Hunter x Kurapika

Slash
NC-21
En progreso
0
Fandom:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 149 páginas, 58.488 palabras, 32 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Hisoka

Ajustes
Una de las evoluciones que más se agradece es la del olfato agudo. Lastimosamente, solo entre alfa y omega son capaces de reconocerse los unos a los otros, pero aquello es mejor que nada. Hisoka ni siquiera levanta la vista cuando los organizadores anuncian que el número 384, Geretta, ha superado la prueba de la torre en 12 horas y 27 minutos. No le importa. Ese tipo (pronostica Hisoka) no durará mucho más en el examen. Él puede ser todo lo paciente que se necesite, pero no puede aguantar las ansias. Ahí abajo no sabe lo que está pasando en el resto de los pisos. ¿Ellos lo lograrán? ¿Lograrán salir con vida? Hisoka no lo sabe, y esto es lo que lo tiene mal. Después de todo, ellos aprobaron. Todos ellos. ¿Y si alguno se quedaba en el camino? Hisoka no soportaría haberse equivocado en algo. Pero bueno, si es que se equivocara (aunque Hisoka no lo pensara así), significa que ellos no tenían lo suficiente para bajar la torre. Y al menos eso le serviría de advertencia para no andar dándole ánimos a todo mundo. Cuando transcurren 20 de las 72 horas Hisoka comienza a fastidiarse. Odia tener que esperar por algo (o por alguien), y además sin ningún entretenimiento a la mano. Si pudiera pelear, o follar, o hacer algo, no estaría sintiéndose tan irritado como se está sintiendo. A las 30 horas vuelve a sentir que a lo mejor sí se equivocó respecto a ellos. Y a las 40, está convencido. Tal vez depositó muchas esperanzas en las personas incorrectas. A las 50 horas saca su baraja de naipes y comienza a armar un castillo. Un entretenimiento simple, pero efectivo. Una hora después, cuando el castillo está casi por terminar, lo tira por completo. Mira en derredor. Hay muchos candidatos, pero ninguno de los que necesita. Incluso la comida le comienza a saber insípida. No soporta equivocarse odia haberse equivocado respecto a su juicio con ese pequeño grupo. A las 62 horas vuelve a comenzar con más ánimos. Ya le da igual si bajan o no, él solo desea terminar su castillo de naipes. Incluso está emocionado mientras coloca las tres últimas cartas. Cuando quedan solo tres minutos, Hisoka ya está completamente resignado. Ni le interesa ni le importa. Uno puede equivocarse con sus juicios una vez en la vida y continuar, ¿no? No se inmuta cuando una de las puertas se abre, porque sabe que no es ninguno de ellos. Desde el boquete oscuro sale una figura tambaleante, jadeando, con heridas por todas partes. Se sostiene el estómago ensangrentado mientras balbucea—: Yo… lo… logré… —luego cae boca abajo al suelo y muere. —Vaya, ¡qué bobo! —dice el 199—. Es mejor sobrevivir y tratar el próximo año que pasar y morir en el intento. Pero los chicos de Hisoka no son así, ¿cierto? Hisoka vuelve a pensar en ellos, porque es imposible que alguno se haya rendido a medio camino solo porque se les hizo difícil el descenso. Cree más factible su muerte que su rendición. Los organizadores anuncian que queda un minuto. Un. Solo. Y. Miserable. Minuto. —Se acabó entonces —dice el 197—. Parece que solo somos los 19 que estamos aquí. Hisoka se muestra impasible, pero por dentro bulle de rabia. Si solo son los 19 que están ahí, bien podría matarlos a todos y largarse, para lo que le importa… Sí, eso hará. Puede que sea difícil descuartizar a algunos, pero ¿imposible? Nah. Dejará vivo solo a Gittarackur, y solo porque es su compañero de juegos. Aunque en el fondo sabe que a él también le puede arrancar la cabeza, si quisiera. ¿Y si lo intenta? ¿Y si…? Y en ese momento, un suave olor a bosque llega hasta sus fosas nasales. Es una mezcla de pino y humus, algo exuberante y cálido. Algo… exquisito. Hisoka sonríe sin siquiera darse cuenta. Una última puerta se abre. Todos los candidatos vivos centran su mirada en ese lugar, pero a Hisoka ni siquiera le hace falta mirar para saber quiénes son. Sí… ¡Sí! Son sus tres pequeños retoños. Al menos ellos tres. Aunque le da igual el que está embarazado, porque sabe que no puede pelear al 100% de su capacidad, pero al menos tiene a los otros dos. Se puede divertir con ellos, y lo hará. El pequeño con olor a bosque le provoca una pequeña erección a Hisoka mientras el altavoz anuncia su nombre junto al resto de sus acompañantes. —¡Kurapika, número 404, número 20 en pasar! ¡Killua, número 99, número 21 en pasar! ¡Gon, número 405, número 22 en pasar! Tiempo transcurrido: 71 horas, 59 minutos. A pesar de que no necesita mirar, Hisoka lo hace. Kurapika y Killua parecen exhaustos, pero su pequeño niño está radiante. No parece haber perdido las esperanzas, así que eso le sugiere, a todas luces, que no han perdido a nadie por el camino. —¡Leorio, número 403, número 23 en pasar! ¡Tonpa, número 16, número 24 en pasar! Tiempo transcurrido: 71 horas, 59 minutos. —Mis manos duelen —dice Leorio cuando ya se ha reunido con ellos—. Pero libramos la torre juntos, ¿no? Y todo gracias a Gon —Leorio revuelve el pelo de Gon con tanta familiaridad que Hisoka siente que se le revuelven las tripas. Sin embargo, la risa de Gon es un éxtasis distinto a su profundo olor a miedo. Aunque a Hisoka le encanta esa sensación de poder frente a su niño radiante, cree que no está nada mal escuchar su sonrisa de vez en cuando. Cuando se abre la última de las compuertas, una que da hacia el exterior de la torre, incluso Hisoka suspira. Está harto de ese lugar, y para él mucho mejor si no vuelve ahí. Después de todo, no supuso ningún reto extraordinario para él. —Felicidades por superar la Torre de las Trampas. Ahora solo restan la cuarta fase y la fase final —explica Lippo, el director de la prisión que acaban de descender. Hisoka reconoce al instante su voz. Es feo con ganas. —Solo dos más —este es el idiota de Hanzou, un tipo grandote y calvo que trae sin cuidado a Hisoka. —La cuarta fase se llevará justo allá en la isla Zevil —señala Lippo a sus espaldas, a una pequeña isla que parece tener dos grandes colinas desde la distancia—. Ahora, procedamos —chasca los dedos solo para ser más dramático. Uno de sus ayudantes empuja un pequeño carrito coronado por una caja de metal—. Para empezar, les pediré a cada uno que saque una tarjeta. Eso decidirá… a quién cazarán y quién será la presa. En esta caja hay 24 tarjetas numeradas con los números con los que cada uno de ustedes fueron inscriptos. Haré que cada uno saque una tarjeta en el orden en que bajaron de la torre. Muy bien, ¿quién fue el primero? Hisoka siente que las miradas de todos se posan en él, pero la única (o mejor dicho, las únicas) que le interesan son las que le dedican su niño radiante y el que lo acompaña. Todos los demás bien pueden morir ahí mismo. Una vez que toma la tarjeta, que es blanca por delante y roja por el reverso, con una etiqueta cubriendo la parte blanca, se retira para dejar que pasen los demás. Uno a uno, los 23 restantes van pasando a tomar una tarjeta. —Oye, Killua —la voz de su niño radiante llega incluso a la distancia—. Si esto decide quién es el cazador y quién la presa, ¿significa que tendremos que pelear entre nosotros? —Sí, es probable. Sí, eso es definitivo. Y si tienen que enfrentarse, como en la segunda parte de la primera etapa, para Hisoka representa una maravilla. Uno a uno, Kurapika, Killua, su niño radiante, Leorio y por último el gordo que los acompaña, toman una tarjeta cada uno. Ninguno parece pensar mucho al respecto. Lippo les ordena retirar la etiqueta de las tarjetas a la vez, lo que Hisoka hace. El número de su tarjeta es el 384, que es, si no recuerda mal, el tipo que suspiró de alivio al bajar la torre, Geretta. —El número que ven es su objetivo —anuncia Lippo, con una sonrisa que provoca que sus ojos se vuelvan unas rendijas. Al instante, casi todos los participantes cubren los números que han estado exhibiendo durante días en el lado de su corazón—. Esta caja registró el número que cada uno sacó y lo guardó en su memoria. Si lo prefieren, pueden deshacerse de ellas. Ya no tienen importancia. El propósito es robar la placa de su objetivo. —Bien, entonces no tenemos que matarnos —el 198 está muy aliviado al respecto. Si continúa así, él también podría llegar a morir. —Usen el método que prefieran. Consigan la placa como les convenga. Pero nada les impide matar a su objetivo para robarle la placa. —Sí, ese me parece el camino más rápido —señala 197. Hisoka está de acuerdo con él. Puede jugar al gato y al ratón con Geretta hasta que se canse, pero la diversión consiste en encontrar y fastidiar a cualquiera de los dos niños. O, si se puede, a ambos. —Escuchen con atención —Lippo todavía tiene cosas por decir, lo que comienza a fastidiar a Hisoka—. Conseguir la placa de su objetivo específico les hará ganar tres puntos. Su propia placa también vale tres puntos. Y todas las otras placas valen un punto. Para poder pasar a la etapa final tendrán que conseguir seis puntos. Solo los que sumen seis puntos superarán la cuarta etapa del examen de cazador. Eso implica que ni siquiera 12 serán los finalistas, puede que queden menos, o incluso solo Hisoka y uno que otro. Al final, todo se decidirá entre él y cualquiera que sea capaz de sobrevivir en Zevil. La etapa final podría volverse muy aburrida si Hisoka se dedica a ir por ahí cazando a todo el que se encuentre, así que decide jugar con las malditas reglas del juego y seguirles la corriente. De esa forma, no provocará un desastre y podrá seguir viendo el crecimiento de su niño radiante. Pronto, un barco a motor arriba a la isla de la Torre de las Trampas y aloja a los veinticuatro candidatos. Cuando están todos a bordo y el barco arranca, una chica de cintura pequeña y voz jovial los felicita. —Yo seré su guía en la isla Zevil, pueden llamarme Khara —se presenta. Tiene el cabello rojo y ojos grandes—. El barco tardará unas dos horas en llegar a la isla. Los veinticuatro candidatos aquí presentes están automáticamente invitados a participar en el examen del próximo año. Así que, si no pasan esta vez, esperamos que lo intenten de nuevo el año próximo… Nunca digan nunca… ¿Amigos…? El ánimo de Khara se esfuma con rapidez. Es normal, porque todos están tensos con lo que tienen que hacer a continuación. Algunos no saben quién es su objetivo, o no saben si su cazador correspondiente ya les vio la placa en el pecho. Hisoka y Gittarackur, de hecho, son los únicos dos adultos que siguen exhibiendo sus placas como si nada. No es como que vayan a perder. Al contrario, Hisoka está seguro de que, quien sea que haya sacado la placa 44 o la 301, debe ser un idiota con muy mala suerte. Los otros dos que siguen con sus placas en los pechos son sus pequeños niños. Gon va por ahí con su 405 y Killua con su 99, mostrando el orgullo y la valentía que ningún otro adulto, ni siquiera Kurapika ni Leorio, están mostrando. Hay que reconocer que esos niños tienen agallas. —¡Muy bien todos! —Khara se esfuerza a pesar del ambiente, porque es lo que se espera de ella—. Durante las próximas dos horas son libres de hacer lo que deseen. ¡Gracias y espero que disfruten el resto del viaje! Bueno, ¿qué más da quién sea el idiota al que le tocó el 44? Hisoka no puede esperar a estar en Zevil para fastidiar a su pequeño niño radiante y sacarlo de sus casillas.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección