Leorio
11 horas y 50 minutos hace
Con esta nueva etapa entre manos, el aire entre Leorio y Kurapika se ha enrarecido un poco. Desde su encuentro en la aeronave no han podido hablar sobre ellos correctamente, así que tener que enfrentarse solo agregaría una razón más de porqué no deberían estar juntos.
Además, está el hecho de que Kurapika es un idiota testarudo que se ha quedado en el examen a pesar de sus circunstancias. Leorio ya le ha dicho que él puede superar el examen, e incluso ha pensado en que podría dedicar un poco de sus recursos y su tiempo para ayudar a Kurapika en su búsqueda, pero tampoco es como que esté de acuerdo en que el muchacho lleve a cabo su venganza.
Para Leorio todo este asunto de la Brigada Fantasma es algo que ni siquiera debería considerarse. Nadie los conoce, nadie sabe quiénes son, cuántos son, cómo actúan ni cuáles son sus poderes. De hecho, de no ser porque Kurapika los menciona constantemente, como una letanía, Leorio creería que son un mito que se repite la gente.
Pero allá afuera hay gente que masacró y robó los ojos de los kurta, es un hecho innegable. Si esta gente no es más que la Brigada Fantasma, Kurapika puede irse despidiendo de una vida tranquila. Tal vez ni siquiera ha pensado en esa posibilidad, y por eso no se para a reflexionar sobre las circunstancias en las que debería traer al mundo a otro ser humano.
En el barco, sin siquiera hablarlo, Kurapika se sienta junto a Leorio, lejos del resto de los participantes. Hace rato que se ha quitado la placa del pecho, igual que él.
Leorio le echa un vistazo. Incluso a su lado, a la luz del día, con la fresca brisa revolviéndoles el cabello, Kurapika se ve tan guapo que es imposible no dirigir la mirada hacia él.
Más que guapo, Kurapika es hermoso. Su piel es suave y tersa, su voz encantadora, su trasero…
Leorio debe dejar de pensar en Kurapika cuando lo tiene a un lado, o tendrá un pequeño accidente en los pantalones.
—Y, ah… hipotéticamente… si tú fueras mi objetivo —sugiere Leorio, con una voz que trata de pasar por despreocupada—… no esperes que te muestre misericordia, ¿eh?
—Pues claro que no —Kurapika está tan calmado y es tan genial que a Leorio le dan ganas de besarlo—. Si tú fueras mi objetivo yo te diría lo mismo a ti.
Leorio se asusta. ¿Es por eso que se acercó con tanta confianza? ¿Porque sabía que Leorio lo dejaría entrar en su espacio personal casi sin cuestionárselo?
—¿Yo soy tu objetivo? ¿En serio?
Kurapika compone una pequeña sonrisa antes de dirigirle una mirada suave.
—Hablaba hipotéticamente.
—Es cierto, claaaro.
—No debes preocuparte. No eres mi objetivo, Leorio.
Di mi nombre de nuevo, piensa, pero no quiere que los demás los vean coqueteando. No. Todavía es temprano para andar pensando en lo que hay bajo los pantalones de Kurapika.
Aunque se conocieron en un barco, hay muy pocas posibilidades de que vayan a tener una posibilidad adecuada en este otro barco. El tiempo que pasan sobre él es tranquilo y liviano. Leorio quiere hablar de cosas más importantes con Kurapika, pero decide dejarlas para otro momento. No es el tiempo ni el lugar, así que se contiene.
Antes de que se dé cuenta, han llegado a Isla Zevil. El lugar, que parecía pequeño a la distancia, contiene el espacio suficiente como para competir con el bosque de la primera etapa. Por fortuna, no está lleno de criaturas come-hombres. Así al menos podrían descansar un poco.
Khara, la guapa guía a la que le toca explicar todo el proceso, se pone al frente de los veinticuatro participantes cuando están por descender del barco.
—¡De acuerdo! Van a desembarcar en el orden en que terminaron la tercera etapa, del primero al último.
—Ash, no otra vez —Leorio está molesto. Queda claro que los organizadores prefieren a los más rápidos y los más fuertes.
—Irán descendiendo a intervalos de dos minutos entre cada aspirante.
—Significa que estaremos aquí un buen rato —Killua no parece sorprendido o molesto, solo acepta las instrucciones tal como vienen.
—Estarán en la isla una semana. Durante ese tiempo, deberán reunir sus seis puntos y luego regresarán a este lugar. ¡Primer candidato, listo para desembarcar ahora!
Hisoka, que no se ha quitado la placa con el 44 del pecho, camina con confianza hacia tierra firme. Por fortuna, a Leorio no le ha tocado contra ese loco. Pobre del imbécil al que le tocó, piensa. Bueno, no es como si fuera su problema.
—Entiendo. El primero en bajar tiene la ventaja —Kurapika comienza a analizar la prueba desde ya.
Leorio se siente un poco frustrado porque él generalmente no comprende ese tipo de cosas a la primera, pero trata de seguirle el ritmo al rubio—. Cierto, puede esconderse y ver los movimientos de todos, incluyendo a su objetivo, antes de actuar.
Pasados dos minutos, Gittarackur desfila frente a todos. Ese tipo es otro caso serio, alguien con quien no quisiera cruzarse Leorio. Vuelve a suspirar, porque Gittarackur todavía tiene la placa 301 en el pecho.
El objetivo de Leorio es el 246, aunque no tiene la menor idea de quién sea.
Hattori Hanzou es el tercero en marcharse, y así sucesivamente.
Pasados unos cuarenta minutos, Kurapika es la veinteava persona en bajar del barco. Dirige una sonrisa fugaz a Leorio, y él solo puede rezar a todo lo que exista allá arriba para que este chico salga bien librado de la prueba.
Killua se va, luego lo sigue Gon. No obstante, los niños no se adentran en el bosque por la misma dirección. Parece que se pusieron de acuerdo, porque Killua toma un lado, mientras que Gon va en la dirección contraria. Leorio supone que han acordado no encontrarse ni estorbarse en la prueba.
Por fin llega el turno de Leorio. A diferencia de sus amigos, que se despidieron o se dirigieron palabras o miradas de aliento, Leorio no voltea atrás. Está pletórico, ansioso por dejar atrás la molestia de Tonpa.
Se adentra en el bosque, pero la verdad es que no tiene idea de hacia dónde dirigirse. Supone que lo mejor es ir a zonas seguras, donde pueda encontrar comida, y esperar a que ocurra un milagro.