Hunter x Kurapika

Slash
NC-21
En progreso
0
Fandom:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 149 páginas, 58.488 palabras, 32 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Leorio

Ajustes
Leorio vuelve a mirar el cronómetro y sabe que Kurapika está siendo absurdo. Sí, tal vez se pasó un poco con sus demandas, pero esto no estaría pasando si al menos él estuviese de su lado. De hecho, nada le importaría más que ver que Kurapika lo apoya. No obstante, muy en el fondo sabe que la ha cagado. Si no hubiese sido tan exigente e irrazonable, o si no se hubiese dejado llevar por ese maldito juego, Leorio no se sentiría tan idiota como se está sintiendo en ese momento. Él no quiso asesinar a su propio contrincante, ¿por qué obliga a otra persona a hacerlo? Y sobre todo a alguien que está demostrando ser un alma noble. Caso contrario, Kurapika no tendría ningún escrúpulo en asesinar a alguien que está inconsciente. Leorio quiere disculparse, sobre todo con él. Está seguro de que los niños ya lo han perdonado, así como perdonaron el egoísmo de Kurapika segundos después. Pero Kurapika es distinto. Leorio no quiere estar en malos términos con el chico que le gusta, sobre todo por una pelea absurda. Voltea a mirar a Kurapika, este le voltea la cara y Leorio vuelve a enojarse. Son las 60:57:00. Afuera de la torre las estrellas deberían estar brillando en el firmamento. Leorio decide quedarse acostado. Él también puede jugar ese juego, así que mejor se acomoda en una posición cómoda para dormir. Sin embargo, un minuto después escucha dos pares de pasos acercándose. Sabe que Kurapika y Tonpa no se han movido de sus lugares, así que solo pueden ser los niños. —Oye —lo llama Killua. Leorio abre un ojo y lo mira, dando a entender que lo escucha—. A cada instante parece cada vez más muerto. Leorio se incorpora de inmediato. Incluso Kurapika y Tonpa abren los ojos y voltean hacia la plataforma central. —Ha estado tirado ahí mucho tiempo —explica Gon— y no se ha movido ni nada. Leorio corre hacia el final del pasillo, su propia plataforma, con los demás detrás de él, y ojea a Majitani, pero se da cuenta de que es absurdo intentar verificar algo. Están muy lejos de él como para darse cuenta si su cuerpo se está moviendo al respirar. —¡Oigan, ustedes! ¡Queremos ir allá a revisar el cuerpo! —¿Qué dijiste? —pregunta la chica. Sigue teniendo la capucha y las esposas en las manos. —Podría estar muerto ya —señala Leorio—. queremos revisarlo nosotros. —Es como les dije antes, está inconsciente. —¿Sí? ¿Cuántas horas crees que llevamos aquí? ¿Crees que vamos a confiar en tu palabra? —Entonces supongo que podemos apostar —sugiere la chica—. ¡Vamos a apostar para ver si él está vivo o no! —¿Apuesta? —pregunta Leorio, mirando a sus amigos y a Tonpa. Luego se gira a la chica para preguntar—: ¿Qué apostaremos? ¿Qué es lo que propones? Ella dice simplemente—: Tiempo —y Leorio se estremece. Está claro que ella, la siguiente contendiente, ha estado jugando con ellos desde el principio—. Resolveremos este encuentro apostando tiempo en lugar de fichas... Miren el monitor del muro —todos voltean a ver hacia su derecha, donde un enorme monitor había permanecido en silencio hasta ese momento. Se enciende con un contador de 50 - 50 antes de que la chica continúe hablando—. Cada uno tendrá 50 horas para apostar, y las apuestas solo pueden ser de 10 en 10. Apostaremos hasta que uno de los dos quede en cero. —¿Apostar tiempo? —Leorio está comenzando a sentirse inquieto, porque Tonpa está cada segundo más sonriente. —Tomaremos turnos para decidir la apuesta. Si su crédito queda en cero, tendrán 50 horas menos para escapar de la torre. —¡Maravilloso! —susurra Tonpa, con la cara iluminada por la alegría. Leorio lo mira mal y vuelve su atención a la chica—: ¿Y si ustedes se quedan en cero? —Se añadirán 50 años a nuestras sentencias... Si aceptan los términos, confirmaré si está vivo o muerto. —Rayos... la mujer está loca —Leorio se cruza de brazos—. Apostar sus años en prisión así... —Contamos contigo, Tonpa —dice Kurapika, abriendo la boca por primera vez en horas. Ni siquiera está mirando a Leorio—. Considera tu respuesta con cuidado. Si pierdes tendremos 50 horas menos para bajar de la torre. —¡Lo sé! ¿No es completamente absurdo? Ja, ja, ja —Tonpa arranca a reír como si fuese el mejor día de su vida. Seguro que está disfrutando de hacerle el examen imposible no a uno sino a cuatro candidatos. —Oye, las cosas resultaron así... —alega Kurapika, pero Leorio se enoja y le grita: —¡Por si ya lo olvidaste, fuiste tú quien nos metió en este maldito lío en primer lugar! —¡Muy bien, no oirás otra palabra de mí! —grita Kurapika. Él se cruza de brazos y se voltea para no ver más a Leorio. Este hace lo mismo, volteándose hacia el otro lado. Killua, que está en medio de ambos, respinga cada vez que uno de los dos grita, como si no supiera qué hacer. —Por favor chicos, nosotros no debemos pelear —reclama Gon, por primera vez frunciendo el ceño desde que lo conocieron—. Además, este ambiente es malo para el bebé. Killua hace un ademán de querer vomitar. Kurapika suelta un quejido, tal vez arrepintiéndose de que las nueve personas que están ahí sepan que está embarazado. —Oye, Gon, no deberías hablar del... bebé... —dice Leorio, cada palabra en un tono más bajo, avergonzado. Se siente como un tonto, porque no sabe qué tanta comunicación debería mantener con un par de niños acerca de sus queveres con Kurapika. Pero hay asuntos más urgentes, así que se acerca a Tonpa y lo toma por la camisa—. Escúchame bien, viejo... —¿Qué dije sobre pelear? —pregunta Gon a sus espaldas, molesto. —No me importa qué es lo que hagas con tu propio encuentro. ¡Me da igual! Pero si haces algo, lo que sea, para perjudicar el resultado de Kurapika, te las verás conmigo. —Tranquilízate —Tonpa está extasiado, por decir poco—. ¿No ves que el destino de los cinco está en mis manos? —Hey, Tonpa —Kurapika sigue enfurruñado en su lugar, pero los tres alfas en esa plataforma sienten el efecto inmediato en sus palabras, porque el muchacho está usando la voz de mando—. Si pierdo mi encuentro por tu culpa, tu récord de asistencia parará en treinta y cinco, si sabes a lo que me refiero. La cara de Tonpa se pone azul, lo que le causa un poco de satisfacción a Leorio. —¡Acepto el reto! —grita Tonpa—. ¡Vamos! ¡Lo acepto! —Muy bien —dice la chica—. Decide cuántas horas apostarás para saber si está vivo o no. —¡Apuesto...! —Leorio le susurra “diez” y “vivo”, así que Tonpa obedece como un tonto—. ¡Diez! ¡Apuesto diez horas a que está vivo! —Eso es, gordito —Leorio sonríe—. Ve allá y termina esto de una maldita vez. Leorio empuja a Tonpa, quien lo mira mal antes de que la chica lo llame a la plataforma central. —¿Diez horas? ¿Vivo? —cuestiona Kurapika a Leorio—. Te gusta jugar a lo seguro, ¿no es así? —Creí que no ibas a decir otra palabra —se burla Leorio. Kurapika también lo mira mal, pero no vuelve a dirigirle la palabra en lo que resta de la ronda. Leorio está conforme con esa apuesta. Piensa que es lo mejor, porque aunque se haya equivocado y Majitani esté muerto, Kurapika obtendrá su victoria. Es mejor tener un avance. En cambio, si la apuesta de Tonpa es que Majitani está directamente muerto cuando en realidad solo está inconsciente, sería peor, porque Kurapika se sentiría insultado. Tonpa se acerca al cuerpo de Majitani, lo voltea y pone sus dedos entre el cuello y la mandíbula del sujeto. Su forrma de medir el pulso es extraña a la vista de Leorio, pero al menos es efectiva, porque el cuello es el mejor indicador cuando alguien no sabe revisar los signos vitales. —¿Lo ven? Solo está inconsciente —anuncia la chica. —Eso parece —coincide Tonpa, mientras el monitor en la pared marca 40 - 60 a favor de los candidatos. —¡Sí! ¡El señor Tonpa ya está ganando! —exclama Gon. —Eso es malo —Killua tiene las manos detrás de la cabeza, relajado, pero parece un poco inquieto porque, si Tonpa decide traicionarlos aun así, todo el esfuerzo invertido en los últimos días se irá al carajo—. Tal vez no despierte aunque sigamos esperando. —¿De qué hablas? —Kurapika parece nervioso. —¿No lo recuerdas? ¿Cuando ella se agachó junto al sujeto? Yo estaba casi seguro de que