Llamaradas

Slash
NC-21
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 72 páginas, 29.471 palabras, 11 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
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Una habitación mancillada

Ajustes
Bennett grita de miedo cuando sabe que su perseguidor está ahí, pero este le propina una bofetada que lo aturde. —¡Déjalo en paz! —Xiao grita, pero no se puede levantar. Está muy débil. Bennett descubre, con mucha angustia, que Xiao también es omega. De lo contrario, las feromonas de Tartaglia no le afectarían como lo hacen. El Adeptus intenta levantarse, pero tropieza y cae a cuatro patas, respirando con dificultad. Tartaglia ríe a carcajadas y las feromonas pesan con mayor intensidad. Vuelve su atención a Bennett, lo desnuda y fuerza su lengua dentro de la boca del muchacho. Bennett siente que esto ya ha pasado antes. El olor de Tartaglia sobre él, su interior pulsando, él resistiéndose. Maldita sea su suerte. Un segundo después, Tartaglia se levanta, pero Bennett ya no puede más contra su propio cuerpo. Está respirando con dificultad y se siente caliente. Todo es caliente. Después de todo, las feromonas de su alfa lo están excitando. Tartaglia levanta a Xiao, jala su cabello para descubrirle el cuello y lo huele. —Tú eres el imbécil al que le pertenece esta madriguera. ¿Dónde está tu alfa? Xiao no habla. Parece estar maquinando la forma de escapar de ese sitio, pero Tartaglia es más rápido y acaricia su cuello, justo donde tiene una línea punteada. —En el momento en que cediste a mí encontré la solución a uno de mis problemas —Tartaglia está sonriendo como un maníaco—. De verdad que no creía posible que un omega marcado fuera débil ante mis feromonas...  Un segundo después, rompe el pantalón de Xiao y acaricia sus muslos desnudos. —¡No te atrevas! Tartaglia vuelve a reír. —Mira a ese imbécil, esperando a que meta mi polla en su vagina. ¡Vas a tener que esperar, Bennett! Bennett mira con confusión a Tartaglia al escuchar su nombre. Ya ni siquiera siente el peligro de lo que está pasando. El Fatui lanza a Xiao sobre Bennett y, antes de que el Adeptus se pueda levantar, se sienta sobre las piernas de ambos y los fuerza a abrazarse. —Qué linda imagen, dos pequeñas putas con el culo bien dispuesto —dice con deleite—. Déjame hacer mi trabajo, señor Adeptus. —¡Basta! —Xiao está sofocado. Siente mareos y, si no tiene cuidado, va a vomitar encima de Bennett. —¿Cómo que basta? ¿No estás viendo lo duro que estás? ¡Mira! La mano de Tartaglia junta el pene erecto de Xiao con el de Bennett. El muchacho suspira con la sensación y arruga las sábanas. Xiao grita y se resiste de la misma forma, pero no tiene la fuerza ni la disposición. Se siente enfermo y excitado a la vez. Ve puntos de colores y no puede controlar sus extremidades, como si estuviera a punto de desmayarse. Con su otra mano, Tartaglia acaricia el pequeño orificio de Xiao. Él respinga en su lugar, pero Tartaglia está dominando la situación. Suelta los penes de ambos omega, agarra la cabeza de Xiao y la estampa contra la cara de Bennett. —¡Vamos, amigo! Todo será menos doloroso si no te resistes. ¡Mira! La lengua de un humano dulce puede estar en tu boca. Bésalo, te doy permiso. Xiao dirige una mirada pesada a Tartaglia, pero la mirada vacua del Fatui no se inmuta en lo absoluto. Al contrario, sus feromonas caen sobre ambos omega con mayor intensidad y Bennett gime de placer. —Si no lo besas, voy a derramar su sangre por todo tu maldito nido. ¿Eso quieres? —¿Podrías… dañar... a tu… propio destino? Xiao acaricia la mejilla de Bennett y le pide perdón en silencio. Hace milenios que sus labios no prueban otros. La boca de Bennett es pequeña y cálida, y todo en él se siente suave, desde el interior húmedo de sus mejillas hasta su pene frotándose contra el de Xiao. El Adeptus no comprende cómo es que las feromonas de un humano pueden ser tan poderosas. Es como si unas gruesas cadenas lo envolvieran y lo sacudieran, como si todo alrededor diese vueltas de forma incontrolable. Sabe que sus piernas han sido abiertas para dar mejor acceso a su orificio, pero está tan concentrado en frotarse contra Bennett que no le importa. El pequeño humano mueve sus caderas al ritmo de Xiao, recibiendo sus caricias y sus besos como si su predestinado fuese él. Después de unos intensos segundos, Xiao siente el enorme miembro de Tartaglia abriéndose paso en su carne. Lo corta con seguridad, lenta y dolorosamente, sosteniéndole los muslos para que este no se mueva. El Adeptus grita, atrapado entre dos humanos. Bennett lo besa mientras recorre su espalda con las manos, sus caderas moviéndose al ritmo cada vez más rápido. Tartaglia lo sostiene, metiendo su pene hasta que el glande toca algo profundo en el estómago de Xiao. Todo está mojado y caliente. Todo está mal. Todo es horrible, pero ninguno de los dos omega puede detenerse. Tartaglia se inclina sobre Xiao, su pene no detiene su placentero trabajo. Descubre la línea punteada en la nuca de Xiao, la acaricia. El Adeptus se da cuenta de lo que está por pasar. Una vez más se resiste. Grita, patalea, incluso muerde a Bennett, a quien no parece importarle porque suspira con frenesí. No hay nada que pueda hacer. Xiao llora. Por primera vez en milenios, Xiao está suplicando a este maldito humano que se detenga. Tartaglia está sonriendo mientras su boca se abre lo suficiente y sus dientes se encajan encima de la marca de Xiao. Encaja cada diente, cada molar, hasta que la boca le sabe a sangre. No deja de introducirse en Xiao mientras esto ocurre, apretado por su pequeño recto. Xiao grita con desesperación, no sabe si por el dolor de la herida o por algo más, porque sabe que algo se ha roto dentro de él. Sabe que su lazo se ha borrado. Por un momento, su cuerpo entero, su vida, su mente, todo le pertenece a Tartaglia. Es justo en ese momento que la mirada nublada de Bennett se enfoca. Un sollozo nace en su garganta. Un momento después, Bennett grita más fuerte que Xiao, angustiado por el dolor lacerante que siente en la nuca. —¡No! ¡No sigas! —suplica Bennett, entre estertores de dolor y agonía—. ¡Por favor! ¡Me duele! —¡Tú querías esto, ¿o no?! ¡Solo tengo que morderlo una vez más! Es un Adeptus, pequeña escoria. Todo lo que tengo que hacer es reclamar al Adeptus y podré matarte. Voy a tomar tu maldita cabeza como recompensa por haberme seducido, pirómano de mierda… —¡Duele! ¡Duele mucho! —Bennett está llorando a lágrima viva—. ¿Qué voy a hacer? Se va a morir. Se va a morir y yo también… —¡No sigas! —grita Xiao con su último aliento. Se cubre la nuca ensangrentada y fulmina a Tartaglia con la mirada—. ¡Te vas a arrepentir! —¿Yo? ¿Arrepentirme? —Tartaglia vuelve a tirar una carcajada. Sin embargo, en ese momento el petricor da paso a un fuerte aroma a té. Hay hierbas, agua fresca y bambú, pero también el olor del oro molido. El olor de Rex Lapis. Xiao llora de felicidad al sentirlo. Rex Lapis, quien es tan alto como Tartaglia, agarra su cabello con una fuerza descomunal y lo fuerza a mirarlo a los ojos. Su mirada dorada se encuentra con los pozos de agua insondables y crueles. —Dos omegas no te suponen ningún problema, ¿pero qué tal un alfa puro que ha existido desde los albores de la civilización, niño humano? —Estaba tan cerca de deshacerme de él —Tartaglia ríe con amargura—. Tu lazo con este Adeptus ya se ha roto. Míralo, comiéndome tan bien la polla. —Las cosas te salieron mal, niño. Sigues amarrado a tu predestinado y lo estarás para siempre. No podrás volver a excitarte a menos que huelas su aroma. Puedes morder a mil omegas, incluso a un Arconte omega. No te servirá de nada. Tartaglia convoca dos cuchillas y las dirige a los dos omegas debajo de él, pero Rex Lapis es más rápido. Lo embiste, lanza lejos a Xiao y a Bennett y aprisiona las manos del Fatui con facilidad. Luego, con un movimiento rápido, Rex Lapis lo carga y lo arroja con tanta fuerza contra la pared que se destruye y él cae al vacío. —Si sobrevive a eso será por pura terquedad —asegura. Una vez que está a salvo, Xiao devuelve el estómago y solloza. —Ese maldito imbécil... —despotrica, dolido—. No fue mi intención, Rex Lapis. Mi madriguera está... —Shh —el arconte acuna a Xiao. Lo cubre con su propia esencia, pero eso provoca que Bennett se retuerza y comience a dar arcadas—. Mi error. ¿Él es el chico que Barbatos te trajo? —Estaba soltando su aroma por todos lados. Me di cuenta ayer por la noche pero no podía traerlo tan pronto porque Venti dijo que podría estar embarazado. Yo no sabía que su predestinado estuviese tan mal de la cabeza como para someterme con feromonas e intentar borrar su marca a la fuerza. —Cuando estás nervioso o te sientes culpable tiendes a hablar mucho, Xiao —lo regañó el hombre—. No fue tu culpa... Barbatos, ¿estás ahí? —Me deshice de los Fatui que bloqueaban la entrada. También traje a la armada, están custodiando a los omegas que fueron sometidos por las feromonas de ese imbéc... ¡Puaj! Venti se tapa la nariz, mareado. Corre a abrazar a Zhogli y respira su esencia directo de su camisa. —¡El olor de ese tipo está por todos lados! —se queja—. ¡Ay! Pero Bennett ya perdió el conocimiento. —¿Puedes atenderlo? —pregunta el arconte—. Me llevaré a Xiao a una habitación donde pueda tranquilizarlo. Aquí solo está el olor de ese niño; le hará bien a su omega. Zhongli carga en brazos a Xiao y cierra la puerta tras él. Mientras tanto, Venti crea un escudo de aire para proteger el boquete que Zhongli hizo al romper la pared y carga a Bennett con ayuda de su poder anemo. El muchacho está desnudo, tiene la cara mojada por el llanto y su cuello parece escocerle, porque está enrojecido. Lo peor de todo es que la excitación no se ha ido de su cuerpo ni se irá en tanto siga siendo envuelto por las feromonas con olor a petricor. Tras considerarlo con mucho detenimiento, Venti no se siente con la capacidad de darle placer a un cuerpo inconsciente y niega con la cabeza. No quiere que Bennett se sienta peor una vez que despierte, pero tampoco quiere que el chico se quede sin saber lo que las feromonas de su predestinado provocan en él. Si Venti lo ayuda a calmar su excitación, Bennett jamás se dará cuenta de que no puede pelear contra sus instintos. Lo mismo va para Xiao. Venti arropa a Bennett con las sábanas con olor a petricor y se retira del dormitorio, no sin antes poner una protección anemo alrededor de la puerta y la ventana que le avisará si alguien intenta entrar. Mientras se dirige hacia el lugar de donde sale el olor a té y agua fresca, Venti mismo tiene marcas de mordiscos y chupetones con el mismo olor por todo el cuerpo. Mira desde la puerta la forma en que Zhongli cuida de Xiao, limpiándolo con toallas húmedas, acariciándole la espalda desnuda. El Adeptus está sentado sobre las piernas de Zhongli, de cara a él, abrazándolo. Llora amargamente, como si la vida se le fuera en ello, y repite una y otra vez entre susurros un quedo “Lo siento, lo siento” como si hubiese sido su intención meterse en la cama con aquellos dos humanos. Venti sabe que está viendo el lado más vulnerable de Xiao. Aquel que solo el arconte Rex Lapis conoce. Sabe, de las múltiples noches que ha pasado en la morada de Zhongli, que Xiao fue rescatado de un arconte siniestro que lo mantenía encadenado. Xiao fue abusado y torturado durante tanto tiempo que, cuando Zhongli llegó a rescatarlo, él se arrodilló voluntariamente y ofreció las muñecas para que se le pusieran grilletes. —Xiao, Xiao, ese es tu nombre —le recuerda Zhongli con una voz amable—. Ahora te llamas Xiao y me perteneces aunque no tengas una marca. Deshacerle la marca de su anterior amo fue devastador para él. Casi muere, pues, contra todo pronóstico, aquel ser inicuo resultó ser su predestinado. Pero Xiao es poderoso y tiene una voluntad férrea. Cuando Zhongli le prometió ser su alfa por la eternidad, Xiao sobrevivió a la purga de su lazo predestinado. Venti se acerca en silencio. No está celoso. Más bien, se siente triste por ver a Xiao en ese estado. Él es siempre un hombre circuspecto, tranquilo y decidido. Verlo tan tembloroso, en estado de pánico, destrozado, es como ver que el mundo se está acabando una vez más. Venti se coloca detrás de Xiao, pasa los brazos por debajo de sus axilas y posa su cabeza contra la oreja y el hombro del Adeptus. Zhongli le dedica una sonrisa y acaricia su mejilla. —Venti... —pronuncia Xiao, casi con vergüenza. —¿Oh? ¿Creíste que me enojaría si te veía abrazando a mi cuchurrumín? —No es eso —Zhongli ríe con elegancia, aceptando que Venti se siente detrás de Xiao, encima de las rodillas de Zhongli—. Es porque te admira. Estoy casi seguro de que le gustas. —¡Rex...! —Shh —Zhongli coloca un suave beso en los labios de Xiao—. La mirada te brilla cada vez que escuchas su nombre. ¿Cómo no iba a notarlo? Venti se ríe, encantado—. Entonces, ¿qué tal esto? ¡Un beso de parte de tu crush! —¿Qu...? Xiao gira la cabeza. Venti deposita un beso en la comisura de sus labios. Huele a viento. Al aire entre los árboles, la brisa de la mañana, las corrientes que elevan las velas. Él es el Dios del Viento. —Y cuando hayas sanado, te ayudaré a recuperar tu marca. —¿De qué estás hablando? —cuestiona Zhongli, dándole un coscorrón. —¡Ay! ¿Por qué no? ¡En diez mil años nunca hemos tenido un trío! Xiao aspira, estupefacto. —A diferencia de ti, yo... —Eres un viejo amargado y ultra conservador, ya entendí —Venti rueda los ojos. Zhongli suspira—. Si ya lo entendiste, deja de decir tonterías. —¿Qué va a pasar con tu predestinado? —cuestiona. —¿Rex Lapis tiene un predestinado? Zhongli vuelve a suspirar. Se echa en la cama, con los dos encima de él, y cubre sus ojos con su antebrazo. —No quiero hablar de eso. —Es complicado —susurra Venti en el oído de Xiao—. Su predestinado ya tiene alguien a quien ama. Se cruzaron hace poco en la ciudad y hubo todo un alboroto, porque ambos reaccionaron al reconocerse. Pero Zhongli ya tiene su marca en ti, y ese chico huyó a las montañas con su amante. El clan del chico solicitó una boda formal con Zhongli porque dicen que su heredero no debería juntarse con un simple exorcista de baja calaña quien ni siquiera tiene apellido de familia. —Es absurdo. Deberían dejar al chico en paz —se queja Zhongli. —Mi amor, te recuerdo estuviste a punto de romper la marca de Xiao porque te le abalanzaste a ese niño —Venti parece relajado, pero Zhongli se tensiona—. Pero ahora tenemos una nueva opción. Yo puedo ser el alfa de Xiao. Zhongli y Xiao se quedan callados, sopesándolo. No dicen nada, al menos no durante esa noche.
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