sé un buen cazador.
Un birp-birp en las ropas de Hisoka provocan que la presión se disipe por completo. Gon está anodadado mientras una voz sale del radio que Hisoka saca de su bolsillo—. Hisoka, debes volver aquí, ya casi llegamos a la segunda fase —le dice una voz masculina.
—Muy bien, ahora voy —Hisoka cuelga el radio, se levanta y va hasta Leorio para cargarlo como un saco de papas—. Es bueno tener amigos, ¿no es así...? ¿Puedes encontrar tu camino de vuelta? —Gon solo asiente, todavía a cuatro patas, sin saber qué está pasando. Hisoka le dice—: Buen chico —y se va caminando mientras la niebla los engulle a él y a Leorio.
Gon no entiende. Intenta llevar suficiente aire a su pecho, aterrorizado por lo que acaba de pasar. Estuvo a punto de ser asesinado y, sin más, su atacante se llevó a Leorio cargado en el hombro. Todo en cosa de minutos.
Un momento después, Kurapika grita—: ¡Gon! ¡¿Estás bien?! —Gon todavía está respirando con dificultad cuando Kurapika se inclina junto a él y le masajea la espalda, como si tuviera alguna dolencia ahí—. Esta maldita niebla es un problema. Apenas me aparté unos metros y de todos modos me perdí.
Gon se siente más a gusto con Kurapika. Bueno, en realidad, se sentiría a gusto en presencia de cualquiera, pero ahora Hisoka ha inaugurado la lista de Personas Con Las Que No Quiero Encontrarme A Solas. Como ya no está cerca, Gon se relaja un poco y se levanta una vez que siente que se ha recuperado.
—Vamos a alcanzar a ese idiota. ¡Tiene a Leorio! —expresa.
La mirada de Kurapika, que se había relajado al verlo sano y salvo, muestra alarma y sorpresa.
—Esperaba haber confundido su voz —dice—. ¿Le hizo daño?
Gon niega, pero está serio—. Solo lo noqueó. Pero nada nos garantiza que no lo vaya a tirar por ahí. Y están todas esas criaturas extrañas. Mejor lo alcanzamos. ¡Sígueme!
Él y Kurapika comienzan a correr, guiados por olores. Para Gon, todas las personas tienen un olor particular. Todas las cosas, las rocas, la tierra, el aire, incluso cosas como el cielo soleado o las nubes cargadas de lluvia o de relámpagos.
Gon no sabe cómo funciona, pero sabe que la mayoría de la gente no puede percibir olores más allá de una distancia determinada, aun si son omegas oliendo a alfas o viceversa. Algunos tienen que entrar en un radio de un metro de la persona a la que necesitan oler. Otros, pueden hacerlo desde cuatro o cinco metros.
Gon puede hacerlo desde cientos de metros. Desde kilómetros incluso. Sabe que, si se concentra lo suficiente, puede oler la cortina de metal del túnel, el jugo de Tonpa en medio del humedal, y a Killua con las ropas todavía oliendo a baba de rana.
Así que puede oler con facilidad a Hisoka, pero sobre todo a la persona que de verdad le importa: Leorio. Un olor pacífico, incluso amable, un olor a sol, o tal vez al amanecer. Necesita concentrarse de todos modos, porque el mismo olor envuelve a Kurapika como un manto protector.
—¿Realmente percibes el olor? —cuestiona Kurapika con curiosidad. No parece escéptico, pero tampoco parece dispuesto a creerle de buenas a primeras.
—Sí... Leorio tiene una fragancia muy peculiar —explica, mientras la niebla comienza a aclararse. Las criaturas extrañas dejan de verse y comienzan a ser rodeado por álamos y arbustos verdes—. La misma fragancia que despides tú desde que lo conociste en el barco —Kurapika tropieza con sus pies, pero sigue adelante sin comentar nada—. Puedo olerlo a kilómetros de distancia sin problema.
Ambos se quedan callados. Kurapika debe estar pensando en que cómo quitarse la fragancia de Leorio. Gon no lo culpa. Es un poco espeluznante ser impregnado por la fragancia de otra persona, como si estuviese marcando territorio.
Sí.
Justo como lo que Hisoka acababa de hacer allá atrás. Gon ahora está seguro. Hisoka lo estaba marcando con su propia fragancia. Con... ¿Cómo había dicho tía Mito? Con... feromonas. Como un animal orinándole los pies.
No quiere pensar más en eso, en que alguien puede decirle “Oye, hueles a Hisoka”.
—Oye, estaba pensando —le dice a Kurapika para romper el silencio entre ellos—. ¿A qué se refería Hisoka cuando dijo que aprobamos Leorio y yo?
Kurapika se toma unos segundos antes de responder, porque a lo mejor no se esperaba que Gon también hubiese “pasado”—. No estoy seguro, pero creo que jugaba a ser juez.
—¿Juez?
—Sí. Debe tener sus propios estándares para evaluar el poder de una persona. Es posible que estuviera midiendo la fuerza de los aspirantes. Parece que Leorio y tú cumplieron con sus expectativas, sean cuales sean.
—Sí, de acuerdo, tiene sentido... Pero yo no pude hacer nada para detenerlo.
—Estoy seguro de que lo golpeaste primero. Eso es algo, ¿no?
Gon se alegra interiormente de que Kurapika asuma eso, porque significa que se van conociendo cada vez más—. Solo fue porque lo sorprendí. Además, Leorio no ganó su pelea, pero Hisoka lo aprobó de todos modos.
—Me sorprende —expresa Kurapika—. Tal vez pudo sentir que ustedes dos eran espíritus afines.
—¿Lo sintió?
—Puede que Hisoka califique como cazador, pero lo dudo. Aunque debo admitir que me impresionaron su agilidad sobrehumana y la gracia de su técnica. Quienes son bendecidos con talentos únicos se sienten atraídos hacia otros con dones únicos propios. Es posible que, basado en su intuición y experiencia, Hisoka sintiera que ambos tienen la habilidad y potencial de convertirse en cazadores. Así que, desde su perspectiva, matarlos a ambos en este momento sería un desperdicio.
Gon se queda callado. Tiene razón. Kurapika tiene razón en cada palabra que dice. Aun así, siente que hay algo más ahí. Puede que Hisoka tenga otras razones, o puede que le de la razón a Kurapika con el tiempo.
—¡Ay, no, lo siento! Eso debió sonar horrible —Kurapika se disculpa, corriendo detrás de Gon.
—Para nada —lo tranquiliza Gon. A pesar del dolor, la angustia y el miedo, Gon confiesa—: Todo eso fue realmente emocionante. Estaba tan asustado que lo único que quería era huir, pero no podía, porque también estaba emocionado... ¿No es extraño?
El olor de Leorio se detiene unos minutos después, a unos veinte kilómetros de distancia. Desde su lugar, Gon y Kurapika recorren un sendero serpenteante que va a dar a lo que parece una fortaleza cerrada. Es ahí. No cabe duda.
Es la primera vez que el miedo me invade de esta manera. Nunca en mi vida... pero apenas tengo doce años, ¿supongo que será la primera vez? Pero si me sigo paralizando de la misma forma... No podría sobrevivir... Necesito idear estrategias... Pero no quisiera volver a encontrarme a Hisoka. Ese cretino... Siento que apesto a él, es asqueroso. ¿Por qué a Kurapika no le da asco oler a Leorio? ¿Será porque Leorio y Hisoka son diferentes? ¿Si yo oliera como Leorio me gustaría? No lo creo. Creí que era porque estaba sintiendo pánico, pero ahora que lo pienso eran las feromonas que despedía ese idiota. Si yo puedo sentir las feromonas de un tipo así... Si puedo sentir las feromonas de Leorio en Kurapika... ¿Significa que he despertado? ¿Ahora soy un omega? Pero...
—Kurapika... ¿odias ser un omega?
Kurapika está muy callado. Tal vez no le gustó la pregunta. Gon está a punto de disculparse, cuando Kurapika habla—: Creo que ciertas personas odian su propio género. Hay hombres que quieren ser mujeres, mujeres que no soportan ser mujeres. Hay betas que quisieran ser omegas, y omegas que quisieran ser alfas. Yo simplemente quisiera no haber nacido omega, pero... no creo que lo odie. Ya no.
—¿Es por Leorio? —Kurapika asiente—. ¿Él puede ayudarme si llego a odiar mi género?
Gon no lo entiende. ¿Cómo es que una persona logra cambiar tu perspectiva sobre algo que te define? No es un color o una ideología, sino la propia identidad.
—Mmm, puedes pedirle que te enseñe más sobre tu género, es cierto, igual a mí —dice Kurapika—. Pero será mejor que la ayuda física se la pidas a alguien más.
—¿Ayuda física? —Gon entiende cada vez menos—. ¿De verdad hay que pelear y hacer un ruido de los mil demonios como en el barco y como en el hotel?
Todo es tan complicado...
Kurapika se ríe a carcajadas, pero no responde la pregunta de Gon.
Una vez que llegan junto a todos los participantes que parecen cansados, Gon se da cuenta de no quedan muchos. Los humedales y las criaturas come-hombres debieron haber hecho de las suyas allá atrás y se dieron un buen festín.
—¿Dónde está Leorio? —pregunta Kurapika, mirando a todos lados.
Gon, quien también quiere saber, siente una repentina presión a la distancia. Un escalofrío le recorre el cuerpo como una descarga eléctrica y su mirada se dirige hacia donde está Hisoka, recargado en un árbol. Este le sonríe y señala hacia su derecha. Gon sigue la dirección del dedo de Hisoka y ve a Leorio, quien está sentado, con la mitad de la cara hinchada, y mirando alrededor como si no entendiera porqué está ahí.
—¡Ahí está! —Gon corre hacia Leorio, con Kurapika siguiéndolo de cerca.
Por fin, después de horas cargando el maletín de Leorio, Gon se lo devuelve. Tal vez pueda encontrar algo ahí para tratar la terrible hinchazón en su cara.
—Vaya, esto duele —dice, intentanso sobarse la mejilla—. ¿Cómo demonios me golpeó tan fuerte? Mi memoria está tan borrosa que no recuerdo cómo llegué...
—Tal vez no debamos decirle que lo cargó hasta aquí —le susurra Kurapika a Gon. Él está de acuerdo. Puede que a Leorio le de un infarto si se entera que estuvo a merced de Hisoka por tanto tiempo.
—Gon —llama Killua a sus espaldas. Gon lo presiente antes de que Killua le hable y entonces, cuando relaciona su voz, su olor y su presencia, Gon se siente curioso y aliviado a la vez.
Killua no es un omega, pero tampoco es un beta como la mayoría de las personas que conoce. Killua debe ser como Leorio y como Hisoka: un alfa. Ahora comprende esa aura imponente y silenciosa que desprende.
—Empezaba a pensar que no llegarías aquí —comenta, sarcástico—. O a ningún lado.
Killua es arrogante y de personalidad ligera, pero a Gon le agrada. Es franco y parece fácil de tratar.
—Solo seguí el rastro de la fragancia de Leorio.
—¿Seguiste su... aroma? Es decir, ¿sus feromonas? ¿Así llegaste? Cielos, Gon, eran kilómetros. Eres realmente extraño, ¿no?
Gon está de acuerdo, al menos en parte. Prefiere no hablar sobre las babas de rana, el olor a sangre debajo de las uñas de Killua y un olor más puro, casi infantil, que a Gon le recuerda a casa. Es algo fresco y limpio, una combinación entre la menta y el limón.
Pero Gon no está dispuesto a confesar que este olor le parece más intenso, atrayente y fascinante que el olor a sol de Leorio, o que el olor a peligro y sangre de Hisoka.