Hunter x Kurapika

Slash
NC-21
En progreso
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planificada Maxi, escritos 149 páginas, 58.488 palabras, 32 capítulos
Descripción:
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Kurapika

Ajustes
La segunda fase del examen parece más relajada, menos mortal. Los cuatro muchachos, dos omegas y dos alfas, caminan juntos por el bosque. Leorio se ha puesto su camisa sin fajar, dejando desabrochado el primer botón. Kurapika también se puso su casaca kurta, se siente más cómodo, porque además no quiere ensuciar más la ropa blanca de debajo; luego será un fastidio lavarla. —Hay que atrapar un cerdo y cocinarlo, ¿eh? Eso es mucho más fácil que la primera fase —dice Leorio. Si será idiota... Si se encontraran con un jabalí no tendrían ninguna oportunidad. Incluso atrapar a un pequeño y escurridizo puerquito les daría problemas el día entero. En ese momento, sin más, Gon se echa trasero abajo sobre una pendiente plana. Killua lo sigue, emocionado. Leorio, que no puede evitar seguir a esos niños también se desliza, y Kurapika decide que, si algo sale mal, puede arrancarle el cabello a Leorio. Killua choca contra la espalda de Gon, Leorio le sigue, golpeándolo por la velocidad, y Kurapika se detiene muy apenas, poniendo las manos en la espalda ancha de Leorio para amortiguar el golpe y protegerse el abdomen. —¿Qué estás haciendo, Gon? —Killua le reclama. —¡Los encontré! —dice el niño. —¡Cerdos! —esta vez es Leorio. Kurapika voltea. Y hay cerdos, muchos de ellos. Sí, del tamaño de una camioneta. —Todos... comen huesos... —dice Leorio, cada vez más bajo. Parece que no quiere alertarlos. —No me digas... ¿Más animales come-hombres? A lo mejor no pueden escuchar la palabra come-hombres, porque tan pronto como Kurapika la pronuncia, el cerdo más cercano se alborota y se abalanza sobre ellos. Los cuatro echan a correr a toda marcha, porque saben que los demás cerdos se han unido en una estampida. Gon se adelanta, Leorio atrae a uno de los cerdos y Kurapika y Killua se quedan juntos, evaluando la situación. Mientras la gente sale volando como pelusa al viento, Gon provoca que una lluvia de manzanas le caiga encima al cerdo que lo persigue y este se queda como atontado. Un momento después, Gon lo golpea con fuerza en la cabeza y el cerdo cae muerto. Así, tan fácil. Mientras tanto, Leorio llora porque un cerdo no deja de perseguirlo. —Eso es, la frente es el punto débil —señala Killua, sonriente. —Tiene sentido —coincide Kurapika—. Desarrollaron hocicos fuertes para proteger sus delicadas frentes. Después de esto, todo parece ir como la seda. Aunque Kurapika es quien caza al cerdo de Leorio, este se queda tan fresco, diciéndole que no se preocupe, y arrastra a los dos cerdos, el de él y el de Kurapika. —Idiota, te vas a romper la espalda. —¡Qué importa! Tú no puedes cargar nada pesado —le dice Leorio en voz muy alta. Algunos de los participantes escuchan, incluyendo los niños. Tienen fuerza sobrehumana, porque llevan a estos mastodontes sobre sus cabezas como si cargaran un nido de pájaros.   —Pero Kurapika es muy fuerte —replica Gon. Killua mira a Leorio, luego a Kurapika y hace la conexión. Compone una sonrisa y suelta una risilla, burlón. —¡Oh, son unos cerdos! —exclama. —Creí que ya te habías dado cuenta de que son cerdos —le dice Gon a Killua. Parece que no ha entendido el chiste del albino, pero este se carcajea de todos modos. —Eres un tonto, Gon Freecs —y se vuelve a reír—. Vámonos de aquí, se nos están adelantando. Leorio está rojo hasta las orejas, pero no suelta el cerdo de Kurapika. —No me va a pasar nada —insiste Kurapika, pero Leorio es firme y no permite que Kurapika cargue a su propia presa. Después de unos minutos, Leorio consigue llegar hasta las estaciones y coloca los cerdos. Todos han comenzado a cocinarlos sobre el fuego sin más. No les quitan las patas ni la cabeza, simplemente los empalan en un tubo de metal y los ponen sobre el fuego a rostizar. Unas dos horas después, cuando los animales tamaño camioneta se tornan cafés por la cocción, los candidatos comienzan a presentarlos a los dos cazadores gourmet. Sin embargo, sus esfuerzos son inútiles porque no varían en absoluto. Incluso el cerdo de Leorio fue cocinado de la misma forma, sin ninguna preparación. Uno tras otro, los candidatos son reprobados por Menchi, la cazadora. Todos miran desde la distancia, sin acercarse, mientras diez candidatos seguidos son descartados. —Ningún candidato ha pasado la prueba —comenta Leorio. La hinchazón en su cara ha bajado, así que se ve menos feo. —Y Menchi no ha probado ni un solo bocado. —¡¿En serio?! —despotrica Menchi, furiosa—. ¡¿Ninguno de ustedes puede hacer algún guiso que satisfaga mi gusto?! —¡Eso es! —señala Kurapika, convencido—. Esta fase es una prueba de cocina, pero están juzgándonos por originalidad y observación. —Hum, ya entiendo —Leorio se emociona también, así que corta un trozo de su manga, agarra hollín y un poco de sangre del cerdo y crea una banderilla con el logo del Gremio de Cazadores. Luego lo une a una pequeña ramita y corona su cerdo resquemado con el adorno. Kurapika quiere detenerlo cuando ve que no le va a hacer ningún cambio al cerdo en sí, pero Leorio se adelanta y deposita su “platillo” frente a los examinadores. Kurapika hace una mueca y se cubre la cara cuando ve que Menchi ni siquiera está mirando el platillo. —Dime si no lo amas —pide Leorio, confiado. Menchi se levanta, lanza el cerdo quemado de Leorio por los aires y le grita—: ¡¿Se supone que es comida para niños?! Leorio se desanima. No puede ser, ¿acaban de descalificarlo? —Pero tiene la mitad de aprobación —señala Gon al ver al otro cazador devorando el cerdo de Leorio—. No creo que la decisión de Menchi sea absoluta. Así que él está más confiado. Lleva a su cerdo cubierto de flores y moños (¿De dónde sacó los moños?) y lo presenta frente a los examinadores. —Muy bien, sigue el mío. —¡Es igual al último! —grita Menchi, y también manda a volar el cerdo de Gon. Kurapika respira profundamente y piensa. Si lo que Menchi quiere es algo que no sea un cerdo en forma de cerdo, entonces lo tendrá. Kurapika corta al cerdo en rodajas gigantescas, y las alterna. Hay hojas de lechuga, piña y tomates enteros y se ve muy bonito. —Vaya, al fin algo que parece un guisado real... Y por fin Menchi se digna a probar el primer cerdo del día. El desafío es utilizar las estaciones y los ingredientes en ellas para resaltar el ingrediente principal: el puerco. En resumen, el sabor es insignificante... Kurapika está seguro, porque Menchi no se ha dignado a probar ningún cerdo, solo a juzgarlos con la mirada. Ella mastica con cuidado su bocado, con el ceño cada vez más fruncido. Cada milímetro que sus cejas se juntan más y más, Kurapika va perdiendo la confianza en sí mismo. Y entonces, ella grita—: ¡QUÉ ASCO! —y manda a volar el cerdo de Kurapika—. La presentación es importante pero no a expensas del sabor. ¡No eres mejor que el número 403! Kurapika siente grima al escuchar esto. Regresa a su estación, donde Leorio está sonriendo como un estúpido. —Mejor suerte para la próxima —le dice, divertido. —No soy mejor que el 403, ¿eh? —susurra, mirando el enorme número en el pecho de Leorio. Los restos de los cerdos se acumulan detrás de los examinadores, pero Menchi todavía exclama—: ¡Ninguno de ustedes pasó a la siguiente fase! ¡El examen acabó! Kurapika siente tan irreal todo. ¿Es posible declarar desierto un examen tan solo en la segunda fase? ¿Solo porque nadie sabe cocinar? ¿Van en serio? Ni siquiera ha comenzado a caer en la cuenta de que acaba de reprobar el examen de cazador por segunda ocasión cuando el 255 destruye su estación de un golpe y comienza a pelear a palabras con Menchi. Ese tipo se pone tan rojo de furia que corre para atacar a la chica. Un segundo después, el puñetazo poderoso de Buhara lo manda a volar tan fuerte y tan lejos que las embestidas de los cerdos parecen caricias a su lado. Menchi explica sus razones y Kurapika la entiende, de verdad que sí, pero se siente furioso consigo mismo. De haber sabido que iba a cocinar cerdo... Pero para empezar, ¿cómo prevees algo así? Una aeronave cubre el cielo de la fortaleza segundos después y un hombre le da la razón a Menchi desde un altavoz. Todos voltean hacia arriba y el dueño de la voz desciende sin equipos ni ayudas de ningún tipo, levantando una estela de polvo y piedras por el impacto. Es de estatura mediana y viste un uniforme blanco y holgado, con largas mangas adornadas de rayas celestes. Tiene una barba extraña, solo un poco de pelo canoso en la coronilla, amarrado con una cinta celeste y los lóbulos de sus orejas cuelgan, perforados por dos pares de aretes. Tiene nariz y frente prominentes y sus cejas son larguísimas, tanto que las puntas llegan a la altura de su tupido bigote. Habla con propiedad, con una actitud amable y decisiva. Gracias a su intervención, Menchi se disculpa, reanuda la segunda fase desde el inicio y decide rápidamente la nueva prueba: huevos hervidos. Los candidatos la vuelven a tachar de loca, pero con la presencia del presidente Netero, Kurapika se siente más tranquilo. Está casi seguro de que esta vez no reprobará por el sabor de su platillo. —¿Nos puede llevar al Monte Partido en Dos? Kurapika ha escuchado hablar de ese lugar. Mientras los candidatos y los examinadores ascienden a la aeronave para ser transportados, Leorio sube primero, le ofrece la mano a Kurapika y lo ayuda a subir. Killua vuelve a componer una cara de burla, tapándose la boca para que no lo noten. —¿Qué es lo que pasa, Killua? —lo confronta Kurapika. A lo mejor es de esos niños que se burlan a espaldas de los demás pero no tienen el valor de hacerlo de frente. —¿Cuánto llevan juntos para que tu novio te cuide con taaanto cariño? —pregunta mientras frunce los labios como si quisiera besar a Kurapika. Este se molesta y le da un coscorrón. Bueno, también se burla de frente. —No es mi novio, tarado. —¿Entonces solo tienen sexo casual? Pero si él se ve muy embobado contigo —Killua se encoge de hombros mientras Kurapika se crispa cada vez más. Cuesta creer que el albino solo tiene doce años. La prueba en el Monte Partido en Dos es muy divertida. Kurapika solo tiene que observar la técnica de Menchi una sola vez para quitarse la bandolera y dejarla tirada junto al maletín de Leorio, la mochila de Gon y la patineta de Killua. —¡Estaba esperando algo así! —grita Gon, emocionado. Se tira sin pensarlo, como siempre, porque sabe que el resto lo va a seguir. O, al menos, Killua, Kurapika y Leorio sí que lo harán. Cuando el viento lo levanta, con un huevo más grande que sus manos, Kurapika sabe por primera vez en la vida que así es como se siente volar. Le tiene una envidia tremenda a las aves. Una vez que desciende sobre el suelo y que ve que sus tres compañeros están junto a él y tienen sus propios huevos, Kurapika suspira. Todo está bien. Aprobaron la segunda fase, así que puede comenzar a relajarse, por fin, después de un día entero corriendo, peleando, cocinando y, además, volando. Ser cazador, sin duda alguna, requiere mucha determinación.
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