ya estaba muerto, pero cuando lo pensé, me di cuenta de que para ellos es más útil vivo e inconsciente. Si él no despierta para cuando acabe el tiempo, sus sentencias tendrán 72 años menos. Mientras Killua explica esto, Leorio ve a Tonpa cada vez más preocupado hasta que, simplemente, parece dejar ir todo y se incorpora, alegre. —Bien, es tu turno, gordo —le dice la chica—. ¿Sobre qué vas a apostar ahora? —Tengo una muuuy buena idea —Tonpa sonríe y Leorio sabe que sus cachetes se inflan con la felicidad—. Yo digo que apostemos si está realmente inconsciente o no. —Oh, ya veo —Killua está impresionado. Leorio suspira. Tonpa podrá ser un maldito desvergonzado y poco leal pero no los irá a traicionar, ¿o sí? Leorio está muy preocupado al respecto, pero siente que, de haber sido él, hubiese procedido exactamente igual. —Bien —acepta la chica—. Apuesto veinte horas a que sí está inconsciente. La pregunta es: ¿Cómo propones confirmar eso? —Bueno... En realidad es simple —Tonpa se vuelve a agachar junto al cuerpo y agita sus manos en el aire—. Tengo unas manos muy grandes y pesadas, ¿sabes? Podemos saber si este tipo está inconsciente o no si tapo su boca y su nariz. O lo que queda de ella, en todo caso. Si realmente está inconsciente, morirá asfixiado y asunto resuelto. —¿Estás demente? —la chica parece alterada por primera vez—. Su batalla no se ha decidido aun. No hay modo de que acepte esos términos. —¡No te preocupes, mujer! Si el tipo muere sin oponer resistencia entonces perderemos ese encuentro y ustedes tendrán dos victorias. ¿Funciona para ti? Leorio hubiese decidido algo como dejarlo caer al vacío, algo que lo hiciera ver más genial para Kurapika. ¿Por qué el maldito Tonpa se está robando la gloria? Kurapika y Gon sonríen con confianza, e incluso Killua parece impresionado, porque por primera vez en todo el examen pueden dejar un asunto en manos del viejo. —Funciona —responde la chica, serenándose—. Bien, entonces. En ese caso, cambio mi apuesta. Apuesto 40 horas a que él no está inconsciente. Es todo lo que me queda. El ambiente entre los niños y Kurapika cambia de inmediato. Leorio también está sorprendido. Tonpa, sin embargo, parece seguir feliz de llevar a término la apuesta. —Je, je, tramposa, ya comienzas a mostrar tus verdaderos colores —la elogia Tonpa—. Bueno, procedo a comprobarlo. Luego se cierne sobre Majitani, pone una de sus manos en su boca y la otra en su nariz, presionando. Leorio comienza a contar el tiempo, nervioso. Las personas sin entrenamiento pueden aguantar la respiración entre treinta segundos y ciento veinte antes de comenzar a luchar. Sin embargo, las entrenadas pueden resistir de tres a cinco minutos, o incluso hasta siete. Así que el límite de tiempo son siete minutos, si es que por alguna extraña razón ese mastodonte azul se puso a practicar, lo que parece poco probable. Los mismos niños parecen estar aguantando la respiración, como una forma de poder sentir lo que debe estar sintiendo una persona consciente. Justo treinta y dos segundos después, Majitani comienza a patalear, pero Tonpa no lo suelta. Nadie tiene modo de saber si se está muriendo de verdad, porque el tipo ya es azul, pero se suelta a llorar como un poseso y hace gestos a Tonpa para que le permita hablar. Apenas Tonpa lo hace, Majitani grita: —¡ME RINDO! —así que Tonpa se separa con un “¡Uy!” y lo deja sentarse para recuperar el aliento—. ¡Me rindo, joder! ¡Los dos son unos lunáticos! ¡Fue suficiente! ¡Perdí la batalla y punto! ¡No quiero reducir mi sentencia! Volveré a la prisión, es más seguro. ¡Maldición! Y se larga a correr hacia su plataforma, asustado. En ese momento, el monitor cambia a 80 - 20 a favor de los prisioneros y el marcador de las batallas va 1 - 2 a favor de los candidatos. Kurapika aspira y suelta el aire, aliviado. —Le quedan veinte horas al señor Tonpa —Gon luce preocupado. —Pero ahora solo necesitamos una victoria más —Killua tiene las manos en los bolsillos. —Sigamos con el juego, ¿qué vamos a apostar? —Tonpa parece seguir contento con su propia batalla.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección