Leorio
11 horas y 50 minutos hace
Leorio está desesperado. El número en el reloj no deja de descender y ya dan las 69:22:00 para cuando se da cuenta.
Sus compañeros parecen muy relajados al respecto. Kurapika está sentado a su lado, en silencio, sumido en sus propias cavilaciones. Gon y Killua se han intercambiado la caña de pescar y la patineta, así que juegan en sus respectivos espacios, sin molestar a nadie.
Pero Leorio está más que molesto, así que se levanta y exclama—: ¡Ay, por favor! ¡Llevamos aquí sentados dos horas! ¿Y si todos los demás ya descubrieron cómo bajar? ¿Qué debemos hacer? No podemos ser los únicos que quedemos atorados, ¡pareceremos idiotas!
—Cálmate Leorio, quejarte no te ayudará —Kurapika intenta tranquilizarlo, pero Killua bosteza, dando a entender que le importa un carajo.
—¿Calmarme? ¿Y si nadie más aparece antes de que se acabe el tiempo? ¡No puedo quedarme sentado!
—Shh, cállate —Kurapika le chita, lo que enfurece más a Leorio.
—¡¿Ah?! —Leorio crispa las manos. ¿Debería darle una tunda a estos mocosos? Pero Kurapika está embarazado y los otros dos son solo niños...
Kurapika no responde a su provocación, en cambio señala al techo y le pregunta—: ¿Oyes ese sonido?
Y de pronto Leorio se siente como un tonto mientras algo golpea el techo. Unos segundos después, una de las losas se mueve y alguien desciende pesadamente hacia ellos.
—¡Caramba! —exclama, nada más y nada menos que Tonpa, y para Leorio solo significa perdición.
Semejante candidato les vino a tocar de compañero...
—¡Señor Tonpa! —exclama Gon.
Killua y Kurapika tienen expresiones de fastidio, similares a la de Leorio, pero en realidad no pueden hacer nada al respecto. Son cinco, así que es hora de comenzar de verdad con la prueba.
Gon instruye a Tonpa para que se ponga el cronómetro en la muñeca. Cuando lo activa, una parte de la pared se alza, revelando una puerta con un mecanismo que la cierra. El mecanismo tiene un mensaje, una O y una X con espacio suficiente para marcar números.
—”En esta puerta elige O para abrir y X para no abrir” —lee Gon.
—¿Ya con la regla de la mayoría? Bien, al menos la respuesta es obvia —señala Leorio, marcando O en su cronómetro. En el mecanismo señala O 4 - X 1, lo que fastidia un poco a Leorio—. ¡Hablen! ¿Quién de ustedes apretó X?
—Je, je, ese fui yo, lo siento mucho —Tonpa se lleva una mano a la cabeza, apenado—. Creo que me equivoqué de botón.
—¡Deja de fastidiar, viejo tonto! —Leorio lo agarra de la camisa, enojado. El idiota no solo está comenzando a molestar con su presencia o sus decisiones, sino que el muy sinvergüenza no controla sus feromonas en absoluto—. ¿Estás ciego? ¿No tienes ojos?
—Dije que solo fue un inocente error.
—¡¿Cómo presionas el botón equivocado en algo tan obvio?!
—No importa —Gon se acerca, diplomático—. La puerta ya está abierta.
—¡Claro que importa! ¡Presionó X a propósito! ¡Está intentando sabotearnos!
—Vámonos, no tenemos tiempo para discutir —Kurapika parece comenzar a fastidiarse también.
—Es cierto —coincide Killua—. Deja que presione el botón equivocado si quiere. Todo lo que tenemos que hacer los demás es presionar el correcto.
Leorio mira a sus amigos pasar por la puerta, luego la cara de satisfacción de Tonpa. Lo suelta, pero solo para concordar con los chicos.
Llegan a un cuarto más pequeño. Al fondo hay un mecanismo similar con una instrucción distinta, y a cada lado una puerta hecha de barrotes.
—No creí que habría otra pregunta tan pronto...
—”¿Hacia qué lado quieren ir? O derecha, X izquierda” —lee Gon en voz alta.
Los pasillos a ambos lados son idénticos, así que no debería haber problemas, así que Leorio presiona X. Sin embargo, el mecanismo marca O 3 - X 2, así que su decisión pierde.
Leorio monta una escena, pero parece que Killua y Kurapika se han compenetrado muy bien. Sabe que algo pasó entre ellos durante la noche, pero no está seguro de si quiere averiguarlo. Los dos comienzan a caminar, Tonpa detrás, revelando que es el otro que eligió el camino de la derecha.
Leorio mira al pequeño Gon, que no dice ni fu ni fa, y le dice—: ¡Bien! Ambos somos ingenuos, ¿y qué?
Gon lo sigue con un leve—: ¿Ambos? —lo que lo termina de fastidiar.
Caminan, giran a la izquierda y el pasillo desemboca en una plataforma sin más camino. Al frente hay otra plataforma cuadrada de seis cuadros grandes por lado y más allá, cruzando un gran espacio, una plataforma idéntica a la que los cinco están ocupando.
Killua señala la otra plataforma pequeña, donde cuatro siluetas encapuchadas los esperan. Llevan esposas en las muñecas y no se les pueden ver los rasgos. La figura más adelantada es liberada de sus esposas y se quita la capa con capucha para revelarse. Es un hombre fornido, moreno y calvo, con múltiples cicatrices en la cabeza.
Leorio traga saliva al verlo.
—Caballeros, déjenme explicarles —la voz de Lippo surge de repente de algún lado—. Probablemente ya notaron que algunos prisioneros de la torre están frente a ustedes. El comité del examen de cazador los contrató oficialmente como examinadores. En esta fase, se enfrentarán contra ellos cinco. Las peleas serán uno a uno y cada persona peleará una vez. Usen el estilo que quieran. No habrá empates. Para ser declarado vencedor, el oponente debe aceptar la derrota.
—Pueden decidir quién será el primer contendiente por la regla de la mayoría. Y deben asegurar tres victorias para poder pasar. Las reglas son simples.
Leorio suspira con pesadez, poniendo los brazos en jarras—. Ya me estoy hartando de esto.
—Cada hora que los prisioneros los mantengan ocupados sus sentencias serán reducidas un año. En otras palabras, su meta en esta fase será literalmente ganar tiempo.
—Vamos contra reloj, y si no logramos salir de aquí en 72 horas, vamos a perder —Kurapika mira su reloj. Han pasado solo diez minutos y Leorio ya se está mesando el cabello—. Así que mientras peleamos recuerden que el tiempo es esencial.
—Yo pelearé contra el primero —anuncia el calvo con cicatrices—. ¿Quién va a ser?
—Dijo que peleemos como queramos —Killua pide la opinión de Gon—. Supongo que eso significa que se vale todo.
—Sin saber qué trucos usarán hay demasiado en riesgo —razona Kurapika—. Considerando eso en riesgo, yo...
Leorio ve al maldito Tonpa a punto de ofrecerse, pero casi que está seguro de qué es lo que hará, así que interrumpe a Kurapika y da un paso al frente—: Voy yo.
—¿Ya haciendo de buen novio tan pronto? —se burla Killua.
—¡No molestes! —exclama Leorio. Ve una breve mueca de fastidio en Tonpa, lo que le vale para la golpiza que probablemente le va a dar el prisionero.
Dos caminos de metal surgen de las plataformas pequeñas y se anclan a la plataforma central. Son lo suficientemente anchos como para que una persona pase caminando con comodidad, pero Leorio todavía tiene un poco de miedo porque la caída parece no tener fin.
Al ver más de cerca al prisionero, Leorio se da cuenta de que lo dobla en tamaño. Tiene una cabeza demasiado grande, unos brazos demasiado anchos. Y él no es exactamente un prodigio de las peleas.
—Muy bien, determinemos el método del combate —el prisionero habla con confianza desde su lugar. Leorio suspira por un momento. Creyó que nada más pisar la plataforma iba a ser hecho papilla por el contrincante—. Yo elijo: batalla a muerte.
—Mierda... —Leorio echa un vistazo a sus amigos. Kurapika y Gon parecen conmocionados, pero Killua mira en silencio, sin demostrar otra emoción que no sea curiosidad. Tonpa se encoge de hombros.
A lo mejor tiene un super método para salir bien librado de eso. A lo mejor no hacía falta que Leorio le quitara las intenciones de hacer lo que sea que quería hacer. Probablemente ni siquiera los habría saboteado de verdad, ¿o sí?
Leorio mira al prisionero y ve la determinación en sus ojos. Tal vez él ya ha matado antes. Sabe que no debería juzgar a las personas por su apariencia, pero eso es una maldita prisión y ahora debe decidir si muere o mata a una persona.
Así que respira profundamente hasta llenarse los pulmones de aire y grita—: ¡Gon! ¡Killua! ¡Será mejor que cuiden de Kurapika!
—¡No, Leorio! —Kurapika quiere cruzar, pero el sistema se lo impide.
—¡Ríndete, Leorio! —grita Killua.
—¡Es cierto! —grita Gon—. ¡Podemos lograrlo, Leorio, es solo una derrota!
—¡Vamos, mírame! —Kurapika usa su voz de mando, pero Leorio está demasiado lejos para sentir su presión. Aun así lo mira—. Si de todos modos vas a perder, ¿no deberías al menos conservar la vida?
Eso es un asco, Kurapika. Leorio no quiere ser más patético, así que hace oídos sordos de sus amigos y mira al prisionero.
—¡Acepto! ¡Será a muerte! ¡Andando!
—¡Leorio! —Kurapika está cada vez más desesperado. Leorio lo escucha forcejear con los dos niños e incluso con Tonpa—. ¡Leorio, maldito imbécil!
—Eres valiente, lo reconozco —el prisionero está extasiado, haciendo una posición de ataque mientras elogia a Leorio.
—¡Gon! ¡Killua! ¡¿De verdad lo vamos a abandonar?! —Kurapika está gritando a voz en cuello, lo que hace que Leorio se sienta cada vez peor consigo mismo. Kurapika no tiene ni una pizca de confianza en que él pueda ganar y eso lo lastima un poco—. ¡Leorio! ¡Maldita sea! ¡LEORIO!
—¡¿Qué?! —Leorio se desespera por un momento.
—¡Si no bajas de la plataforma en este instante...! —Kurapika lo está amenazando, pero Leorio está seguro de que no hay nada que él pueda hacer para cambiar las cosas—. ¡Saliendo de este lugar voy a tomar medicina abortiva!
Leorio voltea a mirar a Kurapika tan rápido que el cuello le duele. Los niños y Tonpa también están sorprendidos.
—¡Leorio, atrás de ti!
Leorio no tiene tiempo de reaccionar. El prisionero lo toma de la nuca y lo levanta en el aire mientras Leorio está tratando de zafarse.
—Ah sí, tiene toda la pinta de ser un omega. ¿Y además lleva a tu hijo? Quién lo diría —se burla el prisionero—. Te lo concederé, amigo. ¡Di que te rindes y te dejaré ir!
Leorio ve la mirada de Kurapika. Parece aterrorizado. Sí. Tienen solo tres días de conocerse pero parece que tuvieran toda la vida. Leorio no puede hacerle eso. Y puede vivir con una derrota, seguro que sí...
—¡Vamos Leorio, ríndete! —grita Tonpa—. ¡Puedes intentarlo el próximo año!
Ese maldito viejo. Lleva treinta y cinco años haciéndole la vida imposible a la gente y ahora lo disfruta más que nunca. Leorio mira a los cuatro, uno por uno, y decide que puede sobrellevarlo. Puede hacerlo.
—¡Me rindo! —grita, con la voz temblorosa—. ¡Me rindo! ¡Me rindo! ¡Tú ganas!
El prisionero lo deja caer, riendo a carcajadas. Leorio está devastado. Nunca en sus casi veinte años se ha sentido tan patético y risible. Ganen o pierdan en esa maldita fase, Leorio sabe que debe comenzar a entrenar en serio.
Cuando vuelve a la plataforma con sus amigos Tonpa está feliz, y parece ser el único. Killua se encoge de hombros, Gon le pregunta si está bien y Kurapika tiene la cara desencajada. Parece furioso.
—¡Maldito imbécil! —le grita a la cara—. ¡Si me tuvieras el más mínimo atisbo de confianza...!
—¡Ah, claro, la enorme confianza que demostraste en mis capacidades!
—¡¿Cuáles capacidades?! ¡Todo el tiempo te tengo que proteger!
—¡Ya, ya! —Gon los separa—. Está bien, no hemos perdido tanto tiempo. Solo necesitamos ganar tres rondas y vamos a vencer, ¿no?
El siguiente prisionero se revela. Es flaco y larguirucho, con un cabello descuidado y cara huesuda.
Leorio inspira hondo, suspira, y decide que puede posponer su pelea con Kurapika. Este también parece estar de acuerdo con Gon y se tranquiliza.
Puede que el niño sea el único capaz de tranquilizarlos. Vuelve a componer una sonrisa, se ofrece a ser el siguiente en participar y gana su ronda con confianza, asegurando un marcador de 1 contra 1 y solo dos victorias más.
—¡Victoria! ¡Gané! —grita el niño, contento.
—¡Lo hiciste Gon! ¡Cuando Kurapika y Killua ganen avanzaremos! —exclama Leorio.
Le hubiese gustado incluirse en la oración, pero bueno, ya hizo su tontería del día.